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Rodrigo de Triana, primer marinero que avistó el Nuevo Mundo (1492)

Fue un día que cambió el mundo por completo. La madrugada del 12 de octubre de 1492 un grumete que ejercía de vigía de la Pinta, una de las famosas carabelas de Colón, dio el esperado aviso: ¡Tierra! Pero, ¿fue reconocido, premiado o recordado?

La respuesta es tan trágica como sorprendente: no. Fue la primera persona a bordo de las carabelas en avistar el Nuevo Mundo pero su vida acabaría repleta de frustración y sintiéndose traicionado por la historia que ayudó a escribir, el de la unión de dos mundos.

Rodrigo de Triana (aunque su verdadero nombre era Juan Rodríguez Bermejo) es, según los historiadores, el vigía de la carabela la Pinta que cambió el rumbo de la humanidad con ese primer grito avistando tierra. Se trataba de un joven marinero nacido probablemente en Sevilla (aunque algunas fuentes lo sitúan en Lepe, Huelva) cuyo apodo “de Triana” provenía del barrio sevillano homónimo, cuna de marineros y gitanos, desde donde partieron numerosos navegantes en busca de fortuna.

Rodrigo procedía de una familia humilde, pero si bien comenzó sus días como grumete, su excelente vista y su habilidad como vigía le convirtieron en los ojos principales de la flota de la Pinta capitaneada por Martín Alonso Pinzón.

Así fue. Después de más de dos meses de navegación un tanto incierta y con la moral de la tripulación por los suelos, Rodrigo, que se encontraba en la cofa de la Pinta en la madrugada del 12 de octubre de 1492, divisó una silueta en el horizonte: se trataba de una isla del archipiélago de las Bahamas, que Colón bautizaría posteriormente como San Salvador. Con voz temblorosa pero firme, gritó extasiado: “¡Tierra!”; un grito que no solo confirmaría que el viaje no había sido en vano, sino que algo nuevo estaba a punto de comenzar.

Según las capitulaciones firmadas por los Reyes Católicos, quien primero divisara tierra recibiría una recompensa de 10.000 maravedíes. Pero en este caso, el propio Colón le arrebató tanto el mérito como el dinero, afirmando que él mismo había visto luces la noche anterior. Rodrigo de Triana se quedó sin nada; sin honores y sin su recompensa.

Como explica el historiador José M. Huidobro, en los diarios de Colón prácticamente ni se menciona al vigía, y en la documentación oficial del viaje, su nombre aparece como una nota marginal. Fue ignorado y desplazado, algo que marcaría el destino del joven marinero.

Se dice que, resentido, abandonó España y se enroló en expediciones extranjeras. Incluso se sostiene que acabó en el norte de África, combatiendo bajo pabellones islámicos, renegando del cristianismo y todo lo que tenía que ver con él, incluyendo el reino que lo vio nacer y que lo traicionó.

Su historia quizá no es tan ajena si tenemos en cuenta que su vida como la de tantos marineros del siglo XV; dura, incierta, y casi siempre anónima. Su participación en la expedición colombina fue excepcional, pero a todas luces jamás le garantizó fortuna ni prestigio. En una época en la que el linaje y las influencias de poder eran las que mandaban, su olvido era consecuente con la época.

Años más tarde, Rodrigo participó en la expedición de García Jofre de Loaysa en 1525, destinada a colonizar las Islas Molucas (las “Islas de las Especias”). En esta compañía aparece firmando con un nombre diferente, como Juan Rodríguez Bermejo ejerciendo de piloto de la nao Santa María de la Victoria.

Pero el destino fue cruel: la expedición fue un desastre a causa de las enfermedades (como el escorbuto), el hambre y las tormentas que diezmaron a la tripulación. El propio Rodrigo, que como vigía no tuvo, precio, acabó falleciendo el 24 de junio de 1526, sin conseguir alcanzar tierras asiáticas o sus esperadas islas de las Molucas.

A pesar de ese olvido oficial, la historia de Rodrigo de Triana ha sobrevivido y existen muchos monumentos, calles, escuelas... que llevan su nombre. Fue un héroe sin gloria que hizo posible una de las grandes epopeyas de la humanidad.

[Fuente: Sarah Romero para historia.nationalgeographic.com.es]

Vasco de Gama, primero en llegar a la India bordeando la costa africana: Ruta de las Especias (1497)

El navegante portugués Vasco de Gama fue el primer europeo en llegar a la India por la ruta que rodea África. La conocida como Ruta de las Especias fue esencial para la expansión colonial y mercantil de Portugal, que se convertiría en una gran potencia naval y comercial a lo largo del siglo XV.

Comparado por muchos historiadores con navegantes de la talla de Cristóbal Colón o Fernando de Magallanes, el portugués Vasco da Gama ha pasado a la historia por abrir una ruta hacía Asia conocida como la Ruta de las Especias y por ser el fundador de diversas colonias en las costas del continente africano. Después de su primer viaje a la India, Vasco de Gama realizó dos viajes más. En el transcurso de su tercer y último, el navegante murió en Cochin, en el sur del subcontinente, el 24 de diciembre de 1524, a los 60 años de edad, posiblemente a causa de la malaria y siendo en aquel momento virrey de la India.

Por aquel entonces, especias como el clavo, el jengibre, la pimienta o la canela eran consideradas muy útiles, y no sólo para conservar los alimentos y dotarlos de sabor, sino también como signo de riqueza y prosperidad. Todos los mercaderes estaban dispuestos a recorrer medio mundo jugándose la vida para traer a Europa esos preciados bienes de la India. Pero aparte de peligrosos, estos viajes eran muy caros: los barcos tenían que pagar impuestos muy elevados en las ciudades donde hacían escala, con lo que el precio final del producto era aún más alto. Pero en 1453 sucedió un acontecimiento que supondría una catástrofe para el comercio europeo. Constantinopla, una ciudad clave en la ruta de las especias, fue conquistada por el sultán Mehmed II, pasando a manos otomanas el control de las rutas hacia la India y la China.

En vista de los acontecimientos, el rey de Portugal, Manuel I el Afortunado, estaba decidido a encontrar una ruta alternativa que bordeara el continente africano para llegar hasta Oriente. Mandó pues a sus mejores capitanes y marinos a encontrar dicha ruta, pero una y otra vez fracasaban en el intento. La mayoría de barcos y sus tripulaciones no regresaron, víctimas de los piratas y de las tormentas. Flotas enteras se perdían una y otra vez. Fue entonces cuando apareció Vasco da Gama y se ofreció al monarca para guiar una expedición que los llevara hasta la India. Aquel ofrecimiento fue rechazado en un principio por el rey, que conocedor de la dificultad de la empresa no quería perder a uno de sus mejores capitanes. La insistencia de Vasco da Gama fue tal que finalmente Manuel I le permitió hacerse a la mar el sábado 8 de julio de 1497 al mando de cuatro barcos y doscientos hombres.

La expedición portuguesa, que debía bordear la costa africana por el cabo de las Tormentas, llamado más tarde cabo de Buena Esperanza, y buscar la ruta hacia la India, zarpó del puerto de Santa Maria de Belém, a orillas del río Tajo, haciendo el mismo recorrido que anteriores expediciones. Adentrándose en el océano Atlántico en dirección sur, las naves de Vasco da Gama siguieron la costa africana a través de la isla de Tenerife y del archipiélago de Cabo Verde hasta alcanzar la costa de la actual Sierra Leona. Desviándose de la ruta habitual, Vasco de Gama giró sus naves hacia el sur, a océano abierto, cruzando la línea del Ecuador y buscando los vientos del oeste del Atlántico Sur. Conocida como la volta do mar, esta maniobra les hizo alcanzar de nuevo la costa de África el 4 de noviembre de 1497. Después de más de tres meses de navegación, y más de 6.000 kilómetros en mar abierto, los expedicionarios llegaron a la isla de Santa Elena, casi en el extremo de África, donde repararon las naves, seriamente dañadas por las tormentas, y se aprovisionaron de víveres y de agua. Durante su estancia en Santa Elena, los portugueses entraron en contacto con unas extrañas tribus que cazaban ballenas con lanzas de madera y tocaban unas exóticas flautas también de madera.

Después de más de tres meses de navegación, y más de 6.000 kilómetros en mar abierto, la expedición llegó a la isla de Santa Elena, casi en el extremo de África, donde repararon las naves, seriamente dañadas por las tormentas.

En el transcurso de la travesía a lo largo de la costa africana, el navegante portugués tuvo que afrontar muchos y graves contratiempos, como sublevaciones entre su tripulación que, cansada de navegar, incluso quiso tirarlo por la borda, fuertes tempestades o una grave epidemia de escorbuto que causó un gran número de bajas entre la tripulación. A su llegada al puerto árabe de Malindi, el sultán ofreció a los expedicionarios los servicios de un experto piloto árabe conocedor de aquellos mares, cuyo conocimiento de los vientos monzónicos le permitió guiarlos con éxito hasta Calicut, en la costa suroeste de la India.

Calicut, en el actual estado indio de Kerala, era uno de los principales puntos del comercio de las especias en la India y estaba sometido al dominio del zamorín, título usado por los regidores del antiguo reino feudal de Calicut, llamado Samutiri Manavikraman Raj. Los mercaderes árabes establecidos en Calicut, viendo amenazado su monopolio, se mostraron hostiles desde el primer momento con el navegante portugués y su tripulación. Vasco da Gama se presentó como servidor de un rey que tenía las mayores riquezas del mundo, pero, desconocedor de las costumbres locales, no llevaba consigo regalos que ofrecer que fueran lo suficientemente valiosos para una cultura tan sofisticada como aquella acostumbrada a negociar con oro, especias, pimienta y telas de percal.

Los esfuerzos de Vasco da Gama por conseguir unas condiciones comerciales que les fueran favorables se complicaron por el bajo valor que los lugareños daban a sus mercancías. De hecho, en comparación con los bienes de lujo que se comercializaban allí, las mercancías ofrecidas por los portugueses no impresionaron al zamorín. Sus representantes se burlaban una y otra vez de las ofertas del portugués y los comerciantes árabes se resistían a cerrar un negocio con él viendo la posibilidad de perder el monopolio comercial establecido hasta aquel momento. Desesperados, los portugueses finalmente vendieron sus productos por debajo del precio de coste para de esta manera poder adquirir pequeñas cantidades de especias y joyas para llevar a Portugal. Finalmente, Vasco da Gama logró llegar a algunos acuerdos comerciales con el reino de Calicut y obtuvo una carta escrita en hoja de palma por el propio zamorín dirigida al rey de Portugal. En ella, el monarca indio ofrecía al rey Manuel I canela, pimienta, clavo, jengibre y piedras preciosas a cambio de oro, plata, coral y telas purpúreas.

Vasco da Gama comenzó su viaje de regreso el 29 de agosto de 1498. Durante la travesía sufrió el ataque de unos indígenas y más tarde del propio zamorín, que abordó la flota con ocho de sus naves, aunque al final fue derrotado. En el penoso viaje de regreso a Europa, la tripulación de uno de los buques, el San Rafael, se vio forzada a abandonar el barco debido a los serios desperfectos sufridos en el transcurso de una violenta tormenta y tuvo que desembarcar en la isla Terceira de las Azores, donde Vasco da Gama enterró a su hermano Paulo, muy enfermo desde su partida de Calicut. Nicolau Coelho, uno de los navegantes, se adelantó al resto de la expedición y fondeó en Lisboa el 10 de julio de 1499, siendo el primero en poner al país al corriente de su prodigioso viaje. Vasco da Gama, agotado física y psicológicamente (la muerte de su hermano le afectó profundamente), y acompañado de cincuenta y cinco supervivientes, llegó a Lisboa entre los días 8 y 9 de septiembre de 1499, donde fue recibido por el rey Manuel I que le concedió una renta de 300.000 reales, el título de almirante del Mar de las Indias y una carta de libertad absoluta para comerciar por su cuenta.

El recién nombrado almirante llegó a realizar otros dos viajes al continente indio para defender el monopolio portugués del comercio de especias. En 1502, al mando de veinte navíos, logró apoderarse de Quiloa y Sofala, en Mozambique, acabando con sus rivales árabes y consolidando el poder marítimo portugués en el litoral índico mediante el establecimiento de la primera factoría portuguesa en Asia. En 1519, el rey Manuel I otorgó a Vasco da Gama el título de conde de Vidigueira, y el duque de Braganza, Jaime I, le cedió las villas de Vidigueira y Vila de Frades, con lo que se convirtió, así, en el primero en ostentar el titulo de conde sin tener una ascendencia aristocrática. Vasco da Gama fue nombrado virrey de la India en 1524, cuando realizó su tercer y último viaje con el objetivo de frenar la corrupción originada por las mismas autoridades portuguesas, especialmente el virrey Duarte de Meneses, a quien sustituiría. Tras su muerte, los restos del famoso navegante portugués fueron enterrados en la iglesia de San Francisco, en Cochin, donde murió, y posteriormente fueron llevados al convento carmelita de Quinta do Carmo, en Portugal. Allí permanecieron hasta 1880, cuando fueron trasladados a su destino final, el Monasterio de los Jerónimos de Belém, en Lisboa, construido con los primeros beneficios del comercio de especias que el gran navegante tanto se esforzó en fomentar.

[Fuente: historia.nationalgeographic.com.es]

Jacques Piccard, primer hombre en descender a las Fosas Marianas, junto a Donald Walsh (1960)

Jacques Piccard nació en Bruselas, el 28 de julio de 1922. Fue un explorador, ingeniero y oceanógrafo suizo, conocido por el desarrollo de vehículos subacuáticos para el estudio de las corrientes oceánicas. Piccard y Don Walsh fueron, hasta 2012, las únicas personas que alcanzaron el punto más bajo de la superficie terrestre, el abismo Challenger, en la fosa de las Marianas.

Hijo de Auguste Piccard, era un inventor y explorador suizo, además de profesor de física en las universidades de Zúrich y Bruselas. Jacques estudió en una escuela privada llamada École Nouvelle de Suisse Romande en Lausana (Suiza). Se graduó en 1943 y fue a la Universidad de Ginebra, donde estudió física y economía. En 1944 se tomó un año libre para servir en el Primer Ejército Francés. En 1946 se licenció y en 1946 empezó a dar clases. Su padre utilizaba la técnica de flotación de los globos para desarrollar un vehículo sumergible en aguas profundas conocido como batiscafo. Jacques trabajó con su padre para mejorar el diseño del batiscafo y demostrar su potencial para las inmersiones en aguas profundas. Construyeron tres batiscafos entre 1948 y 1955.

El 23 de enero de 1960, Jacques Piccard fue el primero en alcanzar la máxima profundidad marina en un batiscafo denominado Trieste, diseñado y construido por su padre. Lo hizo acompañado del teniente de la Marina estadounidense Donald Walsh en la fosa de las Marianas, alcanzando el lecho del océano. La profundidad del descenso fue calculada en 10.916 metros (35.813 pies), pero unas mediciones hechas en 1995 determinaron un nuevo valor, y se calculó la profundidad real del Challenger Deep en 10.911 m (35.797 pies). El descenso duró cinco horas y los dos hombres estuvieron en el fondo oceánico cerca de veinte minutos antes de la subida, que demoró 3 horas y 15 minutos.

El 26 de marzo de 2012, el director de cine James Cameron repitió la hazaña con un minisubmarino, logrando el récord de inmersión en solitario en la fosa Challenger.

La Marina estadounidense adquirió el Trieste para emplearlo en la investigación oceánica, y Jacques Piccard se trasladó a los EE. UU. para trabajar en su desarrollo y perfeccionamiento.

Jacques Piccard murió el 1 de noviembre de 2008 en su casa de Suiza, en La Tour-de-Peilz.

[Fuente: Wikipedia]

El SS Ancón, primer barco que cruzó el Canal de Panamá (1914)

Durante el siglo XIX, el anhelo de unir los océanos Atlántico y Pacífico impulsó a políticos, ingenieros y visionarios de distintas nacionalidades a considerar la posibilidad de un canal interoceánico en el istmo panameño. Líderes estadounidenses y británicos tenían interés en transportar mercancías con mayor rapidez y menor costo entre las costas este y oeste de sus respectivos países. Como resultado, en 1850 se firmó el Tratado Clayton-Bulwer, que frenó la rivalidad entre los dos países respecto a la construcción de un canal en Centroamérica, aunque este proyecto quedó solo en el papel. Había nacido la idea de hacer el Canal de Panamá.

El empuje decisivo vino desde Francia, de la mano de Ferdinand de Lesseps, reconocido ingeniero responsable del canal de Suez. En 1880, su compañía inició la excavación del canal en Panamá, entonces provincia colombiana, enfrentándose a una naturaleza indómita: la selva, el clima y sobre todo las enfermedades como la malaria y la fiebre amarilla diezmaron a los trabajadores.

Tras nueve años y aproximadamente 20.000 vidas perdidas, de acuerdo con las cifras oficiales, el proyecto francés cayó en la bancarrota, aunque logró dejar excavaciones que más tarde serían fundamentales para la construcción definitiva del canal. “Malaria, fiebre amarilla y otras enfermedades tropicales conspiraron contra la campaña de De Lesseps y, tras nueve años […] la tentativa francesa quebró”, señaló el Departamento de Estado de Estados Unidos.

A pesar de estos reveses, la ambición estadounidense no disminuyó. El Tratado Hay-Pauncefote de 1901 reemplazó al acuerdo anterior y brindó a Estados Unidos permiso para construir y administrar el canal. Tras intensos debates, el 19 de junio de 1902, el Senado estadounidense aprobó la construcción del canal a través de Panamá en lugar de Nicaragua.

El sueño canalero estuvo marcado también por la tensión política. Con un proyecto listo y recursos disponibles, Estados Unidos negoció con Colombia (de la cual Panamá era una provincia) la construcción de la vía. Sin embargo, el Congreso colombiano consideró inaceptables las condiciones económicas pactadas y rechazó el acuerdo. Ante este escenario, el presidente Theodore Roosevelt envió buques de guerra a las costas panameñas en apoyo de la independencia.

“La República recién declarada de Panamá nombró inmediatamente a Philippe Bunau-Varilla, un ingeniero francés involucrado en el intento anterior, como su embajador. Bunau-Varilla negoció el Tratado Hay-Bunau-Varilla de 1903, que otorgó a Estados Unidos una franja de diez millas de ancho para el canal, un pago único de USD 10 millones y una anualidad de USD 250.000”, explicó el Departamento de Estado. A cambio, Estados Unidos garantizaba la independencia panameña.

En poco más de una década, la intervención estadounidense transformó la geografía, la economía y la política mundial, dotando al canal de una relevancia sin precedentes. “El Canal de Panamá, completado en 1914, simbolizaba la destreza tecnológica y el poder económico de Estados Unidos”, sentenció American History.

La culminación del Canal de Panamá aguardaba su protagonista para dar el primer paso oficial en esa nueva ruta marítima. La nave elegida para marcar este hito fue el SS Ancón, cuyo papel quedó inmortalizado en los registros del 15 de agosto de 1914. Aunque mucho se ha dicho sobre la emblemática travesía, pocos conocen la historia completa de esta embarcación.

El Ancón, originalmente bautizado SS Shawmut, fue un vapor construido en Estados Unidos entre 1901 y marzo de 1902. En 1910, la nave fue vendida a la Comisión del Canal Ístmico y rebautizada con su nombre definitivo. El objetivo era que la Compañía del Ferrocarril de Panamá lo utilizara para transportar cemento y materiales clave para la construcción.

Según cuenta el sitio U.S. Army Corps of Engineers, a las 7:10 de la mañana del 15 de agosto de 1914, el Ancón zarpó del puerto de Cristóbal (Colón) con rumbo a Balboa (Panamá). A bordo, autoridades, invitados y tripulación fueron testigos de una jornada memorable. “Con este viaje, se cumplió el anhelado sueño de unir los océanos Pacífico y Atlántico, deseo que se buscaba alcanzar siglos atrás”. El Ancón completó su trayecto a las 16:50, convirtiéndose en símbolo de la esperanza y el progreso que significaba la apertura del canal.

El legado del SS Ancón se extendió más allá de aquel día. Tras la finalización de la Primera Guerra Mundial, el 16 de noviembre de 1918, el barco fue adquirido por el ejército de Estados Unidos para transportar tropas hacia Norteamérica. Finalmente, en 1950 la nave fue desmantelada en territorio estadounidense.

Debe señalarse, sin embargo, que antes del Ancón otras embarcaciones cruzaron el canal en tránsitos de prueba o por tareas de construcción. El 3 de agosto de 1914, el SS Cristobal realizó un cruce experimental, mientras que meses antes, el viejo bote grúa francés Alexandre La Valley atravesó el canal para trabajos internos. Estos recorridos carecieron del reconocimiento oficial, reservado exclusivamente para el SS Ancón.

La hazaña tecnológica y la apertura del canal transformaron la economía y la geopolítica mundial. El Canal de Panamá acortó las distancias comerciales entre Asia, Europa y América, redefiniendo rutas de navegación y abriendo nuevos mercados. Como símbolo del poder estadounidense, fue fuente de orgullo, pero también de futuras tensiones diplomáticas, ya que la presencia y el control estadounidense en el istmo panameño se percibirían, con el tiempo, como un factor de conflicto con el nuevo país anfitrión.

El paso oficial del SS Ancón sirvió para inaugurar una era dominada por el ideal de interconexión global: “Con este viaje, se cumplió el anhelado sueño de unir los océanos Pacífico y Atlántico”, rememora la crónica histórica. El barco no solo transportó carga y pasajeros, sino que vehiculizó el sueño colectivo de generaciones.

[Fuente: Faustino Cuomo para infobae.com]

Siracusia, el primer crucero de la historia (aprox. 250 a.C.)

En el siglo III a.C., el tirano Hierón II de Siracusa encargó un barco tan grande y lujoso que sus contemporáneos lo llamaban el Titanic de la antigüedad. Su diseñador fue nada menos que Arquímedes, y su construcción tomó un año completo, reuniendo a 300 artesanos bajo la dirección del maestro constructor Arctías de Corinto.

Tenía unas dimensiones colosales: 55 metros de largo, 14 de ancho y 13 de altura; y una capacidad asombrosa: podía transportar 60.000 medidas de grano, 10.000 tarros de pescado, 10.000 de vino y 80 toneladas de agua potable. Estaba dotado de 142 camarotes de primera clase, suelos con mosaicos inspirados en la Ilíada, una biblioteca, gimnasio, comedor, jardines y hasta un complejo de baños con agua caliente.

En su cubierta superior había un templo dedicado a Afrodita, decorado con un suelo de ágata. Y estaba preparado para la guerra con torres de asedio, catapultas y arqueros. El Siracusia estaba construido con teconología punta, pues incluía el famoso tornillo de Arquímedes para drenar el agua del casco y una propulsión mixta: tres mástiles con velas y 20 filas de remos a cada lado.

Finalmente, el Siracusia fue regalado al faraón Ptolomeo III de Egipto. Pero su tamaño era tan enorme que solo navegó una vez: desde Siracusa hasta Alejandría. Nunca volvió a salir al mar.

[Fuente: FB Curiosos de la Historia, la Arqueología y la Mitología]

Harald Hårfagre, primer rey vikingo de Noruega (872)

La historia de Noruega es larga y tortuosa; llena de luchas civiles con unos protagonistas más que conocidos en todo el mundo, pues ellos moldearon la historia del país: los vikingos. Uno de estos vikingos, conocido como Harald Cabellera Hermosa, ostenta el honor de no solo de ser el monarca con el reinado más largo de esta nación, sino el alma mater de la unificación de Noruega en un solo reino. Fue el fundador de una dinastía real y del reino de Noruega. Rey de reyes.

Hijo de Halfdan el Negro –que pertenecía a la Casa de Yngling– y de Ragnhild Sigurdsdatter –princesa de Noruega e hija de Sigurd Hart rey de Ringerike–. Como buen vikingo, se sentía como pez en el agua a bordo de un barco y navegaba por todas partes en incursiones y aventuras vikingas. Las incursiones, los saqueos, la colonización y el comercio llevaron a los vikingos a muchos destinos del mundo conocido y más allá, probablemente por la falta de tierras cultivables y contar con mejores armas; aunque hubo muchas bajas en esos inicios, los drakkar –los famosos barcos vikingos– les llevaron por el mar Báltico e incluso hasta el mar Negro y el mar Caspio, fundando a su paso múltiples ciudades y colonias (de hecho, Dublín en Irlanda fue parte de esa colonización vikinga, por ejemplo).

En aquella época, a principios de la Edad Media, el reino de Noruega estaba dividido en múltiples pequeños reinos. Todos ellos buenos navegantes, comerciantes, guerreros... movidos por mitologías paganas y ambiciosos líderes que, lejos de trabajar juntos, pugnaban por los mejores botines individualmente mientras dominaban las rutas marítimas del norte de Europa durante siglos. Así las cosas, el país lo formaban numerosos monarcas menores que no deseaban compartir sus conquistas ni sus territorios con los otros líderes.

El protagonista de esta leyenda también se dedicó a conquistar los diversos reinos menores de Noruega durante su juventud mediante una serie de batallas pero tenía un ambicioso plan en mente: se propuso unir a todos los monarcas menores en un solo reino y, hasta que no lograra su objetivo, no se cortaría el pelo, de ahí el origen de su nombre, según Snorre Sturlason, escritor de sagas e historiador islandés. Aunque muchos expertos exponen que, en realidad, es probable que fueran los antiguos mitos de los gobernantes germánicos los que llevaron a Harald a no cortarse el cabello, ya que el cabello y la barba estaban llenos de poder y fuerza, según estas leyendas.

En la segunda mitad del siglo IV, los vikingos no solo se dedicaron a saquear por el Atlántico Norte, sino que algunos de ellos también se asentaron allí para establecer sus propios asentamientos y territorios, como en las Islas Británicas, el norte de Francia o Groenlandia.

Aunque como ocurre con la historia vikinga, cuesta discernir entre qué es realidad y fantasía, lo cierto es que fue coronado rey de Noruega con tan solo 20 años tras ganar la Batalla de Hafrsfjord, parte de la actual Stavange, alrededor del año 872. Fue un momento decisivo en la historia noruega, sobre todo en el proceso de reunificación del territorio.

Las sagas cuentan que Harald, tras heredar Vestfold y las Opplands de su padre Halfdan el Negro, se alió con el conde de Hålogaland (que era como se conocía el norte de Noruega). Consiguió unificar pequeños reinos rivales y, aunque siempre hubo disputas entre los diferentes clanes, los grupos individuales se unieron cada vez más para formar comunidades más grandes. La batalla de Hafrsfjord entre la principal oposición de Harald que era Sulki, el pequeño rey de Rogaland y su hermano, el conde Soti (junto a Kjotvi el Rico, rey de Agdir y su hijo Thorik Haklang, Eirik, rey de Hordaland, y los hermanos que gobernaban Telemark, Hroald Hrygg y Hadd el Duro, fue el punto de inflexión de cara a su objetivo de unir toda Noruega en un único reino. Venció.

Finalmente, Harald logró extender su dominio por Escocia, las Islas Hébridas, las Órcadas y las Shetland continuando con el camino que su padre ya había iniciado. Y es que su padre había llevado a cabo un sometimiento cuidadoso y estratégico de los reinos menores que lo rodeaban allanando el camino para el futuro. Tras esta batalla se autoproclamó Rey de Noruega, aunque en ese momento solo controlaba la zona costera occidental (“Vestlandet”). El gran plan de unificar los pequeños reinos bajo un solo estandarte se había convertido en una realidad gracias a impresionantes tácticas de guerra y astucia política.

Aunque en principio toda Noruega se unificó bajo un solo rey, pasarían años antes de que se estableciera una estructura de gobierno permanente y estable, algo que sucedería con el hijo de Harald, Haakon I, conocido como Haakon el Bueno. Harald falleció en el año 932 d.C., y, durante sus 83 años de vida tuvo varias esposas y numerosos hijos (más de 20), según las historias. Los más conocidos son, precisamente, Haakon I y Erico I (apodado 'hacha sangrienta'). Durante unos 500 años, la mansión real de Avaldsnes fue la sede real de los reyes nacionales: de Harald y sus descendientes de la que en 1986 se descubrió un rastro físico de su existencia. La era vikinga en Noruega llegaría a su fin con la introducción del cristianismo que fue un proceso largo y laborioso.

[Fuente: Sarah Romero para historia.nationalgeographic.com.es]

Hernán Cortés, primer gobernador de la colonia de Nueva España tras la conquista del Imperio Azteca (1521)

Hernán Cortés (1485-1547) fue un conquistador español que dirigió la conquista del Imperio azteca en México a partir de 1519. Tras tomar la capital azteca de Tenochtitlán en 1521, Cortés saqueó Mesoamérica y se convirtió en el primer gobernante de la nueva colonia de Nueva España.

Cortés era un líder dotado de hombres, y aprovechó todas las oportunidades que se le presentaron en el Nuevo Mundo. Utilizando armas y tácticas superiores, combinadas con la diplomacia para complementar su escasa fuerza de conquistadores con miles de guerreros indígenas, Cortés fue capaz de arrasar con todo lo que se le presentaba. Inicialmente recompensado por la Corona española, Cortés pronto se vio abrumado por una nueva oleada de administradores coloniales y por constantes batallas legales en las que se enfrentaba a acusaciones de exceso de autoridad, tomar más de lo que le correspondía en botín y utilizar una violencia y un terror excesivos contra los pueblos indígenas.

Hernán Cortés de Monroy y Pizarro Altamirano nació en 1485 en Medellín, Extremadura, España. Sus padres pertenecían a la pequeña nobleza, su padre era un hidalgo. Hernán estudió Derecho en la Universidad de Salamanca desde 1499, pero a los 19 años decidió abandonar España y probar suerte en las colonias del Caribe. Tras regentar una plantación en La Española oriental (Santo Domingo) y trabajar como notario en Azúa de Compostela, decidió participar en la conquista de Cuba en 1511. Siete años más tarde, y con treinta y tantos años, estaba deseando alcanzar la fama y la gloria. Quizás no solo buscaba oro, Cortés era un hombre profundamente religioso, y el espíritu evangelizador, para él si no para sus seguidores, era una motivación adicional para seguir abriendo este Nuevo Mundo.

Diego Velázquez (1465-1524), el gobernador de Cuba, ya había enviado varias expediciones para explorar la costa continental de América a partir de 1517, y estas habían informado de extraños monumentos de piedra antiguos y de nativos vestidos de forma brillante a los que se les trocaban objetos de oro fino. El gobernador organizó otra expedición y eligió como jefe a Hernán Cortés, que le había servido como alcalde en Santiago de Cuba. Se embarcaron once naves con 500 soldados y 100 marineros, todos ellos aventureros y buscadores de tesoros. En el último momento, receloso de la magnitud de los preparativos de Cortés, Velásquez trató de llamar a su lugarteniente, pero ya era demasiado tarde. Puede que Cortés fuera el líder de la expedición, pero, como explica el historiador S. Sheppard, iba a ser sin duda un esfuerzo de grupo.

Cortés era, sin duda, un comandante carismático e inspirador y, aunque tenía poca experiencia militar práctica, era, sobre todo, un líder capaz de tomar tanto decisiones totalmente despiadadas como de hacer apuestas extravagantes para maximizar sus oportunidades en una situación geopolítica fluida y en constante cambio. Como resume Sheppard: "Católico devoto y bígamo empedernido, cruzado y oportunista, renegado e imperialista, Cortés era un hombre de muchas contradicciones".

La civilización azteca (también conocida como mexica) floreció a partir de 1345 en Mesoamérica y, en el siglo XVI, llegó a cubrir la mayor parte del norte de México, un área de unos 135.000 kilómetros cuadrados con una población de unos 11 millones de habitantes. Los aztecas utilizaron la coacción militar, los rehenes y la extracción de tributos para mantener unido su frágil imperio, pero no habían conquistado a todo el mundo. Los tarascos y los tlaxcaltecas, en particular, siguieron tanteando las fronteras de su imperio. Los tlaxcaltecas y otros pueblos se convertirían en valiosos aliados de los españoles, ya que estaban muy interesados en ver la caída de los aztecas.

Cortés desembarcó en la costa de Tabasco, en Potonchan, en el continente americano, en marzo de 1519. El Viejo Mundo estaba a punto de conocer en persona a los actuales amos de Mesoamérica. Cortés y sus hombres no tenían ni idea de a qué se iban a enfrentar, pero para asegurarse de que nadie pensara en volver a casa, Cortés ordenó encallar y desguazar deliberadamente sus barcos. Ahora se trataba de conquistar o morir.

La superioridad de las armas de acero y pólvora, la caballería y las tácticas dinámicas aseguraron fáciles victorias españolas contra los pueblos hostiles que encontraron. Las armas y armaduras mesoamericanas eran primitivas comparadas con las de los españoles. Los mesoamericanos disponían de espadas y garrotes con hojas de obsidiana muy afiladas, arcos, lanzas y lanzadardos, pero apenas tenían impacto contra las armaduras metálicas. Por otro lado, las espadas de acero españolas, las picas largas, las ballestas y las armas de pólvora eran devastadoramente eficaces contra guerreros protegidos únicamente por telas de algodón acolchadas y escudos de madera. La caballería demostró ser casi invencible contra cualquier número de atacantes mesoamericanos. Por último, las tácticas no ayudaron a los pueblos indígenas, acostumbrados a una guerra ritualizada en la que primaba la exhibición y la toma de cautivos. Los oficiales mesoamericanos eran fácilmente identificables con sus extravagantes trajes, y estos fueron los primeros objetivos de los españoles. Cuando se mataba a los oficiales, a menudo la tropa huía presa del pánico. Los guerreros mesoamericanos aprendieron nuevas tácticas y se centraron en las emboscadas en terrenos rotos como estrategia para anular la fuerza de la caballería, pero la abrumadora ventaja militar, a pesar de enfrentarse a números muy superiores, siguió en manos de los españoles.

Una ventaja importante en estos primeros encuentros fue la captura de La Malinche (también conocida como Malintzin, Marina, Malinali), una mujer maya que hablaba la lengua náhuatl de los aztecas y una lengua maya local, con la que uno de los hombres de Cortés estaba familiarizado. Ahora los invasores podían comunicarse con posibles aliados. Malintzin y Cortés tuvieron un hijo juntos, Don Martín. Más tarde, Cortés tuvo otro hijo, también llamado Martín (su madre era doña Juana Ramírez de Arellano, hija de un conde español de Cuernavaca), pero fue a su hijo ilegítimo con La Malinche a quien Cortés favoreció. Lo acompañó a España y se aseguró de que fuera investido como caballero de la prestigiosa Orden de Santiago.

El gobernante azteca Motecuhzoma (alias Moctezuma, que reinó de 1502 a 1520) pronto tuvo noticias de estos molestos invasores, pero esperó con cautela los acontecimientos. Cortés, mientras tanto, estableció una guarnición en Veracruz, en la costa. Ignoró las instrucciones de regresar a Cuba y, en su lugar, envió una cantidad de los tesoros que había adquirido, con cartas solicitando el apoyo real, al rey de España, Carlos V, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico (que reinó de 1519 a 1556). Esto suponía una extralimitación en sus funciones, ya que técnicamente era Velásquez quien tenía el derecho de adelantado, es decir, de conquistar territorios en nombre del rey. Se armó un gran revuelo al respecto, que acabó con Cortés, gracias a su tesoro, y le permitió continuar su conquista mientras Velásquez era destituido. Mientras tanto, en México, los conquistadores marchaban hacia el interior en agosto de 1519, luchando primero contra los tlaxcaltecas. Cortés demostró entonces su dominio de la diplomacia y consiguió convencer a los tlaxcaltecas de que se unieran a él en su guerra contra los aztecas. Los españoles y sus aliados avanzaron hacia Tenochtitlán en noviembre.

Situada en la orilla occidental del lago de Texcoco, la capital azteca de Tenochtitlán tenía más de 200.000 habitantes, lo que la convertía en la mayor ciudad de la América precolombina. Tenía una superficie de entre 12 y 14 km² y estaba conectada a la orilla occidental del lago y a la campiña circundante por tres calzadas (que iban hacia el norte, el este y el oeste), que incluían huecos atravesados por puentes desmontables para permitir el paso de los barcos.

A los conquistadores se les permitió entrar en la ciudad pacíficamente el 8 de noviembre, y se maravillaron con las grandes plazas, templos-pirámides y jardines flotantes. Cuando Cortés y Motecuhzoma se encontraron, las relaciones fueron amistosas, al principio. Se intercambiaron valiosos regalos entre los dos líderes. Cortés recibió un collar de cangrejos de oro, y Motecuhzoma un collar de cristal veneciano ensartado en hilo de oro y perfumado con almizcle. Es posible que el gobernante azteca desconfiara de estos visitantes, al haber oído hablar de sus anteriores victorias militares, pero parecía indeciso sobre qué hacer con ellos. La diplomacia, en cualquier caso, se esfumó dos semanas después, cuando Cortés tomó a Motecuhzoma como rehén el 14 de noviembre. Los españoles querían el tesoro, y el gobernante azteca se vio obligado a jurarse súbdito del rey de España. Hubo otras indignidades, como la colocación de un crucifijo en la cima de la pirámide sagrada azteca, el Templo Mayor.

Sin embargo, Cortés ahora tenía sus propios problemas. Con su rivalidad con Velázquez sin resolver, el gobernador de Cuba había enviado una fuerza al mando de Pánfilo de Narváez a Veracruz para apresar a Cortés. Cortés se vio obligado a abandonar Tenochtitlán y a enfrentarse a estos competidores por el futuro tesoro, y así, en mayo de 1520, dejó Tenochtitlán en manos de una pequeña fuerza española al mando de Pedro de Alvarado. Alvarado y sus hombres demostraron ser poco sensibles a las convenciones aztecas cuando intentaron interrumpir imprudentemente una ceremonia de sacrificio humano y luego masacraron a miembros de la nobleza azteca. Los aztecas se sublevaron y mataron a varios de los intrusos. Mientras tanto, Cortés derrotó a Narváez y convenció a sus hombres restantes para que se unieran a él. Todos regresaron a Tenochtitlán el 24 de junio, donde un puñado de españoles aún resistía. En las hostilidades que aún bullían, Motecuhzoma había sido sustituido por Cuitláhuac como nuevo líder azteca después de que Cortés lo liberara tontamente de su prisión. Cuitláhuac había tomado inmediatamente el mando de los aztecas de su hermano cautivo y ahora deshonrado. Cuitláhuac organizó una guerra total contra los conquistadores. Cuando los españoles intentaron utilizar a Motecuhzoma para calmar la situación, el antiguo líder fue golpeado por una roca y murió el 30 de junio. Los españoles quedaron atrapados en el palacio real de Axayácatl. Cortés consiguió huir de la ciudad en una batalla nocturna el 30 de junio de 1520. Esta sangrienta retirada se conoció como la Noche Triste. Los españoles se habían librado utilizando puentes de madera provisionales construidos para la difícil tarea de cruzar los numerosos canales de la ciudad, pero el precio de la libertad era alto. Cortés había perdido la mitad de sus hombres, la mayoría de sus mejores caballos y las ocho toneladas de botín que había ido acumulando desde que llegó a Mesoamérica.

Antes de llegar a la seguridad del territorio de Tlaxcala, Cortés tuvo que ganar primero una gran batalla cerca de Otumba el 7 de julio, donde los aztecas intentaron de una vez por todas acabar con los invasores extranjeros. Después de varias campañas más, y de recibir refuerzos por mar, se capturaron varias ciudades, especialmente Texcoco el 31 de diciembre de 1520. El plan de Cortés ahora consistía en asediar Tenochtitlán, pero ya otro enemigo mucho más terrible había arrasado con la población azteca. En los meses de septiembre y noviembre anteriores se había producido un devastador brote de viruela que había matado hasta el 50% de la población. Los aztecas también tenían un nuevo líder, Cuauhtémoc, después de que el propio Cuitláhuac hubiera sucumbido a la enfermedad importada. En abril de 1521, Cortés comenzó su asedio. Su fuerza incluía 700 infantes, 118 ballesteros y arcabuceros, 86 caballos y 18 cañones de campaña. Lo más significativo de todo es que los españoles contaban con aliados nativos, entre los que se encontraban al menos 100.000 tlaxcaltecas.

Superando las deficiencias de sus armas, los guerreros aztecas lucharon ferozmente y con valor, como señalaron los propios españoles. El 28 de abril de 1521, Cortés desplegó su baza y maravilla logística: una flota de 13 barcos de guerra especialmente construidos en el lago de Texcoco. Estas embarcaciones, nunca antes vistas por los mesoamericanos, se construyeron a partir de los grandes barcos que Cortés había ordenado naufragar dos años antes y de nuevos suministros de Veracruz. Se habían prefabricado para que se pudieran transportar por tierra hasta el lago. Con estos barcos, Cortés pudo contrarrestar los muchos miles de canoas nativas y bloquear las tres calzadas principales que unían la ciudad con las orillas del lago de Texcoco. Cada bergantín llevaba 25 hombres más seis que portaban ballestas y arcabuces. Los barcos españoles estaban escoltados por una gran flota de canoas tripuladas por sus aliados de Texcoco.

A lo largo de mayo y junio, hombres, caballos y barcos atacaron insistentemente las posiciones aztecas, obligándolos a formar un núcleo cada vez más reducido en el mismo centro de Tenochtitlán. En una batalla, el propio Cortés fue capturado brevemente antes de que sus hombres lo rescataran. Otros tuvieron menos suerte y fueron víctimas de sacrificios. Aun así, Cortés persistió, y voló los edificios mientras reforzaba el asedio. Finalmente, el 13 de agosto, tras 93 días de resistencia y sin alimentos ni armas, Cuauhtémoc se rindió. A continuación se produjeron atrocidades indescriptibles, actos de venganza y saqueos salvajes.

De las cenizas del desastre de Tenochtitlán surgió la nueva capital de la colonia de Nueva España, y Cortés fue nombrado su primer gobernador en mayo de 1523. La capital había caído, pero los españoles tuvieron que hacer campaña en otras partes del desmoronado Imperio azteca hasta 1525. Cortés había dirigido personalmente una campaña contra los huaxtecas en 1522. A medida que se reprimía sistemáticamente el modo de vida mesoamericano y se repartían las tierras a los conquistadores, Tenochtitlán, con su gran lago desecado, se fue transformando en Ciudad de México, capital del Virreinato de Nueva España, ahora dirigido por Don Antonio de Mendoza.

Cortés pudo haber entregado un gran premio a la Corona española, pero luchó por el reconocimiento a largo plazo. Pronto se cansó de administrar y volvió a la exploración y la conquista en 1523-4, cuando organizó una expedición a Honduras dirigida por Cristóbal de Olid (nacido en 1492). De Olid era un antiguo compañero de Cortés, pero, aliado con Diego Velázquez, traicionó a su antiguo comandante y se erigió en gobernante independiente de Honduras. Cortés respondió enviando a Francisco de las Casas a buscar y arrestar a Olid por traición, pero luego se lo pensó mejor y partió él mismo de Ciudad de México hacia Honduras en octubre de 1524. La ruta terrestre era difícil, ya que atravesaba Guatemala, un territorio todavía salvaje e inexplorado. Cuando llegó a su destino, Cortés descubrió que Olid ya había sido juzgado y ejecutado. Cortés estableció entonces la nueva ciudad de Navidad de Nuestra Señora, introdujo el ganado en la zona y nombró un gobernador.

En mayo de 1528 Cortés regresó a España con tesoros y 40 aztecas para asombrar a la corte. Convenció a Carlos V para que le concediera grandes propiedades en América, el título de marqués del Valle de Oaxaca y el derecho a quedarse con una doceava parte de cualquier riqueza que adquiriera. Sin embargo, Cortés ya estaba pasando a formar parte de la historia. Los ya ancianos y escasos conquistadores supervivientes que lo habían arriesgado todo por la gloria habían sido sustituidos por burócratas profesionales y sacerdotes evangelizadores. Cuando regresó a la ciudad de México en el verano de 1530, el nuevo gobernador Gonzalo Nuño de Guzmán (m. 1558) le prohibió entrar en su propia mansión. Cortés se vio obligado a vivir en su segunda residencia en Cuernavaca. También se vio envuelto en muchos pleitos con sus rivales y antiguos seguidores, que estaban convencidos de que su líder se había llevado mucho más que su justa cuota de botín durante la conquista. También hubo casos que responder por su maltrato a los pueblos indígenas, que iban desde la insensible mutilación de los enviados de paz hasta las masacres al por mayor.

Afortunadamente para Cortés, aún quedaban algunos focos de territorios desconocidos, y Carlos V le había prometido que podría ser "gobernador de las islas que descubriese en la Mar del Sur [Océano Pacífico]" (Cervantes, 240). A principios de la década de 1530, pues, dejó atrás toda la burocracia de la Nueva España y dirigió una expedición para explorar la costa del Pacífico de México y quizá encontrar la ruta hacia Asia y las Islas de las Especias que había buscado Cristóbal Colón (1451-1506). Cortés navegó hacia el norte hasta la península de Baja California y, pensando que se trataba de una isla, la llamó Santa Cruz. En 1540 regresó a España y, sin inmutarse por tener ya más de 50 años, Cortés hizo campaña por la Corona española en Argelia en 1541.

Hernán Cortés murió de disentería en Castilleja la Vieja en España el 2 de diciembre de 1547. El gran aventurero estaba a punto de partir de nuevo hacia el Nuevo Mundo. En su testamento, el conquistador había expresado su deseo de ser enterrado en la tierra que había conquistado, concretamente en un monasterio de Coyoacán. Estos deseos fueron ignorados, y sus restos se enterraron en un monasterio en las afueras de Sevilla. Luego, en 1556, los restos de Cortés fueron trasladados a la iglesia de San Francisco de Texcoco en México. Al poco tiempo, los restos se trasladaron a un palacio y luego a una iglesia franciscana en Ciudad de México. En 1794, Cortés volvió a ser trasladado cuando sus huesos fueron inhumados en el Hospital de Jesús Nazareno de la Ciudad de México y luego trasladados de nuevo en el siglo XIX a una iglesia cercana, la de Jesús Nazareno e Inmaculada Concepción, donde actualmente descansan. Su hijo menor (y único legítimo) heredó los títulos de Cortés y se convirtió en marqués del Valle de Oaxaca y, por tanto, en propietario de una vasta encomienda.

Hernán Cortés fue considerado un héroe en vida, un hombre que había conquistado nuevas tierras, aportado riquezas a la Corona y barrido una religión pagana que implicaba sacrificios humanos a gran escala, allanando el camino para la posterior difusión del cristianismo. En tiempos más modernos, al igual que todos los conquistadores, Cortés es considerado un oportunista e imperialista cuya sed de oro y gusto por la evangelización contribuyeron a la destrucción sistemática de la cultura mesoamericana, un hombre que fue personalmente responsable de la muerte de decenas de miles de indígenas.

[Fuente: worldhistory.com]

Primera vuelta al mundo: Juan Sebastián Elcano (1522)

Entre los grandes mitos de la navegación, encontramos a Fernando de Magallanes (1480-1521). El portugués fue protagonista de grandes gestas en la época, como el descubrimiento del "estrecho de Todos los Santos" (hoy en día estrecho de Magallanes) que les permitió rodear el continente americano al unir los océanos Atlántico y Pacífico. El escorbuto no pudo con él; pero un enfrentamiento con indígenas acabó con su vida, quedando muy cerca de un gran logro: ser el primero en dar la vuelta al mundo, la proeza correspondió a Juan Sebastián Elcano.

Juan Sebastián Elcano (Guetaria, España, hacia 1486-Océano Pacífico, 1526) fue un marino español que dio la primera vuelta al mundo conocida.

En 1519 se alistó en una expedición a las islas de las Especias de cinco naos bajo el mando de Fernando de Magallanes. Navegaron hacia el oeste, pasando por Sudamérica. Magallanes murió en 1521 en una batalla en Filipinas. Elcano quedó como capitán de la nao Victoria, que fue la única nao que completó la vuelta al mundo navegando hacia el oeste cuando en 1522 llegó a San Lúcar de Barameda bajo el reinado de Carlos I.

En 1525 zarpó de nuevo en otra expedición a las islas de las Especias, dirigida por García Jofre de Loaísa, como capitán de la nao Santi Spiritus y piloto mayor de la expedición, muriendo en el océano Pacífico en 1526.

[Fuente: viajes.nationalgeographic.com.es, Wikipedia]

Cristóbal Colón o los vikingos ¿Quienes fueron los primeros en llegar a América? (1492 o 1021)

El 12 de octubre de 1492, un grupo de españoles liderados por el italiano Cristóbal Colón llegó a una isla llamada Guanahaní después de cruzar el océano Atlántico. Aunque ellos pensaron que estaban en las Indias (Asia), en realidad habían descubierto un nuevo continente: América. Esa fecha quedó marcada en los libros de historia. Sin embargo, parece ser que se le adelantaron al explorador.

Según un estudio publicado por la revista Nature,los vikingos estaban presentes en el continente americano en el año 1021 d.C., es decir, hace exactamente 1.000 años.

El equipo internacional de científicos ha sacado sus conclusiones gracias a la datación por radiocarbono de objetos de madera descubiertos en un yacimiento arqueológico de Terranova, lo que podría ser el primer registro conocido de seres humanos que cruzaron de Europa a América. En concreto, analizaron tres trozos de madera, procedentes de tres árboles diferentes, que, según los científicos, procedían de contextos arqueológicamente atribuibles a los vikingos.

Aunque se desconoce cuando llegaron los europeos, si se ha podido saber cuando estuvieron. La fecha exacta, 1.021, se pudo determinar porque en el año 992 se produjo una enorme tormenta solar que provocó una clara señal de radiocarbono en los anillos de los árboles del año siguiente.

El año 1021 d.C. es el más antiguo en el que se puede demostrar científicamente la presencia europea en América. Las fechas anteriores de la presencia vikinga en América se han basado en gran medida en las sagas islandesas.

Aunque contradictorias y a veces fantasiosas, las sagas también sugieren que se produjeron encuentros, tanto violentos como amistosos, entre los europeos y los indígenas de la región. Sin embargo, se han encontrado pocas pruebas arqueológicas que confirmen estos intercambios. También existen otros relatos medievales que dan a entender que figuras prominentes del continente europeo se enteraron de que los vikingos habían tocado tierra a través del Atlántico.

El número de expediciones vikingas a América y la duración de su estancia sobre el Atlántico siguen siendo desconocidos. Todos los datos actuales sugieren que la estancia fue de corta duración, y es probable que el legado cultural y ecológico de esta primera actividad europea en las Américas haya sido pequeño. No obstante, las pruebas botánicashan confirmado que los vikingos exploraron tierras más al sur de Terranova.

[Fuente: ondacero.es]