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El primer coche matriculado en España, un cuadriciclo marca Clement en Palma de Mallorca (1900)

El primer coche que se matriculó en España fue un cuadriciclo de la marca Clement y su propietario era José Sureda Fuentes. La historia del automóvil está plagada de datos y anécdotas, y quizá uno de los aspectos más curiosos sea saber cuál fue la primera matriculación en cada una de las provincias de España. Fecha exacta, marca, modelo, tipo de vehículo y nombre del propietario.

Según consta en los archivos de la DGT, José Sureda Fuentes inauguró el registro de matriculaciones en Mallorca, concretamente en la población de Santa Catalina, el 31 de octubre de 1900. Su cuadriciclo Clement fue el primer coche que recibió placa de matrícula en nuestro país. que rezaba PM-1

También en 1900 se matricularon otros dos vehículos en España. Un triciclo Clement el 18 de noviembre de 1900 en Plasencia (Cáceres), cuyo titular era Fabián Muñoz Serván, y un Tourneau tipo 'doble faetón' en Salamanca, el 7 de diciembre, a nombre de José Gordillo. Las matrículas provinciales de Madrid y Barcelona no llegaron hasta 1907. Resulta igual de curioso consultar otros datos, como cuáles fueron los primeros vehículos matriculados en Madrid y Barcelona, las dos provincias que actualmente marcan el ritmo de matriculaciones más alto mes a mes.

El primer coche matriculado en Barcelona quedó registrado el 3 de agosto de 1907. Se trataba de un turismo de la marca Berliet, y estaba a nombre de Ruperto Garriga Miranda.

En 1915, esa matrícula se reutilizó en un Hispano Suiza, del cual hay numerosas fotos. En aquella época las matrículas quedaban vinculadas a su titular, y no al vehículo. Quizá por esa razón hay quien cree que ese fue el primer coche con matrícula de Barcelona, aunque realmente no es así.

El primer vehículo con matrícula de Madrid data del 19 de agosto de 1907, era un turismo Panhard y estaba a nombre de Valentín de Céspedes.

[Fuente: motorpasion.com]

Dernburg-Wagen, el primer todoterreno de la historia (1907)

Daimler-Motoren-Gesellschaft (DMG) fue pionera en la creación de un vehículo para pasajeros con tracción a las cuatro ruedas. Fue en 1907, a petición del político alemán Bernhard Dernburg, destinado en la colonia alemana de África Suroccidental. Pero este proyecto no surgió de la nada; años atrás, en 1903, Paul Daimler, hijo del prestigioso Gottlieb Daimler que creó el motor de cuatro tiempos y patentó la primera motocicleta, sentó las bases de lo que podemos considerar el primer todocamino de la historia con la construcción de algunos vehículos comerciales con sistemas de tracción total.

Una idea era clara: DMG quería conseguir con su modelo la fiabilidad de un vehículo que pudiese soportar largas distancias por superficies abruptas, además de ofrecer una flexibilidad tanto para el desierto africano como para su uso diario.

Estaba equipado con una carrocería que le permitía tener dos plazas delanteras en el banco del chófer y cinco asientos en la parte trasera. Estos últimos contaban en sus lados con las únicas puertas del vehículo, con enormes pasos y estribos laterales para facilitar el acceso al interior, dada la altura de entrada (alrededor de un metro). Para el techo del novedoso automóvil se empleó una rudimentaria sombrilla fijada en ocho puntos a la carrocería. Además del maletero posterior, la parte superior contaba con un portaequipajes protegido con una lona para bultos extra.

Paul Daimler fue especialmente escrupuloso en los detalles del vehículo a la hora de concebirlo, sobre todo en cuanto a los problemas que surgían para rodar por la arena del desierto. Ésta se mostraba muy perjudicial especialmente para el motor y otros elementos sensibles, como los diferenciales, por lo que engrasó todas las articulaciones con el fin de evitar problemas, salvo en el frontal del coche. Para esta parte ingenió una funda robusta con el fin de evitar que la fina arena y los fuertes vientos estropeasen el propulsor. Sin embargo, el artilugio hacía limitar el ángulo de giro máximo del vehículo a unos escasos 23 grados, aunque esta carencia quedaba algo mitigada, ya que las ruedas traseras también eran directrices.

También pensando en los problemas generados por la arena, protegió las ruedas sustituyendo los habituales radios de la época por unas revolucionarias llantas de acero, mucho menos críticas a la hora de avanzar cuando el vehículo quedaba hundido en la arena. En ente sentido, también incorporó ruedas con neumáticos y cámaras independientes, frente a las habituales ruedas de goma maciza. La razón era ayudar a las ballestas de la suspensión a soportar las tres toneladas y media del vehículo. Además, la válvula de la cámara se ubicó en la parte interior de la rueda para evitar que se dañara al circular por los abruptos terrenos africanos, carentes de cualquier tipo de infraestructura viaria.

Una vez construido el vehículo, éste fue sometido a un duro programa de pruebas en el que recorrió más de 1.600 kilómetros a través de Alemania por terrenos rocosos, embarrados o incluso arados. Una de las pruebas consistió en meter el coche en un cajón con arena y en pendiente (como si se tratara de una duna), hundido hasta los ejes. Finalmente, tras superar con éxito los tests, en 1908 el vehículo fue enviado a bordo del navío Kedive a la ciudad de Swakopmund, donde sería puesto a disposición personal de Bernhard Dernburg para su uso en la colonia alemana durante los dos años siguientes. Cabe destacar que el precio pagado por el vehículo en la época fue de 34.750 marcos; convertidos a euros y teniendo en cuenta la inflación de estos últimos 102 años, vendrían a suponer unos 125.500 euros de hoy. Más o menos, lo que cuesta un Range Rover Supercharged o un Porsche Cayenne Turbo.

El vehículo llegó acompañado de un chófer facilitado por Daimler, que además se encargaba del mantenimiento y la reparación del vehículo. De hecho, Paul Ritter (así se llamaba este empleado de DMG) hubo de viajar varias veces a la fábrica de Berlín para adquirir los repuestos necesarios para el vehículo. A pesar del satisfactorio rendimiento del Daimler Dernburg, del que dan fe varios testimonios escritos de la época, en los 10.000 kilómetros recorridos hasta 1910 consumió nada menos que 36 neumáticos y 27 cámaras, lo que significa que destrozaba un neumático cada 278 kilómetros y una cámara cada 370.

Tras el cambio de destino de Bernhard Dernburg, que implicó su salida de la colonia alemana en 1909, el automóvil siguió bajo el cuidado de Paul Ritter, aunque pasó a depender, como el propio Ritter, del cuerpo de policía colonial. Su uso está pefectamente documentado hasta 1910, incluso hay constancia de que se propuso convertirlo en tracción trasera para reducir sus gastos de mantenimiento, aunque no podemos saber si se llevó a cabo la transformación. Después de esta fecha nada se conoce del paradero de este primigenio 4×4, aunque sí sabemos que su «cuidador», Paul Ritter, estuvo en la colonia hasta 1919, fecha en la que volvió a Alemania para incorporarse de nuevo a su trabajo en la fábrica de Daimler Motoren Gesellschaft.

Los detalles introducidos por Paul Daimler, principal responsable del diseño del vehículo, hicieron del Dernburg Wagen un todocamino con todos los honores. Fue construido de una sola pieza en la fábrica Marienfelde, en Berlín (1907), basándose en el chasis de un modelo comercial de la misma firma desarrollado en 1903.

El vehículo tenía una distancia entre ejes de cuatro metros y un ancho de vías de 1,42, para un peso de más de 3.500 kilos. El conjunto debía ser desplazado por un propulsor de 6,8 litros que rendía unos modestos 35 CV. Pensando en el clima tropical bajo el que debía prestar servicio esta mecánica, se diseñó un sistema de refrigeración sobredimensionado que poseía un circuito de 140 litros y un radiador suplementario.

Aparte del sistema de tracción total que los distinguía, en el Dernburg Wagen se trabajó en un sellado específico para impedir la entrada de arena en elementos sensibles como los diferenciales, así como un sistema de engrase que protegiera los órganos mecánicos. Un elemento tan vulnerable como la caja de cambios fue provisto de una gruesa chapa de protección en acero, para evitar que se dañara al circular por África.

Pese a garantizar el avance bajo cualquier circunstancia, el Dernburg Wagen no podía presumir de registros brillantes en lo que se refiere a prestaciones y consumos, debido al hándicap que suponía su elevada tara. Así, el modelo germano era capaz de desarrollar una velocidad máxima de 40 km/h, con un consumo medio de 25 litros cada 100 km, con lo que la autonomía también quedaba comprometida.ble para haber sido conservada en un museo.

Paul Daimler (1869-1945) fue hijo de Gottlieb Daimler. Siguió los pasos de su padre al convertirse a los 26 años en ingeniero. Tras la muerte de su progenitor, Paul le sucedió en la dirección de la empresa familiar Daimler-Motoren-Gesellschaft y fue responsable de muchos de los diseños de la marca hasta que cesó en el cargo en 1923, fecha en la que fue sustituido por Ferdinand Porsche (creador de la firma Porsche en 1948). Tras la difícil situación económica y el gran número de fabricantes de automóviles, se recurre en 1926 a la colaboración entre las compañías Daimler y Benz, dando origen a Daimler-Benz.

Por su parte, Bernhard Dernburg (1835-1937) fue un político liberal alemán y banquero, fue destinado a la Secretaría de Asuntos Coloniales y jefe de la Oficina Colonial Imperial en la antigua colonia alemana del Sudoeste de África de 1907 a 1910. Hijo del entonces famoso editor y político Dernburg Friedrich, se centró en la banca y posteriormente en la política, su gran objetivo. Tras la Primera Guerra Mundial, co-fundó el Partido Democrático Alemán y fue miembro de su Consejo Nacional, para más adelante ser elegido en la Asamblea Nacional de Weimar. Su cargo más importante lo alcanzó en 1919, cuando trabajó en el gabinete de Philipp Scheidemann como ministro Federal de Finanzas y vicecanciller alemán.

[Fuente: autofacil.es]

La Cuadra, la primera fábrica de automóviles de España (1899)

La Cuadra fue la primera marca que fabricó automóviles en España entre los años 1899 y 1901. Fue además una de las primeras empresas que fabricó automóviles con las cuatro ruedas del mismo tamaño. Fundada por Emilio de la Cuadra, el propósito de la empresa era el comercio de los vehículos producidos por Benz & Cie y, también, construir sus propios coches con propulsión eléctrica, ámbito en el cual tenían experiencia tanto De la Cuadra, que fuera poseedor de una central eléctrica, como su socio, el fabricante de acumuladores e ingeniero de origen suizo Carlos Vellino.

Aunque La Cuadra es reconocida como la primera marca española de fabricación de automóviles, no hay que olvidar que en 1889 Francesc Bonet Dalmau patentó y fabricó un vehículo de 3 ruedas al que se le denominó «Bonet», pero que nunca se inscribió como marca.

La empresa de automóviles La Cuadra fue fundada por el militar Emilio de la Cuadra Albiol en septiembre de 1898 en Barcelona, en la calle Diputación esquina paseo de San Juan con el nombre de Compañía General Española de Coches Automóviles E. de la Cuadra, Sociedad en Comandita; para la fundación de la compañía, De la Cuadra contó con el apoyo financiero de su suegro, Joaquín Escrivé de Romaní.

La idea de la fabricación de automóviles, le sobrevino a Emilio de la Cuadra tras la visita a la Exposición Universal de París en 1889, donde quedó fascinado por el prometedor futuro del mundo del automóvil. En sus inicios, La Cuadra optó por la fabricación de vehículos a propulsión eléctrica, ya que Francesc Bonet —que también acudió a la Exposición de 1889 en París— había obtenido la exclusiva para la producción de vehículos con motor de explosión en el año 1894.

La Cuadra inició la construcción de prototipos de un camión, un ómnibus y un coche, todos ellos con motor eléctrico y que posteriormente fueron desguazados debido a que sus baterías eléctricas se agotaban con extrema rapidez debido al peso de los vehículos. Con posterioridad se probó a instalar un motor de explosión accionado por un grupo electrógeno que debía recargar sus baterías, pero el invento tampoco funcionó, por lo que en 1899 se optó por desarrollar el motor de explosión.

Debido al alto coste de sus proyectos, uno de los colaboradores de La Cuadra, el ingeniero suizo Charles Vélino (más conocido como Carlos Vellino), propuso contratar a otro joven ingeniero suizo de 21 años llamado Marc Birkigt —que se presentó en la empresa en agosto de 1899— y asociarse con la empresa Roereche y Compañía —que era el agente en España de la marca alemana Benz—. Además de Vellino y Birkigt, trabajó también en La Cuadra Domingo Támaro, un piloto de la marina mercante y aficionado a los automóviles. La empresa comenzó a funcionar, pero no así sus vehículos, ya que los automóviles eléctricos diseñados no funcionaban más de 4 o 5 kilómetros sin que se agotaran las baterías y se quedasen parados.

En aquellos momentos, el principal problema de la empresa era el ómnibus, ya que en aquel momento ya disponían de un pedido por parte del Hotel Oriente de Las Ramblas (Barcelona), que necesitaba ese vehículo para ir a recoger a sus clientes a la Estación de Francia. Según el proyecto, el ómnibus debía ser un lujoso carruaje con los mejores detalles y capaz de transportar a 20 personas. El vehículo debía tener unas dimensiones de 5,5 m de longitud, 2,2 m de anchura y 3 m de altura. Asimismo debía estar equipado con cortinillas en los cristales, redes para alojar pequeños objetos, alumbrado eléctrico tanto en el interior como en el exterior y un espacio cubierto con capacidad para 500 kg de carga de equipaje. El vehículo, de casi 7 tn de peso, debía ser movido por dos motores eléctricos de 15 Kilovatios cada uno con una potencia total de 43 cv, que debía ser suficiente para que el vehículo alcanzase los 20 km/h y superase pendientes de hasta el 12%.

Según los cálculos de los ingenieros de la compañía, el ómnibus podría venderse a un precio de 30.000 pesetas, lo que dejaría unos interesantes beneficios para la empresa. Pero lo que en su diseño parecía sencillo, en la práctica se complicó. El acumulador eléctrico diseñado por Carlos Vellino no funcionaba, los plazos transcurrían y los gastos crecían. A partir de entonces el joven ingeniero Marc Birkigt se hizo cargo del proyecto optando por montar baterías convencionales, asumiendo el riesgo de aumento de peso en el vehículo y su consabida disminución de prestaciones sobre lo proyectado.

En agosto de 1900, se decidió presentar oficialmente a la prensa el ómnibus en el exterior de las instalaciones de la empresa, programando un viaje hasta la ciudad de Vich, distante unos 67 kilómetros de Barcelona. El ómnibus arrancó, salió de la fábrica, recorrió unos metros y desgraciadamente se paró, para desesperación de sus constructores. Tras muchos esfuerzos, no se consiguió volver a poner en marcha el vehículo y tuvo que ser remolcado para devolverlo a la factoría. Este fracaso provocó el cese de Vellino como director técnico de la empresa, y el nombramiento en su lugar de Marc Birkigt. Se abandonaron todos los proyectos relacionados con motores eléctricos, centrándose a partir de entonces en la construcción de vehículos con motor de explosión. El destino final del ómnibus eléctrico acabó en tragedia; el vehículo se calcinó junto al barco que lo transportaba rumbo a Valencia.

Una vez asumida la dirección técnica por Marc Birkigt, se comenzó el diseño de automóviles con motor de explosión. Se diseñaron dos motores, ambos de dos cilindros con 4,5 y 7,5 HP respectivamente, con la idea de fabricar una serie de 6 vehículos en total. El primer ejemplar con motor de 4,5 caballos ganó una carrera siendo pilotado por Stahel, por lo que se comenzó la construcción de las 6 unidades pensadas. A mediados de 1901 los nuevos vehículos —denominados Centauro— ya estaban listos.

Debido a la huelga general de mayo de 1901 y a que las arcas de la empresa ya estaban muy mermadas, la compañía se vio obligada a presentar suspensión de pagos en noviembre de ese año. Además, la venta de vehículos Benz no funcionaba, debido a sus complejidades en técnica y conducción, y aunque con los nuevos motores de explosión los coches La Cuadra funcionaban con corrección, la necesidad de mayores inversiones para la construcción de los mismos hacía imposible la continuidad de la empresa. Tras la bancarrota de la compañía, Emilio de la Cuadra, promotor de las ideas y de la empresa, se reintegró al ejército, de donde procedía antes de la aventura, olvidándose de las iniciativas empresariales.

Los autos sin terminar, maquinaria y utillajes fueron comprados por José María Castro —uno de los principales acreedores— que posteriormente creó la marca Castro. Tras la bancarrota de Castro, el ingeniero suizo Marc Birkigt creó junto a Damián Mateu la mítica empresa de automóviles Hispano-Suiza.

De la serie de seis automóviles que se preveía fabricar en La Cuadra, se desconoce cuantos fueron los que finalmente se construyeron,2​ pero existen datos sobre algunos ejemplares:

- Uno de los primeros coches fue vendido al empresario catalán Francisco Seix (uno de los fundadores de Hispano-Suiza), que era propulsado por el primer motor de 4,5 HP, y se sabe que fue conducido por su dueño con excelentes resultados.
- Otro La Cuadra fue el primer vehículo que se matriculó en la provincia de Lérida, a nombre de Juan Pellisó.
- Otro coche, propulsado por un motor de dos cilindros en paralelo con 1106 cc y una potencia de 7,5 HP —el segundo motor diseñado por Birkigt—, se matriculó en la provincia de Soria con la matrícula SO-2 y ha llegado hasta el presente. En los años 1920 Miguel Mateu (hijo de Damián Mateu) vio este ejemplar en una romería en un pueblo de Soria y lo compró. No solamente se ha conservado en buen estado hasta el presente, sino que también ha participado en el Rally de Sitges. Este vehículo sigue siendo propiedad de la familia Mateu, y es el único automóvil La Cuadra que ha sobrevivido.

[Fuente: Wikipedia]

Giuseppe Farina, primer campeón mundial de Fórmula I (1950)

El 3 de septiembre de 1950, Giuseppe 'Nino' Farina se convirtió en el primer piloto que ganó el Mundial de Fórmula 1, en el primer campeón de la historia.

Comenzaba septiembre y acababa la primera temporada oficial del Mundial de Fórmula 1, creado en 1950. Silverstone fue el circuito que acogió el estreno y Monza echaría el telón de un campeonato con siete carreras donde Alfa Romeo aplastó a todos sus rivales.

Como compañeros en esa marca, el argentino Juan Manuel Fangio y los italianos Luigi Fagioli y Giuseppe Farina completaban un trío de pilotos que dominaron desde el principio y que acabaron copando las tres primeras posiciones del campeonato. Fangio y Farina lograron tres victorias cada uno, dando a la firma de Milán un 100% de triunfos en carreras disputadas, ya que la otra cita de la temporada, las 500 Millas de Indianápolis, no la disputaron pilotos europeos.

Fangio llegaba en cabeza a la prueba definitiva, la que se celebraba en Italia, sacando cuatro puntos a Farina y dos a Fagioli, quien pese a no lograr victorias estaba segundo. En esa época de la Fórmula 1, el ganador de la carrera sumaba 8 puntos; el segundo, 6; el tercero, 4; el cuarto, 3; el quinto, 2, y el piloto que lograba la vuelta rápida, 1.

El argentino Fangio había conseguido la pole por delante del Ferrari de Alberto Ascari y de Nino Farina, pero al final de la primera vuelta este último ya estaba en cabeza, con Ascari escoltándole y Fangio siendo tercero. La válvula del motor Ferrari del 375F1 de Ascari se rompió en la vuelta 20, aunque luego se reincorporaría con el coche de Dorino Serafini.

La primera desgracia para Fangio llegaría en la 24, cuando falló su caja de cambios. Pudo reincorporarse con el Alfa Romeo de su compañero Piero Taruffi, como permitía el reglamento, y se situó segundo, con el título de cara. Pero de nuevo en la 34 tuvo un problema de motor y su segundo abandono fue definitivo. Eso dejó vía libre a Farina, que no cedió el liderato de carrera y cruzó la bandera a cuadros convirtiéndose en el primer campeón del mundo.

En sus memorias, Fangio mostró su sospecha de que su escudería, italiana, apoyaba la victoria de Farina, al que habrían dado un coche más potente. El Chueco se 'vengó' ganando el Mundial de 1951 (también con Alfa Romeo), y luego acumularía otras cuatro coronas, logrando un récord que hasta ahora solo han superado Michael Schumacher y Lewis Hamilton.

Pero el honor de ser el primero de la historia, el que estrenó el palmarés de la máxima categoría, fue para Farina, que no volvería a coronarse pero quedaría como el primer campeón del mundo de la F1.

[Fuente: es.motorsport.com]

Primer coche de la historia: Benz Patent-MotorWagen (1886)

El 29 de enero de 1886 se patentó el primer coche de la Historia. Antes, había habido muchos intentos de hacer algo similar, pero el Benz Patent-MotorWagen de Karl Benz fue el primer automóvil con motor de combustión. Su invento cambió como ningún otro la vida de las personas en el siglo XX y todavía tiene mucho que decir en presente y en el futuro.

Si Karl Benz hubiera sido consciente de que el humilde y descriptivo nombre que le pondría al primer coche de la Historia, que ya ha cumplido 130 años, a lo mejor habría elegido algo con más gancho para el mercado. Y es que el ingeniero firmó la solicitud de una de sus patentes bajo el nombre de 'Fahrzeug mit gasmotorenbetrieb' (literalmente, “cosa con ruedas y motor de gasolina”), seguiría siendo empleado para llamar a su invento 130 años después por los cerca de 100 millones de personas que hablan alemán, quizá habría preferido ponerle “Benzmovil” o algo así.

Pero no era el señor Benz de los que perdieran el tiempo pensando en esta clase de cosas. Se pasó toda la vida encerrado en su taller de Mannheim, la segunda ciudad más importante del estado de alemán de Baden-Wurtemberg, evolucionando la idea de su “cosa rodante y con motor” que hoy conocemos como el primer automóvil de la Historia y, por supuesto, también el primer Mercedes-Benz. De hecho, ya había construido, durante el verano de 1885, una primera versión de este triciclo con motor, que desarmó ante la gran cantidad de problemas técnicos que presentaba. También desmontó Karl este primer coche patentado de la Historia, ya que necesitaba el motor para impulsar con él una máquina en su taller.

Por fortuna, también conservó las piezas originales del primer automóvil de la historia, lo que permitió su recuperación hacia inicios del pasado siglo. En 1906, esta unidad fue enviada al primer Museo de Ingeniería, que se abrió en Múnich, en el que hoy es uno de los principales atractivos para sus visitantes. Pocos saben que el invento de Karl Benz no tuvo tanto éxito al principio y que fue gracias a su mujer que se dio a conocer. De hecho, Bertha Benz, al atreverse a hacer el primer viaje en coche de todos los tiempos se convirtió en el primer conductor de la historia, que fue conductora, una mujer, aplastante argumento en contra de esos idiotas a los que gusta meterse con las conductaras solo por serlo.

De manera casi simultánea a los primeros pasos de Benz hacia el automóvil y, por casualidad, no muy lejos de Mannheim, -exactamente a 120 kilómetros, en Cannstatt, a las afueras de Stuttgart- había otro par de geniales inventores obsesionados con la misma idea. Si Karl Benz presentó su patente el 29 de enero de 1886, en agosto de 1885, Gotlieb Daimler, ayudado por Wilhelm Maybach, había creado el primer automóvil con motor de combustión de la historia. Siempre que consideremos la palabra “auto-móvil” en su más amplia acepción.

Daimler y Maybach tenían amplios conocimientos acerca del motor de combustión interna, que habían adquirido de su etapa en la compañía Gasmotoren Fabrik, de Nikolaus August Otto. Antes incluso de que Gottlieb abandonara la firma del inventor del primer coche de todos los tiempos, ya había firmado un contrato personal con Maybach para que le ayudara a desarrollar su proyecto. Ambos ingenieros, al igual que Karl Benz, estaban empeñados en demostrar que este nuevo sistema era apto para impulsar un vehículo que transportara personas y mercancías. Y lo consiguieron, independientemente y sin tener conocimiento de sus mutuos esfuerzos. Ni siquiera llegaron a conocerse.

El primer vehículo patentado por Karl Benz es considerado el primer coche por la gran cantidad de inventos incorporados en su diseño y que constituyen el ADN del automóvil. Muchos de ellos, como el chasis tubular, fueron importados de la fabricación de bicicletas. Otros, como la dirección por un eje pivotante, fueron desarrollados por él mismo. El motor de cuatro tiempos tenía una relación de compresión de 3:1, podía girar hasta a 450 rpm y entregaba 3 CV de potencia. Mediante un mecanismo de piñones helicoidales, se seleccionaba entre dos marchas tirando de una polea. Karl Benz siguió construyendo nuevas versiones de su automóvil. El tercero, del que se fabricaron 25 unidades, es considerado el primer coche de producción. Uno de ellos se conserva en el Museo de Ciencia de Londres.

[Fuente: autobild.es]