El disco de Faraday es un dispositivo emblemático del electromagnetismo que demuestra el principio de inducción electromagnética descubierto por el físico. Michael Faraday. Este dispositivo ilustra cómo un campo magnético variable puede inducir una corriente eléctrica, sentando las bases para tecnologías modernas como generadores y transformadores eléctricos.
El disco de Faraday, inventado por Michael Faraday en 1831, es una de las primeras demostraciones de inducción electromagnética. Faraday demostró que cuando un disco conductor se hace girar en un campo magnético, se induce una corriente eléctrica en el conductor. Este descubrimiento fundamental abrió el camino a la comprensión de las interacciones entre los campos magnéticos y eléctricos, así como a numerosas innovaciones tecnológicas.
El principio de la inducción electromagnética es que un cambio en un campo magnético puede inducir una corriente eléctrica en un conductor. A medida que el disco de Faraday gira, las líneas del campo magnético cruzan el material conductor, lo que crea una fuerza electromotriz (EMF) en el disco.
Según la ley de Faraday, el voltaje inducido es proporcional al cambio en el flujo magnético a través del circuito. Este fenómeno es la base de los generadores eléctricos modernos, en los que bobinas giratorias en campos magnéticos producen electricidad. El disco de Faraday consta de un disco metálico montado sobre un eje de rotación. Se colocan imanes para crear un campo magnético perpendicular a la superficie del disco. A medida que el disco gira, el movimiento relativo entre el disco y el campo magnético induce una corriente eléctrica en el material conductor. Un disco de Faraday típico tiene varios componentes clave: un disco conductor (generalmente hecho de cobre), imanes para generar un campo magnético y escobillas o contactos para recoger la corriente inducida. Los imanes están dispuestos para crear un campo magnético uniforme a través del cual gira el disco.
Las escobillas están en contacto con el disco para permitir la recogida de la corriente eléctrica generada por la inducción. El disco de Faraday tiene aplicaciones prácticas en diversos campos, incluida la generación de electricidad y las tecnologías de sensores. También ilustra conceptos fundamentales de física e ingeniería eléctrica.
Los principios demostrados por el disco de Faraday se utilizan en generadores eléctricos, donde bobinas de alambre giran en campos magnéticos para producir electricidad. De manera similar, los motores eléctricos funcionan según el principio opuesto: utilizan una corriente eléctrica para generar movimiento mediante la interacción con un campo magnético. Estas tecnologías son esenciales en muchos aspectos de la vida moderna, desde las centrales eléctricas hasta los electrodomésticos. La comprensión teórica del disco de Faraday se basa en las ecuaciones de Maxwell y las leyes del electromagnetismo.
Estas ecuaciones describen cómo interactúan los campos eléctricos y magnéticos para crear fuerzas y corrientes en los conductores. Las ecuaciones de Maxwell, formuladas por James Clerk Maxwell, son un conjunto de cuatro ecuaciones diferenciales que describen fenómenos electromagnéticos. Unifican las leyes de la electricidad y el magnetismo y muestran que los campos eléctricos y magnéticos están íntimamente relacionados. Una consecuencia directa de estas ecuaciones es el fenómeno de la inducción electromagnética, donde un campo magnético variable en el tiempo induce un campo eléctrico, generando así una corriente en un conductor. Los experimentos con discos de Faraday se utilizan comúnmente en educación para demostrar los principios del electromagnetismo. Le permiten visualizar los efectos de los campos magnéticos en los conductores e ilustrar los conceptos de flujo magnético y fuerza electromotriz.
En los laboratorios educativos, el disco de Faraday se utiliza para mostrar cómo la rotación de un conductor en un campo magnético puede generar una corriente. Los estudiantes pueden observar directamente la relación entre el movimiento mecánico y la producción de electricidad, lo que ayuda a comprender los fundamentos del electromagnetismo. El descubrimiento del disco de Faraday tuvo un profundo impacto en ciencia y tecnología.
No sólo condujo al desarrollo de nuevos dispositivos electromagnéticos, sino que también contribuyó a una mejor comprensión de los fenómenos naturales y al avance de las teorías electromagnéticas. El trabajo de Faraday fue crucial para el desarrollo de la teoría electromagnética. Sus experimentos proporcionaron evidencia empírica de las relaciones entre los campos eléctricos y magnéticos, sentando las bases para las ecuaciones de Maxwell. Estas teorías son esenciales para muchas aplicaciones modernas, desde comunicaciones inalámbricas hasta tecnologías médicas.
Los experimentos con discos de Faraday se utilizan comúnmente en educación para demostrar los principios del electromagnetismo. Le permiten visualizar los efectos de los campos magnéticos en los conductores e ilustrar los conceptos de flujo magnético y fuerza electromotriz. En los laboratorios educativos, el disco de Faraday se utiliza para mostrar cómo la rotación de un conductor en un campo magnético puede generar una corriente. Los estudiantes pueden observar directamente la relación entre el movimiento mecánico y la producción de electricidad, lo que ayuda a comprender los fundamentos del electromagnetismo.
El descubrimiento del disco de Faraday tuvo un profundo impacto en la ciencia y la tecnología. No sólo condujo al desarrollo de nuevos dispositivos electromagnéticos, sino que también contribuyó a una mejor comprensión de los fenómenos naturales y al avance de las teorías electromagnéticas. El trabajo de Faraday fue crucial para el desarrollo de la teoría electromagnética.
Sus experimentos proporcionaron evidencia empírica de las relaciones entre los campos eléctricos y magnéticos, sentando las bases para las ecuaciones de Maxwell. Estas teorías son esenciales para muchas aplicaciones modernas, desde comunicaciones inalámbricas hasta tecnologías médicas.
[Fuente: hubertcloix.com]
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Eratóstenes, primera persona en calcular el diámetro y la circunferencia de la Tierra (240 a.C.)
Eratóstenes de Cirene (Cirene, 276 a. C.-Alejandría, 194 a. C.) fue un polímata griego: matemático, astrónomo y geógrafo de origen cirenaico. Concibió por primera vez la geografía como una disciplina sistemática, desarrollando una terminología que todavía se usa en la actualidad. Es conocido principalmente por ser la primera persona en calcular el diámetro y la circunferencia de la Tierra, lo que hizo al comparar las altitudes del Sol del mediodía en dos lugares separados por una distancia norte-sur conocida. Su cálculo fue notablemente preciso. También fue el primero en calcular la inclinación del eje de la Tierra (nuevamente con notable precisión). Además, pudo haber estimado la distancia desde la Tierra hasta el Sol e ideó intercalar cada cuatro años un día adicional en los calendarios, produciendo el año bisiesto. Creó el primer mapamundi, incorporando paralelos y meridianos basados en el conocimiento geográfico disponible de su época.
Eratóstenes, hijo de Aglaos, nació en 276 a. C. en Cirene. Estudió en Alejandría y, durante algún tiempo, en Atenas. Fue discípulo de Aristón de Quíos, de Lisanias de Cirene y del poeta Calímaco y también gran amigo de Arquímedes. En el año 236 a. C., Ptolomeo III lo llamó para que se hiciera cargo de la Biblioteca de Alejandría, puesto que ocupó hasta el fin de sus días. La 'Suda' (gran enciclopedia bizantina) afirma que, tras perder la vista, se dejó morir de hambre a la edad de 80 años; sin embargo, Luciano de Samosata dice que llegó a la edad de 82 años, también Censorino sostiene que falleció cuando tenía 82 años.
Eratóstenes poseía una gran variedad de conocimientos y aptitudes para el estudio: astrónomo, poeta, geógrafo y filósofo, su apellido fue Pentathlos, nombre que se reservaba al atleta vencedor en las cinco competiciones de los Juegos Olímpicos en la Antigüedad. Suidas afirma que también era conocido como el segundo Platón y diversos autores dicen que se le daba el sobrenombre de Beta, por la segunda letra del alfabeto griego, porque ocupó el segundo lugar en todas las ramas de la ciencia que cultivó.
A Eratóstenes se le atribuye la invención, hacia el 255 a. C., de la esfera armilar, que aún se empleaba en el siglo XVII. Aunque debió usar este instrumento para diversas observaciones astronómicas, solo queda constancia de la que le condujo a la determinación de la oblicuidad de la eclíptica. Determinó que el intervalo entre los trópicos (el doble de la oblicuidad de la eclíptica) equivalía a los 11/83 de la circunferencia terrestre completa, resultando para dicha oblicuidad 23°51'19", cifra que posteriormente adoptaría el astrónomo Claudio Ptolomeo.
Según algunos historiadores, Eratóstenes obtuvo un valor de 24° y el refinamiento del resultado se debió hasta 11/83 al propio Ptolomeo. Además, según Eusebio de Cesarea, dedujo que la distancia al Sol era de 804 000 000 o de 4 080 000 estadios (según diferentes traducciones), la distancia a la Luna 780 000 estadios y, según Macrobio, que el diámetro del Sol era 27 veces mayor que el de la Tierra. Realmente el diámetro del Sol es 109 veces el de la Tierra y la distancia a la Luna es casi tres veces la calculada por Eratóstenes, pero el cálculo de la distancia al Sol, admitiendo que el estadio empleado fuera de 185 metros, en la estimación de 804 000 000 estadios da 148 752 060 km, muy similar a la unidad astronómica actual. A pesar de que se le atribuye frecuentemente la obra 'Katasterismoi', que contiene la nomenclatura de 44 constelaciones y 675 estrellas, los críticos niegan que fuera escrita por él, por lo que se suele designar Pseudo-Eratóstenes a su autor.
Por referencias obtenidas de un papiro de su biblioteca, sabía que en Siena (hoy Asuán, Egipto) el día del solsticio de verano los objetos verticales no proyectaban sombra alguna y la luz alumbraba el fondo de los pozos; esto significaba que la ciudad estaba situada justamente sobre la línea del trópico de Cáncer, y su latitud era igual a la de la eclíptica que ya conocía. Eratóstenes, suponiendo que Siena y Alejandría tenían la misma longitud (realmente distan 3°) y que el Sol se encontraba tan alejado de la Tierra que sus rayos podían suponerse paralelos, midió la sombra en Alejandría el mismo día del solsticio de verano al mediodía, demostrando que el cenit de la ciudad distaba 1/50 parte de la circunferencia, es decir, 7°12' del de Alejandría. Según Cleomedes, Eratóstenes se sirvió del scaphium o gnomon (un protocuadrante solar) para el cálculo de dicha cantidad.
Posteriormente, tomó la distancia estimada por las caravanas que comerciaban entre ambas ciudades, aunque bien pudo obtener el dato en la propia Biblioteca de Alejandría, fijándola en 5000 estadios, de donde dedujo que la circunferencia de la Tierra era de 250 000 estadios, resultado que posteriormente elevó hasta 252 000 estadios, de modo que a cada grado correspondieran 700 estadios. También se afirma que Eratóstenes, para calcular la distancia entre las dos ciudades, se valió de un regimiento de soldados que diera pasos de tamaño uniforme y los contara.
Admitiendo que Eratóstenes usase el estadio ático-italiano de 184,8 m, que era el que solía utilizarse por los griegos de Alejandría en aquella época, el error cometido sería de 6192 kilómetros (un 15 %). Sin embargo, hay quien defiende que empleó el estadio egipcio (300 codos de 52,4 cm), en cuyo caso la circunferencia polar calculada hubiera sido de 39 614 km, frente a los 40 008 km considerados en la actualidad, es decir, un error de menos del 1 %. Ahora bien, es imposible que Eratóstenes diera con la medida exacta de la circunferencia de la Tierra debido a errores en los supuestos que calculó. Tuvo que haber tenido un margen de error considerable y por lo tanto no pudo haber usado el estadio egipcio.
Posidonio rehízo el cálculo de Eratóstenes 150 años más tarde y obtuvo una circunferencia sensiblemente menor. Este valor fue adoptado por Ptolomeo y fue en el que probablemente se basó Cristóbal Colón para justificar la viabilidad del viaje a las Indias por occidente. Con las mediciones de Eratóstenes, el viaje no se habría llegado a realizar, al menos en aquella época y con aquellos medios, aceptando solo las certezas científicas. Los doctores consultados en Salamanca, a petición real, se basaron en ellos para determinar que el objetivo principal —llegar a China y Japón— era imposible dada la distancia. Finalmente, la empresa fue aprobada por la reina, con base en testimonios y cartas de marear que obraban en poder de los socios de Colón mencionando tierras a corta distancia al Oeste de Azores,[8] por las ventajas estratégicas y comerciales que preveía el proyecto y sobre objetivos secundarios, como la condición de Colón de obtener prebendas y porcentajes sobre las tierras que descubriera en camino.
El trabajo de Eratóstenes es considerado por algunos el primer intento científico en medir las dimensiones de nuestro planeta, ya que se hicieron otros cálculos y se perfeccionaron siglos después por estudiosos tales como el califa Al-Mamun y Jean François Fernel.
Se le debe un procedimiento, conocido como la Criba de Eratóstenes, para obtener de un modo rápido todos los números primos menores que un número dado. La versión informática de este procedimiento (algoritmo) se ha convertido con los años en un método estándar para caracterizar o comparar la eficacia de diferentes lenguajes de programación.
Eratóstenes también midió la oblicuidad de la eclíptica (la inclinación del eje terrestre) con un error de solo 7' de arco, y creó un catálogo (actualmente perdido) de 675 estrellas fijas. Su obra más importante fue un tratado de geografía general llamado 'Geographica'. En esta obra Eratóstenes describió y cartografió todo su mundo conocido, incluso dividiendo la Tierra en cinco zonas climáticas: dos zonas de congelación alrededor de los polos, dos zonas templadas y una zona que abarca el ecuador y los trópicos. Colocó rejillas de líneas superpuestas sobre los mapas que representaban la superficie de la Tierra. Usó paralelos y meridianos para vincular todos los lugares del mundo. Ahora era posible estimar la distancia desde ubicaciones remotas con esta red sobre la superficie de la Tierra. En 'Geographica' se mostraron los nombres de más de 400 ciudades y sus ubicaciones.
Eratóstenes era una de las figuras eruditas más preeminentes de su tiempo, y produjo trabajos que cubren un área extensa de conocimiento antes y durante su tiempo en la Biblioteca. Escribió sobre muchos temas: geografía, matemáticas, filosofía, cronología, crítica literaria, gramática, poesía e incluso comedias antiguas. Desafortunadamente, solo quedan fragmentos de sus obras después de la Destrucción de la Biblioteca de Alejandría. La obra poética de Eratóstenes comprende dos obras: 'Erigone', elogiada repetidamente por Longino, y 'Hermes', la más conocida, poema de asunto astronómico y geográfico que trata de la forma de la Tierra, de su temperatura, de los diferentes climas y de las constelaciones. Escribió varios tratados sobre filosofía moral y se le atribuyen, sin certeza, otras obras filosóficas. Su primer trabajo, llamado 'Platonikos', contempla la filosofía de Platón desde un punto de vista matemático. De acuerdo a Teón de Esmirna, un matemático pitagórico, el trabajo de Eratóstenes estudió definiciones básicas de geometría y aritmética, y abarcó temas como la música. Sus producciones históricas estuvieron ligadas íntimamente a las matemáticas, y su obra más importante en esta disciplina fue la 'Cronografía', en la que recoge las fechas de los acontecimientos literarios y políticos más importantes. Se cree que Las Olimpiadas, citadas por Diógenes Laercio y Ateneo, formaban parte de la 'Cronografía'. También escribió un tratado 'Sobre la antigua comedia ática', del que son fragmentos 'Architectonicos' y 'Skenographicos', en los que trató de la decoración, el vestuario, la declamación y el argumento de obras de Aristófanes y de Cratino, entre otros. También estudió la obra de Homero y escribió una biografía sobre la vida del poeta que no ha llegado hasta nuestros días. En la citada 'Eratosthenica', Bernhardy compiló la lista de todas las obras atribuidas a Eratóstenes, así como los fragmentos de sus escritos entonces conocidos, con excepción de 'Katasterismoi'.
Inventó el mesolabio, uno de los primeros instrumentos descubiertos que es una primitiva calculadora.
[Fuente: Wikipedia]
Eratóstenes, hijo de Aglaos, nació en 276 a. C. en Cirene. Estudió en Alejandría y, durante algún tiempo, en Atenas. Fue discípulo de Aristón de Quíos, de Lisanias de Cirene y del poeta Calímaco y también gran amigo de Arquímedes. En el año 236 a. C., Ptolomeo III lo llamó para que se hiciera cargo de la Biblioteca de Alejandría, puesto que ocupó hasta el fin de sus días. La 'Suda' (gran enciclopedia bizantina) afirma que, tras perder la vista, se dejó morir de hambre a la edad de 80 años; sin embargo, Luciano de Samosata dice que llegó a la edad de 82 años, también Censorino sostiene que falleció cuando tenía 82 años.
Eratóstenes poseía una gran variedad de conocimientos y aptitudes para el estudio: astrónomo, poeta, geógrafo y filósofo, su apellido fue Pentathlos, nombre que se reservaba al atleta vencedor en las cinco competiciones de los Juegos Olímpicos en la Antigüedad. Suidas afirma que también era conocido como el segundo Platón y diversos autores dicen que se le daba el sobrenombre de Beta, por la segunda letra del alfabeto griego, porque ocupó el segundo lugar en todas las ramas de la ciencia que cultivó.
A Eratóstenes se le atribuye la invención, hacia el 255 a. C., de la esfera armilar, que aún se empleaba en el siglo XVII. Aunque debió usar este instrumento para diversas observaciones astronómicas, solo queda constancia de la que le condujo a la determinación de la oblicuidad de la eclíptica. Determinó que el intervalo entre los trópicos (el doble de la oblicuidad de la eclíptica) equivalía a los 11/83 de la circunferencia terrestre completa, resultando para dicha oblicuidad 23°51'19", cifra que posteriormente adoptaría el astrónomo Claudio Ptolomeo.
Según algunos historiadores, Eratóstenes obtuvo un valor de 24° y el refinamiento del resultado se debió hasta 11/83 al propio Ptolomeo. Además, según Eusebio de Cesarea, dedujo que la distancia al Sol era de 804 000 000 o de 4 080 000 estadios (según diferentes traducciones), la distancia a la Luna 780 000 estadios y, según Macrobio, que el diámetro del Sol era 27 veces mayor que el de la Tierra. Realmente el diámetro del Sol es 109 veces el de la Tierra y la distancia a la Luna es casi tres veces la calculada por Eratóstenes, pero el cálculo de la distancia al Sol, admitiendo que el estadio empleado fuera de 185 metros, en la estimación de 804 000 000 estadios da 148 752 060 km, muy similar a la unidad astronómica actual. A pesar de que se le atribuye frecuentemente la obra 'Katasterismoi', que contiene la nomenclatura de 44 constelaciones y 675 estrellas, los críticos niegan que fuera escrita por él, por lo que se suele designar Pseudo-Eratóstenes a su autor.
Por referencias obtenidas de un papiro de su biblioteca, sabía que en Siena (hoy Asuán, Egipto) el día del solsticio de verano los objetos verticales no proyectaban sombra alguna y la luz alumbraba el fondo de los pozos; esto significaba que la ciudad estaba situada justamente sobre la línea del trópico de Cáncer, y su latitud era igual a la de la eclíptica que ya conocía. Eratóstenes, suponiendo que Siena y Alejandría tenían la misma longitud (realmente distan 3°) y que el Sol se encontraba tan alejado de la Tierra que sus rayos podían suponerse paralelos, midió la sombra en Alejandría el mismo día del solsticio de verano al mediodía, demostrando que el cenit de la ciudad distaba 1/50 parte de la circunferencia, es decir, 7°12' del de Alejandría. Según Cleomedes, Eratóstenes se sirvió del scaphium o gnomon (un protocuadrante solar) para el cálculo de dicha cantidad.
Posteriormente, tomó la distancia estimada por las caravanas que comerciaban entre ambas ciudades, aunque bien pudo obtener el dato en la propia Biblioteca de Alejandría, fijándola en 5000 estadios, de donde dedujo que la circunferencia de la Tierra era de 250 000 estadios, resultado que posteriormente elevó hasta 252 000 estadios, de modo que a cada grado correspondieran 700 estadios. También se afirma que Eratóstenes, para calcular la distancia entre las dos ciudades, se valió de un regimiento de soldados que diera pasos de tamaño uniforme y los contara.
Admitiendo que Eratóstenes usase el estadio ático-italiano de 184,8 m, que era el que solía utilizarse por los griegos de Alejandría en aquella época, el error cometido sería de 6192 kilómetros (un 15 %). Sin embargo, hay quien defiende que empleó el estadio egipcio (300 codos de 52,4 cm), en cuyo caso la circunferencia polar calculada hubiera sido de 39 614 km, frente a los 40 008 km considerados en la actualidad, es decir, un error de menos del 1 %. Ahora bien, es imposible que Eratóstenes diera con la medida exacta de la circunferencia de la Tierra debido a errores en los supuestos que calculó. Tuvo que haber tenido un margen de error considerable y por lo tanto no pudo haber usado el estadio egipcio.
Posidonio rehízo el cálculo de Eratóstenes 150 años más tarde y obtuvo una circunferencia sensiblemente menor. Este valor fue adoptado por Ptolomeo y fue en el que probablemente se basó Cristóbal Colón para justificar la viabilidad del viaje a las Indias por occidente. Con las mediciones de Eratóstenes, el viaje no se habría llegado a realizar, al menos en aquella época y con aquellos medios, aceptando solo las certezas científicas. Los doctores consultados en Salamanca, a petición real, se basaron en ellos para determinar que el objetivo principal —llegar a China y Japón— era imposible dada la distancia. Finalmente, la empresa fue aprobada por la reina, con base en testimonios y cartas de marear que obraban en poder de los socios de Colón mencionando tierras a corta distancia al Oeste de Azores,[8] por las ventajas estratégicas y comerciales que preveía el proyecto y sobre objetivos secundarios, como la condición de Colón de obtener prebendas y porcentajes sobre las tierras que descubriera en camino.
El trabajo de Eratóstenes es considerado por algunos el primer intento científico en medir las dimensiones de nuestro planeta, ya que se hicieron otros cálculos y se perfeccionaron siglos después por estudiosos tales como el califa Al-Mamun y Jean François Fernel.
Se le debe un procedimiento, conocido como la Criba de Eratóstenes, para obtener de un modo rápido todos los números primos menores que un número dado. La versión informática de este procedimiento (algoritmo) se ha convertido con los años en un método estándar para caracterizar o comparar la eficacia de diferentes lenguajes de programación.
Eratóstenes también midió la oblicuidad de la eclíptica (la inclinación del eje terrestre) con un error de solo 7' de arco, y creó un catálogo (actualmente perdido) de 675 estrellas fijas. Su obra más importante fue un tratado de geografía general llamado 'Geographica'. En esta obra Eratóstenes describió y cartografió todo su mundo conocido, incluso dividiendo la Tierra en cinco zonas climáticas: dos zonas de congelación alrededor de los polos, dos zonas templadas y una zona que abarca el ecuador y los trópicos. Colocó rejillas de líneas superpuestas sobre los mapas que representaban la superficie de la Tierra. Usó paralelos y meridianos para vincular todos los lugares del mundo. Ahora era posible estimar la distancia desde ubicaciones remotas con esta red sobre la superficie de la Tierra. En 'Geographica' se mostraron los nombres de más de 400 ciudades y sus ubicaciones.
Eratóstenes era una de las figuras eruditas más preeminentes de su tiempo, y produjo trabajos que cubren un área extensa de conocimiento antes y durante su tiempo en la Biblioteca. Escribió sobre muchos temas: geografía, matemáticas, filosofía, cronología, crítica literaria, gramática, poesía e incluso comedias antiguas. Desafortunadamente, solo quedan fragmentos de sus obras después de la Destrucción de la Biblioteca de Alejandría. La obra poética de Eratóstenes comprende dos obras: 'Erigone', elogiada repetidamente por Longino, y 'Hermes', la más conocida, poema de asunto astronómico y geográfico que trata de la forma de la Tierra, de su temperatura, de los diferentes climas y de las constelaciones. Escribió varios tratados sobre filosofía moral y se le atribuyen, sin certeza, otras obras filosóficas. Su primer trabajo, llamado 'Platonikos', contempla la filosofía de Platón desde un punto de vista matemático. De acuerdo a Teón de Esmirna, un matemático pitagórico, el trabajo de Eratóstenes estudió definiciones básicas de geometría y aritmética, y abarcó temas como la música. Sus producciones históricas estuvieron ligadas íntimamente a las matemáticas, y su obra más importante en esta disciplina fue la 'Cronografía', en la que recoge las fechas de los acontecimientos literarios y políticos más importantes. Se cree que Las Olimpiadas, citadas por Diógenes Laercio y Ateneo, formaban parte de la 'Cronografía'. También escribió un tratado 'Sobre la antigua comedia ática', del que son fragmentos 'Architectonicos' y 'Skenographicos', en los que trató de la decoración, el vestuario, la declamación y el argumento de obras de Aristófanes y de Cratino, entre otros. También estudió la obra de Homero y escribió una biografía sobre la vida del poeta que no ha llegado hasta nuestros días. En la citada 'Eratosthenica', Bernhardy compiló la lista de todas las obras atribuidas a Eratóstenes, así como los fragmentos de sus escritos entonces conocidos, con excepción de 'Katasterismoi'.
Inventó el mesolabio, uno de los primeros instrumentos descubiertos que es una primitiva calculadora.
[Fuente: Wikipedia]
Banting y Best, creadores del primer tratamiento eficaz para la diabetes (1922)
Frederick Banting y Charles Best, fueron los dos científicos que crearon el primer tratamiento eficaz para la diabetes al extraer con éxito la hormona insulina del páncreas. Gracias al trabajo de Banting y Best, millones de diabéticos ahora pueden vivir vidas largas y saludables en lugar de enfrentar una muerte temprana y dolorosa.
La diabetes es una enfermedad que hace que los niveles de azúcar en sangre de una persona sean demasiado altos. Sus síntomas incluyen sed excesiva, náuseas, fatiga, micción azucarada y pérdida de peso. Si no se trata, la diabetes puede provocar complicaciones que incluyen accidentes cerebrovasculares, insuficiencia renal, ataques cardíacos y daño a los nervios. La diabetes ha sido una plaga para la humanidad durante miles de años, pero incluso hace un siglo no había tratamientos efectivos. Entran, Frederick Banting y Charles Best.
Frederick Banting nació el 14 de noviembre de 1891 en la granja de su familia cerca de Alliston, Ontario. En 1912, Banting comenzó a estudiar medicina en el Victoria College, parte de la Universidad de Toronto. Se unió al ejército canadiense en 1915 y se graduó un año después. En 1918 fue herido en la batalla de Cambrai y en 1919 se le concedió la Cruz Militar por su heroísmo bajo el fuego. Después de la guerra, Banting regresó a Canadá y estudió medicina ortopédica. De 1919 a 1920, fue cirujano residente en el Hospital para Niños Enfermos de Toronto, y en 1921 comenzó a dar clases de farmacología en la Universidad de Toronto. Durante este tiempo, Banting se interesó en la diabetes.
Antes de la década de 1920, se sabía que la diabetes era el resultado de la falta de una hormona llamada insulina, que se genera en el páncreas. Se pensaba que la insulina controlaba el metabolismo del azúcar, por lo que se creía que la falta de insulina conducía a un aumento del azúcar en la sangre. Desafortunadamente, los intentos anteriores de extraer insulina del páncreas fracasaron porque la tripsina, la enzima digestiva del páncreas, descomponía la insulina antes de que pudiera extraerse. Banting tuvo que encontrar una manera de extraer la insulina del páncreas, antes de que pudiera ser destruida por la propia enzima digestiva del órgano.
Banting leyó sobre un experimento de 1920 de Moses Barron, un científico ruso-estadounidense que cerró el conducto pancreático y descubrió que las células que secretaban tripsina, la enzima digestiva, se deterioraban, pero las células del páncreas responsables de la producción y liberación de insulina permanecían intactas. Esto llevó a Banting a teorizar que si el conducto pancreático se cerraba y las células secretoras de tripsina morían, la insulina podría extraerse del páncreas y luego administrarse a los diabéticos.
En la primavera de 1921, Banting visitó a J. J. R. Macleod, profesor de fisiología en la Universidad de Toronto, para discutir su teoría, durante la cual, Macleod accedió a darle a Banting espacio en el laboratorio y diez perros para experimentar. Macleod nombró entonces a Charles Best como asistente de Banting.
Charles Best nació en West Pembroke, Maine, el 27 de febrero de 1899. En 1915, Best comenzó a estudiar fisiología y bioquímica en la Universidad de Toronto. Se alistó en el ejército en 1918 y, después de la guerra, completó su título en 1921. En ese mismo año, comenzó a estudiar en la escuela de medicina de la Universidad de Toronto.
Banting y Best comenzaron a trabajar juntos y rápidamente lograron aislar la insulina del páncreas de los perros de prueba. Después de inyectar la insulina en perros a los que se les había extirpado el páncreas, descubrieron que los perros que sufrían de diabetes inducida artificialmente se recuperaban rápidamente. La insulina animal es segura para el uso humano, y Banting y Best comenzaron a tomar insulina de los páncreas más grandes que se encuentran en las vacas. Sin embargo, encontraron problemas para refinar la solución de insulina y Macleod contrató a James Collip, profesor de bioquímica en la Universidad de Alberta, para trabajar en la purificación de la insulina.
En enero de 1922, Banting y Best administraron insulina purificada a su primer paciente, Leonard Thompson, un diabético de 14 años que estaba a punto de morir. La insulina de Best y Banting resultó ser un éxito ya que Thompson recuperó su salud. El uso de la insulina para tratar la diabetes se extendió rápidamente por todo el mundo.
Banting recibió su título de médico en 1922 y en 1923, Banting y Macleod fueron galardonados conjuntamente con el Premio Nobel de Fisiología o Medicina. Banting estaba descontento de que Macleod que, en su opinión, no había contribuido más que con recursos, recibiera el premio. Como resultado, Banting dividió el dinero de su premio con Best. Macleod también dividió el dinero de su premio con Collip.
En 1923, Banting fue elegido presidente del nuevo Departamento de Investigación Médica de Banting y Best, que fue dotado por la Legislatura de la Provincia de Ontario. Su investigación se centró en la silicosis y el cáncer. En 1925, Best recibió su título de médico y, en 1929, sucedió a Macleod como profesor de fisiología en la Universidad de Toronto.
En 1938, Banting comenzó a trabajar para la Real Fuerza Aérea Canadiense, investigando los problemas fisiológicos encontrados en los pilotos que volaban aviones a gran altitud. El 21 de febrero de 1941, Banting murió a causa de las heridas tras un accidente aéreo en el que era pasajero. Tras la muerte de Banting, Best asumió el cargo de Director del Departamento de Investigación Médica de Banting y Best. Best pasó la mayor parte de su carrera investigando el metabolismo de los carbohidratos. Se retiró en 1965 y finalmente murió el 31 de marzo de 1978.
Banting y Best recibieron numerosos premios y títulos honoríficos a lo largo de sus vidas. Ambos hombres eran miembros de numerosas academias médicas. En 1994 fueron incluidos en el Salón de la Fama de la Medicina Canadiense, y diez años más tarde, fueron incluidos en el Salón de la Fama de los Inventores Nacionales.
Gracias al trabajo de Frederick Banting y Charles Best, la diabetes pasó de ser una enfermedad intratable que ha matado a millones de personas durante miles de años a una enfermedad que se puede tratar fácilmente, lo que permite a los diabéticos llevar una vida normal y saludable.
[Fuente: humanprogress.com]
La diabetes es una enfermedad que hace que los niveles de azúcar en sangre de una persona sean demasiado altos. Sus síntomas incluyen sed excesiva, náuseas, fatiga, micción azucarada y pérdida de peso. Si no se trata, la diabetes puede provocar complicaciones que incluyen accidentes cerebrovasculares, insuficiencia renal, ataques cardíacos y daño a los nervios. La diabetes ha sido una plaga para la humanidad durante miles de años, pero incluso hace un siglo no había tratamientos efectivos. Entran, Frederick Banting y Charles Best.
Frederick Banting nació el 14 de noviembre de 1891 en la granja de su familia cerca de Alliston, Ontario. En 1912, Banting comenzó a estudiar medicina en el Victoria College, parte de la Universidad de Toronto. Se unió al ejército canadiense en 1915 y se graduó un año después. En 1918 fue herido en la batalla de Cambrai y en 1919 se le concedió la Cruz Militar por su heroísmo bajo el fuego. Después de la guerra, Banting regresó a Canadá y estudió medicina ortopédica. De 1919 a 1920, fue cirujano residente en el Hospital para Niños Enfermos de Toronto, y en 1921 comenzó a dar clases de farmacología en la Universidad de Toronto. Durante este tiempo, Banting se interesó en la diabetes.
Antes de la década de 1920, se sabía que la diabetes era el resultado de la falta de una hormona llamada insulina, que se genera en el páncreas. Se pensaba que la insulina controlaba el metabolismo del azúcar, por lo que se creía que la falta de insulina conducía a un aumento del azúcar en la sangre. Desafortunadamente, los intentos anteriores de extraer insulina del páncreas fracasaron porque la tripsina, la enzima digestiva del páncreas, descomponía la insulina antes de que pudiera extraerse. Banting tuvo que encontrar una manera de extraer la insulina del páncreas, antes de que pudiera ser destruida por la propia enzima digestiva del órgano.
Banting leyó sobre un experimento de 1920 de Moses Barron, un científico ruso-estadounidense que cerró el conducto pancreático y descubrió que las células que secretaban tripsina, la enzima digestiva, se deterioraban, pero las células del páncreas responsables de la producción y liberación de insulina permanecían intactas. Esto llevó a Banting a teorizar que si el conducto pancreático se cerraba y las células secretoras de tripsina morían, la insulina podría extraerse del páncreas y luego administrarse a los diabéticos.
En la primavera de 1921, Banting visitó a J. J. R. Macleod, profesor de fisiología en la Universidad de Toronto, para discutir su teoría, durante la cual, Macleod accedió a darle a Banting espacio en el laboratorio y diez perros para experimentar. Macleod nombró entonces a Charles Best como asistente de Banting.
Charles Best nació en West Pembroke, Maine, el 27 de febrero de 1899. En 1915, Best comenzó a estudiar fisiología y bioquímica en la Universidad de Toronto. Se alistó en el ejército en 1918 y, después de la guerra, completó su título en 1921. En ese mismo año, comenzó a estudiar en la escuela de medicina de la Universidad de Toronto.
Banting y Best comenzaron a trabajar juntos y rápidamente lograron aislar la insulina del páncreas de los perros de prueba. Después de inyectar la insulina en perros a los que se les había extirpado el páncreas, descubrieron que los perros que sufrían de diabetes inducida artificialmente se recuperaban rápidamente. La insulina animal es segura para el uso humano, y Banting y Best comenzaron a tomar insulina de los páncreas más grandes que se encuentran en las vacas. Sin embargo, encontraron problemas para refinar la solución de insulina y Macleod contrató a James Collip, profesor de bioquímica en la Universidad de Alberta, para trabajar en la purificación de la insulina.
En enero de 1922, Banting y Best administraron insulina purificada a su primer paciente, Leonard Thompson, un diabético de 14 años que estaba a punto de morir. La insulina de Best y Banting resultó ser un éxito ya que Thompson recuperó su salud. El uso de la insulina para tratar la diabetes se extendió rápidamente por todo el mundo.
Banting recibió su título de médico en 1922 y en 1923, Banting y Macleod fueron galardonados conjuntamente con el Premio Nobel de Fisiología o Medicina. Banting estaba descontento de que Macleod que, en su opinión, no había contribuido más que con recursos, recibiera el premio. Como resultado, Banting dividió el dinero de su premio con Best. Macleod también dividió el dinero de su premio con Collip.
En 1923, Banting fue elegido presidente del nuevo Departamento de Investigación Médica de Banting y Best, que fue dotado por la Legislatura de la Provincia de Ontario. Su investigación se centró en la silicosis y el cáncer. En 1925, Best recibió su título de médico y, en 1929, sucedió a Macleod como profesor de fisiología en la Universidad de Toronto.
En 1938, Banting comenzó a trabajar para la Real Fuerza Aérea Canadiense, investigando los problemas fisiológicos encontrados en los pilotos que volaban aviones a gran altitud. El 21 de febrero de 1941, Banting murió a causa de las heridas tras un accidente aéreo en el que era pasajero. Tras la muerte de Banting, Best asumió el cargo de Director del Departamento de Investigación Médica de Banting y Best. Best pasó la mayor parte de su carrera investigando el metabolismo de los carbohidratos. Se retiró en 1965 y finalmente murió el 31 de marzo de 1978.
Banting y Best recibieron numerosos premios y títulos honoríficos a lo largo de sus vidas. Ambos hombres eran miembros de numerosas academias médicas. En 1994 fueron incluidos en el Salón de la Fama de la Medicina Canadiense, y diez años más tarde, fueron incluidos en el Salón de la Fama de los Inventores Nacionales.
Gracias al trabajo de Frederick Banting y Charles Best, la diabetes pasó de ser una enfermedad intratable que ha matado a millones de personas durante miles de años a una enfermedad que se puede tratar fácilmente, lo que permite a los diabéticos llevar una vida normal y saludable.
[Fuente: humanprogress.com]
Primer científico en identificar los Rayos X: Wilhelm Röntgen (1895)
El científico alemán Wilhelm Röntgen fue la primera persona en identificar la radiación electromagnética en una longitud de onda que hoy conocemos como "rayos X". Hoy en día, las máquinas de rayos X son comunes en la mayoría de los centros médicos. Se utilizan por docenas de razones, pero el uso más común incluye la detección de huesos rotos y fracturados, problemas cardíacos, cáncer de mama, escoliosis y tumores. La capacidad de monitorear con precisión las condiciones internas de nuestro cuerpo conduce a mejores decisiones médicas. Cada año, se utilizan máquinas de rayos X para ayudar a salvar la vida de millones de personas.
Wilhelm Röntgen nació el 26 de marzo de 1845 en Lennep, Prusia. En 1862, Röntgen asistió a un internado en Utrecht del que fue expulsado en 1865, después de ser acusado de crear una caricatura de uno de sus maestros. Sin un diploma de escuela secundaria, Röntgen solo podía inscribirse en una universidad como visitante, en lugar de como estudiante real. El Instituto Politécnico Federal de Zürich no exigía un diploma de enseñanza secundaria, por lo que, tras aprobar los exámenes de ingreso, Röntgen se matriculó como estudiante de ingeniería mecánica en Suiza.
En 1869, Röntgen obtuvo un doctorado y se convirtió en asistente del profesor August Kundt, a quien siguió primero a la Universidad de Würzburg y luego a la Universidad de Estrasburgo. En 1874, Röntgen se había graduado como profesor en la Universidad de Estrasburgo y se convirtió en profesor en 1876. En 1879, Röntgen fue catedrático de física en la Universidad de Giessen. Röntgen se trasladó una vez más en 1888, para convertirse en catedrático de física en la Universidad de Würzburg. Fue durante su estancia en Würzburg cuando Röntgen hizo su descubrimiento que cambió el mundo.
El 8 de noviembre de 1895, Röntgen estaba realizando experimentos con un tubo de rayos catódicos, un tubo de vacío especializado que emite luz fluorescente cuando una carga eléctrica pasa a través de él. Röntgen se dio cuenta de que cuando usaba el tubo de rayos catódicos, una placa en el otro lado de su laboratorio que estaba cubierta de fósforo comenzaba a brillar. Intrigado, Röntgen cubrió el tubo con una gruesa caja de cartón negro para cubrir la luz que emitía el tubo. Röntgen se dio cuenta de que incluso después de que se hubiera cubierto la luz del tubo, la placa de fósforo seguía brillando. Pronto quedó claro para Röntgen que había descubierto un nuevo tipo de rayo. Dada la naturaleza desconocida del rayo, lo llamó "rayo X" (la "x" matemática a menudo se atribuye a algo desconocido).
Se dice que Röntgen pasó las siguientes semanas durmiendo y comiendo en su laboratorio mientras investigaba las propiedades de estos nuevos rayos. Después de numerosos experimentos, Röntgen descubrió que muchos materiales eran transparentes o translúcidos cuando se interponían en la trayectoria de los rayos. Estos materiales incluían papel, madera, aluminio y, lo que es más importante para la industria médica, piel y carne. Röntgen utilizó una placa fotográfica para detallar la transparencia de diferentes objetos. Dos semanas después de su descubrimiento de rayos X, Röntgen tomó la primera fotografía: una radiografía de la mano de su esposa. Cuando su esposa vio la imagen esquelética, exclamó: "¡He visto mi propia muerte!".
El 28 de diciembre de 1895, Röntgen publicó un artículo detallando su descubrimiento titulado "Sobre un nuevo tipo de rayos". En enero, el descubrimiento de Röntgen fue noticia de primera plana en los periódicos austriacos. Durante los dos años siguientes, las noticias sobre los rayos X se extendieron y Röntgen publicó tres artículos sobre sus experimentos. Röntgen creía que su descubrimiento debía estar disponible públicamente y nunca buscó una patente para los rayos X. En 1900, a petición especial del gobierno bávaro, Röntgen se trasladó a la Universidad de Münich para ser el presidente de su departamento de física.
Röntgen recibió numerosos premios, medallas y doctorados honoris causa. En 1901 fue galardonado con el primer Premio Nobel de Física. Después de recibir el dinero entregado a los ganadores del Premio Nobel, Röntgen lo donó todo a la investigación de la Universidad de Würzburg. El 10 de febrero de 1923, Röntgen murió de carcinoma de intestino. Tenía 77 años. En 2004, el elemento químico número 111 fue nombrado "roentgenio" en su honor.
El descubrimiento de Röntgen de los rayos X cambió fundamentalmente las prácticas médicas para siempre. Todos los días, su trabajo se utiliza para ayudar a salvar vidas de personas en todo el mundo.
[Fuente: humanprogress.org]
Wilhelm Röntgen nació el 26 de marzo de 1845 en Lennep, Prusia. En 1862, Röntgen asistió a un internado en Utrecht del que fue expulsado en 1865, después de ser acusado de crear una caricatura de uno de sus maestros. Sin un diploma de escuela secundaria, Röntgen solo podía inscribirse en una universidad como visitante, en lugar de como estudiante real. El Instituto Politécnico Federal de Zürich no exigía un diploma de enseñanza secundaria, por lo que, tras aprobar los exámenes de ingreso, Röntgen se matriculó como estudiante de ingeniería mecánica en Suiza.
En 1869, Röntgen obtuvo un doctorado y se convirtió en asistente del profesor August Kundt, a quien siguió primero a la Universidad de Würzburg y luego a la Universidad de Estrasburgo. En 1874, Röntgen se había graduado como profesor en la Universidad de Estrasburgo y se convirtió en profesor en 1876. En 1879, Röntgen fue catedrático de física en la Universidad de Giessen. Röntgen se trasladó una vez más en 1888, para convertirse en catedrático de física en la Universidad de Würzburg. Fue durante su estancia en Würzburg cuando Röntgen hizo su descubrimiento que cambió el mundo.
El 8 de noviembre de 1895, Röntgen estaba realizando experimentos con un tubo de rayos catódicos, un tubo de vacío especializado que emite luz fluorescente cuando una carga eléctrica pasa a través de él. Röntgen se dio cuenta de que cuando usaba el tubo de rayos catódicos, una placa en el otro lado de su laboratorio que estaba cubierta de fósforo comenzaba a brillar. Intrigado, Röntgen cubrió el tubo con una gruesa caja de cartón negro para cubrir la luz que emitía el tubo. Röntgen se dio cuenta de que incluso después de que se hubiera cubierto la luz del tubo, la placa de fósforo seguía brillando. Pronto quedó claro para Röntgen que había descubierto un nuevo tipo de rayo. Dada la naturaleza desconocida del rayo, lo llamó "rayo X" (la "x" matemática a menudo se atribuye a algo desconocido).
Se dice que Röntgen pasó las siguientes semanas durmiendo y comiendo en su laboratorio mientras investigaba las propiedades de estos nuevos rayos. Después de numerosos experimentos, Röntgen descubrió que muchos materiales eran transparentes o translúcidos cuando se interponían en la trayectoria de los rayos. Estos materiales incluían papel, madera, aluminio y, lo que es más importante para la industria médica, piel y carne. Röntgen utilizó una placa fotográfica para detallar la transparencia de diferentes objetos. Dos semanas después de su descubrimiento de rayos X, Röntgen tomó la primera fotografía: una radiografía de la mano de su esposa. Cuando su esposa vio la imagen esquelética, exclamó: "¡He visto mi propia muerte!".
El 28 de diciembre de 1895, Röntgen publicó un artículo detallando su descubrimiento titulado "Sobre un nuevo tipo de rayos". En enero, el descubrimiento de Röntgen fue noticia de primera plana en los periódicos austriacos. Durante los dos años siguientes, las noticias sobre los rayos X se extendieron y Röntgen publicó tres artículos sobre sus experimentos. Röntgen creía que su descubrimiento debía estar disponible públicamente y nunca buscó una patente para los rayos X. En 1900, a petición especial del gobierno bávaro, Röntgen se trasladó a la Universidad de Münich para ser el presidente de su departamento de física.
Röntgen recibió numerosos premios, medallas y doctorados honoris causa. En 1901 fue galardonado con el primer Premio Nobel de Física. Después de recibir el dinero entregado a los ganadores del Premio Nobel, Röntgen lo donó todo a la investigación de la Universidad de Würzburg. El 10 de febrero de 1923, Röntgen murió de carcinoma de intestino. Tenía 77 años. En 2004, el elemento químico número 111 fue nombrado "roentgenio" en su honor.
El descubrimiento de Röntgen de los rayos X cambió fundamentalmente las prácticas médicas para siempre. Todos los días, su trabajo se utiliza para ayudar a salvar vidas de personas en todo el mundo.
[Fuente: humanprogress.org]
Primera batería eléctrica de la historia, el "órgano eléctrico artificial" de Alessandro Volta (1800)
El físico italiano Alessandro Volta, fue el inventor de la primera batería eléctrica del mundo. Su "pila voltaica" proporcionó la primera fuente de corriente eléctrica continua que el mundo había visto. A través de su descubrimiento, Volta desacreditó la teoría prevaleciente en ese momento de que la electricidad era generada únicamente por seres vivos. El invento de Volta sentó las bases de las baterías modernas. Su trabajo también ayudó a crear el campo de la electroquímica y el electromagnetismo.
Alessandro Giuseppe Antonio Anastasio Volta nació el 18 de febrero de 1745 en Como, una ciudad en el actual norte de Italia. La familia de Volta era noble y rica. De niño, asistió a un internado jesuita, donde sus maestros trataron de persuadirlo para que ingresara al sacerdocio. Volta sabía que su verdadera pasión era la física y, a los 16 años, abandonó la escuela. A pesar de no recibir más formación formal, Volta comenzó a intercambiar cartas con los principales físicos de la época cuando tenía 18 años. Dos años más tarde, Volta ya estaba realizando experimentos en un laboratorio de física construido por su rico amigo, Giulio Cesare.
En 1774, Volta enseñaba física experimental en la escuela pública de gramática de Como. En este punto, el trabajo de Volta se centró principalmente en la química de los gases. En 1778, después de leer un artículo escrito por Benjamin Franklin sobre el tema del "aire inflamable", Volta se convirtió en la primera persona en descubrir y luego aislar el gas metano. Volta descubrió que una mezcla de metano y aire podía explotar con una chispa eléctrica cuando estaba en un recipiente cerrado. Este tipo de reacción química inducida eléctricamente se convertiría más tarde en la base del motor de combustión interna.
En 1779, Volta fue nombrado profesor de física experimental en la Universidad de Pavía, cargo que mantendría durante casi 40 años. Volta pasó sus primeros años en Pavía estudiando lo que ahora llamamos "capacitancia eléctrica". Descubrió que el potencial eléctrico en un condensador (el condensador es un componente que tiene la capacidad de almacenar energía en forma de carga eléctrica) es directamente proporcional a su carga eléctrica. Hoy en día, este fenómeno se llama Ley de Capacitancia de Volta.
En 1791, el amigo y colega físico de Volta, Luigi Galvani, descubrió que podía hacer que una anca de rana montada en ganchos de hierro o latón se moviera cuando la pata se tocaba con una sonda hecha de otro metal. Galvani interpretó su descubrimiento como una nueva forma de electricidad que se puede encontrar en los tejidos vivos y la llamó "electricidad animal". Volta no estuvo de acuerdo con los hallazgos de Galvani. Planteó la hipótesis de que la rana simplemente conducía la corriente eléctrica que fluía entre el gancho de hierro o latón y el otro metal que se usaba como sonda. Volta llamó a este tipo de electricidad "electricidad metálica".
Volta comenzó entonces a experimentar para ver si podía producir una corriente eléctrica solo con metales. Como los instrumentos de ese momento no podían detectar corrientes eléctricas débiles, Volta probó el flujo de electricidad entre diferentes metales colocándolos en su lengua. Efectivamente, Volta descubrió que la saliva en su boca, al igual que el tejido de las ranas en los experimentos de Galvani, conducía la electricidad, causando una sensación amarga.
Con el fin de demostrar de manera concluyente que una corriente eléctrica no requería un tejido animal, Volta creó una pila de discos alternos de zinc y plata, que estaban separados por una tela empapada en salmuera. Volta descubrió que cuando se conectaba un cable a ambos extremos de la pila, una corriente constante fluía entre las capas. Este invento, que llegó a ser conocido como la pila voltaica, fue en realidad una forma temprana de la batería eléctrica actual. Después de numerosos experimentos, Volta también descubrió que la cantidad de corriente producida podía aumentarse o disminuirse mediante el uso de diferentes metales o agregando y quitando discos de la pila.
Volta informó por primera vez de su experimento de pila eléctrica en una carta fechada el 20 de marzo de 1800. Estaba dirigida a Joseph Banks, presidente de la Royal Society de Londres. Poco después, Volta viajó a París para demostrar su invento, al que inicialmente llamó un "órgano eléctrico artificial".
La batería de Volta fue un gran éxito. No solo destruyó el consenso científico en torno a la "electricidad animal", sino que los científicos reconocieron rápidamente el "órgano eléctrico artificial" de Volta como un dispositivo extremadamente útil. A las seis semanas del anuncio de Volta, los científicos ingleses William Nicholson y Anthony Carlisle utilizaron su propia pila voltaica para descomponer el agua en hidrógeno y oxígeno, lo que llevó al descubrimiento de la electrólisis o "una técnica que utiliza una corriente eléctrica directa para impulsar una reacción química que de otro modo no sería espontánea" y así se creó el campo de la electroquímica. De manera similar, en la década de 1830, otro científico inglés, Michael Faraday, utilizó la pila voltaica en sus estudios pioneros sobre el electromagnetismo.
Napoleón Bonaparte quedó tan impresionado con el trabajo de Volta que en 1801 nombró a Volta conde y senador del reino de Lombardía. En 1809, Volta también se convirtió en miembro asociado del Real Instituto de los Países Bajos.
Volta se retiró en 1819, a la edad de 74 años. Se trasladó a su finca en Camnago, que más tarde pasó a llamarse "Camnago Volta" en su honor. El 5 de marzo de 1827, Volta murió a la edad de 82 años. Desde su muerte, Volta ha aparecido en sellos y monedas. Su nombre fue inmortalizado cuando la medida del potencial eléctrico, o "voltio", fue nombrada en su honor en 1881.
La invención de Volta de la primera batería no solo ayudó a sentar las bases para la creación de varios campos científicos, sino que la batería se ha convertido en un elemento básico del mundo moderno. Sin el trabajo de Volta, muchas de nuestras tecnologías modernas no existirían.
[Fuente: humanprogress.org]
Alessandro Giuseppe Antonio Anastasio Volta nació el 18 de febrero de 1745 en Como, una ciudad en el actual norte de Italia. La familia de Volta era noble y rica. De niño, asistió a un internado jesuita, donde sus maestros trataron de persuadirlo para que ingresara al sacerdocio. Volta sabía que su verdadera pasión era la física y, a los 16 años, abandonó la escuela. A pesar de no recibir más formación formal, Volta comenzó a intercambiar cartas con los principales físicos de la época cuando tenía 18 años. Dos años más tarde, Volta ya estaba realizando experimentos en un laboratorio de física construido por su rico amigo, Giulio Cesare.
En 1774, Volta enseñaba física experimental en la escuela pública de gramática de Como. En este punto, el trabajo de Volta se centró principalmente en la química de los gases. En 1778, después de leer un artículo escrito por Benjamin Franklin sobre el tema del "aire inflamable", Volta se convirtió en la primera persona en descubrir y luego aislar el gas metano. Volta descubrió que una mezcla de metano y aire podía explotar con una chispa eléctrica cuando estaba en un recipiente cerrado. Este tipo de reacción química inducida eléctricamente se convertiría más tarde en la base del motor de combustión interna.
En 1779, Volta fue nombrado profesor de física experimental en la Universidad de Pavía, cargo que mantendría durante casi 40 años. Volta pasó sus primeros años en Pavía estudiando lo que ahora llamamos "capacitancia eléctrica". Descubrió que el potencial eléctrico en un condensador (el condensador es un componente que tiene la capacidad de almacenar energía en forma de carga eléctrica) es directamente proporcional a su carga eléctrica. Hoy en día, este fenómeno se llama Ley de Capacitancia de Volta.
En 1791, el amigo y colega físico de Volta, Luigi Galvani, descubrió que podía hacer que una anca de rana montada en ganchos de hierro o latón se moviera cuando la pata se tocaba con una sonda hecha de otro metal. Galvani interpretó su descubrimiento como una nueva forma de electricidad que se puede encontrar en los tejidos vivos y la llamó "electricidad animal". Volta no estuvo de acuerdo con los hallazgos de Galvani. Planteó la hipótesis de que la rana simplemente conducía la corriente eléctrica que fluía entre el gancho de hierro o latón y el otro metal que se usaba como sonda. Volta llamó a este tipo de electricidad "electricidad metálica".
Volta comenzó entonces a experimentar para ver si podía producir una corriente eléctrica solo con metales. Como los instrumentos de ese momento no podían detectar corrientes eléctricas débiles, Volta probó el flujo de electricidad entre diferentes metales colocándolos en su lengua. Efectivamente, Volta descubrió que la saliva en su boca, al igual que el tejido de las ranas en los experimentos de Galvani, conducía la electricidad, causando una sensación amarga.
Con el fin de demostrar de manera concluyente que una corriente eléctrica no requería un tejido animal, Volta creó una pila de discos alternos de zinc y plata, que estaban separados por una tela empapada en salmuera. Volta descubrió que cuando se conectaba un cable a ambos extremos de la pila, una corriente constante fluía entre las capas. Este invento, que llegó a ser conocido como la pila voltaica, fue en realidad una forma temprana de la batería eléctrica actual. Después de numerosos experimentos, Volta también descubrió que la cantidad de corriente producida podía aumentarse o disminuirse mediante el uso de diferentes metales o agregando y quitando discos de la pila.
Volta informó por primera vez de su experimento de pila eléctrica en una carta fechada el 20 de marzo de 1800. Estaba dirigida a Joseph Banks, presidente de la Royal Society de Londres. Poco después, Volta viajó a París para demostrar su invento, al que inicialmente llamó un "órgano eléctrico artificial".
La batería de Volta fue un gran éxito. No solo destruyó el consenso científico en torno a la "electricidad animal", sino que los científicos reconocieron rápidamente el "órgano eléctrico artificial" de Volta como un dispositivo extremadamente útil. A las seis semanas del anuncio de Volta, los científicos ingleses William Nicholson y Anthony Carlisle utilizaron su propia pila voltaica para descomponer el agua en hidrógeno y oxígeno, lo que llevó al descubrimiento de la electrólisis o "una técnica que utiliza una corriente eléctrica directa para impulsar una reacción química que de otro modo no sería espontánea" y así se creó el campo de la electroquímica. De manera similar, en la década de 1830, otro científico inglés, Michael Faraday, utilizó la pila voltaica en sus estudios pioneros sobre el electromagnetismo.
Napoleón Bonaparte quedó tan impresionado con el trabajo de Volta que en 1801 nombró a Volta conde y senador del reino de Lombardía. En 1809, Volta también se convirtió en miembro asociado del Real Instituto de los Países Bajos.
Volta se retiró en 1819, a la edad de 74 años. Se trasladó a su finca en Camnago, que más tarde pasó a llamarse "Camnago Volta" en su honor. El 5 de marzo de 1827, Volta murió a la edad de 82 años. Desde su muerte, Volta ha aparecido en sellos y monedas. Su nombre fue inmortalizado cuando la medida del potencial eléctrico, o "voltio", fue nombrada en su honor en 1881.
La invención de Volta de la primera batería no solo ayudó a sentar las bases para la creación de varios campos científicos, sino que la batería se ha convertido en un elemento básico del mundo moderno. Sin el trabajo de Volta, muchas de nuestras tecnologías modernas no existirían.
[Fuente: humanprogress.org]
Enrico Fermi y el 'Chicago Pile-1', primer reactor nuclear del mundo (1942)
Enrico Fermi fue el físico italoamericano que creó el primer reactor nuclear del mundo. Aunque controvertida entre muchos, la energía nuclear sigue siendo la principal fuente de energía con cero emisiones de carbono que, según calculan los científicos de la NASA, salvó a millones de personas de muertes relacionadas con la contaminación atmosférica. En la actualidad, el 26% de la electricidad de la Unión Europea y el 20% de la de Estados Unidos se genera mediante energía nuclear. Es probable que estas cifras aumenten en las próximas décadas.
Enrico Fermi nació el 29 de septiembre de 1901 en Roma (Italia). Su padre era jefe de división en el Ministerio de Ferrocarriles y su madre trabajaba como maestra de primaria. Desde muy pequeño, Fermi mostró un gran interés por la ciencia y a menudo se le veía construyendo artilugios científicos, como giroscopios y motores eléctricos. Fermi fue bautizado como católico romano, pero permaneció agnóstico durante toda su vida.
En 1918, Fermi se graduó en el instituto y obtuvo una beca para la prestigiosa Scuola Normale Superiore di Pisa (Italia). En un principio, Fermi decidió especializarse en matemáticas, pero pronto se decantó por la física, centrándose en la mecánica cuántica y la física atómica. El profesorado quedó tan impresionado con el intelecto de Fermi que lo incluyó rápidamente en el programa de doctorado. Su asesor académico, Luigi Puccianti, solía decir que Fermi era tan brillante que “había poco [que] Puccianti pudiera enseñarle”.
Fermi se doctoró en Física en 1922, cuando sólo tenía 20 años. En 1923, Fermi recibió una beca del gobierno italiano que le permitió pasar varios meses estudiando con el renombrado físico Max Born en la Universidad de Gottingen. Fermi también recibió una beca de la Fundación Rockefeller para estudiar en la Universidad de Leiden. A finales de 1924 regresó a Italia.
En Italia, Fermi fue nombrado profesor de Física Matemática y Mecánica en la Universidad de Florencia, puesto que ocuparía durante dos años. En 1927 fue elegido Profesor de Física Teórica en la Universidad de Roma. En marzo de 1929, Benito Mussolini nombró a Fermi miembro de la Real Academia de Italia.
En las primeras etapas de su carrera, Fermi se centró principalmente en problemas electrodinámicos y en investigaciones teóricas sobre fenómenos espectroscópicos (es decir, la interacción entre la materia y la radiación electromagnética). En 1934, Fermi comenzó a estudiar el átomo. Demostró que podía producirse una transformación nuclear en casi todos los elementos sometidos a un bombardeo de neutrones. Cuando partió el átomo de uranio, Fermi descubrió que el experimento conducía a la ralentización de los neutrones, lo que provocaba la fisión nuclear y la producción de nuevos elementos más allá de los conocidos en la tabla periódica de la época.
En 1938, Fermi recibió el Premio Nobel de Física “por su trabajo con la radiactividad artificial producida por neutrones, y por las reacciones nucleares provocadas por neutrones lentos”. En aquella época, Italia acababa de aprobar leyes antisemitas que amenazaban a la esposa judía de Fermi, Laura, y dejaban sin trabajo a muchos de sus ayudantes de investigación. Cuando Fermi y Laura viajaron a Estocolmo para la ceremonia de entrega del Premio Nobel, la pareja decidió no regresar a Italia. En su lugar, optaron por viajar con sus dos hijos a Estados Unidos.
Le ofrecieron varios puestos en Estados Unidos y aceptó una cátedra de física en la Universidad de Columbia, en Nueva York. Durante su estancia en Columbia, Fermi descubrió que cuando los neutrones de uranio se emitían en otro lote de uranio en fisión, dividían los átomos de uranio y desencadenaban una reacción en cadena, liberando así una enorme cantidad de energía. Fermi trabajó sin descanso para perseguir la idea de la energía nuclear y, tras trasladarse a la Universidad de Chicago en 1942, construyó con éxito el primer reactor nuclear artificial, bautizado como “Chicago Pile-1”.
Construido en una pista de squash situada bajo el campo de fútbol de la Universidad de Chicago, el Chicago Pile-1 tenía casi 7 metros de diámetro. Contenía 380 toneladas de bloques de grafito, casi 6 toneladas de uranio metálico y 40 toneladas de óxido de uranio, todo ello distribuido en un patrón cuidadosamente diseñado. La construcción del reactor finalizó el 1 de diciembre de 1942. Al día siguiente, el reactor alcanzó un estado en el que su reacción nuclear de fisión en cadena se hizo autosostenible. El experimento fue la primera reacción nuclear en cadena controlada. El Chicago Pile-1 se convirtió rápidamente en el prototipo de muchos otros grandes reactores nucleares que se estaban construyendo por todo Estados Unidos.
En 1944, Fermi se trasladó a Los Álamos y empezó a trabajar como director asociado en el 'Proyecto Manhattan', centrado en el desarrollo de la bomba atómica. Ese mismo año, Fermi, su mujer y sus hijos adquirieron la ciudadanía estadounidense. Tras el fin de la guerra, Fermi aceptó una cátedra en la Universidad de Chicago y también fue nombrado miembro del Comité Asesor General de EE.UU. para la Comisión de Energía Atómica.
Durante el resto de su vida, el trabajo de Fermi se centró en la física de altas energías. También dirigió investigaciones sobre el origen de los rayos cósmicos. En 1954 se le diagnosticó un cáncer de estómago incurable. Murió el 28 de noviembre de 1954 en su casa de Chicago.
Muchos premios, instituciones y conceptos llevan el nombre de Fermi, como el Fermilab de Illinois, el Premio Enrico Fermi que concede el Departamento de Energía de Estados Unidos y el Telescopio Espacial de Rayos Gamma Fermi. Fermi es también uno de los 16 científicos que tienen un elemento que lleva su nombre. Se llama fermio (Fm).
La fisión nuclear es uno de los descubrimientos más importantes de la historia de la humanidad. Los reactores nucleares han proporcionado a la humanidad una energía fiable, relativamente segura y limpia durante casi ocho décadas. Los accidentes han sido raros y, con la excepción de Chernóbil, controlables en cuanto a su impacto negativo sobre los seres humanos y el medio ambiente.
Hoy en día, la energía nuclear sigue siendo la única fuente fiable de energía que no emite dióxido de carbono a la atmósfera y que puede ampliarse para satisfacer las crecientes necesidades de la civilización humana. La energía nuclear ha mejorado cientos de millones de vidas y es probable que siga haciéndolo en las próximas décadas.
[Fuente: fee.org.es, humanprogress.org]
Enrico Fermi nació el 29 de septiembre de 1901 en Roma (Italia). Su padre era jefe de división en el Ministerio de Ferrocarriles y su madre trabajaba como maestra de primaria. Desde muy pequeño, Fermi mostró un gran interés por la ciencia y a menudo se le veía construyendo artilugios científicos, como giroscopios y motores eléctricos. Fermi fue bautizado como católico romano, pero permaneció agnóstico durante toda su vida.
En 1918, Fermi se graduó en el instituto y obtuvo una beca para la prestigiosa Scuola Normale Superiore di Pisa (Italia). En un principio, Fermi decidió especializarse en matemáticas, pero pronto se decantó por la física, centrándose en la mecánica cuántica y la física atómica. El profesorado quedó tan impresionado con el intelecto de Fermi que lo incluyó rápidamente en el programa de doctorado. Su asesor académico, Luigi Puccianti, solía decir que Fermi era tan brillante que “había poco [que] Puccianti pudiera enseñarle”.
Fermi se doctoró en Física en 1922, cuando sólo tenía 20 años. En 1923, Fermi recibió una beca del gobierno italiano que le permitió pasar varios meses estudiando con el renombrado físico Max Born en la Universidad de Gottingen. Fermi también recibió una beca de la Fundación Rockefeller para estudiar en la Universidad de Leiden. A finales de 1924 regresó a Italia.
En Italia, Fermi fue nombrado profesor de Física Matemática y Mecánica en la Universidad de Florencia, puesto que ocuparía durante dos años. En 1927 fue elegido Profesor de Física Teórica en la Universidad de Roma. En marzo de 1929, Benito Mussolini nombró a Fermi miembro de la Real Academia de Italia.
En las primeras etapas de su carrera, Fermi se centró principalmente en problemas electrodinámicos y en investigaciones teóricas sobre fenómenos espectroscópicos (es decir, la interacción entre la materia y la radiación electromagnética). En 1934, Fermi comenzó a estudiar el átomo. Demostró que podía producirse una transformación nuclear en casi todos los elementos sometidos a un bombardeo de neutrones. Cuando partió el átomo de uranio, Fermi descubrió que el experimento conducía a la ralentización de los neutrones, lo que provocaba la fisión nuclear y la producción de nuevos elementos más allá de los conocidos en la tabla periódica de la época.
En 1938, Fermi recibió el Premio Nobel de Física “por su trabajo con la radiactividad artificial producida por neutrones, y por las reacciones nucleares provocadas por neutrones lentos”. En aquella época, Italia acababa de aprobar leyes antisemitas que amenazaban a la esposa judía de Fermi, Laura, y dejaban sin trabajo a muchos de sus ayudantes de investigación. Cuando Fermi y Laura viajaron a Estocolmo para la ceremonia de entrega del Premio Nobel, la pareja decidió no regresar a Italia. En su lugar, optaron por viajar con sus dos hijos a Estados Unidos.
Le ofrecieron varios puestos en Estados Unidos y aceptó una cátedra de física en la Universidad de Columbia, en Nueva York. Durante su estancia en Columbia, Fermi descubrió que cuando los neutrones de uranio se emitían en otro lote de uranio en fisión, dividían los átomos de uranio y desencadenaban una reacción en cadena, liberando así una enorme cantidad de energía. Fermi trabajó sin descanso para perseguir la idea de la energía nuclear y, tras trasladarse a la Universidad de Chicago en 1942, construyó con éxito el primer reactor nuclear artificial, bautizado como “Chicago Pile-1”.
Construido en una pista de squash situada bajo el campo de fútbol de la Universidad de Chicago, el Chicago Pile-1 tenía casi 7 metros de diámetro. Contenía 380 toneladas de bloques de grafito, casi 6 toneladas de uranio metálico y 40 toneladas de óxido de uranio, todo ello distribuido en un patrón cuidadosamente diseñado. La construcción del reactor finalizó el 1 de diciembre de 1942. Al día siguiente, el reactor alcanzó un estado en el que su reacción nuclear de fisión en cadena se hizo autosostenible. El experimento fue la primera reacción nuclear en cadena controlada. El Chicago Pile-1 se convirtió rápidamente en el prototipo de muchos otros grandes reactores nucleares que se estaban construyendo por todo Estados Unidos.
En 1944, Fermi se trasladó a Los Álamos y empezó a trabajar como director asociado en el 'Proyecto Manhattan', centrado en el desarrollo de la bomba atómica. Ese mismo año, Fermi, su mujer y sus hijos adquirieron la ciudadanía estadounidense. Tras el fin de la guerra, Fermi aceptó una cátedra en la Universidad de Chicago y también fue nombrado miembro del Comité Asesor General de EE.UU. para la Comisión de Energía Atómica.
Durante el resto de su vida, el trabajo de Fermi se centró en la física de altas energías. También dirigió investigaciones sobre el origen de los rayos cósmicos. En 1954 se le diagnosticó un cáncer de estómago incurable. Murió el 28 de noviembre de 1954 en su casa de Chicago.
Muchos premios, instituciones y conceptos llevan el nombre de Fermi, como el Fermilab de Illinois, el Premio Enrico Fermi que concede el Departamento de Energía de Estados Unidos y el Telescopio Espacial de Rayos Gamma Fermi. Fermi es también uno de los 16 científicos que tienen un elemento que lleva su nombre. Se llama fermio (Fm).
La fisión nuclear es uno de los descubrimientos más importantes de la historia de la humanidad. Los reactores nucleares han proporcionado a la humanidad una energía fiable, relativamente segura y limpia durante casi ocho décadas. Los accidentes han sido raros y, con la excepción de Chernóbil, controlables en cuanto a su impacto negativo sobre los seres humanos y el medio ambiente.
Hoy en día, la energía nuclear sigue siendo la única fuente fiable de energía que no emite dióxido de carbono a la atmósfera y que puede ampliarse para satisfacer las crecientes necesidades de la civilización humana. La energía nuclear ha mejorado cientos de millones de vidas y es probable que siga haciéndolo en las próximas décadas.
[Fuente: fee.org.es, humanprogress.org]
Marie Curie, primera mujer en obtener un Premio Nobel, el de Física (1903)
La científica más famosa de la historia fue una mujer que dedicó toda su vida a la ciencia, y cuyas investigaciones le valieron dos premios Nobel: uno de Física en 1903, junto con su marido Pierre, convirtiéndose en la primera mujer en obtener este galardón, y otro de Química en solitario en 1911.
"Nada en este mundo debe ser temido, sólo entendido", estas palabras definen el carácter perseverante y luchador de Marie Curie, una mujer que se enfrentó al machismo y el antisemitismo de su época, pero cuya imagen recordamos como la de una persona circunspecta, sobria, reflexiva y de expresión severa. La muerte la sorprendió el 4 de julio de 1934 en Passy, Francia.
Marie Curie (bautizada como Maria Salomea Skłodowska) pasó a la historia como la "madre de la física moderna", nació el 7 de noviembre de 1867 en Varsovia, entonces capital de un país ocupado por Rusia, que tras sofocar varias revueltas nacionalistas acabó imponiendo su lengua y sus costumbres. Con apenas 15 años, Maria vivió la frustración de no poder ingresar a la Universidad de Varsovia, ya que esta institución no admitía mujeres. Como recurso, Marie tuvo que recurrir a la llamada "Universidad Volante", una institución clandestina, abierta a las mujeres, y que ofrecía a los jóvenes polacos una educación de calidad en su propio idioma. El nombre de "volante" ("flotante", según algunos autores) viene precisamente de la necesidad que tenían alumnos y maestros de cambiar constantemente de ubicación para escapar al férreo control ruso.
En 1890, su hermana Bronya había podido cursar estudios de medicina en París gracias al dinero que Maria había ganado ejerciendo como institutriz en Varsovia. Ahora era el momento de que Bronya hiciera efectivo el "pacto de damas" con el que las hermanas se habían comprometido a costearse mutuamente sus estudios. Superadas las reticencias iniciales, Marie aceptó la oferta de su hermana, y en 1891, habiéndose cambiado el nombre por el francés Marie, se matriculó, por fin, en la Universidad de París donde cursó física y química y matemáticas. En 1893 se licenció en física y en 1894, con la ayuda de una beca, se licenció en matemáticas.
Marie inició su carrera científica en 1894 con una investigación sobre las propiedades magnéticas de diversos aceros que le encargó la Sociedad para el Fomento de la Industria Nacional. Fue ese mismo año cuando Marie conoció a Pierre Curie, un físico francés, pionero en el estudio de la radiactividad. Desarrollaron una profunda amistad (y algo más), hasta el punto de que Pierre le propuso matrimonio. Al principio Marie no aceptó ya que tenía intención de volver a Polonia, e incluso hay fuentes –algunas cartas que envió Marie a una amiga en Varsovia– que muestran que la relación entre ambos lo era todo menos romántica. Sin embargo, Pierre declaró que estaba dispuesto a seguirla, incluso si eso significaba tener que enseñar francés para subsistir. Sin embargo el respeto, el cariño y la pasión que ambos tenían por la ciencia les unió el 26 de julio de 1895. Como era de esperar, tras la boda, la pareja (que tendría dos hijas) consagró su vida a la investigación.
En 1896, y animada por Pierre Curie, Marie decidió hacer su tesis doctoral acerca de los trabajos de Henri Becquerel, un físico francés que descubrió accidentalmente la radiactividad durante una investigación sobre la fluorescencia.
El 25 de junio de 1903, en la facultad de Ciencias de la Universidad de La Sorbona, en París, Marie Curie, ante un tribunal presidido por el físico luxemburgués Gabriel Lippmann, defendió su tesis doctoral 'Recherches sur les substances radioactives' (Investigaciones sobre las sustancias radiactivas) por la que obtendría un sobresaliente cum laude y su doctorado en ciencias físicas.
A partir de 1897, la pareja empezó sus estudios, en los que incluyeron algunos minerales con uranio como la pechblenda, la torbernita o la autunita. El matrimonio no tenía laboratorio propio y la mayor parte de sus investigaciones las realizaron en un cobertizo junto a la Escuela de Física y Química, que anteriormente había sido una sala de disección médica de la facultad. Estaba mal ventilada y no eran conscientes de los efectos nocivos a los que iban a verse expuestos.
En julio de 1898, el matrimonio publicó un artículo conjunto en el que anunciaba la existencia de un elemento al que llamaron "polonio", en honor al país de origen de Marie, y el 26 de diciembre de 1898, los Curie anunciaron la existencia de un segundo elemento, al que llamaron "radio", derivado de un vocablo latino que significa rayo. En la investigación se acuñó la palabra "radiactividad".
En 1903, "en reconocimiento por los extraordinarios servicios rendidos en sus investigaciones conjuntas sobre los fenómenos de radiación descubiertos por Henri Becquerel", junto con Henri Becquerel y Pierre Curie, Marie fue galardonada con el Premio Nobel de Física convirtiéndose en la primera mujer en recibir el preciado galardón. Los Curie no recogieron el premio en persona alegando que estaban demasiado ocupados en sus investigaciones.
A partir del otoño de 1898, el matrimonio empezó a padecer los primeros problemas de salud que los acompañarían el resto de sus vidas. Éstos incluían desde fatiga a inflamación de las yemas de los dedos. El 19 de abril de 1906, la tragedia golpeó a Marie de la forma mas devastadora: Pierre murió a consecuencia de un accidente en París. Mientras caminaba bajo la lluvia, fue golpeado por un carruaje tirado por caballos y cayó bajo las ruedas. La caída le produjo una fractura mortal en el cráneo. A pesar de que Marie quedó devastada, quiso seguir con los trabajos de su difunto esposo y rechazó una pensión vitalicia.
Durante los años siguientes, Marie sufriría episodios depresivos, aunque encontró apoyo en la familia de Pierre, su padre Eugene y su hermano Jacques. El 13 de mayo de 1906, el Departamento de Física de la Universidad de París decidió ofrecerle el puesto de su esposo y que Marie aceptó con la esperanza de crear un laboratorio de categoría mundial como homenaje a su marido. Marie fue la primera mujer en ocupar un cargo como profesora en dicha universidad y la primera directora de un laboratorio en esa institución. Entre 1906 y 1934, la universidad admitió a 45 mujeres sin aplicar las anteriores restricciones de género en su contratación.
En 1910, Marie, demostró que se podía obtener un gramo de radio puro y al año siguiente, en 1911, recibió en solitario el Premio Nobel de Química "en reconocimiento por sus servicios en el avance de la Química por el descubrimiento de los elementos radio y polonio, el aislamiento del radio y el estudio de la naturaleza y compuestos de este elemento". Con una actitud desinteresada, no patentó el proceso de aislamiento del radio, dejándolo abierto a la investigación de toda la comunidad científica.
Debido a la contaminación radiactiva, sus documentos de la década de 1890 se consideran demasiado peligrosos de manipular. Incluso su libro de cocina es altamente radiactivo. Los trabajos de Marie Curie se guardan en cajas forradas con plomo, y quienes deseen consultarlos deben usar ropa especial.
Marie Curie murió el 4 de julio de 1934 cerca de Salanches, Francia, a causa de una anemia aplástica –un trastorno raro en el que la médula espinal no produce suficientes células nuevas–, contraída probablemente como consecuencia de la exposición continua a la radiación. Tampoco su cuerpo se libró de ella. Fue depositado en un ataúd forrado con aproximadamente una pulgada de plomo. Tanto ella como su esposo Pierre están enterrados en el Panteón de París.
En su número del mes de julio de 1934, una época en la que la mayoría de la sociedad y los medios de comunicación aún pensaban que el lugar de una mujer debía ser su casa, la revista 'Crónica' despidió a Marie Curie con estas palabras: "La insigne mujer que, al conquistar para la ciencia un mundo, aportó un nuevo y maravilloso remedio contra el dolor".
[Fuente: J. M. Sadurní para historia.nationalgeographic.com.es]
"Nada en este mundo debe ser temido, sólo entendido", estas palabras definen el carácter perseverante y luchador de Marie Curie, una mujer que se enfrentó al machismo y el antisemitismo de su época, pero cuya imagen recordamos como la de una persona circunspecta, sobria, reflexiva y de expresión severa. La muerte la sorprendió el 4 de julio de 1934 en Passy, Francia.
Marie Curie (bautizada como Maria Salomea Skłodowska) pasó a la historia como la "madre de la física moderna", nació el 7 de noviembre de 1867 en Varsovia, entonces capital de un país ocupado por Rusia, que tras sofocar varias revueltas nacionalistas acabó imponiendo su lengua y sus costumbres. Con apenas 15 años, Maria vivió la frustración de no poder ingresar a la Universidad de Varsovia, ya que esta institución no admitía mujeres. Como recurso, Marie tuvo que recurrir a la llamada "Universidad Volante", una institución clandestina, abierta a las mujeres, y que ofrecía a los jóvenes polacos una educación de calidad en su propio idioma. El nombre de "volante" ("flotante", según algunos autores) viene precisamente de la necesidad que tenían alumnos y maestros de cambiar constantemente de ubicación para escapar al férreo control ruso.
En 1890, su hermana Bronya había podido cursar estudios de medicina en París gracias al dinero que Maria había ganado ejerciendo como institutriz en Varsovia. Ahora era el momento de que Bronya hiciera efectivo el "pacto de damas" con el que las hermanas se habían comprometido a costearse mutuamente sus estudios. Superadas las reticencias iniciales, Marie aceptó la oferta de su hermana, y en 1891, habiéndose cambiado el nombre por el francés Marie, se matriculó, por fin, en la Universidad de París donde cursó física y química y matemáticas. En 1893 se licenció en física y en 1894, con la ayuda de una beca, se licenció en matemáticas.
Marie inició su carrera científica en 1894 con una investigación sobre las propiedades magnéticas de diversos aceros que le encargó la Sociedad para el Fomento de la Industria Nacional. Fue ese mismo año cuando Marie conoció a Pierre Curie, un físico francés, pionero en el estudio de la radiactividad. Desarrollaron una profunda amistad (y algo más), hasta el punto de que Pierre le propuso matrimonio. Al principio Marie no aceptó ya que tenía intención de volver a Polonia, e incluso hay fuentes –algunas cartas que envió Marie a una amiga en Varsovia– que muestran que la relación entre ambos lo era todo menos romántica. Sin embargo, Pierre declaró que estaba dispuesto a seguirla, incluso si eso significaba tener que enseñar francés para subsistir. Sin embargo el respeto, el cariño y la pasión que ambos tenían por la ciencia les unió el 26 de julio de 1895. Como era de esperar, tras la boda, la pareja (que tendría dos hijas) consagró su vida a la investigación.
En 1896, y animada por Pierre Curie, Marie decidió hacer su tesis doctoral acerca de los trabajos de Henri Becquerel, un físico francés que descubrió accidentalmente la radiactividad durante una investigación sobre la fluorescencia.
El 25 de junio de 1903, en la facultad de Ciencias de la Universidad de La Sorbona, en París, Marie Curie, ante un tribunal presidido por el físico luxemburgués Gabriel Lippmann, defendió su tesis doctoral 'Recherches sur les substances radioactives' (Investigaciones sobre las sustancias radiactivas) por la que obtendría un sobresaliente cum laude y su doctorado en ciencias físicas.
A partir de 1897, la pareja empezó sus estudios, en los que incluyeron algunos minerales con uranio como la pechblenda, la torbernita o la autunita. El matrimonio no tenía laboratorio propio y la mayor parte de sus investigaciones las realizaron en un cobertizo junto a la Escuela de Física y Química, que anteriormente había sido una sala de disección médica de la facultad. Estaba mal ventilada y no eran conscientes de los efectos nocivos a los que iban a verse expuestos.
En julio de 1898, el matrimonio publicó un artículo conjunto en el que anunciaba la existencia de un elemento al que llamaron "polonio", en honor al país de origen de Marie, y el 26 de diciembre de 1898, los Curie anunciaron la existencia de un segundo elemento, al que llamaron "radio", derivado de un vocablo latino que significa rayo. En la investigación se acuñó la palabra "radiactividad".
En 1903, "en reconocimiento por los extraordinarios servicios rendidos en sus investigaciones conjuntas sobre los fenómenos de radiación descubiertos por Henri Becquerel", junto con Henri Becquerel y Pierre Curie, Marie fue galardonada con el Premio Nobel de Física convirtiéndose en la primera mujer en recibir el preciado galardón. Los Curie no recogieron el premio en persona alegando que estaban demasiado ocupados en sus investigaciones.
A partir del otoño de 1898, el matrimonio empezó a padecer los primeros problemas de salud que los acompañarían el resto de sus vidas. Éstos incluían desde fatiga a inflamación de las yemas de los dedos. El 19 de abril de 1906, la tragedia golpeó a Marie de la forma mas devastadora: Pierre murió a consecuencia de un accidente en París. Mientras caminaba bajo la lluvia, fue golpeado por un carruaje tirado por caballos y cayó bajo las ruedas. La caída le produjo una fractura mortal en el cráneo. A pesar de que Marie quedó devastada, quiso seguir con los trabajos de su difunto esposo y rechazó una pensión vitalicia.
Durante los años siguientes, Marie sufriría episodios depresivos, aunque encontró apoyo en la familia de Pierre, su padre Eugene y su hermano Jacques. El 13 de mayo de 1906, el Departamento de Física de la Universidad de París decidió ofrecerle el puesto de su esposo y que Marie aceptó con la esperanza de crear un laboratorio de categoría mundial como homenaje a su marido. Marie fue la primera mujer en ocupar un cargo como profesora en dicha universidad y la primera directora de un laboratorio en esa institución. Entre 1906 y 1934, la universidad admitió a 45 mujeres sin aplicar las anteriores restricciones de género en su contratación.
En 1910, Marie, demostró que se podía obtener un gramo de radio puro y al año siguiente, en 1911, recibió en solitario el Premio Nobel de Química "en reconocimiento por sus servicios en el avance de la Química por el descubrimiento de los elementos radio y polonio, el aislamiento del radio y el estudio de la naturaleza y compuestos de este elemento". Con una actitud desinteresada, no patentó el proceso de aislamiento del radio, dejándolo abierto a la investigación de toda la comunidad científica.
Debido a la contaminación radiactiva, sus documentos de la década de 1890 se consideran demasiado peligrosos de manipular. Incluso su libro de cocina es altamente radiactivo. Los trabajos de Marie Curie se guardan en cajas forradas con plomo, y quienes deseen consultarlos deben usar ropa especial.
Marie Curie murió el 4 de julio de 1934 cerca de Salanches, Francia, a causa de una anemia aplástica –un trastorno raro en el que la médula espinal no produce suficientes células nuevas–, contraída probablemente como consecuencia de la exposición continua a la radiación. Tampoco su cuerpo se libró de ella. Fue depositado en un ataúd forrado con aproximadamente una pulgada de plomo. Tanto ella como su esposo Pierre están enterrados en el Panteón de París.
En su número del mes de julio de 1934, una época en la que la mayoría de la sociedad y los medios de comunicación aún pensaban que el lugar de una mujer debía ser su casa, la revista 'Crónica' despidió a Marie Curie con estas palabras: "La insigne mujer que, al conquistar para la ciencia un mundo, aportó un nuevo y maravilloso remedio contra el dolor".
[Fuente: J. M. Sadurní para historia.nationalgeographic.com.es]
Julio Verne: Padre de la ciencia ficción moderna, junto a H. G. Wells (1862)
Julio Verne fue uno de los autores más prolíficos y leídos de la historia. La fórmula de su éxito se debió a la combinación de dos elementos que apasionaban a la sociedad europea de finales del siglo XIX y principios del XX: las aventuras de los exploradores que se adentraban en territorios desconocidos hasta entonces –como los polos, el África tropical o las profundidades submarinas–, y los avances científicos y tecnológicos que plasmaba en sus obras.
Esto último le otorgó un aura de escritor visionario, al ir un paso por delante de la realidad de su época (máquinas voladoras, submarinos, viajes espaciales...), aunque él siempre defendió que sus predicciones estaban basadas en la aplicación lógica de la tecnología existente en la época.
Jules Verne nació en el seno de una familia burguesa de Nantes el 8 de febrero de 1828. Su padre, Pierre Verne, era notario y descendiente de todo un linaje de abogados. Su madre, Sophie Allotte, pertenecía a una casta de militares. La casa de la familia se encontraba en un exclusivo barrio de la ciudad del Loira, donde la mayoría de las lujosas mansiones eran propiedad de armadores de barcos que, enriquecidos por el "oro negro" de la trata de esclavos, vivieron su época de esplendor en el siglo XVIII. No en balde el puerto fue escala de los buques negreros que se dirigían a Estados Unidos. Todavía hoy puede verse la decoración favorita de esos tratantes: mascarones esculpidos en sus fachadas, cuyas caras representaban seres mitológicos, indios, negros e incluso a familiares de los comerciantes. El novelista saldó esta mancha cívica de su ciudad natal en 'Un capitán de quince años', donde condenó "el abominable tráfico de cargamento de ébano".
Las biografías de Julio Verne cuentan unaanécdota, probablemente apócrifa, sobre su precocidad aventurera. Dicen que a los once años se escapó de casa para enrolarse como grumete en el mercante Coralie y que su padre le bajó del barco cuando éste iba a zarpar rumbo a la India. Pero lo que en verdad despertó la pasión literaria de Verne fueron las historias que le contaba su maestra de escuela, esposa de marino, así como la vista del muelle desde su ventana. Aquel bosque de mástiles, las banderas de colores y el trajín de la carga y descarga le hicieron soñar con echarse a la mar inexplorada.
En sus años de educación secundaria, en los que ganó un premio de geografía, prendió su afición a coleccionar revistas científicas. También devoró libros de aventuras, desde 'Robinson Crusoe' a 'Ivanhoe', y dedicó poemas a su primer amor, mademoiselle Caroline. El rechazo de la joven, comprometida con un vizconde, frenó su vena artística y, desilusionado, aceptó el consejo paterno de ir a estudiar Derecho a París. Ese viaje lo realizó en dos medios de transporte que le fascinaron y adoptó para sus novelas: el piróscafo, o barco de vapor, y el ferrocarril.
Fue así como Julio Verne llegó en 1847 a una ciudad en vísperas de la revolución liberal que derrocó al rey Luis Felipe, en cuyo lugar se proclamó una república democrática. No obstante la agitación política, Verne se limitó a frecuentar a la bohemia del Barrio Latino que, en pleno romanticismo, admiraba a Balzac, Víctor Hugo y Musset. Por esta vía se introdujo en la tertulia literaria del salón de madame Barrère, donde entró en contacto con Alexandre Dumas hijo, que lo aconsejó. A raíz de este apoyo, escribió obras teatrales, relatos cortos y libretos de ópera, y renunció a ejercer como jurista, en contra del criterio paterno. También entabló amistad con Nadar en el Club de Prensa Científica. Este fotógrafo aeronauta –que en 1862 haría los primeros retratos de la Ciudad de la Luz desde un globo– contagió a Verne la pasión por el vuelo aerostático.
Fueron años de hambre, lo que le provocó trastornos digestivos crónicos, pero también de frenesí lector. Lo mismo leía sobre matemáticas y astronomía que descubría 'La incomparable aventura de un tal Hans Pfaall', de Edgar Allan Poe, sobre un viaje a la Luna en globo. Tras un empleo como secretario del Teatro Lírico, trabajó como agente de Bolsa, hasta que a los 24 años entró en la redacción de la revista literaria 'El museo de las familias' para ocuparse de su sección científica.
Más tarde conoció a Honorine Deviane, una viuda de Amiens que tenía dos hijas, con la que se casó en 1857. El matrimonio no le proporcionó la estabilidad que esperaba. Más bien sintió que le encarcelaba, por lo que viajó a Escocia, Noruega y Dinamarca huyendo de la monotonía del hogar. La pareja tuvo un hijo, Michel, que resultó un quebradero de cabeza, pues, aunque llegó a ser un escritor aceptable, no dejó de dar disgustos a sus padres y los escandalizó por sus amoríos con actrices y por tener un hijo ilegítimo.
En 1862 se produjo un encuentro decisivo. Julio Verne entregó al editor Pierre-Jules Hetzel un manuscrito que combinaba la literatura con la divulgación científica. Se trataba de 'Cinco semanas en globo', trasunto de los vuelos de su amigo Nadar, que se convirtió en un éxito de ventas sin precedentes. El propio Verne lo habría descrito con estas palabras: "Acabo de escribir una novela con una forma nueva, una idea propia. Si tiene éxito, constituirá, estoy seguro, un filón abierto". Hetzel lo vio de la misma manera. Cuando el escritor le llevó un manuscrito futurista, titulado 'París en el siglo XX', el editor lo rechazó por parecerle pesimista y muy técnico. "Daría la impresión de que el globo fue una feliz casualidad", le dijo, y conminó a Verne a volver al estilo original. El astuto Hetzel le ofreció un contrato suculento, pero que en su letra pequeña camuflaba unas condiciones leoninas. Verne se comprometía a escribir dos novelas al año para la casa editorial durante los siguientes veinte años a cambio de 20.000 francos anuales por derechos de autor. Una suma elevada, pero que condenó al autor a una producción literaria a destajo durante el resto de su vida.
En busca de la tranquilidad para escribir al ritmo frenético que le imponía el contrato con Hetzel, el autor se instaló en Amiens, lejos del "ruido insoportable" y la "agitación estéril" de París. En la quietud de su despacho escribía desde las cinco de la madrugada hasta las once de la mañana. Su casa estaba cerca de la estación, lo que le permitía viajar tanto a la capital como al puerto de Le Crotoy, donde amarraba su barco (llegó a tener tres, de nombre Saint Michel) para salir a navegar, su gran pasión.
Verne se integró plenamente en la vida social de la ciudad, de la que fue concejal de Educación, Museos y Fiestas. Entre sus logros se cuenta la construcción de un circo, encargado al arquitecto Émile Ricquier, alumno de Eiffel. Esta afición circense la reflejó en la novela 'César Cascabel' (1890), que muestra el periplo de una familia de saltimbanquis que viaja en carreta a través del Oeste de Estados Unidos y de Siberia para regresar a Francia, atravesando durante el trayecto paisajes vírgenes y desiertos de hielo.
En la calma de Amiens, Verne concibió la mayoría de las obras agrupadas bajo el nombre de 'Viajes extraordinarios'. El autor escribió estas famosas novelas de aventuras hasta el año de su muerte, en 1905. En el prólogo a 'Las aventuras del capitán Hatteras' (1864-1865), Hetzel proclamó que el objetivo de la colección consistía en "resumir todos los conocimientos geográficos, geológicos, físicos y astronómicos acumulados por la ciencia moderna y rehacer, bajo la atractiva forma que le es propia, la historia del universo". Los primeros títulos, de pequeño formato, se publicaron por entregas en el 'Magasin d’Education et de Récréation'. Pero Hetzel pronto se percató de que también tenían buena salida comercial en un tamaño mayor y con una cubierta ilustrada. Así surgió la idea de las famosas portadas de los 'Viajes extraordinarios', diseñadas mediante la técnica del cartonaje, que consistía en encuadernar los libros con una cubierta de cartón forrada de tela ricamente decorada. La popularidad que alcanzaron las novelas de Verne llevó al editor a mimar la estética de los libros y renovarla según los gustos del público.
Esas entregas iniciales de los 'Viajes extraordinarios' son un canto a la felicidad que el progreso traería para el hombre. El medio para alcanzar este logro social sería la ciencia y su divulgación a través de las novelas. Ahora bien, el escritor mezclaba en ellas las lecturas románticas de su juventud con ideas del socialismo utópico y del positivismo basado en la razón. Las historias de Verne aparecieron en un momento de optimismo colectivo, propiciado por la Revolución Industrial en Francia y la estabilidad política del régimen de Napoleón III. De ahí que los protagonistas de estos viajes sean exploradores de buen talante y las máquinas mejoren la vida de los hombres.
En 'Cinco semanas en globo', el sabio inglés Samuel Fergusson, en compañía de un criado y un amigo, recorre el continente africano a bordo de un globo hinchado con hidrógeno. En 'Veinte mil leguas de viaje submarino' (1869), el biólogo francés Pierre Aronnax, embarcado en el buque Abraham Lincoln, es arrojado al mar y va a parar al submarino Nautilus del legendario capitán Nemo. 'Viaje al centro de la tierra' (1864) narra la expedición de un profesor de mineralogía, el doctor alemán Otto Lidenbrock, hasta el núcleo del planeta desde un volcán en Islandia. Y en 'La isla misteriosa' (1874), los tripulantes de un globo caen en una isla bajo la que se esconde el reino acuático del capitán Nemo.
Con el paso del tiempo, sin embargo, los libros de Verne se vuelven más pesimistas. A finales de siglo, las potencias europeas rivalizaban por la expansión de sus respectivos imperios coloniales, y la ciencia y la tecnología se ponían al servicio de la industria y el capital. Verne sintió flaquear su feen el progreso y desplazó a sus personajes desde los descubrimientos geográficos hasta mundos más reconocibles. Tal es el caso de la novela 'El rayo verde' (1882), en la que un impulso romántico lleva a los protagonistas hasta las costas de Escocia para contemplar este fenómeno atmosférico. O 'El castillo de los Cárpatos' (1892), novela de ecos góticos y vampíricos ambientada en Transilvania. En el prólogo a esta última, Julio Verne se lamenta de que al final del "pragmático siglo XIX" ya no hay nadie que invente leyendas, ni siquiera en los países más mágicos.
La Europa de Julio Verne vivió una revolución industrial. Las fábricas, la tecnología, la máquina de vapor, el telégrafo y las comunicaciones transformaron el mundo y lo empequeñecieron: la apertura del canal de Suez, el ferrocarril del Pacífico en Estados Unidos o el Transiberiano en Asia acortaron las distancias. Los nuevos medios de comunicación de masas dieron noticias puntuales de estos progresos. Éste era el caldo de cultivo idóneo para que el escritor francés vaticinase avances tecnológicos del siglo XX. De este modo, junto con H. G. Wells, Verne se erigió en uno de los padres de la ciencia ficción.
Ahora bien, esta adoración por la ciencia del futuro no fue premeditada y se debía a su afán divulgador: "Yo simplemente he hecho ficción de aquello que posteriormente se convertiría en un hecho, y mi objetivo no era profetizar, sino difundir el conocimiento de la geografía entre la juventud", afirmó en una entrevista de 1902.
Los inventos que imaginó Verne se anticiparon a su tiempo. Unos se cumplieron: el submarino, los cohetes a la Luna, las capitales superpobladas, el teléfono, las guerras bacteriológicas y las videoconferencias. Otros no cuajaron: los periódicos hablados, los tubos neumáticos a través de los mares y los transformadores solares que uniforman las estaciones. Pero todos fueron impulsados por una imaginación prodigiosa y una fe ciega en el progreso: "Mi lema ha sido siempre el amor al bien y a la ciencia", decía. La obra de Julio Verne también contribuyó a arrojar una nueva mirada sobre el paisaje, cuya percepción experimentó cambios revolucionarios en el siglo XIX. Desde la Antigüedad, la visión tradicional del espacio había sido frontal; y de frente atisbaba el horizonte el correo del zar, 'Miguel Strogoff', durante su misión por los dilatados espacios que separaban Moscú de Irkutsk.
Sin embargo, el ferrocarril trajo consigo una percepción lateral del espacio, pues los viajeros miraban el paisaje desde una ventanilla, lo que anticipaba dos nuevos lenguajes: el cine y el cómic. Gracias a la velocidad del nuevo medio de transporte, Phileas Fogg y su inseparable mayordomo Passepartout cubrieron en tren la mayor parte de 'La vuelta al mundo en ochenta días' (1872). Ahora bien, los ojos de los hombres de la Belle Époque también se alzaron hacia el cielo. 'En Cinco semanas en globo', los exploradores observan la tierra a vista de pájaro. En 'De la Tierra a la Luna' (1865), y en su adaptación al cine por Méliès, los astronautas contemplan panorámicas similares a las del cohete Apolo VIII.
Esa misma mirada también se dirigió al mundo subterráneo en 'Viaje al centro de la Tierra', y a las profundidades insondables en 'Veinte mil leguas de viaje submarino', donde el capitán Nemo recorría el lecho marino a bordo del Nautilus, descubriendo un mundo nuevo con criaturas desconocidas y legendarias. Los lectores habían pasado a tener una percepción vertical del paisaje y las novelas de Julio Verne reflejan esa revolución visual de los tiempos modernos.
La vida sedentaria de Julio Verne no le impidió recorrer los planetas con el pensamiento en 'De la Tierra a la Luna' y otras obras. En 1894, Mary A. Belloc, una redactora de la revista The Strand Magazine, hizo una entrevista al escritor. Preguntado acerca de su proceso creativo, y en concreto por el origen de sus ideas científicas, Verne respondió: "El secreto está en que me ha apasionado siempre el estudio de la geografía. Creo que mi interés por los mapas y por los grandes exploradores del mundo me indujo a escribir mis novelas".
Tal vez por eso, en su casa de Amiens, llama la atención un globo terráqueo posado sobre su escritorio, cuya esfera está picada por las incisiones de compás que el escritor hacía para medir las distancias.
Julio Verne terminó sus días en Amiens a los 77 años de edad un 24 de marzo de 1905.
[Fuente: Pedro García para historia.nationalgeographic.com.es]
Esto último le otorgó un aura de escritor visionario, al ir un paso por delante de la realidad de su época (máquinas voladoras, submarinos, viajes espaciales...), aunque él siempre defendió que sus predicciones estaban basadas en la aplicación lógica de la tecnología existente en la época.
Jules Verne nació en el seno de una familia burguesa de Nantes el 8 de febrero de 1828. Su padre, Pierre Verne, era notario y descendiente de todo un linaje de abogados. Su madre, Sophie Allotte, pertenecía a una casta de militares. La casa de la familia se encontraba en un exclusivo barrio de la ciudad del Loira, donde la mayoría de las lujosas mansiones eran propiedad de armadores de barcos que, enriquecidos por el "oro negro" de la trata de esclavos, vivieron su época de esplendor en el siglo XVIII. No en balde el puerto fue escala de los buques negreros que se dirigían a Estados Unidos. Todavía hoy puede verse la decoración favorita de esos tratantes: mascarones esculpidos en sus fachadas, cuyas caras representaban seres mitológicos, indios, negros e incluso a familiares de los comerciantes. El novelista saldó esta mancha cívica de su ciudad natal en 'Un capitán de quince años', donde condenó "el abominable tráfico de cargamento de ébano".
Las biografías de Julio Verne cuentan unaanécdota, probablemente apócrifa, sobre su precocidad aventurera. Dicen que a los once años se escapó de casa para enrolarse como grumete en el mercante Coralie y que su padre le bajó del barco cuando éste iba a zarpar rumbo a la India. Pero lo que en verdad despertó la pasión literaria de Verne fueron las historias que le contaba su maestra de escuela, esposa de marino, así como la vista del muelle desde su ventana. Aquel bosque de mástiles, las banderas de colores y el trajín de la carga y descarga le hicieron soñar con echarse a la mar inexplorada.
En sus años de educación secundaria, en los que ganó un premio de geografía, prendió su afición a coleccionar revistas científicas. También devoró libros de aventuras, desde 'Robinson Crusoe' a 'Ivanhoe', y dedicó poemas a su primer amor, mademoiselle Caroline. El rechazo de la joven, comprometida con un vizconde, frenó su vena artística y, desilusionado, aceptó el consejo paterno de ir a estudiar Derecho a París. Ese viaje lo realizó en dos medios de transporte que le fascinaron y adoptó para sus novelas: el piróscafo, o barco de vapor, y el ferrocarril.
Fue así como Julio Verne llegó en 1847 a una ciudad en vísperas de la revolución liberal que derrocó al rey Luis Felipe, en cuyo lugar se proclamó una república democrática. No obstante la agitación política, Verne se limitó a frecuentar a la bohemia del Barrio Latino que, en pleno romanticismo, admiraba a Balzac, Víctor Hugo y Musset. Por esta vía se introdujo en la tertulia literaria del salón de madame Barrère, donde entró en contacto con Alexandre Dumas hijo, que lo aconsejó. A raíz de este apoyo, escribió obras teatrales, relatos cortos y libretos de ópera, y renunció a ejercer como jurista, en contra del criterio paterno. También entabló amistad con Nadar en el Club de Prensa Científica. Este fotógrafo aeronauta –que en 1862 haría los primeros retratos de la Ciudad de la Luz desde un globo– contagió a Verne la pasión por el vuelo aerostático.
Fueron años de hambre, lo que le provocó trastornos digestivos crónicos, pero también de frenesí lector. Lo mismo leía sobre matemáticas y astronomía que descubría 'La incomparable aventura de un tal Hans Pfaall', de Edgar Allan Poe, sobre un viaje a la Luna en globo. Tras un empleo como secretario del Teatro Lírico, trabajó como agente de Bolsa, hasta que a los 24 años entró en la redacción de la revista literaria 'El museo de las familias' para ocuparse de su sección científica.
Más tarde conoció a Honorine Deviane, una viuda de Amiens que tenía dos hijas, con la que se casó en 1857. El matrimonio no le proporcionó la estabilidad que esperaba. Más bien sintió que le encarcelaba, por lo que viajó a Escocia, Noruega y Dinamarca huyendo de la monotonía del hogar. La pareja tuvo un hijo, Michel, que resultó un quebradero de cabeza, pues, aunque llegó a ser un escritor aceptable, no dejó de dar disgustos a sus padres y los escandalizó por sus amoríos con actrices y por tener un hijo ilegítimo.
En 1862 se produjo un encuentro decisivo. Julio Verne entregó al editor Pierre-Jules Hetzel un manuscrito que combinaba la literatura con la divulgación científica. Se trataba de 'Cinco semanas en globo', trasunto de los vuelos de su amigo Nadar, que se convirtió en un éxito de ventas sin precedentes. El propio Verne lo habría descrito con estas palabras: "Acabo de escribir una novela con una forma nueva, una idea propia. Si tiene éxito, constituirá, estoy seguro, un filón abierto". Hetzel lo vio de la misma manera. Cuando el escritor le llevó un manuscrito futurista, titulado 'París en el siglo XX', el editor lo rechazó por parecerle pesimista y muy técnico. "Daría la impresión de que el globo fue una feliz casualidad", le dijo, y conminó a Verne a volver al estilo original. El astuto Hetzel le ofreció un contrato suculento, pero que en su letra pequeña camuflaba unas condiciones leoninas. Verne se comprometía a escribir dos novelas al año para la casa editorial durante los siguientes veinte años a cambio de 20.000 francos anuales por derechos de autor. Una suma elevada, pero que condenó al autor a una producción literaria a destajo durante el resto de su vida.
En busca de la tranquilidad para escribir al ritmo frenético que le imponía el contrato con Hetzel, el autor se instaló en Amiens, lejos del "ruido insoportable" y la "agitación estéril" de París. En la quietud de su despacho escribía desde las cinco de la madrugada hasta las once de la mañana. Su casa estaba cerca de la estación, lo que le permitía viajar tanto a la capital como al puerto de Le Crotoy, donde amarraba su barco (llegó a tener tres, de nombre Saint Michel) para salir a navegar, su gran pasión.
Verne se integró plenamente en la vida social de la ciudad, de la que fue concejal de Educación, Museos y Fiestas. Entre sus logros se cuenta la construcción de un circo, encargado al arquitecto Émile Ricquier, alumno de Eiffel. Esta afición circense la reflejó en la novela 'César Cascabel' (1890), que muestra el periplo de una familia de saltimbanquis que viaja en carreta a través del Oeste de Estados Unidos y de Siberia para regresar a Francia, atravesando durante el trayecto paisajes vírgenes y desiertos de hielo.
En la calma de Amiens, Verne concibió la mayoría de las obras agrupadas bajo el nombre de 'Viajes extraordinarios'. El autor escribió estas famosas novelas de aventuras hasta el año de su muerte, en 1905. En el prólogo a 'Las aventuras del capitán Hatteras' (1864-1865), Hetzel proclamó que el objetivo de la colección consistía en "resumir todos los conocimientos geográficos, geológicos, físicos y astronómicos acumulados por la ciencia moderna y rehacer, bajo la atractiva forma que le es propia, la historia del universo". Los primeros títulos, de pequeño formato, se publicaron por entregas en el 'Magasin d’Education et de Récréation'. Pero Hetzel pronto se percató de que también tenían buena salida comercial en un tamaño mayor y con una cubierta ilustrada. Así surgió la idea de las famosas portadas de los 'Viajes extraordinarios', diseñadas mediante la técnica del cartonaje, que consistía en encuadernar los libros con una cubierta de cartón forrada de tela ricamente decorada. La popularidad que alcanzaron las novelas de Verne llevó al editor a mimar la estética de los libros y renovarla según los gustos del público.
Esas entregas iniciales de los 'Viajes extraordinarios' son un canto a la felicidad que el progreso traería para el hombre. El medio para alcanzar este logro social sería la ciencia y su divulgación a través de las novelas. Ahora bien, el escritor mezclaba en ellas las lecturas románticas de su juventud con ideas del socialismo utópico y del positivismo basado en la razón. Las historias de Verne aparecieron en un momento de optimismo colectivo, propiciado por la Revolución Industrial en Francia y la estabilidad política del régimen de Napoleón III. De ahí que los protagonistas de estos viajes sean exploradores de buen talante y las máquinas mejoren la vida de los hombres.
En 'Cinco semanas en globo', el sabio inglés Samuel Fergusson, en compañía de un criado y un amigo, recorre el continente africano a bordo de un globo hinchado con hidrógeno. En 'Veinte mil leguas de viaje submarino' (1869), el biólogo francés Pierre Aronnax, embarcado en el buque Abraham Lincoln, es arrojado al mar y va a parar al submarino Nautilus del legendario capitán Nemo. 'Viaje al centro de la tierra' (1864) narra la expedición de un profesor de mineralogía, el doctor alemán Otto Lidenbrock, hasta el núcleo del planeta desde un volcán en Islandia. Y en 'La isla misteriosa' (1874), los tripulantes de un globo caen en una isla bajo la que se esconde el reino acuático del capitán Nemo.
Con el paso del tiempo, sin embargo, los libros de Verne se vuelven más pesimistas. A finales de siglo, las potencias europeas rivalizaban por la expansión de sus respectivos imperios coloniales, y la ciencia y la tecnología se ponían al servicio de la industria y el capital. Verne sintió flaquear su feen el progreso y desplazó a sus personajes desde los descubrimientos geográficos hasta mundos más reconocibles. Tal es el caso de la novela 'El rayo verde' (1882), en la que un impulso romántico lleva a los protagonistas hasta las costas de Escocia para contemplar este fenómeno atmosférico. O 'El castillo de los Cárpatos' (1892), novela de ecos góticos y vampíricos ambientada en Transilvania. En el prólogo a esta última, Julio Verne se lamenta de que al final del "pragmático siglo XIX" ya no hay nadie que invente leyendas, ni siquiera en los países más mágicos.
La Europa de Julio Verne vivió una revolución industrial. Las fábricas, la tecnología, la máquina de vapor, el telégrafo y las comunicaciones transformaron el mundo y lo empequeñecieron: la apertura del canal de Suez, el ferrocarril del Pacífico en Estados Unidos o el Transiberiano en Asia acortaron las distancias. Los nuevos medios de comunicación de masas dieron noticias puntuales de estos progresos. Éste era el caldo de cultivo idóneo para que el escritor francés vaticinase avances tecnológicos del siglo XX. De este modo, junto con H. G. Wells, Verne se erigió en uno de los padres de la ciencia ficción.
Ahora bien, esta adoración por la ciencia del futuro no fue premeditada y se debía a su afán divulgador: "Yo simplemente he hecho ficción de aquello que posteriormente se convertiría en un hecho, y mi objetivo no era profetizar, sino difundir el conocimiento de la geografía entre la juventud", afirmó en una entrevista de 1902.
Los inventos que imaginó Verne se anticiparon a su tiempo. Unos se cumplieron: el submarino, los cohetes a la Luna, las capitales superpobladas, el teléfono, las guerras bacteriológicas y las videoconferencias. Otros no cuajaron: los periódicos hablados, los tubos neumáticos a través de los mares y los transformadores solares que uniforman las estaciones. Pero todos fueron impulsados por una imaginación prodigiosa y una fe ciega en el progreso: "Mi lema ha sido siempre el amor al bien y a la ciencia", decía. La obra de Julio Verne también contribuyó a arrojar una nueva mirada sobre el paisaje, cuya percepción experimentó cambios revolucionarios en el siglo XIX. Desde la Antigüedad, la visión tradicional del espacio había sido frontal; y de frente atisbaba el horizonte el correo del zar, 'Miguel Strogoff', durante su misión por los dilatados espacios que separaban Moscú de Irkutsk.
Sin embargo, el ferrocarril trajo consigo una percepción lateral del espacio, pues los viajeros miraban el paisaje desde una ventanilla, lo que anticipaba dos nuevos lenguajes: el cine y el cómic. Gracias a la velocidad del nuevo medio de transporte, Phileas Fogg y su inseparable mayordomo Passepartout cubrieron en tren la mayor parte de 'La vuelta al mundo en ochenta días' (1872). Ahora bien, los ojos de los hombres de la Belle Époque también se alzaron hacia el cielo. 'En Cinco semanas en globo', los exploradores observan la tierra a vista de pájaro. En 'De la Tierra a la Luna' (1865), y en su adaptación al cine por Méliès, los astronautas contemplan panorámicas similares a las del cohete Apolo VIII.
Esa misma mirada también se dirigió al mundo subterráneo en 'Viaje al centro de la Tierra', y a las profundidades insondables en 'Veinte mil leguas de viaje submarino', donde el capitán Nemo recorría el lecho marino a bordo del Nautilus, descubriendo un mundo nuevo con criaturas desconocidas y legendarias. Los lectores habían pasado a tener una percepción vertical del paisaje y las novelas de Julio Verne reflejan esa revolución visual de los tiempos modernos.
La vida sedentaria de Julio Verne no le impidió recorrer los planetas con el pensamiento en 'De la Tierra a la Luna' y otras obras. En 1894, Mary A. Belloc, una redactora de la revista The Strand Magazine, hizo una entrevista al escritor. Preguntado acerca de su proceso creativo, y en concreto por el origen de sus ideas científicas, Verne respondió: "El secreto está en que me ha apasionado siempre el estudio de la geografía. Creo que mi interés por los mapas y por los grandes exploradores del mundo me indujo a escribir mis novelas".
Tal vez por eso, en su casa de Amiens, llama la atención un globo terráqueo posado sobre su escritorio, cuya esfera está picada por las incisiones de compás que el escritor hacía para medir las distancias.
Julio Verne terminó sus días en Amiens a los 77 años de edad un 24 de marzo de 1905.
[Fuente: Pedro García para historia.nationalgeographic.com.es]
Isaac Newton: Padre de la física moderna (1685)
Autor de descubrimientos fundamentales en la ciencia occidental, entre ellos la Ley de gravitación universal (1685), Newton realizó también extraños experimentos alquímicos y oscuras especulaciones teológicas.
El 20 de marzo de 1727 del calendario juliano, 31 de marzo en el calendario gregoriano, entonces en vigor en Inglaterra, murió sir Isaac Newton, quien días más tarde fue enterrado en la abadía de Westminster en un funeral donde se dio cita prácticamente toda la intelectualidad de Gran Bretaña y buena parte de su aristocracia.
Se rendía homenaje a un hombre de ciencia, a un matemático, a un filósofo natural y al primer científico nombrado caballero por la reina en la historia de aquel país. A su muerte ocupaba la presidencia de la Royal Society, era miembro de la Comisión de Longitud y su influencia fluía por todos los canales de la cultura británica. A un asistente al funeral procedente de Francia y de sobrenombre Voltaire le sorprendió que la sociedad británica honrara la figura de un sabio.
Isaac Newton murió octogenario y con la fama de poseer una mente con una capacidad extraordinaria para dominar las ciencias más difíciles: las matemáticas y el cálculo, la mecánica de los cuerpos celestes y el comportamiento de la luz. De hecho, sus contemporáneos lo admiraron tanto que no pudieron contener sus exageraciones.
En el mausoleo de Newton situado en la abadía de Westminster se asegura que estaba dotado de «una fuerza mental casi divina», pero todavía más rotundo era el epitafio que propuso el poeta Alexander Pope: «La Naturaleza y sus leyes permanecían ocultas en la noche; Dios dijo: “Hágase Newton” y todo fue luz". Su influencia posterior aumentó su fama gigantesca hasta convertirlo en el modelo de científico por excelencia.
El hombre que murió siendo considerado el sabio universal nació en 1643 en el seno de una familia puritana inglesa. Su infancia no fue feliz: su padre murió antes de su nacimiento, y a los tres años su madre lo dejó con su abuela para casarse con un clérigo anglicano, aunque cuando el niño contaba once años, su madre enviudó de nuevo y volvió con él. No es extraño que el joven Isaac se criara como un niño tímido e introvertido.
A los doce años fue a una escuela local, donde al parecer prefería jugar con las niñas, para las que fabricaba ingenios a modo de juguetes, un anticipo de la destreza que mostraría más tarde para construir artilugios tan complejos como un telescopio de refracción. Al mismo tiempo, el niño tímido era capaz de pelearse con un chico mayor del colegio, «agarrarlo por las orejas y estamparle su cara contra un lado de la iglesia». Sin duda, fue en esos años cuando se forjó el carácter reservado, en cierta medida paranoico, hipersensible y vengativo que Newton mostraría toda su vida.
A los 19 años, Newton llegó a la Universidad de Cambridge e ingresó en el Trinity College, la principal residencia para estudiantes y profesores. A lo largo de sus años de estudiante en esa universidad adquirió una enorme competencia en el dominio de las matemáticas de su época, que le llevaría más tarde a realizar una contribución tan fundamental como el desarrollo del cálculo infinitesimal, en paralelo al filósofo alemán Gottfried Leibniz, con quien mantendría una sonada polémica.
Newton se formó bajo la tutela de Isaac Barrow, a quien, una vez completados sus estudios, sucedería en la cátedra de matemáticas, que ejerció desde 1669 hasta 1696. La cátedra lucasiana, como se la conoce en referencia a su fundador, Henry Lucas, siempre ha estado ocupada por científicos influyentes y poderosos, incluido, en tiempos recientes, el físico Stephen Hawking.
Newton se formó en los años en que triunfaba en toda Europa la revolución científica, ligada a autores como Kepler, Galileo, Descartes, Borelli, Hobbes, Gassendi, Hooke y Boyle, cuyas obras estudió con atención. Newton comenzó siendo un seguidor de Descartes, como lo era todo aquel que estuviera interesado en la renovación de la filosofía natural y mecánica lo era.
En particular, el poder de la matemática de Descartes fascinó a los científicos de esa misma generación; también a Newton. Pero, a diferencia de otros, Newton tuvo un pensamiento propio y no se dejó arrastrar ni siquiera por una filosofía tan atractiva como la de Descartes, y así, ya en la década de 1660, criticó en sus escritos la concepción cartesiana del movimiento y desarrolló una teoría alternativa sobre la naturaleza de la luz y los colores.
En 1672 Newton ingresó en la Royal Society, una institución fundada en Londres en 1660 que reunía a los principales científicos ingleses, y ese mismo año presentó ante sus miembros una memoria titulada 'Nueva teoría de la luz y los colores', en la que explicaba la relación entre la luz blanca solar y los colores del arcoíris. Estudiosos anteriores, como Descartes y Huygens, creían que la luz propiamente dicha era la luz blanca, la cual estaba formada por partículas que se difundían en ondas. Los colores, por su parte, se consideraban propiedades de las superficies del material sobre el que incidía la luz.
Sin embargo, Newton, a través de una serie de experimentos realizados con prismas, llegó a la conclusión de que los colores eran propiedades de la misma luz, y que la luz blanca no era sino la combinación de rayos de luz de diversos colores. La luz no era, pues, el resultado de la vibración de ningún éter material, sino una sustancia con propiedades.
Estas ideas no gustaron a Robert Hooke, un influyente miembro de la Royal Society que había dedicado todos sus esfuerzos a desarrollar la tesis de Descartes y Huygens. Su dura crítica a la memoria presentada por Newton fraguó entre ellos una enemistad que duraría décadas. Newton no perdonó a Hooke, se refugió en Cambridge, cortó sus relaciones con la Royal Society y sólo regresó formalmente a ella como presidente el año de la muerte del detestado Hooke, en 1703. Rencoroso e implacable, Newton se apresuró a borrar todas las huellas del trabajo de Hooke en la Royal Society, incluidos sus retratos. En 1704 publicó su 'Óptica', escrita en inglés y que recogía su interpretación corpuscular de la luz, un triunfo sobre los cartesianos ingleses de la época.
Newton aplicó con éxito las matemáticas a los problemas de la mecánica, en particular a todo lo referente al movimiento de los planetas del sistema solar. Desde Copérnico se sabía que todos los planetas, incluida la Tierra, giran en torno al Sol, y desde entonces se había acumulado una gran masa de observaciones sobre la mecánica celeste, pero seguía habiendo fenómenos sin explicar.
Uno de ellos era el movimiento curvilíneo de los planetas en torno al Sol, o el problema más general de los movimientos circulares. Por una parte, los trabajos de Kepler –que nadie ponía en duda– probaban que los planetas giraban en torno al Sol describiendo no órbitas circulares, sino elipses, y ello con una velocidad areolar constante, esto es, barriendo siempre la misma superficie en una misma unidad de tiempo. Pero ¿cómo eran solicitados (atraídos) por el Sol para poder realizar esa trayectoria?
Descartes había formulado la hipótesis de que todo el espacio del universo estaba lleno de una infinidad de corpúsculos y que el Sol generaba torbellinos de materia que arrastraban a los planetas y les llevaban a describir esas órbitas elípticas. Pero parecía difícil demostrar esa imagen intuitiva mediante un cálculo matemático. En sus días en Cambridge, Newton dio con una solución al problema: imaginó que una fuerza unía el Sol con cada uno de los planetas y que esa fuerza tiraba de ellos de forma que los obligaba a girar describiendo órbitas.
Dicho así era solo una imagen, pero, a diferencia de la propuesta cartesiana, Newton aportaba una demostración cuantitativa de la fuerza en acción. En efecto, la célebre ley de la gravedad de Newton establecía que la fuerza de atracción entre dos cuerpos es proporcional al producto de las masas e inversamente proporcional al cuadrado de la distancia. De este modo, mediante cálculos geométricos, Newton pudo demostrar que el resultado de esa acción era una trayectoria elíptica.
Cuando Newton hizo pública su teoría, toda la sociedad ilustrada británica se sintió interesada por su trabajo. El astrónomo y viajero Edmund Halley se había trasladado a Cambridge en verano de 1684 para conocer los cálculos de Newton, y a partir de entonces surgió entre los dos cierta amistad. En 1686, Halley convenció a Newton de que debía publicar su compendio de mecánica, pese a que éste, temiendo las críticas, incluso llegó a pensar en destruirlo.
Finalmente, en 1687 se publicó el tratado de nombre 'Principios matemáticos de la filosofía natural' , conocido habitualmente por la primera palabra latina de su título, 'Principia' . El idioma en que estaba escrito, el latín, indicaba el público al que se dirigía: expertos en matemáticas y en mecánica, astrónomos, filósofos y universitarios.
Si la óptica le había dado amarguras a Newton, la mecánica le resarciría con creces. Su interpretación gravitatoria permitía explicar todos los fenómenos físicos del universo en virtud de una fuerza que concibió como universal: las manzanas caen por la misma causa que se mueven los planetas o regresan los cometas. Algunos objetaron que la teoría de la gravitación suponía una acción a distancia entre los cuerpos, algo que repugnaba a la razón.
El propio Newton reconocía que una acción a distancia de ese tipo «es un absurdo tan grande que no creo que pueda caer jamás en él ningún hombre que tenga facultad y pensamientos de alguna competencia en asuntos filosóficos», y decía estar convencido de que la gravedad debía ser causada por un agente, aunque no sabía cuál, ni si era material o inmaterial. En realidad, los escrúpulos filosóficos carecían de importancia frente al éxito que tuvo el sistema de Newton para calcular y predecir el curso de cualquier tipo de cuerpo celeste, desde la Tierra y la Luna hasta los cometas.
Por ejemplo, Halley, apoyándose en los cálculos de Newton y las observaciones previas, predijo que el cometa avistado en 1682 –hoy llamado cometa Halley– regresaría en torno al año 1758, como así ocurrió. Tras la publicación de los 'Principia' , Newton disfrutó de las mieles del éxito. En 1689 fue elegido diputado en el Parlamento de Inglaterra (aunque parece que no se mostró muy activo en su labor política: se cuenta que su única intervención fue para pedir a un ujier que cerrara una ventana que dejaba pasar una corriente de aire).
En 1696 abandonó Cambridge y se trasladó a Londres para asumir la dirección de la Casa de la Moneda, la institución encargada de acuñar la moneda del reino. En 1703 fue elegido presidente de la Royal Society y su influencia se acrecentó hasta llegar a la categoría de personaje público. Mantuvo el control sobre lo que ocurría en Cambridge, e incluso en Oxford, y su mecánica comenzó a estudiarse en esas universidades. Sus teorías se difundieron por toda Europa a través de libros de divulgación como los de su discípulo Desaguliers o el holandés Gravesande. Y tras su muerte su fama no hizo sino acrecentarse en toda la Europa ilustrada.
Dada la inmensa reputación de que gozó Newton como padre de la ciencia moderna, se comprende la sorpresa que causó el descubrimiento, en la década de 1930, de una enorme cantidad de manuscritos suyos dedicados a asuntos en apariencia tan poco científicos como la alquimia, la cábala, la teología natural y la interpretación de textos bíblicos. El mismo hombre que desarrolló el cálculo infinitesimal y estudiaba las leyes de la mecánica se dedicó en cuerpo y alma a realizar experimentos alquímicos con sustancias misteriosas a las que dio nombres tan pintorescos como «el león verde», o bien con nombres de planetas, como Júpiter y Saturno.
El economista John Maynard Keynes, que adquirió buena parte de estos manuscritos en 1936, escribió al respecto: «Newton no fue el iniciador de la edad de la razón. Fue el último de los magos, el último babilonio y sumerio, la última gran mente que miró al mundo de lo visible y del intelecto con idénticos ojos que aquellos que iniciaron la edificación de nuestra herencia intelectual hace 10.000 años [...] ¿Por qué le llamo mago? Porque miró al universo y todo lo que hay en él como si fuera un enigma, un secreto que puede ser leído aplicando el pensamiento puro a ciertas evidencias, ciertas claves místicas sobre el mundo que Dios ha dejado a la vista para la caza del tesoro de cierto tipo de filósofos de la hermandad esotérica. Él creía que esas claves podían hallarse, en parte, en las evidencias de los cielos y en la constitución de los elementos (eso favoreció que se tuviera la falsa impresión de que era un filósofo natural experimental)».
El 20 de marzo de 1727 del calendario juliano, 31 de marzo en el calendario gregoriano, entonces en vigor en Inglaterra, murió sir Isaac Newton, quien días más tarde fue enterrado en la abadía de Westminster en un funeral donde se dio cita prácticamente toda la intelectualidad de Gran Bretaña y buena parte de su aristocracia.
Se rendía homenaje a un hombre de ciencia, a un matemático, a un filósofo natural y al primer científico nombrado caballero por la reina en la historia de aquel país. A su muerte ocupaba la presidencia de la Royal Society, era miembro de la Comisión de Longitud y su influencia fluía por todos los canales de la cultura británica. A un asistente al funeral procedente de Francia y de sobrenombre Voltaire le sorprendió que la sociedad británica honrara la figura de un sabio.
Isaac Newton murió octogenario y con la fama de poseer una mente con una capacidad extraordinaria para dominar las ciencias más difíciles: las matemáticas y el cálculo, la mecánica de los cuerpos celestes y el comportamiento de la luz. De hecho, sus contemporáneos lo admiraron tanto que no pudieron contener sus exageraciones.
En el mausoleo de Newton situado en la abadía de Westminster se asegura que estaba dotado de «una fuerza mental casi divina», pero todavía más rotundo era el epitafio que propuso el poeta Alexander Pope: «La Naturaleza y sus leyes permanecían ocultas en la noche; Dios dijo: “Hágase Newton” y todo fue luz". Su influencia posterior aumentó su fama gigantesca hasta convertirlo en el modelo de científico por excelencia.
El hombre que murió siendo considerado el sabio universal nació en 1643 en el seno de una familia puritana inglesa. Su infancia no fue feliz: su padre murió antes de su nacimiento, y a los tres años su madre lo dejó con su abuela para casarse con un clérigo anglicano, aunque cuando el niño contaba once años, su madre enviudó de nuevo y volvió con él. No es extraño que el joven Isaac se criara como un niño tímido e introvertido.
A los doce años fue a una escuela local, donde al parecer prefería jugar con las niñas, para las que fabricaba ingenios a modo de juguetes, un anticipo de la destreza que mostraría más tarde para construir artilugios tan complejos como un telescopio de refracción. Al mismo tiempo, el niño tímido era capaz de pelearse con un chico mayor del colegio, «agarrarlo por las orejas y estamparle su cara contra un lado de la iglesia». Sin duda, fue en esos años cuando se forjó el carácter reservado, en cierta medida paranoico, hipersensible y vengativo que Newton mostraría toda su vida.
A los 19 años, Newton llegó a la Universidad de Cambridge e ingresó en el Trinity College, la principal residencia para estudiantes y profesores. A lo largo de sus años de estudiante en esa universidad adquirió una enorme competencia en el dominio de las matemáticas de su época, que le llevaría más tarde a realizar una contribución tan fundamental como el desarrollo del cálculo infinitesimal, en paralelo al filósofo alemán Gottfried Leibniz, con quien mantendría una sonada polémica.
Newton se formó bajo la tutela de Isaac Barrow, a quien, una vez completados sus estudios, sucedería en la cátedra de matemáticas, que ejerció desde 1669 hasta 1696. La cátedra lucasiana, como se la conoce en referencia a su fundador, Henry Lucas, siempre ha estado ocupada por científicos influyentes y poderosos, incluido, en tiempos recientes, el físico Stephen Hawking.
Newton se formó en los años en que triunfaba en toda Europa la revolución científica, ligada a autores como Kepler, Galileo, Descartes, Borelli, Hobbes, Gassendi, Hooke y Boyle, cuyas obras estudió con atención. Newton comenzó siendo un seguidor de Descartes, como lo era todo aquel que estuviera interesado en la renovación de la filosofía natural y mecánica lo era.
En particular, el poder de la matemática de Descartes fascinó a los científicos de esa misma generación; también a Newton. Pero, a diferencia de otros, Newton tuvo un pensamiento propio y no se dejó arrastrar ni siquiera por una filosofía tan atractiva como la de Descartes, y así, ya en la década de 1660, criticó en sus escritos la concepción cartesiana del movimiento y desarrolló una teoría alternativa sobre la naturaleza de la luz y los colores.
En 1672 Newton ingresó en la Royal Society, una institución fundada en Londres en 1660 que reunía a los principales científicos ingleses, y ese mismo año presentó ante sus miembros una memoria titulada 'Nueva teoría de la luz y los colores', en la que explicaba la relación entre la luz blanca solar y los colores del arcoíris. Estudiosos anteriores, como Descartes y Huygens, creían que la luz propiamente dicha era la luz blanca, la cual estaba formada por partículas que se difundían en ondas. Los colores, por su parte, se consideraban propiedades de las superficies del material sobre el que incidía la luz.
Sin embargo, Newton, a través de una serie de experimentos realizados con prismas, llegó a la conclusión de que los colores eran propiedades de la misma luz, y que la luz blanca no era sino la combinación de rayos de luz de diversos colores. La luz no era, pues, el resultado de la vibración de ningún éter material, sino una sustancia con propiedades.
Estas ideas no gustaron a Robert Hooke, un influyente miembro de la Royal Society que había dedicado todos sus esfuerzos a desarrollar la tesis de Descartes y Huygens. Su dura crítica a la memoria presentada por Newton fraguó entre ellos una enemistad que duraría décadas. Newton no perdonó a Hooke, se refugió en Cambridge, cortó sus relaciones con la Royal Society y sólo regresó formalmente a ella como presidente el año de la muerte del detestado Hooke, en 1703. Rencoroso e implacable, Newton se apresuró a borrar todas las huellas del trabajo de Hooke en la Royal Society, incluidos sus retratos. En 1704 publicó su 'Óptica', escrita en inglés y que recogía su interpretación corpuscular de la luz, un triunfo sobre los cartesianos ingleses de la época.
Newton aplicó con éxito las matemáticas a los problemas de la mecánica, en particular a todo lo referente al movimiento de los planetas del sistema solar. Desde Copérnico se sabía que todos los planetas, incluida la Tierra, giran en torno al Sol, y desde entonces se había acumulado una gran masa de observaciones sobre la mecánica celeste, pero seguía habiendo fenómenos sin explicar.
Uno de ellos era el movimiento curvilíneo de los planetas en torno al Sol, o el problema más general de los movimientos circulares. Por una parte, los trabajos de Kepler –que nadie ponía en duda– probaban que los planetas giraban en torno al Sol describiendo no órbitas circulares, sino elipses, y ello con una velocidad areolar constante, esto es, barriendo siempre la misma superficie en una misma unidad de tiempo. Pero ¿cómo eran solicitados (atraídos) por el Sol para poder realizar esa trayectoria?
Descartes había formulado la hipótesis de que todo el espacio del universo estaba lleno de una infinidad de corpúsculos y que el Sol generaba torbellinos de materia que arrastraban a los planetas y les llevaban a describir esas órbitas elípticas. Pero parecía difícil demostrar esa imagen intuitiva mediante un cálculo matemático. En sus días en Cambridge, Newton dio con una solución al problema: imaginó que una fuerza unía el Sol con cada uno de los planetas y que esa fuerza tiraba de ellos de forma que los obligaba a girar describiendo órbitas.
Dicho así era solo una imagen, pero, a diferencia de la propuesta cartesiana, Newton aportaba una demostración cuantitativa de la fuerza en acción. En efecto, la célebre ley de la gravedad de Newton establecía que la fuerza de atracción entre dos cuerpos es proporcional al producto de las masas e inversamente proporcional al cuadrado de la distancia. De este modo, mediante cálculos geométricos, Newton pudo demostrar que el resultado de esa acción era una trayectoria elíptica.
Cuando Newton hizo pública su teoría, toda la sociedad ilustrada británica se sintió interesada por su trabajo. El astrónomo y viajero Edmund Halley se había trasladado a Cambridge en verano de 1684 para conocer los cálculos de Newton, y a partir de entonces surgió entre los dos cierta amistad. En 1686, Halley convenció a Newton de que debía publicar su compendio de mecánica, pese a que éste, temiendo las críticas, incluso llegó a pensar en destruirlo.
Finalmente, en 1687 se publicó el tratado de nombre 'Principios matemáticos de la filosofía natural' , conocido habitualmente por la primera palabra latina de su título, 'Principia' . El idioma en que estaba escrito, el latín, indicaba el público al que se dirigía: expertos en matemáticas y en mecánica, astrónomos, filósofos y universitarios.
Si la óptica le había dado amarguras a Newton, la mecánica le resarciría con creces. Su interpretación gravitatoria permitía explicar todos los fenómenos físicos del universo en virtud de una fuerza que concibió como universal: las manzanas caen por la misma causa que se mueven los planetas o regresan los cometas. Algunos objetaron que la teoría de la gravitación suponía una acción a distancia entre los cuerpos, algo que repugnaba a la razón.
El propio Newton reconocía que una acción a distancia de ese tipo «es un absurdo tan grande que no creo que pueda caer jamás en él ningún hombre que tenga facultad y pensamientos de alguna competencia en asuntos filosóficos», y decía estar convencido de que la gravedad debía ser causada por un agente, aunque no sabía cuál, ni si era material o inmaterial. En realidad, los escrúpulos filosóficos carecían de importancia frente al éxito que tuvo el sistema de Newton para calcular y predecir el curso de cualquier tipo de cuerpo celeste, desde la Tierra y la Luna hasta los cometas.
Por ejemplo, Halley, apoyándose en los cálculos de Newton y las observaciones previas, predijo que el cometa avistado en 1682 –hoy llamado cometa Halley– regresaría en torno al año 1758, como así ocurrió. Tras la publicación de los 'Principia' , Newton disfrutó de las mieles del éxito. En 1689 fue elegido diputado en el Parlamento de Inglaterra (aunque parece que no se mostró muy activo en su labor política: se cuenta que su única intervención fue para pedir a un ujier que cerrara una ventana que dejaba pasar una corriente de aire).
En 1696 abandonó Cambridge y se trasladó a Londres para asumir la dirección de la Casa de la Moneda, la institución encargada de acuñar la moneda del reino. En 1703 fue elegido presidente de la Royal Society y su influencia se acrecentó hasta llegar a la categoría de personaje público. Mantuvo el control sobre lo que ocurría en Cambridge, e incluso en Oxford, y su mecánica comenzó a estudiarse en esas universidades. Sus teorías se difundieron por toda Europa a través de libros de divulgación como los de su discípulo Desaguliers o el holandés Gravesande. Y tras su muerte su fama no hizo sino acrecentarse en toda la Europa ilustrada.
Dada la inmensa reputación de que gozó Newton como padre de la ciencia moderna, se comprende la sorpresa que causó el descubrimiento, en la década de 1930, de una enorme cantidad de manuscritos suyos dedicados a asuntos en apariencia tan poco científicos como la alquimia, la cábala, la teología natural y la interpretación de textos bíblicos. El mismo hombre que desarrolló el cálculo infinitesimal y estudiaba las leyes de la mecánica se dedicó en cuerpo y alma a realizar experimentos alquímicos con sustancias misteriosas a las que dio nombres tan pintorescos como «el león verde», o bien con nombres de planetas, como Júpiter y Saturno.
El economista John Maynard Keynes, que adquirió buena parte de estos manuscritos en 1936, escribió al respecto: «Newton no fue el iniciador de la edad de la razón. Fue el último de los magos, el último babilonio y sumerio, la última gran mente que miró al mundo de lo visible y del intelecto con idénticos ojos que aquellos que iniciaron la edificación de nuestra herencia intelectual hace 10.000 años [...] ¿Por qué le llamo mago? Porque miró al universo y todo lo que hay en él como si fuera un enigma, un secreto que puede ser leído aplicando el pensamiento puro a ciertas evidencias, ciertas claves místicas sobre el mundo que Dios ha dejado a la vista para la caza del tesoro de cierto tipo de filósofos de la hermandad esotérica. Él creía que esas claves podían hallarse, en parte, en las evidencias de los cielos y en la constitución de los elementos (eso favoreció que se tuviera la falsa impresión de que era un filósofo natural experimental)».
Sin embargo, cabe señalar que el interés por la alquimia era muy corriente entre los científicos del siglo XVII que deseaban investigar la naturaleza de la materia. Por ejemplo, Robert Boyle, gran precursor de la química moderna y colega de Newton en la Royal Society, fue también un alquimista impenitente.
No menos sorprendente resulta la cantidad de tiempo y energías que Newton dedicó a sus estudios sobre religión y teología. El genial matemático escribió miles de páginas en las que estudiaba las profecías bíblicas, la cronología de los reinos judíos o la estructura del templo de Salomón. Una vez se atrevió incluso a calcular la fecha de la segunda venida de Cristo, que situó en el año 2060. Asimismo, estudió a fondo la Biblia para demostrar que en el texto original no había referencias a la Trinidad, un dogma cristiano que consideraba falso, pues en determinado momento llegó a la convicción de que sólo Dios padre tenía naturaleza divina, y no Jesucristo ni el Espíritu Santo.
En realidad, el interés de Newton por la teología no puede separarse enteramente de su sistema científico, en el que se presuponía la existencia de un Dios que fijaba las leyes inamovibles del mundo físico. Por eso no debe sorprender su respuesta a la paradoja de las estrellas fijas. Cuando se le preguntó por qué todos los cuerpos materiales se atraen, pero las estrellas parecen estar fijas en el cielo a pesar de ser cuerpos materiales, su respuesta fue teológica: Dios las mantiene en su sitio como un gigantesco atlante.
[Fuente: Javier Ordóñez para historia.nationalgeographic.com.es]
No menos sorprendente resulta la cantidad de tiempo y energías que Newton dedicó a sus estudios sobre religión y teología. El genial matemático escribió miles de páginas en las que estudiaba las profecías bíblicas, la cronología de los reinos judíos o la estructura del templo de Salomón. Una vez se atrevió incluso a calcular la fecha de la segunda venida de Cristo, que situó en el año 2060. Asimismo, estudió a fondo la Biblia para demostrar que en el texto original no había referencias a la Trinidad, un dogma cristiano que consideraba falso, pues en determinado momento llegó a la convicción de que sólo Dios padre tenía naturaleza divina, y no Jesucristo ni el Espíritu Santo.
En realidad, el interés de Newton por la teología no puede separarse enteramente de su sistema científico, en el que se presuponía la existencia de un Dios que fijaba las leyes inamovibles del mundo físico. Por eso no debe sorprender su respuesta a la paradoja de las estrellas fijas. Cuando se le preguntó por qué todos los cuerpos materiales se atraen, pero las estrellas parecen estar fijas en el cielo a pesar de ser cuerpos materiales, su respuesta fue teológica: Dios las mantiene en su sitio como un gigantesco atlante.
[Fuente: Javier Ordóñez para historia.nationalgeographic.com.es]
José Echegaray, primer premio Nobel español -de literatura- (1904)
José María Waldo Echegaray y Eizaguirre fue un ingeniero, dramaturgo, político y matemático español, hermano del comediógrafo Miguel Echegaray. Polifacético personaje de la España de finales del siglo XIX, mostró excelentes resultados en todas las áreas en las que se involucró. Obtuvo el cuarto Premio Nobel de Literatura en 1904, siendo el primer español en conseguirlo, y desarrolló varios proyectos en ejercicio de las carteras ministeriales de Hacienda y Fomento. Realizó importantes aportaciones a las matemáticas y a la física. Introdujo en España la geometría de Chasles, la teoría de Galois y las funciones elípticas. Está considerado como el más grande matemático español del siglo XIX. Julio Rey Pastor afirmaba: «para la matemática española, el siglo XIX comienza en 1865 y comienza con Echegaray». En 1911, fundó la Real Sociedad Matemática Española.
José Echegaray nació en Madrid el 19 de abril de 1832. Su padre, José Echegaray Lacosta, era médico y profesor de instituto, natural de Zaragoza, y su madre, Manuela Eizaguirre Charler, natural de Azcoitia, Guipúzcoa. Con 5 años de edad su familia se trasladó a Murcia, por motivos laborales de su padre, donde pasó su infancia y realizó los estudios correspondientes a la enseñanza primaria. Fue allí, en el Instituto de Segunda Enseñanza de Murcia, donde comenzó su afición por las matemáticas. «Obtenido el grado de bachiller», se trasladó a Madrid y tras conseguir el título en el Instituto San Isidro, ingresó en 1848 en la primitiva Escuela de Caminos. Cumplidos los veinte, salió de la Escuela de Madrid con el título de Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos, que había obtenido con el número uno de su promoción, y se tuvo que desplazar a Almería y Granada para incorporarse a su primer trabajo.
José Echegaray nació en Madrid el 19 de abril de 1832. Su padre, José Echegaray Lacosta, era médico y profesor de instituto, natural de Zaragoza, y su madre, Manuela Eizaguirre Charler, natural de Azcoitia, Guipúzcoa. Con 5 años de edad su familia se trasladó a Murcia, por motivos laborales de su padre, donde pasó su infancia y realizó los estudios correspondientes a la enseñanza primaria. Fue allí, en el Instituto de Segunda Enseñanza de Murcia, donde comenzó su afición por las matemáticas. «Obtenido el grado de bachiller», se trasladó a Madrid y tras conseguir el título en el Instituto San Isidro, ingresó en 1848 en la primitiva Escuela de Caminos. Cumplidos los veinte, salió de la Escuela de Madrid con el título de Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos, que había obtenido con el número uno de su promoción, y se tuvo que desplazar a Almería y Granada para incorporarse a su primer trabajo.
En unión de Gabriel Rodríguez fundó El Economista, revista en la que escribió numerosos artículos, iniciando de esta manera una actividad periodística que no abandonaría a lo largo de toda su vida. Asimismo, participó en el establecimiento, en abril de 1850, de la Asociación para la Reforma de los Aranceles y, también, fue ponente en las conferencias dominicales sobre la educación de la mujer (Universidad de Madrid), con la conferencia 'Influencia del estudio de las ciencias físicas en la educación de la mujer' (Madrid, 1869).
En su juventud leía a Goethe, Homero y Balzac, lecturas que alternaba con las de matemáticos como Gauss, Legendre y Lagrange. José Echegaray mantuvo una gran actividad hasta su muerte, ocurrida el 14 de septiembre de 1916 en Madrid. Su extensa obra no dejó de crecer en la vejez: en la etapa final de su vida escribió 25 o 30 tomos de Física matemática.
En 1854 comenzó a dar clase en la Escuela de Ingenieros de Caminos haciéndose cargo de la secretaría de la misma. Allí dio clases de matemáticas, estereotomía, hidráulica, geometría descriptiva, cálculo diferencial y física desde ese año hasta 1868. De 1858 a 1860 también fue profesor de la Escuela de Ayudantes de Obras Públicas.
Diez años más tarde, cuando contaba treinta y dos años de edad, fue elegido miembro de la Real Academia de las Ciencias Exactas. El discurso de ingreso, titulado 'Historia de las matemáticas puras en nuestra España', en el que hizo un balance, exageradamente negativo y con determinadas lagunas, de la matemática española a través de la historia y en el que defendía la «ciencia básica» frente a la «ciencia práctica», fue fuente de una gran polémica.
En su carrera como científico y profesor publicó muchas obras sobre física y matemáticas, algunas de ellas, publicadas en su primera etapa, si bien Echegaray estuvo escribiendo hasta el final de sus días.
Tras la Revolución de 1868 y la entrada de Prim en Madrid, Ruiz Zorrilla, con el que había participado activamente en la fundación del Partido Radical, nombró a Echegaray Director General de Obras Públicas, cargo que ocuparía hasta 1869, cuando fue nombrado Ministro de Fomento (1870 y 1872) y de Hacienda entre 1872 y 1874. En 1870 formó parte de la comisión que recibió al rey Amadeo de Saboya en Cartagena. Como Ministro de Fomento realizó la Ley de Bases de Ferrocarriles.
La abdicación de Amadeo de Saboya el 11 de febrero de 1873 hizo que el gobierno de Ruiz Zorrilla fuera destituido y se formara un nuevo gabinete republicano que sería depuesto con la entrada del ejército en el Congreso en enero de 1874 al mando de Pavía. Al golpe siguió la formación de un gobierno de concentración, el cual volvió a requerir los servicios de Echegaray como Ministro de Hacienda, desde donde se le daría al Banco de España el carácter de banco nacional con el monopolio de emisión de billetes.
Dejó el Ministerio de Hacienda para dedicarse a la literatura. En 1905, regresó de nuevo al Ministerio de Hacienda durante el reinado de Alfonso XIII, desaparecido su fervor republicano. Fue además senador vitalicio y presidente del Consejo de Instrucción Pública.
En 1865, comenzó su actividad literaria con 'La hija natural', aunque no llegó a estrenarla en esa época. Luego, en 1874, escribió 'El libro talonario', considerada el comienzo de su producción como dramaturgo, con el pseudónimo anagramático de "Jorge Hayeseca". Estrenó 67 obras de teatro, 34 de ellas en verso, con gran éxito entre el público de la época, aunque desprovistas de valor literario para la crítica posterior. En 1896 fue elegido miembro de la Real Academia Española. En su primera época sus obras estaban inmersas en la melancolía romántica, muy propia de la época, pero más adelante adquirió un tono más social con una evidente influencia del noruego Henrik Ibsen.
En 1904, Echegaray compartió el Premio Nobel de Literatura con el poeta provenzal Frédéric Mistral, convirtiéndose así en el primer español en recibir un premio Nobel. El premio le fue entregado en Madrid, el 18 de marzo de 1905, por el rey y la comisión sueca organizadora. La concesión del Nobel de Literatura escandalizó a las vanguardias literarias españolas y, en particular, a los escritores de la generación del 98. En ese tiempo Echegaray no era considerado un dramaturgo excepcional y su obra era criticada muy duramente por escritores de tanto relieve como Clarín o Emilia Pardo Bazán, aunque de un modo no siempre consecuente. En el propio Clarín pueden leerse críticas elogiosas. Él mismo mantuvo siempre una actitud distante con sus obras, no obstante contaba con la admiración de autores como Bernard Shaw o Pirandello. Pero Echegaray tenía un gran prestigio en la España de principios del siglo XX, un prestigio que alcanzaba los campos de la literatura, la ciencia y la política y una asentada fama en la Europa de su tiempo. Sus obras triunfaron en ciudades como Londres, París, Berlín y Estocolmo.
Fue presidente del Ateneo de Madrid (1898-1899); presidente de la Asociación de Escritores y Artistas Españoles durante el periodo 1903 a 1908; miembro de la Real Academia Española donde ocupó el sillón "e" minúscula entre 1894 y 1916; Senador vitalicio (1900) y dos veces presidente de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales (1894-1896 y 1901-1916); primer presidente de la Sociedad Española de Física y Química, creada en 1903; catedrático de Física matemática de la Universidad Central de Madrid (1905); presidente de la sección de Matemáticas de la Asociación Española para el Progreso de las Ciencias (1908); y primer presidente de la Sociedad Matemática Española (1911). En 1907, a propuesta de Ramón y Cajal, la Academia de Ciencias creó la Medalla Echegaray y se le concedió a José Echegaray la primera de ellas.
[Fuente: Wikipedia]
En su juventud leía a Goethe, Homero y Balzac, lecturas que alternaba con las de matemáticos como Gauss, Legendre y Lagrange. José Echegaray mantuvo una gran actividad hasta su muerte, ocurrida el 14 de septiembre de 1916 en Madrid. Su extensa obra no dejó de crecer en la vejez: en la etapa final de su vida escribió 25 o 30 tomos de Física matemática.
En 1854 comenzó a dar clase en la Escuela de Ingenieros de Caminos haciéndose cargo de la secretaría de la misma. Allí dio clases de matemáticas, estereotomía, hidráulica, geometría descriptiva, cálculo diferencial y física desde ese año hasta 1868. De 1858 a 1860 también fue profesor de la Escuela de Ayudantes de Obras Públicas.
Diez años más tarde, cuando contaba treinta y dos años de edad, fue elegido miembro de la Real Academia de las Ciencias Exactas. El discurso de ingreso, titulado 'Historia de las matemáticas puras en nuestra España', en el que hizo un balance, exageradamente negativo y con determinadas lagunas, de la matemática española a través de la historia y en el que defendía la «ciencia básica» frente a la «ciencia práctica», fue fuente de una gran polémica.
En su carrera como científico y profesor publicó muchas obras sobre física y matemáticas, algunas de ellas, publicadas en su primera etapa, si bien Echegaray estuvo escribiendo hasta el final de sus días.
Tras la Revolución de 1868 y la entrada de Prim en Madrid, Ruiz Zorrilla, con el que había participado activamente en la fundación del Partido Radical, nombró a Echegaray Director General de Obras Públicas, cargo que ocuparía hasta 1869, cuando fue nombrado Ministro de Fomento (1870 y 1872) y de Hacienda entre 1872 y 1874. En 1870 formó parte de la comisión que recibió al rey Amadeo de Saboya en Cartagena. Como Ministro de Fomento realizó la Ley de Bases de Ferrocarriles.
La abdicación de Amadeo de Saboya el 11 de febrero de 1873 hizo que el gobierno de Ruiz Zorrilla fuera destituido y se formara un nuevo gabinete republicano que sería depuesto con la entrada del ejército en el Congreso en enero de 1874 al mando de Pavía. Al golpe siguió la formación de un gobierno de concentración, el cual volvió a requerir los servicios de Echegaray como Ministro de Hacienda, desde donde se le daría al Banco de España el carácter de banco nacional con el monopolio de emisión de billetes.
Dejó el Ministerio de Hacienda para dedicarse a la literatura. En 1905, regresó de nuevo al Ministerio de Hacienda durante el reinado de Alfonso XIII, desaparecido su fervor republicano. Fue además senador vitalicio y presidente del Consejo de Instrucción Pública.
En 1865, comenzó su actividad literaria con 'La hija natural', aunque no llegó a estrenarla en esa época. Luego, en 1874, escribió 'El libro talonario', considerada el comienzo de su producción como dramaturgo, con el pseudónimo anagramático de "Jorge Hayeseca". Estrenó 67 obras de teatro, 34 de ellas en verso, con gran éxito entre el público de la época, aunque desprovistas de valor literario para la crítica posterior. En 1896 fue elegido miembro de la Real Academia Española. En su primera época sus obras estaban inmersas en la melancolía romántica, muy propia de la época, pero más adelante adquirió un tono más social con una evidente influencia del noruego Henrik Ibsen.
En 1904, Echegaray compartió el Premio Nobel de Literatura con el poeta provenzal Frédéric Mistral, convirtiéndose así en el primer español en recibir un premio Nobel. El premio le fue entregado en Madrid, el 18 de marzo de 1905, por el rey y la comisión sueca organizadora. La concesión del Nobel de Literatura escandalizó a las vanguardias literarias españolas y, en particular, a los escritores de la generación del 98. En ese tiempo Echegaray no era considerado un dramaturgo excepcional y su obra era criticada muy duramente por escritores de tanto relieve como Clarín o Emilia Pardo Bazán, aunque de un modo no siempre consecuente. En el propio Clarín pueden leerse críticas elogiosas. Él mismo mantuvo siempre una actitud distante con sus obras, no obstante contaba con la admiración de autores como Bernard Shaw o Pirandello. Pero Echegaray tenía un gran prestigio en la España de principios del siglo XX, un prestigio que alcanzaba los campos de la literatura, la ciencia y la política y una asentada fama en la Europa de su tiempo. Sus obras triunfaron en ciudades como Londres, París, Berlín y Estocolmo.
Fue presidente del Ateneo de Madrid (1898-1899); presidente de la Asociación de Escritores y Artistas Españoles durante el periodo 1903 a 1908; miembro de la Real Academia Española donde ocupó el sillón "e" minúscula entre 1894 y 1916; Senador vitalicio (1900) y dos veces presidente de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales (1894-1896 y 1901-1916); primer presidente de la Sociedad Española de Física y Química, creada en 1903; catedrático de Física matemática de la Universidad Central de Madrid (1905); presidente de la sección de Matemáticas de la Asociación Española para el Progreso de las Ciencias (1908); y primer presidente de la Sociedad Matemática Española (1911). En 1907, a propuesta de Ramón y Cajal, la Academia de Ciencias creó la Medalla Echegaray y se le concedió a José Echegaray la primera de ellas.
[Fuente: Wikipedia]
Arquímedes: Padre de la Nautica (287 a.C.)
Arquímedes de Siracusa (287 a.C.-212 a.C.) fue un físico y matemático griego que realizó grandes progresos y fue considerado el padre de la hidrostática. Viajar en barco, medir superficies… son algunos de sus descubrimientos tras una vida dedicada a la investigación en la ciencia. Nació en la antigua Siracusa y no fue el único científico de la familia. Su padre, Hefesto, era astrónomo y quien le contagió su pasión por la ciencia. A día de hoy, su muerte continua siendo un misterio. Sin embargo, si en algo que coinciden multitud de historiadores, es que fue víctima de un homicidio.
El principio de Arquímedes es la ley base de la náutica por la que se afirma que todo cuerpo sumergido en un líquido experimenta una fuerza hacia arriba equivalente al peso del volumen desalojado. Esta fuerza recibe el nombre de empuje hidrostático y se mide en Newtons. El empuje depende de la densidad de fluido, del volumen del cuerpo y de la gravedad existente en ese lugar. El empuje actúa verticalmente hacia arriba y está aplicado en el centro de gravedad del cuerpo.
Muchos creen que Arquímedes cuando descubrió el Principio de Arquímedes expresó su famoso grito ¡Eureka! que se ha convertido en una expresión muy reconocida en la ciencia. ¡Eureka! es una celebración del descubrimiento y una metáfora de lograr aquello que se busca con mucho ahínco.
Pero esta famosa expresión no surgió cuando descubrió el principio de Arquímedes sino cuando desenmascaró al orfebre que estaba haciendo una corona de oro para el rey Hierón II. El rey Hierón II quería poseer una corona de oro que reconociera todos sus logros y le encomendó esta tarea al orfebre. Este último se puso manos a la obra tratando de timar al rey realizando una mezcla de oro y plata que simulará una corona de oro verdadera. Lo que no sabía el orfebre, pero si Arquímedes es que la densidad es igual a masa entre volumen. Por lo que cuando el orfebre terminó su trabajo se dio cuenta de que el peso final de la corona no equivalía a la de una corona hecha 100% con oro.
La palanca ha sido uno de los inventos más importantes de la historia de la humanidad ya que permitía el levantamiento de materiales muy pesados que, antes de la creación de este invento, resultaba imposible. «Dame un punto de apoyo y moveré el mundo» fueron las palabras que Arquímedes pronunció cuando desarrolló la formula que llevaría a la creación de este gran invento que cambió por completo la forma de entender la arquitectura y la construcción, así como otros ámbitos de la sociedad.
Según cuenta la leyenda, Arquímedes consiguió construir los espejos ustorios, unos míticos espejos cóncavos que eran capaces de quemar las velas de los barcos a mucha distancia. Esto traía de cabeza a la armada de Marco Claudio Marcelo, que estuvo invadiendo Siracusa durante más de dos años y no podía porque se le quemaban las velas.
Pero como pasa casi siempre, sus aportaciones a las matemáticas están por encima de sus aportaciones a la física, y sus tratados matemáticos han sido conservados gracias a las cartas que enviaba constantemente a Eratóstenes y a Dositeo, que trabajaban en la biblioteca de Alejandría, que posteriormente fue quemada.
Se barajan diferentes hipótesis que se ciernen sobre la muerte del brillante matemático, aunque la leyenda más famosa tiene que ver, precisamente, con las matemáticas. Arquímedes estaba dibujando circunferencias en plena investigación cuando de repente entró un soldado. «No molestes a mis círculos» fueron las palabras que Arquímedes dedicó al soldado que no dudo en matarlo.
[Fuente: Santiago García]
El principio de Arquímedes es la ley base de la náutica por la que se afirma que todo cuerpo sumergido en un líquido experimenta una fuerza hacia arriba equivalente al peso del volumen desalojado. Esta fuerza recibe el nombre de empuje hidrostático y se mide en Newtons. El empuje depende de la densidad de fluido, del volumen del cuerpo y de la gravedad existente en ese lugar. El empuje actúa verticalmente hacia arriba y está aplicado en el centro de gravedad del cuerpo.
Muchos creen que Arquímedes cuando descubrió el Principio de Arquímedes expresó su famoso grito ¡Eureka! que se ha convertido en una expresión muy reconocida en la ciencia. ¡Eureka! es una celebración del descubrimiento y una metáfora de lograr aquello que se busca con mucho ahínco.
Pero esta famosa expresión no surgió cuando descubrió el principio de Arquímedes sino cuando desenmascaró al orfebre que estaba haciendo una corona de oro para el rey Hierón II. El rey Hierón II quería poseer una corona de oro que reconociera todos sus logros y le encomendó esta tarea al orfebre. Este último se puso manos a la obra tratando de timar al rey realizando una mezcla de oro y plata que simulará una corona de oro verdadera. Lo que no sabía el orfebre, pero si Arquímedes es que la densidad es igual a masa entre volumen. Por lo que cuando el orfebre terminó su trabajo se dio cuenta de que el peso final de la corona no equivalía a la de una corona hecha 100% con oro.
La palanca ha sido uno de los inventos más importantes de la historia de la humanidad ya que permitía el levantamiento de materiales muy pesados que, antes de la creación de este invento, resultaba imposible. «Dame un punto de apoyo y moveré el mundo» fueron las palabras que Arquímedes pronunció cuando desarrolló la formula que llevaría a la creación de este gran invento que cambió por completo la forma de entender la arquitectura y la construcción, así como otros ámbitos de la sociedad.
Según cuenta la leyenda, Arquímedes consiguió construir los espejos ustorios, unos míticos espejos cóncavos que eran capaces de quemar las velas de los barcos a mucha distancia. Esto traía de cabeza a la armada de Marco Claudio Marcelo, que estuvo invadiendo Siracusa durante más de dos años y no podía porque se le quemaban las velas.
Pero como pasa casi siempre, sus aportaciones a las matemáticas están por encima de sus aportaciones a la física, y sus tratados matemáticos han sido conservados gracias a las cartas que enviaba constantemente a Eratóstenes y a Dositeo, que trabajaban en la biblioteca de Alejandría, que posteriormente fue quemada.
Se barajan diferentes hipótesis que se ciernen sobre la muerte del brillante matemático, aunque la leyenda más famosa tiene que ver, precisamente, con las matemáticas. Arquímedes estaba dibujando circunferencias en plena investigación cuando de repente entró un soldado. «No molestes a mis círculos» fueron las palabras que Arquímedes dedicó al soldado que no dudo en matarlo.
[Fuente: Santiago García]
Émilie du Châtelet, pionera de la física moderna (1749)
En el siglo XVIII, cuando las mujeres eran relegadas al papel de esposas y madres, Émilie du Châtelet desafió todas las normas al convertirse en una de las mentes más brillantes de su tiempo. Matemática, física y filósofa, su trabajo no solo fue revolucionario, sino que también dejó en ridículo a varios hombres de la época, incluso corrigiendo errores de Isaac Newton.
Nacida en 1706 en Francia, Émilie pertenecía a la nobleza, lo que le permitió recibir una educación poco común para una mujer de su época. Desde pequeña mostró una inteligencia deslumbrante: aprendió latín, griego y matemáticas cuando otras niñas solo eran instruidas en bordado y etiqueta. Su pasión por la ciencia era tan intensa que se disfrazaba de hombre para poder asistir a debates científicos en cafés y academias. Con el tiempo, su brillantez fue imposible de ignorar.
En una sociedad que no permitía que las mujeres fueran académicas, Émilie encontró un aliado en el filósofo Voltaire, con quien tuvo una apasionada relación. Juntos estudiaban, escribían y desafiaban las normas intelectuales de la época.
De hecho, cuando Voltaire fue exiliado por sus ideas, ella lo acogió en su castillo y lo convirtió en un centro de investigación científica. Mientras Voltaire escribía sobre filosofía, Émilie se sumergía en ecuaciones matemáticas y experimentos físicos.
Uno de sus logros más impresionantes fue su trabajo sobre la energía cinética. Isaac Newton había establecido que la energía era proporcional a la velocidad de un objeto, pero Émilie demostró que esto era incorrecto.
Basándose en los experimentos del científico Willem 's Gravesande, descubrió que la energía se calcula con la fórmula E = ½ mv², que es la base de la física moderna. Su corrección a Newton fue tan impactante que siglos después Einstein la citó en sus estudios sobre la relatividad. Su mayor legado fue la traducción y comentario de los "Principia Mathematica" de Newton al francés, añadiendo explicaciones y correcciones. Hasta el día de hoy, su traducción sigue siendo la versión de referencia en Francia.
A los 42 años, Émilie quedó embarazada, algo peligroso para una mujer de su edad en esa época. Aun así, siguió trabajando incansablemente, terminando su monumental traducción poco antes de dar a luz. Tristemente, murió pocos días después del parto.
Su vida fue breve, pero su impacto fue inmenso. Gracias a su inteligencia y determinación, Émilie du Châtelet abrió las puertas para que las mujeres pudieran estudiar ciencia, dejando un legado que aún brilla en la historia de la física.
[Fuente FB Historia AI]
Nacida en 1706 en Francia, Émilie pertenecía a la nobleza, lo que le permitió recibir una educación poco común para una mujer de su época. Desde pequeña mostró una inteligencia deslumbrante: aprendió latín, griego y matemáticas cuando otras niñas solo eran instruidas en bordado y etiqueta. Su pasión por la ciencia era tan intensa que se disfrazaba de hombre para poder asistir a debates científicos en cafés y academias. Con el tiempo, su brillantez fue imposible de ignorar.
En una sociedad que no permitía que las mujeres fueran académicas, Émilie encontró un aliado en el filósofo Voltaire, con quien tuvo una apasionada relación. Juntos estudiaban, escribían y desafiaban las normas intelectuales de la época.
De hecho, cuando Voltaire fue exiliado por sus ideas, ella lo acogió en su castillo y lo convirtió en un centro de investigación científica. Mientras Voltaire escribía sobre filosofía, Émilie se sumergía en ecuaciones matemáticas y experimentos físicos.
Uno de sus logros más impresionantes fue su trabajo sobre la energía cinética. Isaac Newton había establecido que la energía era proporcional a la velocidad de un objeto, pero Émilie demostró que esto era incorrecto.
Basándose en los experimentos del científico Willem 's Gravesande, descubrió que la energía se calcula con la fórmula E = ½ mv², que es la base de la física moderna. Su corrección a Newton fue tan impactante que siglos después Einstein la citó en sus estudios sobre la relatividad. Su mayor legado fue la traducción y comentario de los "Principia Mathematica" de Newton al francés, añadiendo explicaciones y correcciones. Hasta el día de hoy, su traducción sigue siendo la versión de referencia en Francia.
A los 42 años, Émilie quedó embarazada, algo peligroso para una mujer de su edad en esa época. Aun así, siguió trabajando incansablemente, terminando su monumental traducción poco antes de dar a luz. Tristemente, murió pocos días después del parto.
Su vida fue breve, pero su impacto fue inmenso. Gracias a su inteligencia y determinación, Émilie du Châtelet abrió las puertas para que las mujeres pudieran estudiar ciencia, dejando un legado que aún brilla en la historia de la física.
[Fuente FB Historia AI]
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