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Mercado de Trajano, primer centro comercial de la historia (112)

Las numerosos tiendas del mercado de Trajano estaban distribuidas en distintos niveles. Resulta muy interesante perderse entre sus ruinas e imaginar el ambiente de la época. El carácter visionario de los romanos se pone de manifiesto en este edificio de seis plantas. Su planteamiento, un espacio cubierto que alberga distintos tipos de comercios, sigue absolutamente vigente.

La construcción se realizó entre los años 100 y 112 d.C. El arquitecto que la llevó a cabo fue Apolodoro de Damasco, de origen sirio, de máxima confianza del emperador. Fue el artífice de muchas de las grandes obras ejecutadas durante su mandato y, también, durante el periodo de Adriano, su hijo adoptivo y sucesor. La construcción, de ladrillo, con terrazas mirando hacia el foro, es una magnífica muestra de funcionalidad y bello equilibrio entre los elementos.

General y gobernante, a Marco Ulpio Trajano se le conoce como uno de los mejores emperadores romanos. El historiador Plinio el Joven lo denominaba en su tiempo “optimus princeps” y decía de él: “Trajano supo traer alegría a los romanos. Nos ordenó ser felices y lo seremos”. Diversos estudios sobre él inciden en sus elevadas aptitudes para la batalla y la gobernanza, pero también en su atención a las necesidades del pueblo. Tampoco se olvida su respeto a las mujeres, a las que no apartó de la política. Trajano, nacido en el año 53 en la ciudad de Itálica, en la Bética, muy cerca de la actual Sevilla, se diferenciaba de otros emperadores porque no heredó su cargo. No fueron las relaciones familiares sino sus méritos propios los que llevaron al emperador Nerva a nombrarlo su sucesor en el año 98.

Trajano logró unificar el imperio sobre las bases de una cultura y una vida civil comunes. Su propósito fue mejorar los territorios que conquistaba con edificaciones, calzadas, termas, puentes y puertos. El puente sobre el Danubio o el de Alcántara, en Extremadura, son parte de su legado. Las reformas sociales, la potenciación de infraestructuras y el respeto a las leyes caracterizan sus dos décadas de gobernanza. La extensión del comercio fue una de sus grandes motivaciones. Y también la construcción de edificios públicos en Roma, muchos de los cuales han llegado hasta el presente. El foro y el mercado de Trajano son algunos de ellos. Conocer los detalles de la vida del emperador, acceder a las fuentes de la Historia, enriquece la visita a todos estos lugares.

El área arqueológica que acoge el mercado de Trajano emergió en 1924, año en que Mussolini acometió la construcción de la avenida de los Foros Imperiales. En ese momento, salió a la luz todo un territorio que permanecía oculto por un conjunto de casas medievales y renacentistas. Restos de todas estas etapas se entremezclan hoy en el rico cruce de historias que es la ciudad de Roma.

El visitante que se acerca al primer centro comercial de la Historia, público y cubierto, comprueba que conserva buena parte de su estado original. La construcción, un gran edificio de forma simétrica y planta semicircular, fue obra del arquitecto Apolodoro de Damasco. Realizada en ladrillo, constaba de seis plantas con terraza. En las inferiores se ubicaban los distintos locales comerciales. Se vendían productos llegados de todas las partes del Imperio: sedas de Oriente, especias, frutas, pescado fresco… Las áreas superiores albergaban zonas de ocio como una biblioteca y las oficinas administrativas del emperador.

En la actualidad, el mercado de Trajano alberga el Museo de los Foros Imperiales. El visitante tiene la oportunidad de recorrer las distintas partes que han llegado hasta nuestros días del mercado, todo un laberinto. Y también disfrutar de distintas exposiciones que le permiten acercarse a las claves de la época clásica romana.

Los restos de los Foros Imperiales pueden admirarse desde la Via Alessandrina, pero la visita al museo permite realizar un auténtico viaje en el tiempo. Sus muestras, de carácter didáctico, utilizan maquetas, vídeos y paneles explicativos. A través de estos materiales se reconstruyen los foros y se da cuenta de las modificaciones que fueron sufriendo a lo largo de la Historia. En las ruinas del gran complejo se detectan las huellas de César, Augusto, Nerva y, por supuesto, Trajano. Todos ellos aportaron su impronta a los que fueron sus centros de acción política y administrativa.

Muy cerca de la plaza Venecia, andando por la vía del Foro Imperial, en dirección al Coliseo, nos encontramos con el foro de Trajano. Su construcción es conocida por la utilización del hormigón, que permitió su ejecución en un breve espacio de tiempo. Pero lo que hace especialmente singular este espacio es la famosa Columna Trajana, que se conserva en estupendas condiciones. Es un monumento de mármol de Carrara de 38 metros de altura. En su pedestal se guardó una urna con las cenizas de Trajano y su mujer, Plotina. La columna está decorada con un conjunto de 135 bajorrelieves en espiral para celebrar las victorias de Trajano en Dacia, la actual Rumanía, entre el 98 y el 105 d.C. En su día, esta columna formaba parte de la Basílica de Ulpia. Se dividía en cinco naves, sus paredes eran de mármol y las tejas de bronce dorado. Durante la Edad Media fue saqueada, por lo que apenas quedan de ella algunas columnas y parte del mármol del suelo. También en el foro de Trajano se encuentran las ruinas del templo que lleva su nombre, conocido como ‘templo de los divinos Trajano y Plotina’. Fue levantado en honor del emperador y de su esposa, tras la muerte de ambos, en el 117 y 124, respectivamente. A ellos quiso rendir homenaje Adriano, hijo adoptivo y sucesor.

Fue destruido durante la Edad Media y su localización entre las ruinas del foro ha sido muy reciente. Los estudios arqueológicos apuntan a una edificación de grandes proporciones. Estaba conformada por siete salas y columnas sobre altos pedestales que decoraban el área sagrada. Su forma podría haber sido muy similar a la del templo cercano de Antonio y Faustina que pudo servirle de modelo.

En 2017, con motivo de la conmemoración de 1.900 años de su muerte, se celebró una gran exposición en el Museo de los Foros Imperiales. Su título ‘Trajano, construir el imperio, crear Europa’, aludía a una característica muy destacada de su mandato, su cariz integrador. Este emperador contribuyó a engrandecer el Imperio y a dotarlo de un inmenso poder. Llegó a extenderse a lo largo de 6.5 millones de kilómetros cuadrados, englobando el actual territorio europeo. Pero, tras sus exitosas conquistas, la prioridad de Trajano no era destruir ni someter a otros pueblos sino integrarlos.

[Fuente: barcelo.com]

Constantino, primer emperador romano convertido al cristianismo (312)

El emperador Constantino I (ca. 280-337 d.C.) reinó durante una importante transición en el Imperio Romano, y mucho más. Su aceptación del cristianismo y el establecimiento de una capital oriental, que más tarde llevaría su nombre, marcaron su reinado como un importante punto de inflexión entre la historia antigua y la Edad Media. Su importancia y supremacía en su época fue tal que también ha pasado a la historia como Constantino el Grande.

El Imperio Romano en el que nació Constantino fue un mundo de caos y anarquía. Las guerras civiles, las invasiones y las enfermedades asolaban el imperio hasta tal punto que la época es considerada la Crisis del Siglo III. El emperador Diocleciano trató de poner orden distribuyendo el poder en una tetrarquía de cuatro gobernantes que gobernaría los cuatro barrios del imperio. El padre de Constantino, Constancio I, fue uno de estos gobernantes.

El plan de Diocleciano se vino abajo. Tras la muerte de su padre en el año 306 d.C., Constantino fue declarado emperador por los soldados de su padre. Pasó los siguientes 18 años luchando contra los otros tres gobernantes romanos (sus rivales) para convertirse en el único emperador.

La batalla del Puente Milvio, a las afueras de Roma, en el año 312 d.C., fue un momento decisivo para Constantino. Derrotó a un rival, su cuñado Majencio, y obtuvo el manto de emperador romano de Occidente. Pero aún más importante fue una revelación que experimentó antes de la batalla.

Según el biógrafo de Constantino, Eusebio, Constantino y sus fuerzas vieron una cruz de luz en el cielo, junto con unas palabras griegas que rezaban En Hoc Signo Vinces ['Con en este signo vencerás']. Esa noche, Constantino tuvo un sueño en el que Cristo reforzaba el mensaje. El emperador marcó el símbolo cristiano de la cruz en los escudos de sus soldados. Cuando triunfó en el Puente Milvio, atribuyó la victoria al dios de los cristianos. Los eruditos modernos aún debaten la historia y si la conversión de Constantino fue sincera o una maniobra política. En cualquier caso, en el año 313 d.C. Constantino se reunió con Licinio, el emperador oriental, y juntos promulgaron el Edicto de Milán. El edicto concedía "a los cristianos y a los demás plena autoridad para observar la religión que cada uno prefiriera".

Constantino asumió el control exclusivo del imperio en el año 324 d.C.. Roma, sin embargo, estaba perdiendo brillo para él. Las tensiones seguían siendo altas entre los paganos de la ciudad y el emperador cristiano. Además, desde un punto de vista militar, Constantino se dio cuenta de que sería más fácil defenderse de las amenazas del este y proteger el valioso territorio (y los graneros) de Egipto si trasladaba su capital a un lugar oriental más defendible. Abandonó Roma para construir una ciudad imperial que glorificara tanto su poder como su fe.

Constantinopla (actual Estambul), su capital, fue consagrada en 330 d.C.. Anteriormente conocida como Bizancio, había estado bajo control romano durante más de un siglo, pero Constantino la reconstruyó y amplió a escala monumental. Triplicó el tamaño de la ciudad existente y ofreció ciudadanía plena y pan gratis para animar a los hombres de rango a trasladarse allí con sus familias. Un gran palacio y unas imponentes salas legislativas establecieron la seriedad de la ciudad como nueva capital. Las iglesias empezaron a jalonar el horizonte; los cristianos eran bienvenidos y, en general, se toleraban otras creencias.

Cuando Constantino estableció su nueva capital, la ciudad que se llamaría Constantinopla había cambiado de manos varias veces entre superpotencias regionales. Darío I de Persia, la Liga Délica, los espartanos y Alejandro Magno habían gobernado el estratégico puerto conocido como Bizancio, en el Bósforo, un estrecho entre el Mar Negro y el Mar de Mármara. El emperador romano Septimio Severo destruyó la ciudad en 196 d.C. y reconstruyó una versión más grandiosa, que Constantino amplió para su Nueva Roma. La ciudad se convirtió en un próspero e importante centro de fe, poder, comercio y arquitectura. La emblemática Hagia Sophia fue construida por el emperador Justiniano en el siglo VI, el punto álgido de la gloria de Constantinopla.

La ascendente Constantinopla pronto eclipsó a Roma. El imperio occidental se fue desmoronando poco a poco hasta la caída de Roma en 476 d.C. Sin embargo, la capital de Constantino (y los cimientos cristianos que allí sentó para el imperio) siguieron prosperando durante casi 1000 años, bajo la bandera del Imperio bizantino. La ciudad refundada por Constantino fue una de las cortes más influyentes de la Europa cristiana hasta que pasó a ser controlada por los musulmanes en 1453. Tras esa conquista pasó a llamarse Estambul, como se la conoce hoy en día.

[Fuente: nationalgeographic.es]

Trajano, primer emperador romano "extranjero" (98)

Trajano ha pasado a la historia como uno de los mejores emperadores de Roma. Pero el conquistador de los dacios no nació en Roma, sino que fue el primer emperador romano de origen "extranjero", no solo porque vio la luz en Hispania, concretamente en la ciudad de Itálica (cerca de la actual Sevilla), en la provincia de la Bética, sino porque su familia era de ascendencia indígena; su caso fue típico del ascenso que en el siglo I d.C. vivieron los provinciales en el Imperio. Aunque no todo fue fácil.

Una fuente del siglo IV cuenta que Trajano era "natural de una ciudad turdetana", aunque no especifica cuál. Así, los historiadores han intentado desentrañar el enigma. Algunos han sugerido que esa misteriosa localidad podía ser Tuder, en Italia, pero la prestigiosa historiadora Alicia Canto cree que en realidad la fuente alude a la región de Turdetania, en la Andalucía occidental. Además, según los historiadores romanos Dion Casio y Herodiano, Trajano era un alloethnés y un externus: es decir, un hombre de otra raza y un extranjero.

De este modo, se cree que el linaje turdetano de los Trahii, o Traii, se integró en la ciudad de Itálica, cerca de la actual Sevilla, poco después de su fundación por los romanos en el año 205 a.C., junto a un enclave turdetano preexistente. En un pavimento de mosaico descubierto en el foro viejo de Itálica se menciona a un tal Marcus Trahius, que era pretor de la ciudad hacia 80 a.C., cuyo padre, llamado Gaius, ya era ciudadano romano. Tal vez se tratase del cuarto o quinto abuelo del emperador Trajano.

Trajano también estaba emparentado con los Ulpios, un linaje, este sí, procedente de Italia, que ya residía en Itálica en el año 143 a.C., en tiempos de la rebelión del caudillo lusitano Viriato. Los Ulpios, a su vez, estaban relacionados con otra familia itálica instalada en la ciudad, los Marcios. Según sigue contando la historiadora Alicia Canto, el padre de Trajano fue adoptado por un miembro de la gens Ulpia después de casarse con su hija y heredera; de ahí el nombre por el que se le conoce: Marco Ulpio Trajano.

Así, tal vez gracias al enlace con los Ulpios y a la fortuna heredada, el padre de Trajano se trasladó a Roma poco después del nacimiento de su hijo en Itálica, en el año 53 d.C. En la capital del Imperio, Marco Ulpio no tardaría en ser nombrado senador. Su caso no era raro; en aquella época muchos miembros del Senado eran de origen hispano o galo. Continuando con su fulgurante carrera, el padre del futuro emperador Trajano fue nombrado muy pronto pretor y procónsul de la Bética, su tierra natal.

Tiempo después, en los años 68-69 d.C., durante la crisis política que se desató tras el asesinato de Nerón, el padre de Trajano tomó partido por Vespasiano, un veterano general que resultó vencedor en la lucha por la sucesión del odiado emperador y fundó una nueva dinastía, la Flavia.

Gracias a ello, en los años siguientes Marco Ulpio recibió honores de todo tipo: fue elegido cónsul en el año 70, patricio y censor en 73 y, por último, procónsul de Asia en 79. En esta última misión le acompañó su hijo, que allí empezó su formación militar desempeñando el cargo de tribuno laticlavio (es decir, el jefe de una legión que solo tenía como superior al legado de la misma).

De este modo, gracias a la envidiable posición de su padre, Trajano pudo desarrollar una brillante carrera en el ejército romano. El joven desempeñó los cargos de cuestor y pretor bajo el gobierno de Domiciano (el hijo menor del fallecido Vespasiano), fue destinado a Hispania y en el año 89 marchó a la Germania Superior.

Su éxito en la defensa de ese territorio le hizo acreedor de un gran prestigio y Nerva, que fue nombrado emperador tras el asesinato del tiránico Domiciano, lo adoptó como heredero, una decisión en la que indudablemente tuvieron mucho que ver los aliados de Trajano en Roma, muchos de ellos de origen hispano. Así, tras la muerte de su padre adoptivo, Trajano finalmente se convertiría en emperador de los romanos en el año 98 d.C.

[Fuente: Carme Mayans para nationalgeographic.com.es]

César Augusto, primer emperador romano (27 a.C.)

Como primer emperador de Roma, Octavio o, como se le conoció desde el 27 a.C., César Augusto (63 a.C.-14 d.C.) es conocido sobre todo por haber iniciado la Pax Romana, un periodo de dos siglos en gran medida pacífico en el que Roma impuso el orden en un mundo durante mucho tiempo convulsionado por los conflictos. Sin embargo, su ascenso al poder fue todo menos pacífico.

Nacido bajo el nombre de Cayo Octavio (Gaius Octavius), Augusto era miembro de una rama ecuestre antigua y acaudalada de la plebeya gens Octavia. Octavio sólo tenía 18 años cuando su tío abuelo Julio César le nombró heredero. Tras el asesinato de César, Octavio forjó una alianza con Marco Antonio, famoso general de César, y Marco Emilio Lépido. Juntos eliminaron a sus oponentes políticos. Antonio persiguió a los asesinos de César hasta Grecia y los derrotó en Filipos en el 42 a.C.

Desde Grecia, Antonio gobernó las ricas provincias orientales de Roma. Pero Octavio y Antonio pasaron de ser aliados a adversarios. Antonio inició un escandaloso romance con la reina Cleopatra de Egipto. Tuvo hijos con Cleopatra y reconoció al hijo de Julio César, Cesarión, como el verdadero heredero de César, desafiando la pretensión de Octavio.

Aunque sedujo a dos de los hombres más poderosos de Roma, Cleopatra, temida monarca, era mucho más que una cara bonita. Por sus antepasados ptolemaicos, Cleopatra era griega, y su capital, Alejandría, era el epítome del helenismo. Hablaba griego, pero demostraba sus raíces egipcias aprendiendo la lengua local y adorando a los dioses egipcios.

Cleopatra sedujo a Julio César para que le ayudara a reclamar el trono a su hermano Ptolomeo XIII. Tras el asesinato de César, cortejó al poder romano con Marco Antonio. Pero el emperador Octavio puso fin a su romance. El suicidio de Cleopatra en el año 30 a.C. (al parecer por mordedura de serpiente) marcó el fin de la era ptolemaica en Egipto, pero el comienzo de una obsesión duradera por la reina de las fábulas.

Al regresar triunfante a Roma, Octavio añadió el título de Augusto (que significa "sagrado" o "exaltado") a su apellido adoptivo, César, y se convirtió en imperator vitalicio. El vasto Imperio Romano, durante mucho tiempo disputado por cónsules y generales, estaba ahora firmemente en manos de un emperador: Augusto César.

Al igual que Darío I de Persia, Augusto era un genio de la organización; sus logros administrativos superaban sus hazañas militares. Calmó a los ciudadanos temerosos de la tiranía preservando las instituciones de la república, incluido el Senado. Incorporó senadores de toda Italia y les facultó para nombrar procónsules independientes que gobernaran las provincias romanas. Sin embargo, Augusto mantuvo su autoridad sobre el Senado y ejerció su poder de veto. La fuente última del poder de Augusto César era el ejército. Con toda confianza, redujo a la mitad el número de legiones y asentó a los veteranos en colonias, lo que ayudó a romanizar provincias lejanas y a consolidar el Imperio.

A pesar de las batallas en Alemania y otras regiones conflictivas, Augusto inició una era tranquila conocida como la Pax Romana que se mantuvo durante generaciones. En lugar del conflicto, Roma imponía ahora el orden. Las tierras saqueadas por las tropas romanas se convirtieron en provincias dóciles, sujetas a impuestos, pero a salvo de la devastación a menos que se rebelaran. El comercio floreció. Las ciudades prosperaron cuando Augusto y sus sucesores construyeron carreteras, acueductos, baños y anfiteatros para entretener a las masas. La ingeniería romana urbanizó las ciudades provinciales, ayudando a transformar a los súbditos conquistados en complacientes ciudadanos romanos. Un buen ejemplo de este desarrollo es la ciudad de Mérida (Badajoz; Extremadura), que en época romana se llamaba Emerita Augusta, en honor al primer emperador de Roma.

Cuando Augusto murió en el año 14 d.C., siguió los pasos de su tío abuelo por última vez. Por sus enormes contribuciones a Roma, se ganó el título póstumo de Divino Augusto.

[Fuente: nationalgeographic.es]