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Corebo de Élide, primer campeón olímpico de la historia (776 a.C.)

Corría el año 776 a.C. cuando un evento sin precedentes se celebró en Olimpia, en la antigua Grecia. Hablamos de los Juegos Olímpicos en la Antigüedad, una serie de competiciones deportivas que marcaron el inicio de una tradición que ha perdurado más de mil años y que inspiró la creación de los Juegos Olímpicos modernos, recuperados en 1896 en Atenas.

En estas primeras olimpiadas, como ocurre ahora en los JJOO, había distintas disciplinas en las que los jugadores podían competir; estas recibían el nombre de agones. Había agones atléticos (carrera, salto de longitud, lanzamiento de disco, lanzamiento de jabalina…), pero también luctatorios (lucha, pugilato…) e hípicos (carreras de carros y caballos).

Los primeros registros escritos revelan que el primer campeón olímpico de la historia fue un hombre llamado Corebo de Élide, que ganó la carrera “stadion”, la competición principal de los primeros Juegos Olímpicos del año 776 a.C que consistía en una carrera de unos 600 pies (192,27 m. de longitud). El campeón trabajaba como panadero y era originario de Élide, región del Peloponeso.

En tiempos de Corebo, los atletas aún competían con ropa, porque la tradición de correr desnudos no se había establecido todavía. Esta costumbre surgió varias décadas después, alrededor del 720 a.C., y se convirtió en una característica típica de los Juegos Olímpicos antiguos.

Correr desnudo se consideraba una forma de celebrar el cuerpo pero, sobre todo, de mostrar respeto hacia los dioses. Al final, estos primeros juegos tenían un importante componente religioso y ceremonial, ya que se celebraban en honor a Zeus y otros dioses. Quitarse la ropa era una manera de competir con pureza y sin ningún tipo de artificio.

Al proclamarse vencedor de la competición, Corebo recibió la mítica corona de ramas de olivo, un símbolo de victoria y honor que se otorgaba solo a los campeones de estas primeras olimpiadas. Años más tarde, el historiador Pausanias mencionó en uno de sus libros que la tumba del panadero se encontraba en el límite de la región de Élide, cerca del río Ladón, subrayando la importancia que se le daba en la región.

Los Juegos Olímpicos antiguos continuaron celebrándose hasta el año 393, cuando el emperador Teodosio I, que era cristiano, prohibió todos los festivales de carácter pagano. Las olimpiadas llegaban a su fin después de casi 12 siglos en funcionamiento. Hubo que esperar 1.500 años más para que los Juegos Olímpicos resurgieran y se convirtieran en al espectáculo mundial que son hoy.

[Fuente: eldiario.es]

Don Lippincott, primer plusmarquista oficial de los 100 metros lisos, con una marca de 10.6 segundos (1912)

Los 100 metros lisos se ve como la prueba definitiva para los mejores velocistas del mundo y el récord del mundo en esta disciplina generalmente otorga el nombramiento del 'Hombre más rápido del mundo'.

El primer récord del mundo en 100 metros lisos ratificado por la IAAF tuvo lugar en 1912, cuando el estadounidense Donald Lippincott marcó un tiempo de 10.6 segundos en la ronda de clasificación de los Juegos Olímpicos de Estocolmo 1912. En la siguiente mitad de siglo, los récords se tomaban a mano, antes de que el cronómetro automático se convirtiera en un requerimiento para marcar los récords del mundo en 1977. En este momento fue también cuando los tiempos pasaron a tomarse en centésimas en vez de en décimas de segundo. Donald "Don" Fithian Lippincott (1893-192) era natural de Philadelphia.

Desde 1987, el récord del mundo de los 100m masculino no duraba más de tres años y tres meses. Esto sucedió así hasta que la leyenda jamaicana Usain Bolt batiera el récord del mundo en agosto de 2009, hace 13 años. El tiempo de Bolt de 9.58 segundos se dio porque el jamaicano corrió a unos impresionantes 44.72 km/h cuando alcanzó la final de los 100 m del Campeonato del Mundo de Atletismo de Berlín 2009. Ningún otro velocista ha batido la barrera de los 9.60 segundos. Bolt registró 9.63 segundos en Londres 2012 y Tyson Gay y Yohan Blake llegaron a 9.69 segundos en 2009 y 2012, respectivamente.

Después del récord oficial de Lipincott en 1912, pasaron nueve años hasta que la marca se rompiera. Lo hizo Charley Paddock, de Estados Unidos, cuando lo rebajó por dos décimas de segundo. Entonces, en 1921, el nuevo récord del mundo pasó a ser de 10.4 segundos. Otros nueve años transcurrieron hasta que el canadiense Percy Williams marcara un nuevo récord en 1930. Pero debido a la naturaleza de tomar los tiempos manualmente (y solo tomados con décimas de segundo), seis hombres más pudieron igualar el récord de 10.3 segundos antes de 1936, cuando Jesse Owens bajó la marca a 10.2 segundos. Solo un año antes, Owens logró lo que se ha llamado como 'los mejores 45 minutos en el deporte', cuando consiguió batir los récords del mundo en carrera de 100 yardas (9.4), en salto de longitud (8.13 metros), carrera de 200 yardas (20.3 segundos) y carrera de 200 yardas con vallas bajas (22.6 segundos) en el Campeonato Big Ten en Michigan, Estados Unidos.

Dos meses antes de los Juegos Olímpicos de 1936 en Berlín, Owens rompió el récord mundial oficial de 100m con una impresionante carrera de 10.2 segundos en los NCAA Track and Field Championships. En Berlín 1936 logró cuatro oros, que hicieron de aquella una actuación legendaria en la capital de Alemania. Sin embargo, aunque su récord en los 100 metros fuera igualado en 10 ocasiones, se necesitaron 20 años para que alguien lograra rebajarlo.

El récord cayó de la mano de otro estadounidense: Willie Williams le arrebató el título de 'hombre más rápido del mundo' con un tiempo de 10.01 segundos en 1956. Después de que Armin Hary, de Alemania Oeste, corriera en 10 segundos en 1960, la atención pasó en ver quién sería el primer hombre en romper la barrera de los 10 segundos. El mundo tendría que esperar ocho años para que el estadounidense Jim Hines marcara un tiempo de 9.9 segundos en junio de 1968. Después, él mismo marcó un tiempo, con cronómetro automático, de 9.95 segundos en los Juegos Olímpicos de México 1968. Esta marca se matuvo sin batir durante 14 años, ocho meses y 19 días.

Se esperó hasta 1991 para que alguien batiera oficialmente los 9.9 segundos. El estadounidense, y nueve veces ganador del oro olímpico, Carl Lewis paró el cronómetro en 9.86 segundos en Tokio. Ocho años después, Maurice Greene, de Estados Unidos, logró un tiempo de 9.78 segundos para, finalmente, bajar de los 9.8 segundos en Atenas, Grecia.

Desde 2005, los atletas de Jamaica han dominado en la lista de récord del mundo en 100m. Asafa Powell marcó cuatro récords del mundo, y el más bajo fue de 9.735 segundos, antes de que emergiera el 'Rayo' Usain Bolt. La primera vez que Bolt rompió el récord del mundo fue con 9.72 segundos en mayo de 2008, después de superar su propia marca dos meses después para lograr el oro olímpico en Beijing 2008 con un tiempo de 9.69 segundos. Pero lo mejor estaba por llegar. En un sprint impresionante, nunca visto hasta la fecha, Bolt cruzó la línea de meta en el Mundial de Berlín 2009 con un tiempo de 9.58 segundos; un récord del mundo que todavía está vigente.

¿Quién conseguirá ser el siguiente atleta en ser nombrado el 'Hombre más rápido del mundo'?

[Fuente: olympics.com]

Nadia Comaneci, primer 10 absoluto en gimansia artística, y fue en barras paralelas (1976)

Si hablamos de la Historia de la Gimnasia Artística, el primer nombre que siempre aparece es el de Nadia Comaneci porque es, sin duda, la gimnasta que revolucionó y popularizó este deporte.

Considerada como la mejor gimnasta de todos los tiempos, Nadia Comaneci nació un 12 de noviembre del año 1961 en Onesti, Rumanía. Siendo una niña fue descubierta por su entrenador, Bela Karolyi, cuando tenía tan sólo seis años. Karolyi supo que estaba ante un prodigio de la gimnasia nada más verla. No se equivocaba porque en 1970 empezó a obtener sus primeras victorias en categorías juveniles y en 1974 ya era Campeona Juvenil Mundial.

En la categoría absoluta, en su primera actuación en competición internacional durante los Campeonatos de Europa celebrados en Skien (Noruega), en 1975, superó a la pentacampeona de Europa la rusa Lyudmila Turishcheva y mostró sus credenciales para lograr el Oro Juegos Olímpicos de Montreal (1976). Unos meses antes del comienzo de los Juegos triunfó en Nueva York tras realizar un doble mortal de espaldas en la salida de su ejercicio de asimétricas. Era la primera mujer en lograrlo en una competición.

Pero fue en Montreal donde comenzó la leyenda de una de las más grandes deportistas de la historia. Nadia Comaneci era el nombre más repetido durante aquellas semanas, no sólo porque obtuvo cinco medallas (tres de oro, en paralelas, barra y en la general, una de plata y otra de bronce), sino que además consiguió lo que nadie hasta ese momento: fue la primera gimnasta en obtener un perfecto 10, la máxima puntuación según los varemos de la época. Era algo tan difícil que incluso las pizarras electrónicas que marcaban las notas no tenían los caracteres para el 10 así que tras la actuación de Nadia Comaneci la pizarra marcaba un 1.00. Pero todo el mundo sabía que ese ejercicio de paralelas era un 10.

Esa misma noche, recibió otro 10 en la barra de equilibrios, su otra especialidad. Al día siguiente, la prensa de todo el mundo la consagraba como leyenda y la gimnasia deportiva, como se llamaba entonces, se convirtió en el deporte olímpico con mayores audiencias televisivas. La gente se sintió atraída por un deporte que hasta entonces sólo estaba al alcance de una minoría. En Montreal Nadia logró siete dieces durante toda la competición, (cuatro en las asimétricas y tres en la barra de equilibrio), y se convirtió en la Campeona Olímpica de Gimnasia más joven de la historia. Había nacido una estrella.

Nadia, que tan sólo tenía 14 años, no estaba preparada para lo que se le vino encima después de estos éxitos en la gimnasia: La presión mediática mundial, los compromisos con las federaciones y patrocinadores y las exigencias del gobierno comunista de Ceaucescu en una época en la que la Guerra Fría entre Estados unidos y los países del otro lado del telón de acero, como era el caso de Rumanía, estaba en pleno apogeo. Sin embargo, su popularidad siguió creciendo en todo el mundo, incluyendo España, que ya abría sus puertas a la democracia y al progreso recuperando relaciones internacionales. El deporte contribuyó a que estas relaciones se fueran afianzando y puede que por eso Nadia Comaneci fuera nombrada Fallera Mayor en 1977.

Aquel año también estuvo en Madrid y junto al resto del Equipo Rumano de Gimnasia llenaron el Palacio de Los Deportes de Madrid en una competición de exhibición entre el equipo español y el rumano. Doce mil personas abarrotaron las gradas e incluso algunos alumnos del INEF mostraron pancartas en los que reclamaban una "facultad de Educación Física"y "una educación física para el pueblo". Qué tiempos convulsos. Como ahora, más o menos...

Los éxitos continuaron para Nadia Comaneci hasta finales de los 70 pero la presión que debía soportar a su corta edad, los duros entrenamientos y sus problemas de sobrepeso relacionados con su crecimiento acortaron su carrera. A los Juegos de 1980, celebrados en Moscú, llegó sufriendo dolores de ciática. Pero ni las lesiones ni la presión pudieron con el gran esfuerzo y la perseverancia de Nadia Comaneci que terminó ganando dos medallas de Oro, en suelo y barra de equilibrio. Al año siguiente durante una gira en Estados Unidos, su entrenador, Bela Karoly, pidió asilo político junto con su esposa y otro miembro del equipo rumano de gimnasia. A los tres les fue concedido.

Nadia desconocía el plan de su entrenador y se sintió traicionada. Años después, cuando Nadia adoptó la misma decisión poco antes de la revolución que derrotó al clan Ceaucescu, se reencontró con los Karoly en Estados Unidos y su relación se restableció. Pero este hecho hizo sufrir mucho a Nadia ya que durante años estuvo bajo vigilancia. El Gobierno comunista de Nicolae Ceaucescu incautó su correspondencia, intervino su teléfono e incluso amenazó con requisarle las medallas que había ganado.

En 1984 se retiró de la competición activa para convertirse en entrenadora del equipo rumano, primero, y del canadiense, después. En 1989 estando en Austria, solicitó el asilo diplomático en la embajada de Estados Unidos. Una de las razones por las que lo pidió fue Bart Conner, gimnasta al que conoció en la gira estadounidense del 76 y con el que, finalmente, se casó. Juntos iniciaron varios proyectos de éxito relacionados con la gimnasia, desde una Academia de talentos hasta una revista especializada en gimnasia pasando por una productora a la que llamaron Perfect 10 Productions, (en honor a su 10 perfecto en los juegos del 76) que se dedica a las retransmisiones deportivas. Nadia también aprovecha su popularidad para apoyar causas solidarias tanto en Rumanía como en el resto del mundo.

En 2003 publicó el libro 'Cartas a una joven gimnasta' en el que cuenta su historia y recientemente se ha publicado la novela 'La pequeña comunista que no sonreía nunca' escrita por Lola Lafon y publicado por Editorial Anagrama cuya historia está inspirada en la vida de Nadia Comaneci. Pero para los amantes de esta leyenda hay una joya cinematográfica de 1984 rodada para la televisión. Su título: 'Nadia'. En esta Coproducción entre la desaparecida Yugoslavia y Estados Unidos basada en la historia real de la gimnasta desde su niñez hasta el Mundial de Fort Worth (Estados Unidos) en 1979 podemos ver excelentes escenas gimnásticas porque la actriz que encarnaba a Nadia era la americana Marcia Frederick que fue la primera gimnasta estadounidense en convertirse en Campeona del Mundo de Asimétricas en 1978 y por tanto, fue rival de Nadia en la vida real.

Un símbolo generacional, una revolución en el mundo de la gimnasia, una mujer solidaria, un 10 perfecto, una leyenda...

[Fuente: ladeporteca.com]

Betty Robinson, primera medalla de oro olímpica femenina (1928)

Elizabeth ("Betty") Robinson (1911-1999) fue una atleta estadounidense especialista en pruebas de velocidad que ganó tres medallas olímpicas y fue la primera campeona olímpica de los 100 metros lisos en los Juegos de Ámsterdam 1928.

Robinson nació en Riverdale, Illinois. Estudiaba en el Thornton Township High School cuando alcanzó la fama nacional como campeona olímpica. Su talento fue descubierto por su profesor de ciencias Charles Price, que la vio correr para coger el tren al salir de clase. Él había sido atleta y entrenaba al equipo del instituto. Corrió su primera carrera oficial el 30 de marzo de 1928, a la edad de 16 años, en una competición en pista cubierta, donde quedó segunda tras Helen Filkey, plusmarquista estadounidense de 100 m, en la prueba de 60 yardas rápidas. Pocas semanas después, el 2 de junio de 1928, batió en Chicago el récord mundial en poder de la alemana Gertrud Gladitsch, al correr los 100 m en 12,0 aunque la marca no fue reconocida oficialmente porque se consideró ayudada por el viento.

En los Juegos Olímpicos de Ámsterdam 1928 se disputaban por primera vez pruebas de atletismo en categoría femenina (100 m, 800 m, relevos 4 x 100 m, salto de altura y lanzamiento de disco), Robinson fue la única atleta estadounidense que se clasificó para la final de 100 m. Llegó a la final y ganó, igualando el récord mundial de 12,2 segundos. Fue la campeona olímpica inaugural de la prueba, ya que el atletismo femenino no había figurado antes en el programa y, de hecho, su inclusión seguía siendo muy discutida entre los oficiales. Betty Robinson tenía solo 16 años cuando participó en estos Juegos, y ganó la medalla de oro en los 100 m con un tiempo de 12,2 por delante de las canadienses Fanny Rosenfeld y Ethel Smith, segunda y tercera respectivamente. Sigue siendo la atleta más joven en ganar el oro olímpico en 100 m. Con el equipo estadounidense de relevos 4×100 metros, Robinson añadió una medalla de plata a su palmarés, que fue derrotado por las canadienses.

El periodista del Chicago Tribune William L Shirer escribió que «una joven rubia, bonita, de ojos azules y poco anunciada, de Chicago, se convirtió en la favorita de los espectadores cuando voló por el sendero de ceniza, con sus mechones dorados al viento, para ganar. Ingresó en la Universidad Northwestern, donde decidió estudiar educación física, con la esperanza de convertirse en entrenadora en los Juegos Olímpicos de 1936. En Northwestern, fue miembro de Kappa Kappa Gamma.

El 28 de junio de 1931, Robinson sufrió un accidente aéreo y resultó gravemente herida. Según los primeros informes, fue descubierta inconsciente entre los restos del avión, pues su salvador la creyó equivocadamente muerta y se limitó a pensar que ya no se la podía salvar. La llevó a la enfermería de Oak Forest, conocida localmente como la «Granja de los Pobres», porque conocía al enterrador. Los médicos determinaron que había sufrido graves lesiones múltiples y que nunca volvería a competir. Pasaron otros seis meses antes de que pudiera levantarse de una silla de ruedas, y dos años antes de que pudiera volver a caminar con normalidad. Por culpa de esto no pudo participar en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1932, celebrados en su país.

Todavía incapaz de arrodillarse para una salida normal de 100 m debido a las fracturas y operaciones en su pierna izquierda, Robinson formó parte del equipo estadounidense de relevos de 4 × 100 m en los Juegos Olímpicos de Berlín 1936. En la final olímpica, las estadounidenses se llevaron la medalla de oro, por delante de británicas y canadienses. En cambio las alemanas, que eran las grandes favoritas y parecían encaminarse a la victoria, fueron descalificadas al caérseles el testigo por una mala entrega. El equipo de Estados Unidos lo formaban por este orden Harriett Bland, Annette Rogers, Elizabeth Robinson y Helen Stephens.

Tras estos Juegos se retiró oficialmente del atletismo. Trabajó en una ferretería durante muchos años. Se casó y tuvo dos hijos. La familia residía en Glencoe, Illinois, una villa de la costa norte de Chicago. En 1977 ingresó en el Salón de la Fama del Atletismo Nacional de Estados Unidos. En 1996, portó la antorcha olímpica en los Juegos Olímpicos de Atlanta. Elizabeth Robinson falleció en Denver (Colorado), en 1999 a la edad de 87 años, tras haber sufrido cáncer y Alzheimer.

[Fuente: Wikipedia]

Kirsty Coventry, primera mujer en ocupar la presidencia del COI (2025)

La ministra de Deportes de Zimbabue, Kirsty Coventry, fue elegida el jueves 20 de marzo de 2025 como nueva presidenta del Comité Olímpico Internacional (COI). La exnadadora de 41 años, ganadora de dos medallas de oro olímpicas, sustituye al alemán Thomas Bach –que ocupaba el cargo desde 2013– y se convierte en la primera mujer, la primera africana y la persona más joven en ocupar el cargo.

El jefe del Atletismo Mundial, el británico Sebastian Coe, figuraba entre los favoritos para ganar la elección celebrada en Grecia, pero Coventry consiguió la mayoría absoluta con 49 de los 97 votos disponibles en la primera ronda de votación. El segundo clasificado, el español Juan Antonio Samaranch Jr, obtuvo 28 votos, mientras que Coe consiguió 8.

Coventry, que ya forma parte de la junta ejecutiva del COI y se decía que era la candidata preferida de Bach, es la décima persona que ocupa el cargo más alto del deporte mundial y estará en el puesto durante al menos durante los próximos ocho años.

Coventry ha ganado siete de las ocho medallas olímpicas de Zimbabue, incluido el oro en los 200 metros espalda en los Juegos de 2004 y 2008. "La joven que empezó a nadar en Zimbabue hace tantos años nunca podría haber soñado con este momento", declaró Coventry, quien se impuso a seis rivales masculinos para ganar la votación. "Estoy especialmente orgullosa de ser la primera mujer presidenta del COI, y también la primera africana. Espero que esta votación sirva de inspiración a mucha gente. Hoy se han roto los techos de cristal, y soy plenamente consciente de mis responsabilidades como modelo a seguir".

Durante su campaña para lograr la presidencia del COI, Coventry se comprometió a modernizar el organismo, promover la sostenibilidad, adoptar nueva tecnología y potenciar a los atletas. Apoyó una prohibición general de que las mujeres transgénero compitan en los deportes olímpicos femeninos. Coventry se ha enfrentado a críticas en Zimbabue en su calidad de ministra de Deportes desde 2018, pero defendió su asociación con el gobierno del controvertido presidente Emmerson Mnangagwa. La injerencia gubernamental en el fútbol provocó que la FIFA expulsara a Zimbabue de las competencias internacionales en 2022, mientras que el año pasado Estados Unidos impuso sanciones a Mnangagwa y otros altos cargos por corrupción y abusos de los derechos humanos. La votación de este jueves tuvo lugar en un hotel de lujo situado en una localidad costera a unos 100 kilómetros al sur de Olimpia, cuna de los Juegos de la Antigüedad. Los miembros del COI tuvieron que entregar sus teléfonos antes de la votación electrónica secreta.

[Fuente: bbc.com]

Primer campeón de las Olimpiadas modernas, James B. Connolly (1896)

Un ramo de laurel y olivo. Años atrás, los ganadores olímpicos no recibían ninguna medalla. Fue en un memorable 6 de abril de 1896 y en una siempre recordada prueba de triple salto cuando se entregó la primera medalla olímpica de la historia. Pero no era de oro.

La logró James B. Connolly, de los Estados Unidos, quien también conquistó la segunda posición en salto de altura y la tercera en salto de longitud. Pero no era de oro. Las entregas de medallas entonces, en Atenas 1896, eran de plata para los vencedores. El Comité Olímpico Internacional (COI), por tanto, reconoció al estadounidense James Connolly como el primer ganador moderno de los Juegos Olímpicos, al imponerse en la competición de triple salto.

Para París 1900 todavía no existían las medallas de oro. En dicha edición, los primeros clasificados recibían trofeos, además de un diploma. Fue en el siguiente torneo, el del año 1904 en los Estados Unidos, en St. Louis, cuando las medallas de oro comenzaron a entregarse a los vencedores de cada modalidad. En esa edición también se incluyeron por primera vez la lucha libre y el boxeo como deportes olímpicos.

James Brendan Bennet «Jamie» Connolly (1868-1957) fue un escritor y atleta estadounidense especializado en el triple salto. Connolly fue hijo de inmigrantes irlandeses de las islas de Aran. Se crio en Boston donde jugando en los parques en su infancia fue desarrollando la capacidad de correr, saltar y jugar a la pelota se hizo evidente su predisposición al deporte.

Estudió en la Academia de Notre Dame y luego en la escuela de gramática Mather y Lawrence, pero nunca fue a la escuela secundaria. Trabajó como empleado con una compañía de seguros en Boston y más tarde con el Cuerpo de Ejército de los Estados Unidos de Ingenieros en Savannah, Georgia.

La llamada a una reunión especial de la Asociación de Bibliotecas Católica (CLA) de Savannah en 1891, jugó un papel decisivo en la formación de un equipo de fútbol. Poco después, Connolly fue elegido capitán del Club Ciclista CLA y trató de promover el deporte en nombre de la Sabana Wheelmen. En octubre de 1895 cursó el ingreso a la Escuela Científica Lawrence y fue aceptado, sin condiciones para estudiar los clásicos en la Universidad de Harvard.

Después de la creación del Comité Olímpico Internacional en 1894, la primera edición moderna de los Juegos Olímpicos se programaron del el 6 a 15 de abril de 1896 en Atenas, Grecia. Connolly decidió participar, y presentó una solicitud de un permiso de ausencia al Presidente del Comité de la Universidad de Harvard sobre la regulación de los deportes atléticos y se le negó. Según el propio Connolly, se le informó que su único curso de acción sería renunciar y hacer una nueva solicitud al Colegio.

Connolly también asistió a los Juegos Olímpicos de Verano de 1904, pero esta vez fue como periodista, no como atleta. Anteriormente, ya había publicado sus cuentos de la Guerra Española-Estadounidense en el Boston Globe como Cartas desde el frente en Cuba. Sirvió allí en la novena infantería irlandesa de Massachusetts.

Connolly se convirtió en una autoridad en la escritura marítima, después de pasar años en muchos barcos diferentes, barcos de pesca, barcos militares en todo el mundo. En total, publicó más de 200 cuentos y 25 novelas. Por otra parte, en dos ocasiones se postuló para el Congreso de los Estados Unidos en el boleto del partido progresista, pero nunca fue elegido.

Nunca regresó a Harvard, pero recibió un suéter deportivo honorario en 1948. Un año más tarde, se le ofreció un doctorado honoris causa por la Universidad de Harvard, que él rechazó. Connolly murió en Brookline, Massachusetts a la edad de 88 años, el 20 de enero de 1957. Una colección de artículos relacionados con Connolly, incluyendo su medalla de oro (de plata en realidad) de triple salto, se encuentra en la biblioteca de la Universidad de Colby en Maine.

[Fuente: mundodeportivo.coom, Wikipedia]