Imagina un mapa del mundo en el que, al desplegarlo, aparecen puntitos de un mismo color en lugares tan distantes como Florida, Perú, Guinea, Nápoles o Filipinas. Lejos de ser una ucronía, durante siglos esa constelación de territorios fue totalmente real.
El Imperio español llegó a ser uno de los mayores y más diversos conglomerados de la historia, con posesiones y enclaves en Europa, América, África, Asia y Oceanía, y una extensión que, en su época de mayor amplitud, rondó los 20 millones de km². Controló colonias en todos los continentes excepto en la Antártida (que no ha tenido ni tiene población permanente).
Las crónicas sobre el Imperio español suelen resumirse en una palabra: expansión. El proyecto imperial se sostuvo sobre una monarquía con política expansionista, alianzas y conquistas atlánticas, y donde la Iglesia fue clave en la evangelización. Fueron cuatro siglos de construcción territorial impulsados por el deseo de riqueza y el impulso del catolicismo, con efectos profundos en lenguas, religiones, sistemas legales y tradiciones. El punto de arranque simbólico es 1492. Tras los viajes del explorador Cristóbal Colón, la Corona española estableció bases en el Caribe y desde allí se desplegó una secuencia de conquistas y virreinatos que reorganizó todo el continente americano.
El motor del corazón español: América
Si el Imperio español tuvo escala global, América fue su motor. Fue el continente donde nacieron las primeras colonias tras la llegada de Colón, y desde donde España dejó una huella cultural profunda partiendo del Caribe/Antillas como primer laboratorio colonial (donde Santo Domingo se alzó como la primera colonia permanente en 1496). Otro punto importante fue la conquista de México tras la caída del Imperio azteca (en 1521) y la creación del virreinato de Nueva España.
De la misma forma, la conquista de Perú tras el colapso del Imperio inca (en 1533) y el virreinato de Perú, luego dividido en Nueva Granada y Río de la Plata en el siglo XVIII marcan los enclaves más importantes de este apogeo territorial español. Curiosamente, antes de las colonias inglesas más famosas, España estableció asentamientos en Florida y fundó San Agustín en 1565, uno de los enclaves europeos permanentes más antiguos en lo que hoy es Estados Unidos.
Asia: Filipinas, Manila y la ruta que cosió el Pacífico
La clave asiática del imperio tiene nombre propio y no es otro que Filipinas. La expansión asiática se consolidó desde 1565 (primero Legazpi en Cebú; Manila fundada poco después y convertida en capital..) y duró hasta 1898. Durante todos esos siglos, el Imperio español no solo dominó políticamente, sino que las redes comerciales globales comenzaron a operar con fluidez donde Manila se destaca como nodo de comercio global. La famosa ruta del Galeón de Manila conectaba Asia y América y permitía un intercambio continuo de bienes. La logística parecía perfecta.
Localizaciones en África
La presencia española en África fue desigual, pero estratégica. Melilla (1497) y Ceuta (en manos españolas desde 1668), además de la incorporación de Canarias (desde 1496) representó un auténtico trampolín atlántico.
Europa
A veces olvidamos que el Imperio español no fue solo ultramarino, pero también hubo dominio español en regiones europeas como Países Bajos (que consiguió su independencia tras la Guerra de los Ochenta Años) y territorios en Italia como Nápoles, Sicilia o Milán, que funcionaron como piezas esenciales de su política europea.
Oceanía y el Pacífico
El Imperio español también tuvo presencia en Islas Marianas y Carolinas, con colonias y misiones religiosas, aunque de duración limitada; la pérdida de las posesiones asiático-pacíficas tuvo lugar en 1898. Pero este arco insular fue crucial para convertir al Imperio español en una potencia de dos océanos.
Fue un imperio gigantesco entre virreinatos, protectorados, plazas, dominios en Europa... hasta 35 colonias hubo en su momento de máxima potencia, convirtiéndose en uno de los imperios más extensos y diversos del mundo.
Ningún imperio cae por una sola razón: suele hacerlo por acumulación de diversos factores; y eso también le ocurrió al Imperio español. Fue una sucesión de declive y pérdidas en el siglo XVII, el avance de otras potencias europeas como Inglaterra o Francia y un golpe decisivo, la invasión napoleónica, que aceleró las independencias americanas en el XIX.
Hoy este imperio ya es cosa del pasado, pero su legado pervive tanto en lengua, religión como costumbres repartidas por el globo. De hecho, es uno de los motivos por los que el español se convirtió en una de las lenguas más habladas del planeta y el catolicismo quedó como religión mayoritaria en multitud de regiones.
[Fuente: Sarah Romero para historia.nationalgeographic.com.es]
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Primer Inquisidor General de Castilla y Aragón: Tomás de Torquemada (1483)
Tomás de Torquemada (Torquemada, 1420-Ávila, 16 de septiembre de 1498) fue un presbítero dominico español, confesor de la reina Isabel la Católica y primer inquisidor general de Castilla y Aragón en el siglo XV.
Principalmente a causa de la persecución, los musulmanes y los judíos de la España de la época encontraron social, política y económicamente conveniente convertirse al catolicismo (véase converso, morisco y marrano). La existencia de conversos superficiales (es decir, criptojudíos) fue percibida por los monarcas españoles de la época (los reyes Fernando e Isabel) como una amenaza para la vida religiosa y social de España. Esto llevó a Torquemada, que tenía antepasados conversos, a ser uno de los principales partidarios del Decreto de Granada que expulsó a los judíos de España en 1492.
Debido al uso generalizado de la tortura para obtener confesiones y a la defensa de la quema en la hoguera de los culpables, el nombre de Torquemada se ha convertido en sinónimo de crueldad, intolerancia religiosa y fanatismo.
Se desconoce la localidad natal de fray Tomás de Torquemada, aunque los historiadores han propuesto dos: el pueblo de Torquemada (Palencia) y Valladolid. Con seguridad, creció en la ciudad de Valladolid y, al igual que su tío Juan de Torquemada, célebre teólogo y cardenal, devino fraile dominico en el Convento de San Pablo de Valladolid. Es comúnmente aceptado que tenía ascendientes judíos. El cronista Hernando del Pulgar, contemporáneo de Torquemada y él mismo converso, al escribir sobre Juan de Torquemada en su libro 'Claros varones de Castilla' de 1486, registra que: "Sus agüelos fueron de linaje de los Judios convertidos á nuestra Santa Fé Católica". No obstante, la afirmación de que Torquemada desciende de conversos ha sido y sigue siendo controvertida, un estudio realizado en 2020 de todos los ancestros de Juan de Torquemada, su tío, no encontró judíos conversos en su familia.
Parece ser que realizó algún tipo de estudios superiores en la Universidad de Salamanca, donde coincidió con Lope de Barrientos. Era aún joven cuando en 1452 fue destinado como prior al convento de Santa Cruz la Real de Segovia, donde comenzó a destacar por su celo organizativo. Coronada reina Isabel I de Castilla en 1474, Torquemada fue nombrado uno de los tres confesores personales que atendían las necesidades espirituales de los Reyes Católicos, en premio por sus destacados servicios como monje y erudito.
Durante la estancia de la reina Isabel I de Castilla en Sevilla entre 1477 y 1478, el dominico sevillano Alonso de Ojeda, prior del convento de San Pablo, la convenció de la existencia de prácticas judaizantes entre los conversos andaluces. Un informe, remitido a instancias de los soberanos por el cardenal Mendoza, arzobispo de Sevilla, y por Tomás de Torquemada, vino a corroborar las sospechas. Para descubrir y acabar con todos los falsos conversos, en 1478, los reyes solicitaron bula papal para la creación del Tribunal de la Inquisición del Santo Oficio, como dependencia directa de la Corona. El 1 de noviembre de 1478 el papa Sixto IV promulgó la bula Exigit sincerae devotionis affectus, por la cual quedaba constituida la Inquisición para la Corona de Castilla.
En un principio, la actividad inquisitorial se limitó a las diócesis de Sevilla y Córdoba, donde se sospechaba que habría detectado el foco de conversos judaizantes. El primer auto de fe se celebró en Sevilla el 6 de febrero de 1481, donde fueron quemados vivos seis detenidos acusados de judeoconversos. El sermón lo pronunció el propio Alonso de Ojeda, bajo cuyos atentos desvelos había resurgido la Inquisición. Tras diversos problemas en la organización y aplicación de los nuevos poderes inquisitoriales, el papa Sixto IV nombró a Tomás de Torquemada para el cargo de inquisidor general en 1483 a instancias de la reina Isabel.
Al poco tiempo, el 17 de octubre de 1483, Torquemada fue nombrado por el papa Inocencio VIII «Inquisidor General del Principado de Cataluña, de la ciudad y del obispado de Barcelona». En 1484 Torquemada redactó el reglamento común que debía guiar las acciones de los inquisidores. La posterior extensión de su poder efectivo sobre la Corona de Aragón fue facilitada por el asesinato del inquisidor Pedro de Arbués en 1485 en Zaragoza, atribuido por las autoridades a una comunidad de herejes y judíos. Tras la gran repercusión social de este asesinato, la población comenzó a colaborar con el papado.
Pocos años después, el supuesto asesinato ritual del llamado Santo Niño de La Guardia en 1491, igualmente atribuido sin pruebas a un colectivo de judíos, pudo influir en la proclamación del Edicto de Granada, que ordenó la proscripción de todos los judíos de España para el 2 de agosto de 1492, y del que se le considera más que probable autor.
En 1493 se retiró al convento de Santo Tomás de Ávila, donde en 1498, a la edad de 77 o 78 años, acaeció su muerte.
[Fuente: Wikipedia]
Principalmente a causa de la persecución, los musulmanes y los judíos de la España de la época encontraron social, política y económicamente conveniente convertirse al catolicismo (véase converso, morisco y marrano). La existencia de conversos superficiales (es decir, criptojudíos) fue percibida por los monarcas españoles de la época (los reyes Fernando e Isabel) como una amenaza para la vida religiosa y social de España. Esto llevó a Torquemada, que tenía antepasados conversos, a ser uno de los principales partidarios del Decreto de Granada que expulsó a los judíos de España en 1492.
Debido al uso generalizado de la tortura para obtener confesiones y a la defensa de la quema en la hoguera de los culpables, el nombre de Torquemada se ha convertido en sinónimo de crueldad, intolerancia religiosa y fanatismo.
Se desconoce la localidad natal de fray Tomás de Torquemada, aunque los historiadores han propuesto dos: el pueblo de Torquemada (Palencia) y Valladolid. Con seguridad, creció en la ciudad de Valladolid y, al igual que su tío Juan de Torquemada, célebre teólogo y cardenal, devino fraile dominico en el Convento de San Pablo de Valladolid. Es comúnmente aceptado que tenía ascendientes judíos. El cronista Hernando del Pulgar, contemporáneo de Torquemada y él mismo converso, al escribir sobre Juan de Torquemada en su libro 'Claros varones de Castilla' de 1486, registra que: "Sus agüelos fueron de linaje de los Judios convertidos á nuestra Santa Fé Católica". No obstante, la afirmación de que Torquemada desciende de conversos ha sido y sigue siendo controvertida, un estudio realizado en 2020 de todos los ancestros de Juan de Torquemada, su tío, no encontró judíos conversos en su familia.
Parece ser que realizó algún tipo de estudios superiores en la Universidad de Salamanca, donde coincidió con Lope de Barrientos. Era aún joven cuando en 1452 fue destinado como prior al convento de Santa Cruz la Real de Segovia, donde comenzó a destacar por su celo organizativo. Coronada reina Isabel I de Castilla en 1474, Torquemada fue nombrado uno de los tres confesores personales que atendían las necesidades espirituales de los Reyes Católicos, en premio por sus destacados servicios como monje y erudito.
Durante la estancia de la reina Isabel I de Castilla en Sevilla entre 1477 y 1478, el dominico sevillano Alonso de Ojeda, prior del convento de San Pablo, la convenció de la existencia de prácticas judaizantes entre los conversos andaluces. Un informe, remitido a instancias de los soberanos por el cardenal Mendoza, arzobispo de Sevilla, y por Tomás de Torquemada, vino a corroborar las sospechas. Para descubrir y acabar con todos los falsos conversos, en 1478, los reyes solicitaron bula papal para la creación del Tribunal de la Inquisición del Santo Oficio, como dependencia directa de la Corona. El 1 de noviembre de 1478 el papa Sixto IV promulgó la bula Exigit sincerae devotionis affectus, por la cual quedaba constituida la Inquisición para la Corona de Castilla.
En un principio, la actividad inquisitorial se limitó a las diócesis de Sevilla y Córdoba, donde se sospechaba que habría detectado el foco de conversos judaizantes. El primer auto de fe se celebró en Sevilla el 6 de febrero de 1481, donde fueron quemados vivos seis detenidos acusados de judeoconversos. El sermón lo pronunció el propio Alonso de Ojeda, bajo cuyos atentos desvelos había resurgido la Inquisición. Tras diversos problemas en la organización y aplicación de los nuevos poderes inquisitoriales, el papa Sixto IV nombró a Tomás de Torquemada para el cargo de inquisidor general en 1483 a instancias de la reina Isabel.
Al poco tiempo, el 17 de octubre de 1483, Torquemada fue nombrado por el papa Inocencio VIII «Inquisidor General del Principado de Cataluña, de la ciudad y del obispado de Barcelona». En 1484 Torquemada redactó el reglamento común que debía guiar las acciones de los inquisidores. La posterior extensión de su poder efectivo sobre la Corona de Aragón fue facilitada por el asesinato del inquisidor Pedro de Arbués en 1485 en Zaragoza, atribuido por las autoridades a una comunidad de herejes y judíos. Tras la gran repercusión social de este asesinato, la población comenzó a colaborar con el papado.
Pocos años después, el supuesto asesinato ritual del llamado Santo Niño de La Guardia en 1491, igualmente atribuido sin pruebas a un colectivo de judíos, pudo influir en la proclamación del Edicto de Granada, que ordenó la proscripción de todos los judíos de España para el 2 de agosto de 1492, y del que se le considera más que probable autor.
En 1493 se retiró al convento de Santo Tomás de Ávila, donde en 1498, a la edad de 77 o 78 años, acaeció su muerte.
[Fuente: Wikipedia]
Cristóbal Colón o los vikingos ¿Quienes fueron los primeros en llegar a América? (1492 o 1021)
El 12 de octubre de 1492, un grupo de españoles liderados por el italiano Cristóbal Colón llegó a una isla llamada Guanahaní después de cruzar el océano Atlántico. Aunque ellos pensaron que estaban en las Indias (Asia), en realidad habían descubierto un nuevo continente: América. Esa fecha quedó marcada en los libros de historia. Sin embargo, parece ser que se le adelantaron al explorador.
Según un estudio publicado por la revista Nature,los vikingos estaban presentes en el continente americano en el año 1021 d.C., es decir, hace exactamente 1.000 años.
El equipo internacional de científicos ha sacado sus conclusiones gracias a la datación por radiocarbono de objetos de madera descubiertos en un yacimiento arqueológico de Terranova, lo que podría ser el primer registro conocido de seres humanos que cruzaron de Europa a América. En concreto, analizaron tres trozos de madera, procedentes de tres árboles diferentes, que, según los científicos, procedían de contextos arqueológicamente atribuibles a los vikingos.
Aunque se desconoce cuando llegaron los europeos, si se ha podido saber cuando estuvieron. La fecha exacta, 1.021, se pudo determinar porque en el año 992 se produjo una enorme tormenta solar que provocó una clara señal de radiocarbono en los anillos de los árboles del año siguiente.
El año 1021 d.C. es el más antiguo en el que se puede demostrar científicamente la presencia europea en América. Las fechas anteriores de la presencia vikinga en América se han basado en gran medida en las sagas islandesas.
Aunque contradictorias y a veces fantasiosas, las sagas también sugieren que se produjeron encuentros, tanto violentos como amistosos, entre los europeos y los indígenas de la región. Sin embargo, se han encontrado pocas pruebas arqueológicas que confirmen estos intercambios. También existen otros relatos medievales que dan a entender que figuras prominentes del continente europeo se enteraron de que los vikingos habían tocado tierra a través del Atlántico.
El número de expediciones vikingas a América y la duración de su estancia sobre el Atlántico siguen siendo desconocidos. Todos los datos actuales sugieren que la estancia fue de corta duración, y es probable que el legado cultural y ecológico de esta primera actividad europea en las Américas haya sido pequeño. No obstante, las pruebas botánicashan confirmado que los vikingos exploraron tierras más al sur de Terranova.
[Fuente: ondacero.es]
Según un estudio publicado por la revista Nature,los vikingos estaban presentes en el continente americano en el año 1021 d.C., es decir, hace exactamente 1.000 años.
El equipo internacional de científicos ha sacado sus conclusiones gracias a la datación por radiocarbono de objetos de madera descubiertos en un yacimiento arqueológico de Terranova, lo que podría ser el primer registro conocido de seres humanos que cruzaron de Europa a América. En concreto, analizaron tres trozos de madera, procedentes de tres árboles diferentes, que, según los científicos, procedían de contextos arqueológicamente atribuibles a los vikingos.
Aunque se desconoce cuando llegaron los europeos, si se ha podido saber cuando estuvieron. La fecha exacta, 1.021, se pudo determinar porque en el año 992 se produjo una enorme tormenta solar que provocó una clara señal de radiocarbono en los anillos de los árboles del año siguiente.
El año 1021 d.C. es el más antiguo en el que se puede demostrar científicamente la presencia europea en América. Las fechas anteriores de la presencia vikinga en América se han basado en gran medida en las sagas islandesas.
Aunque contradictorias y a veces fantasiosas, las sagas también sugieren que se produjeron encuentros, tanto violentos como amistosos, entre los europeos y los indígenas de la región. Sin embargo, se han encontrado pocas pruebas arqueológicas que confirmen estos intercambios. También existen otros relatos medievales que dan a entender que figuras prominentes del continente europeo se enteraron de que los vikingos habían tocado tierra a través del Atlántico.
El número de expediciones vikingas a América y la duración de su estancia sobre el Atlántico siguen siendo desconocidos. Todos los datos actuales sugieren que la estancia fue de corta duración, y es probable que el legado cultural y ecológico de esta primera actividad europea en las Américas haya sido pequeño. No obstante, las pruebas botánicashan confirmado que los vikingos exploraron tierras más al sur de Terranova.
[Fuente: ondacero.es]
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