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La primera tónica de la historia fue un invento del suizo Johann Jacob Scheweppe (1783)

Estar al frente de los rankings suele ser un motivo de orgullo nacional que al sur de Europa se disfruta con menos frecuencia de la deseada, pero siempre hay excepciones. Según los datos de Statista, España es el país líder en consumo per cápita de ginebra. Cada español consume 1,07 libras de este espirituoso al año. Un dato que trae a otro liderazgo: a diferencia otras latitudes, donde la ginebra se toma sola, aquí la mezclamos con tónicas, el que hace que el Estado también lidere la liga de los países que más gaseosas consumen. Una buena noticia especialmente para Schweppes, que acapara el 70% del mercado, y que ha convertido el que nació como un remedio farmacéutico en un imprescindible del ocio.

El origen de las bebidas gaseosas se remonta al 1783, a la ciudad suiza de Ginebra –como no-, donde el relojero Johann Jacob Schweppe supera el sopor que le produce su oficio experimentando con la ciencia, que era su afición. Con el tiempo encontrará el método para introducir burbujas de dióxido de carbono en agua y embotellarlas, creando así la primera tónica de la historia, que tendrá cierto éxito comercial en Suiza como remedio contra las malas digestiones.

Animado por el modesto éxito del invento, Schweppe va a Londres el 1790, con la intención de industrializar la fabricación de la bebida y multiplicar el esfuerzo comercial en la gran capital europea del momento. A pesar del buen recibimiento que obtuvo la tónica a Ginebra, los londinenses no acogen la propuesta de Schweppe con el mismo entusiasmo y la empresa vive al filo de la navaja hasta que consigue el apadrinamiento de un médico de referencia de la ciudad.

Será Erasmus Darwin, el abuelo de Charles Darwin, quien empezará a recetar la tónica a sus pacientes como bebida diaria para prevenir los dolores de tripa y enfermedades como el paludismo. Según los diarios del médico, él mismo se tomaba una diariamente con su mujer, culminando siempre el refresco con una rodaja de limón.

La empresa pudo sobrevivir con unos resultados estables, pero discretos. De hecho, Schweppe muere el 1821, sin llegar a ver el estallido comercial de su invento, que se produce 15 años después, cuando el rey Guillermo IV concede el sello real a la marca. El mismo monarca era un consumidor asiduo de la bebida, más todavía desde el 1831, cuando Schweppe lanza al mercado el primer refresco de limón.

A mediados del siglo XIX Schweppe ya es una marca reconocida y consumida cada día por miles de europeos por sus valores medicinales. Pero su estallido definitivo como marca global llega el 1870, gracias a los militares británicos destinados a la India. La malaria se extiende por el gigante asiático y los médicos que acompañaban a las tropas recomiendan a las expediciones tomar tónica por la presencia de la quinina en el refresco, un elemento preventivo contra la enfermedad.

La leyenda explica como los militares empiezan a mezclar la tónica con el alcohol que tenían más a mano en sus expediciones, que era la ginebra, para mejorar el sabor de aquello que veían como poco más que un jarabe. El éxito de la mezcla es tal que los oficiales británicos empiezan a celebrar sus victorias en la India con el combinado, propiciando las primeras resacas de gintonic de la historia.

A finales del siglo XIX, la bebida salta de las farmacias a las casas, convirtiéndose en un producto imprescindible en el ocio del momento y en la cultura popular. Con los años, la compañía sacaría variantes de naranja, vainilla, cola y todo tipo de nuevos sabores, multiplicando las ventas y propiciando nuevos productos basados en su misma fórmula. Decía Charles Darwin que las especies más fuertes son las que son capaces de adaptarse al cambio, y Schweppes es el mejor ejemplo.

[Fuente: viaempresa.cat]

La primera fábrica yogurs se fundó en Barcelona, y fue Danone (1919)

Danone, una de las más grandes empresas de alimentación del mundo, tiene hoy su sede en Francia, pero nació en Barcelona en 1919, de manos de un visionario empresario de origen judío sefardí: Isaac Carasso. Este hijo de comerciantes, nacido en Tesalónica, –donde se refugió buena parte del éxodo sefardí, después de su expulsión de España en el siglo XV–, logró popularizar en Estados Unidos y Europa un producto, el yogur, que hasta entonces era prácticamente desconocido en esta parte del mundo. Y su historia íntimamente ligada al penoso devenir del pueblo hebreo en el siglo XX, que ha permanecido oculta durante mucho tiempo.

Isaac Carasso nació en Tesalónica en 1874. Por aquel entonces, la ciudad, en el noreste de la actual Grecia, era parte del imperio otomano. Se trataba de un importante centro comercial, a medio camino entre Oriente y Occidente, que tuvo un importante desarrollo económico, impulsado en gran parte por la abultada comunidad sefardí, de la que los Carasso, acomodados exportadores de aceite y frutos secos, eran destacados miembros. Carasso conoció la existencia del yogur en torno a 1905, de manos de los comerciantes búlgaros. Estos vendían “una leche de oveja fermentada de aspecto viscoso y sabor agrio” que conocían como jaurt, y que, aseguraban, se elaborada desde hace milenios.

Ese mismo año, el microbiólogo Stamen Grigorov, originario de Tran, la misma zona de Bulgaria de la que provenían los comerciantes que Carasso había conocido en Tesalónica, descubrió el Lactobacillus bulgaricus. Esta bacteria del ácido láctico era la responsable de la fermentación del jaurt, y todavía se usa en los cultivos de yogur en la actualidad. En 1909, basándose en los estudios de Grigorov, el científico ruso Ilía Metchnikoff, que un año antes había recibido el premio Nobel de Medicina –por su trabajo sobre la “teoría fagocitósica de la inmunidad”–, postuló que la longevidad de ciertas comunidades de Bulgaria, Rusia, Francia y Estados Unidos estaban relacionadas con el consumo de leches fermentadas, pues creía que estas acidificaban el conducto digestivo e impedían el crecimiento de las bacterias patógenas.

Fascinado por esta teoría, Carasso viajo tanto a la región búlgara de Tran como al Instituto Pateur de París, donde trabajaba Metchnikoff, también de ascendencia judía, para conocer de primera mano las bondades del yogur, un producto que estaba ya decidido a comercializar. Para entender su funcionamiento realizó todo tipo de pruebas. Intenta conocer el origen del yogur y experimenta con reses sacrificadas de oveja que abre en canal y allí mismo, en las pieles, fermenta la leche de oveja, de manera que sale un producto absolutamente medicinal, tal como él lo concibe.

Quizás Carasso habría fundado su empresa de yogures en Tesalónica, si no fuera por la sucesión de guerras que sufrió la ciudad los años siguientes. En 1910 estalló la guerra italoturca, la primera guerra moderna de Europa. Después las dos Guerras Balcánicas, de 1912 y 1913, tras las cuáles la ciudad pasó a control griego. Cuando los búlgaros y griegos entraron en Tesalónica, los Carasso, al igual que otras familias sefardíes de la ciudad, pidieron asilo en España. Alfonso XIII había retomado la relación de España con la comunidad judía en la diáspora, gracias sobre todo a la ayuda de Antonio Suqué, cónsul español en la ciudad. Tras la creación de la Unión Hispano-Hebrea, España concedió el asilo y, después, la nacionalidad, a diversas familias que querían huir del polvorín en que se había convertido Tesalónica.

Fue así como los Carasso –Isaac, junto a su esposa, Esterina, y sus tres hijos: el primogénito Daniel, Flor y Juana, la benjamina– marcharon a Barcelona, no sin antes pillar de camino la Primera Guerra Mundial, que estalló en 1914, y de la que se refugiaron en Lausana (ciudad de la neutral Suiza). Alli siguió aprendiendo sobre la fabricación de yogur, de manos de un grupo de albaneses, que trabajan en una línea similar a la suya. Por fin, en 1916, la familia se instaló en una casa del carrer del Angels, en pleno barrio del Raval. En 1919, Carasso construyó un laboratorio en el que fabricar sus yogures y fundó Danone, nombre proveniente del apelativo Danón, con el que se conocía en la familia a su hijo Daniel.

Los comienzos de la empresa no fueron sencillos. En España el yogur no se contemplaba siquiera como algo que pudiera llevarse a la boca, pero Carasso encontró apoyo en el Colegio de Médicos de Barcelona, que empezó a recomendar el producto, que en un principio solo se vendía en farmacias, por sus supuestas propiedades terapéuticas. El apoyo de reputados microbiólogos, como Ricard Moragas y Jaume Ferran, y el apoyo de la Casa Real, que empezó a comprar el producto a partir de 1927, cuando Carasso inauguró su fábrica de yogures en Madrid, hizo el resto.

Fue también en 1927 cuando Daniel abandona el hogar familiar en Barcelona para instalarse en París, después de cursar estudios de comercio en Marsella. Es allí donde, el 6 de febrero de 1929, funda la Societé Parisienne du Yoghourt Danone, con el respaldo financiero de su padre. En su huida de los nazis, en 1941, Daniel logró llegar a EEUU y refundó allí la compañía. Isaac ha inventado un yogur que se vende en farmacias, con un componente terapéutico que restringe su proyección en otros campos más abiertos al consumo generalizado. Daniel, por el contrario, ya experto en estrategias, desea implantar el producto en el mercado. El destino de Danone no son las farmacias, ni los hospitales, ni las clínicas de médicos especialistas, sino el mercado, el mercado de París, el gran mercado de Francia.

Carasso introdujo entonces una variante en la composición: quita al producto un punto de acidez y lo endulza un poco. Solo los consumidores búlgaros notan la diferencia, pero el producto resulta más atractivo para el mercado, y es un enorme éxito. Ambas compañías de la misma familia, en España y Francia, siguen creciendo, pero estalla entonces la Guerra Civil, la quinta de las guerras que vivió Isaac Carasso. El patriarca decide entonces juntar a la familia en París donde, tres años después, estalló la Segunda Guerra Mundial.

El mayor de los Carasso no llegó a vivir el conflicto. En abril de 1939, terminada la guerra en España, regresó a Barcelona, pero la muerte le sorprendió en el viaje de vuelta. Su cuerpo descansa en el cementerio judío de Bayona. Al resto de la familia le esperaban momentos difíciles. En su huida de los nazis, en 1941, Daniel logró llegar a los Estados Unidos, después de una estancia en Cuba. Estableció la empresa en Nueva York, cambiando su nombre a Dannon, para que sonase más estadounidense –un nombre que Danone sigue usando en EEUU–. No tuvo la misma suerte su hermana Flor, que murió en Auschwitz.

Hoy no queda ninguno de los herederos de los Carasso en Danone. En 2016, Marina Carraso, la última heredera del fundador de la compañía que contaba con acciones en la filial española de la firma, vendió sus participaciones en esta.

[Fuente: Miguel Ayuso Rejas para directoalpaladar.com]

La primera botella de vidrio (1500 a.C.)

El primer vidrio era un elemento natural en el medio ambiente. Debido a las altas presiones y altas temperaturas que han sido parte de la formación y reforma del planeta, las condiciones para crear vidrio se aprovecharían en varios casos, y así es como surgieron cosas como la obsidiana. Fue esta obsidiana la que abrió los ojos del hombre cuando la encontró por primera vez. La apariencia brillante y suave de la roca se convirtió en un catalizador de las primeras formas de civilización. Se utilizó para fabricar armas debido a su dureza y filo, y el resto es historia.

La primera vez que la gente empezó a experimentar con la fabricación de vidrio desde cero fue alrededor del año 7000 a. C. en Mesopotamia, donde los maestros artesanos comenzaron a crear formas rudimentarias de vidrio a partir de arena. Sin embargo, esta era una forma limitada de vidrio, ya que mantener el alto calor necesario para derretir la arena y formar vidrio era demasiado para la gente de esa época.

La historia de las botellas de vidrio es un viaje fascinante que abarca milenios, profundamente entrelazado con el progreso de la civilización humana en la artesanía, el comercio y la vida cotidiana. Si bien el vidrio en sí tiene un linaje aún más antiguo, que se remonta a alrededor del 3500 a. C., con formas tempranas halladas en Mesopotamia y Egipto, la innovación específica de crear recipientes de vidrio huecos (botellas) marca un hito significativo.

La primera botella de vidrio conocida se fabricó en el año 1500 a. C. en Mesopotamia. Allí se empleó por primera vez la técnica de soplar aire en gotas de vidrio caliente para crear espacios huecos, aunque esta técnica se había desarrollado en Siria unos 1500 años antes. Nunca se había utilizado para fabricar botellas de vidrio hasta ahora. Sin embargo, la primera botella de vidrio fue un acontecimiento crucial, ya que marcó la aplicación de las incipientes técnicas de vidriería para crear recipientes funcionales. Antes de esto, el vidrio se utilizaba principalmente para cuentas, adornos y pequeños objetos sólidos. El desarrollo de la formación de núcleos y, posteriormente, las técnicas de soplado de vidrio, revolucionaron la capacidad de crear recipientes huecos.

Las primeras botellas de vidrio solían ser pequeñas, de paredes gruesas y se utilizaban para almacenar líquidos valiosos como perfumes, aceites y medicamentos. Su creación fue un testimonio de la avanzada habilidad de los antiguos artesanos, quienes manipulaban el vidrio fundido para crear formas prácticas, sentando las bases de la vasta y diversa industria de envases de vidrio que conocemos hoy.

Las cosas empezaron a tomar una nueva forma cuando los romanos aprendieron técnicas prácticas de fabricación de vidrio. Refinaron aún más el estilo de soplado de los sirios y comenzaron a fabricar la primera forma de botellas comerciales que se utilizaban principalmente para almacenar vinos. Un gran cambio con respecto al uso de contenedores de barro para esto. El más antiguo sin abrir. botella de vino Es una botella de fabricación romana de 1700 años de antigüedad descubierta en Alemania.

Las técnicas romanas se perdieron por un tiempo antes de que fueran revisadas por los habitantes del noroeste y centro de Europa. Comenzaron a producir en masa lo que se conocía como vidrio forestal en sus rudimentarias fábricas durante años, refinando aún más el arte a medida que pasaban los años.

A finales de la Edad Media se crearon las primeras botellas de vidrio transparente en el sur de Alemania y en Suiza. Antes de eso, todas las botellas solían tener colores dependiendo de los materiales utilizados para fabricarlas. A nadie se le había ocurrido dejar las claras. Después de eso, el ritmo de fabricación de vidrio acelerado rápidamente en todo el mundo. Se rumorea que la primera botella de cerveza de vidrio fue fabricada por accidente por el Dr. Alexander Nowell en Inglaterra en 1568. Había llevado una botella de cerveza sellada con él en un viaje de pesca, pero la olvidó en la orilla del río. Al regresar al día siguiente, descubrió que la cerveza había sido carbonatada.

George Ravenscroft, otro inglés, descubrió el vidrio de plomo y esto abrió nuevas posibilidades sobre el uso de los envases de vidrio. Este reemplazó al vidrio veneciano que había sido el estándar durante muchos años. En 1774, Joseph Priestly, un científico, utilizó accidentalmente una botella de vidrio para descubrir cómo se puede detectar el oxígeno. Esto volvió a abrir el mundo de la ciencia, y no pasó mucho tiempo antes de que se descubriera que la mayoría de las botellas de vidrio podían usarse para realizar experimentos con sustancias químicas que habrían corroído cualquier otro material.

A lo largo de los años, las botellas de vidrio han evolucionado hasta convertirse en los equipos más diversos que han cambiado por completo la forma en que las personas interactúan con su mundo.

[Fuente: roetell.com]

Primer envase del primer refresco sin burbujas de España: TriNaranjus (1934)

Corría 1934, año en el que el gobierno republicano de Alejandro Lerroux restablecía la pena de muerte por garrote vil, se realizaba el primer vuelo del autogiro de Juan de la Cierva sobre Madrid y el Real Betis ganaba su primer y hasta el momento único título de Liga, entre otras efemérides, como la llegada al mercado de una nueva bebida, TriNaranjus, con una peculiar botella que no pasaba inadvertida.

Tri Naranjus (inicialmente dos palabras y después las dos juntas, ambas con mayúsculas) fue el primer refresco de frutas sin burbujas del mercado español. La marca nació en Valencia, en el número 44 de la calle Sagunto, hace ahora 90 años. Allí tenía su laboratorio el doctor Agustín Trigo Mezquita, farmacéutico que creó la nueva bebida refrescante a base de zumo concentrado de naranja, que estaba dirigida inicialmente sobre todo al público infantil.

El refresco recibió el nombre de TriNaranjus porque su receta original estaba elaborada con tres variedades de naranjas (Naranja Valencia, Salustiana y Cadenera) y por ello en su primera botella, de cristal, en la base había tres de estos cítricos. La botella en cuestión ha hecho que la imaginación de miles de personas vuele durante décadas.

TriNaranjus comenzó a venderse en toda España y, años después, fue una de las primeras marcas en aparecer en anuncios televisivos, en las pocas teles que había cuando Televisión Española comenzó a emitir en España en 1956 (apenas 600 televisores en Madrid). Tenía como grandes rivales a dos refrescos estadounidenses, Pepsi y Coca-Cola, aunque estas eran bebidas de cola y con burbujas, y la apuesta de TriaNaranjus era la fruta, y concretamente las naranjas, y prescindir del gas. Después llegaría el sabor limón, aunque conservando la marca Trinaranjus -nada de 'Trilimonus'- y décadas después numerosas variedades con otras frutas.

El diseño de esa primera botella de Trinaranjus corrió en 1934 a cargo de Pedro Gras y se expuso en la Feria de Marsella, Francia, dos años después con el nombre de Naranjina. Vicente Trigo vendió ese producto al francés León Betón, que le cambió el nombre a Orangina, mientras que el farmacéutico valenciano se asoció con el empresario Salvador Soler Violant y fue entonces cuando se impuso el nombre de TriNaranjus, además de reformularse la bebida, que fue un éxito desde el comienzo.

En los años 80 se produjo la mayor renovación de la imagen de TriNaranjus, que cambió su nombre a TriNa en 1986. Años más tarde, la marca pasó a ser propiedad de Orangina Schweppes, hasta que en 2009 lo adquirió el grupo japonés Suntory, y Trina pasó a sus manos. TriNa quedó integrada en Schweppes Suntory España, junto con otras marcas como Schweppes o La Casera, y volvió a actualizarse para convertirse en una "bebida del siglo XXI".

La marca presume ahora de incluir más fruta que cualquier otro refresco y de que sus productos son bajos en calorías: "Es un refresco sin burbujas, con auténtico zumo de fruta y un sabor inconfundible". Atrás quedaron los tiempos en que esta bebida se dirigía casi en exclusiva al público infantil.

En 2019, coincidiendo con el 85 aniversario de TriNaranjus, TriNa lanzó sus bebidas en un envase vintage de edición limitada, que rendía tributo a la clásica botella de cristal de un litro que dejó de producirse en 1986, tras 33 años vigente, y TriNa volvió a incluir "TriNaranjus" en el envase. Sin embargo, la primera botella de la marca valenciana, que estuvo vigente desde 1934 a 1956, no ha vuelto a reeditarse y algunos de los que disponen de una tratan de hacer su agosto en diferentes portales de internet. La botella original de Trinaranjus de 1934, que incluye en su base las palabras "TRINARANJUS" y DR. TRIGO", podemos encontrarla en diferentes sitios de internet desde 50 euros, aunque hay quien no duda en ponerla a la venta por 1.000 euros por si acaso suena la flauta.

[Fuente: Luís M. García para eleconomista.es]

El primer chicle comercializado fue desarrollado por John B. Curtis (1848)

Masticar chicle en muchas formas ha existido desde el Neolítico. En el yacimiento arqueológico Monte Verde en Chile (el cual tiene una datación de carbono 14 de más de 14 000 años) se encontraron intentos de chicle, la goma de mascar era obtenida de una mezcla de boldo y distintas especies de algas. En Kierikki, en Finlandia, se ha encontrado goma de mascar de 6000 años de antigüedad hecha de brea de corteza de abedul, con huellas de dientes. Se cree que la brea con el que se hizo la goma tiene propiedades antisépticas y otros beneficios medicinales. Es químicamente similar a la brea de petróleo y, por lo tanto, es diferente de la mayoría de las gomas tempranas. Los aztecas, así como los antiguos mayas antes que ellos, usaron el chicle, una goma de árbol natural, como base para hacer una sustancia similar a la goma y para unir objetos en el uso diario. Los chicles también se masticaban en la Antigua Grecia. Los antiguos griegos masticaban una goma de masilla hecha de la resina del árbol de lentisco. La goma de masilla, como la brea de corteza de abedul, tiene propiedades antisépticas y se cree que se ha usado para mantener la salud oral. Tanto el chicle como la masilla son resinas de árboles. Muchas otras culturas han masticado sustancias similares al chicle hechas de plantas, hierbas y resinas.

Aunque el chicle se remonta a las civilizaciones de todo el mundo, la modernización y comercialización de este producto se llevó a cabo principalmente en los Estados Unidos. Los indios americanos masticaban resina hecha de la savia de abetos. Los colonos de Nueva Inglaterra retomaron esta práctica y en 1848 John B. Curtis desarrolló y vendió el primer chicle comercial llamado «The State of Maine Pure Spruce Gum». De esta manera, el occidente industrializado, que había olvidado las gomas de los árboles, redescubrió el chicle a través de los primeros americanos. Alrededor de 1850 se desarrolló una goma hecha de cera de parafina, un producto derivado del petróleo, y pronto superó a la goma de abeto en popularidad. Para endulzar estos chicles tempranos, el usuario menudo utilizaba un plato de azúcar en polvo en el que sumergía repetidamente la goma para mantener la dulzura. William Semple presentó una patente anticipada sobre goma de mascar —número de patente 98 304— el 28 de diciembre de 1869.

El primer chicle con sabor fue creado en la década de 1860 por John Colgan, un farmacéutico de Louisville, Kentucky. Colgan mezcló azúcar en polvo con tolu, un aromatizante en polvo obtenido del extracto del árbol de bálsamo (Myroxylon), creando pequeños palitos de chicle con sabor que llamó «Taffy Tolu». Colgan también es líder en la fabricación y el envasado de goma de chicle a base de goma de Manilkara, un árbol de hoja perenne tropical. Colgan patentó una máquina para cortar automáticamente palitos de chicles más grandes —patente US 966 160, el 2 de agosto de 1910— llamada «Chewing Gum Chip Forming Machine» y otra para cortar automáticamente las envolturas de barras de chicle —patente US 913 352, el 23 de febrero de 1909— llamada «Web-cutting attachment for wrapping-machines» e inventada por James Henry Brady, un empleado de Colgan Gum Company.

El chicle moderno se desarrolló por primera vez en la década de 1860, cuando el expresidente Antonio López de Santa Anna trajo un cargamento de una tonelada de chicle (Manilkara zapota) de México a Nueva York, donde se lo dio a Thomas Adams para usarlo como sustituto del caucho. El chicle no tuvo éxito como reemplazo del caucho, sino como goma de mascar, se cortó en tiras, se le agregó sabor y se comercializó como «Adams New York Chewing Gum» en 1871. El chicle 'Black Jack' (1884), aromatizado con regaliz, 'Chiclets' (1899) y 'Wrigley's Spearmint Gum' fueron las primeras marcas populares que rápidamente dominaron el mercado y todavía existen en la actualidad. Masticar chicle ganó popularidad en todo el mundo a través de los soldados estadounidenses en la Segunda Guerra Mundial, a quienes se les suministraba chicle como una ración y lo vendían a los lugareños. Las gomas de mascar sintéticas se introdujeron por primera vez en los EE. UU. cuando el chicle tradicional ya no cumplía los estándares de calidad mínimos. En la década de 1960, los fabricantes estadounidenses cambiaron a caucho sintético a base de butadieno, ya que era más barato de fabricar.

Respecto de John Bacon Curtis, nació en Hampden (Maine) en 1827. Curtis pensó que sería conveniente convertir la goma de abeto en goma de mascar y su familia se mudó a Bangor en 1848, ya que el mercado era más adecuado para tal producto. Sobre una estufa Franklin en su casa, hornearon el primer lote de chicles. La etiqueta impresa en el nuevo producto decía "State of Maine Pure Spruce Gum".

Curtis produjo suficiente goma de mascar y luego fue a un mercado de Portland. Esta es la primera comercialización de chicles[2],[3],[4]. Durante los dos primeros días, Curtis no pudo vender su producto a los comerciantes. Al tercer día, finalmente hizo una venta, aunque fue difícil debido a la naturaleza del producto. Debido a que el mercado de Portland no era lo suficientemente grande para este producto en 1848 y 1849, Curtis decidió convertirse en un vendedor ambulante, viajando de ciudad en ciudad, en 1850. Curtis murió en 1897.

[Fuente: Wikipedia]

Piggly Wiggly, el primer supermercado por Clarence Saunders (1916)

Hoy en día tengamos muy arraigado el concepto de ir a hacer la compra a un supermercado. Lo de coger el carrito y recorrer los pasillos llenando la cesta con productos -muchos que no necesitamos-, no nos sorprende. Pero el modelo de autoservicio es algo que no siempre se ha practicado. Antes, el comercio tradicional se basaba en las tiendas de ultramarinos, colmados o mercados. Ahí, pedías al comerciante los alimentos que deseabas y él te preparaba el pedido.

Pero el mundo retail cambió totalmente en 1916 gracias a la genial idea de Clarence Saunders. Este norteamericano, que había trabajado en varias tiendas de comida, se dio cuenta de que el método típico de venta de alimentos a través de un mostrador era lento. Además, no aprovechaba todo el potencial de venta. Como el propio dependiente servía los productos, se formaban largas colas. Esa espera hacía que, al fin y al cabo, se dejara de hacer más dinero.

Saunders decidió poner en marcha un negocio donde cambiaban las reglas del juego: el cliente podía autoservirse y ser más autónomo durante el proceso de compra. Así, el 6 de septiembre de 1916, Clarence abrió su primera tienda en Memphis. Se decantó por un nombre bastante peculiar: Piggly Wiggly® y su imagen era un cerdito sonriente, que no pasó desapercibido. Su traducción vendría a ser algo así como «cerdito serpenteante».

Muchos predijeron que esta idea fracasaría estrepitosamente, opinión que también se acentuó con el nombre elegido y la imagen que se empleaba. Pero lo cierto es que se trataba de una idea totalmente novedosa para aquella época. Ese supermercado no tenía nada que ver con el resto de comercios. Al entrar disponías de una pila de cestas -por aquel entonces de madera- para guardar los productos, y el local estaba dividido en pasillos y estanterías para que el cliente se sirviera él mismo, algo totalmente inaudito hasta ese momento.

En los primeros meses se confirmó el éxito del considerado primer supermercado del mundo y Saunders decidió conceder franquicias a cientos de minoristas de alimentación para que explotaran sus propias tiendas Piggly Wiggly®. De hecho, a finales de 1916, Memphis ya contaba con nueve supermercados de esta cadena repartidos por la ciudad. Clarence Saunders confiaba 100% en su proyecto, llegando a decir: «Un día Memphis estará orgullosa de Piggly Wiggly®… Y todos los hombres dirán… que los Piggly Wigglies se multiplicarán y llenarán la tierra con más y más cosas para comer», según comenta Mike Freeman, autor del libro 'Clarence Saunders and the Founding of Piggly Wiggly: The Rise & Fall of a Memphis Maverick', en el que narra la historia del empresario.

El crecimiento de Piggly Wiggly® fue meteórico, y en 1923 la cadena ya contaba con 1267 tiendas (más de la mitad propiedad de la empresa y el resto franquiciados). Saunders se había convertido en un gran empresario -la empresa llegó a salir en Bolsa-, pero una mala gestión de las acciones le obligó a vender la compañía y entrar en bancarrota. Después, lo intentó abriendo unas tiendas con su propio nombre. Y, aunque logró recuperarse con otros innovadores negocios como Keedoozle en 1937, considerado el primer supermercado automatizado de Estados unidos, o Foodelectric, un sistema precursor del autopago, nunca revalidó el éxito del cerdito.

A día de hoy, Piggly Wiggly® cuenta con más de 500 tiendas repartidas por 18 estados. Pero lo que sigue generando mucha expectación es el porqué de un nombre tan peculiar, que se ha mantenido a lo largo de sus 127 años de historia. Clarence Saunders siempre mantuvo el hype al respecto y se mostraba reacio a cualquier explicación sobre el origen.

Una de las principales teorías que solía contar la gente de su entorno -y que refleja la web de la cadena- es que un día, mientras viajaba en tren, miró por la ventana y se fijó en varios cerditos que estaban intentando pasar por debajo de una valla. Aquella imagen le llevó a pensar en la original rima. Por otro lado, al ser preguntado por el porqué de esa denominación, también solía responder: «Para que la gente se haga esa misma pregunta».

Para encontrar un establecimiento de estas características en España, tuvieron que pasar unos cuantos años. No fue hasta 1959 cuando se inauguró el primer supermercado de autoservicio de nuestro país. Se trataba de un Caprabo ubicado en Barcelona, que fue idea de los emprendedores Pere Carbó, Jaume Prat y Josep Botet. El nombre salió de la primera sílaba del apellido de cada uno. Actualmente ese primer local continúa abierto y Caprabo tiene una red de 320 supermercados (desde 2007, forma parte del Grupo Eroski).

[Fuente: Toni Alonso para tapasmagazine.es]

Krueger, primera cerveza en lata comercializada (1935)

El origen de la comercialización de la primera lata de cerveza comienza en Richmond, Virginia en Estados Unidos, en enero del año 1935. Aunque desde 1909 la empresa American Can, ya estaba experimentando para lograr enlatar la cerveza, el problema era que hasta entonces las latas no podían soportar la presión del gas carbonatado y si se pasaban de un cierto límite, explotaban.

Poco después, el 17 de enero de 1920 entra en vigor la Ley Seca de Estados Unidos, y la American Can deja de realizar pruebas. No era el mejor contexto para seguir con el proyecto.

Fueron décadas de experimentos, con el fin de mejorar la logística, que presentaban las empresas cerveceras antes de la aparición de las latas, ya que, no podían permitirse el vender cervezas a grandes distancias. Hacerlo a más de 50 kms. de distancia podía suponerle grandes pérdidas a la empresa. La idea para evitarlas, era rellenar las botellas, pero ello obligaba a vender en las cercanías para poderlas recoger nuevamente y esto representaba una gran limitación, además del gran coste de producción que tenían las botellas de cristal y no poder recuperarlas para reutilizarlas.

En 1933 fue cuando la American Can logra fabricar una lata presurizada y con un recubrimiento especial que evitaba que la cerveza reaccionara con el estaño. Y dos años más tarde, en 1935, la compañía de Gottfried Krueger se convirtió en la primera fábrica de cerveza en comercializar su producto en lata. Con esto, se terminaban los problemas de almacenaje y se eliminaba el retorno de las botellas. Las nuevas latas se enfriaban más rápido, y la cervecera esquivaba así los altos impuestos que recaían sobre los barriles tras el fin de la Ley Seca.

La elegida fue la Finest Beer y obtuvo, sin duda, un gran éxito. Tan solo en ese año se vendieron 200 millones de unidades y, rápidamente, en Europa se patentó el invento. Seis meses después, la cervecería de Krueger estaba comprando en promedio 180 mil latas diarias a la American Can (de hecho la compañía quintuplicó las ventas). En seguida esté éxito fue notado por la industria, y poco tiempo después otras 37 cervecerías también adoptaron este formato. Para 1936, sólo en el Reino Unido había más de 40 marcas de cerveza envasadas en latas de hojalata.

Esa primera lata no tenía nada que ver con la que conocemos actualmente. El envase era más ligero que el vidrio, fácil de transportar y resistente a golpes y caídas. Sin embargo, la parte superior era plana y había que abrirla haciendo un orificio en la tapa con un abrelatas. En 1958 pasaron a ser de aluminio y la argolla superior no apareció hasta 1960.

En España hubo que esperar hasta 1966 para ver la comercialización de la primera lata de cerveza, cuando Cervezas Cruz Blanca lanzó al mercado su marca ‘Skol International Lager’, en formato de 33 centilitros. Poco después otras marcas como Mahou o Águila Imperial adoptaron este nuevo envase, aunque hasta 1980 no se empezaron a fabricar en España.

[Fuente: centralbeers.com]

Port'Alba, primera pizzería del mundo, en Nápoles (1738)

La antigua pizzería Port’Alba (‘Puerta Blanca’), en la ciudad de Nápoles, es considerada como la primera pizzería del mundo. En 1738 empezaron a producir pizzas para los viandantes y en 1830 se expandieron a una especie de pizzería-restaurante con mesas y camareros. Hoy en día sirven pizza bajo las mismas premisas.

Hacia 1830, el escritor francés Alexandre Dumas (padre) describe la pizza en la corte de Nápoles en su novela Le corrícolo. Dumas describe la pobreza de la gente que habita la ciudad, a los que denomina lazzaroni (‘lazarones’, como evocación al pobre Lázaro, personaje bíblico) y describe cómo esas gentes humildes desayunan, almuerzan y cenan un pan plano al que añaden diversos ingredientes: «En Nápoles se elaboraba con aceite de oliva, tocino, queso, tomate y anchoas en salazón». El empleo de queso mozzarella (procedente de leche de búfala) se introduce en Italia debido a las invasiones de poblaciones procedentes de Asia.

La cocina napolitana es muy estricta con la elaboración de su pizza. Los puristas —como los dueños de la famosa pizzería Da Michele, en vía C. Sersale (fundada en 1870)— consideran que ahí solo se deben servir las dos pizzas «verdaderas»: la marinara y la margherita. La marinara es la más antigua y tiene un recubrimiento de salsa de tomate, orégano, ajo, aceite de oliva y algo de albahaca. El nombre «marinara» (‘marinera’) no se debe a que antaño esta pizza llevara pescado (como se cree popularmente) sino por ser la comida de los pescadores cuando retornaban de sus actividades en la bahía de Nápoles. La pizza «margherita» se atribuye a un tal Raffaele Esposito. Este Esposito trabajó en la pizzería Pietro... e basta così (literalmente ‘Pedro... y así es suficiente’), que fue fundada en 1780 y que hoy en día sigue operando bajo el nombre de Pizzería Brandi.15​). En 1889, para celebrar la visita del rey Umberto I y la reina Margherita Teresa de Saboya, Esposito inventó tres pizzas diferentes16​La pizza elegida por la reina de entre las tres fue aquella que por sus contenidos le recordaba la bandera de Italia: verde (hojas de albahaca), blanco (queso mozzarella) y rojo (tomates). En honor de la reina, a esta pizza se la denominó «pizza Margherita».

[Fuente: Wikipedia]

Weihenstephan, la primera fábrica de cerveza (1040)

La Bayerische Staatsbrauerei Weihenstephan es una cervecería ubicada en un barrio de la ciudad bávara de Frisinga denominado Weihenstephan. Según las diversas fuentes, existe un consenso histórico en otorgarla como la fábrica de cerveza más antigua del mundo (Älteste Klosterbrauerei der Welt), al menos, entre aquellas que siguen actualmente en funcionamiento.

Hasta la década de 1950, la fábrica de cerveza describió su fecha de fundación oficial en el año 1146. En este momento, se encontró un documento que data del año 1040, en el cual se indica que el Obispo de Freising otorgó un derecho cervecero sobre la abadía para su autorización de fabricación y venta en la ciudad. No obstante, existen fuentes que datan de 768 como el inicio de la fabricación de esta cerveza por los indicios de la presencia de un jardín de lúpulo cerca, tras la fundación del monasterio en el año 725. La elaboración de cerveza era una práctica muy habitual de los monjes en los monasterios de la edad media.

En 1803, como parte de una ola más grande de secularización alemana, el monasterio de Weihenstephan se disolvió. El claustro pasó a ser propiedad del gobierno bávaro, donde se constituyó como Königlich Bayerische Staatsbrauerei Weihenstephan ("Real Cervecería Bávara Weihenstephan"). En 1921, la cervecería adoptó su nombre actual. Hoy, aunque es propiedad total del gobierno de Baviera, funciona como una empresa moderna en línea con las prácticas del sector privado. Los terrenos alrededor de la cervecería se desarrollaron en un campus de la Hochschule Weihenstephan-Triesdorf.

[Fuente: Wikipedia]

White Castle fue la primera cadena de hamburgueserías (1921)

White Castle es una cadena de restaurantes de comida rápida especializada en hamburguesas, que está establecida con más de 400 locales en el Medio Oeste de Estados Unidos y el área metropolitana de Nueva York. Fundada en 1921 en Wichita (Kansas), está considerada como la cadena de comida rápida pionera en Estados Unidos.

El primer restaurante White Castle se inauguró el 13 de septiembre de 1921 en Wichita (Kansas) por el cocinero Walter A. Anderson, que se especializó en vender hamburguesas. Debido a la demanda creciente, muy a menudo le compraban las hamburguesas por docenas, lo que dio lugar al popular eslogan que identificó posteriormente a la compañía: "buy'em by the sack" (cómpralas a saco). Para que su negocio creciera, Anderson se asoció en 1926 con un corredor de seguros, Edgar Waldo "Billy" Ingram, para abrir nuevos locales. En esos años, los estadounidenses recelaban del consumo de carne picada, por lo que los dos socios adoptaron medidas para remarcar la higiene de su local, como dotar de uniformes a todos sus trabajadores, el uso de parrilla y espátulas, o una característica decoración con porcelana blanca. Pronto el negocio se expandió a otras ciudades del Medio Oeste de Estados Unidos, con edificios prefabricados que seguían las mismas pautas que el local original.

Anderson está acreditado como el inventor del panecillo de hamburguesa,3​ y fue uno de los primeros en diseñar una cadena de cocina para restaurantes de comida rápida, que más tarde emularían otros negocios del sector. Las pautas de trabajo de la casa matriz garantizaban que el cliente recibiría un producto similar en cualquier ciudad.4​ Del mismo modo, el grupo fue uno de los primeros que estableció acuerdos con empresas externas para suministrarles productos, como el pan de hamburguesa o el mobiliario del restaurante, lo que convirtió a White Castle en uno de los pioneros de la comida rápida actual.2​ Otra medida importante que se tomó fue la apertura de un servicio de comida para llevar.

El tipo de hamburguesa de White Castle es más pequeña, diferente a la de otros establecimientos. Durante la Segunda Guerra Mundial crecieron los sentimientos anti-germanos en los Estados Unidos, y la hamburguesa perdió popularidad. El restaurante apostó por una receta distinta, por la que comenzó a vender hamburguesas más pequeñas en mayores cantidades, a cinco centavos la unidad.4​ El proceso de elaboración también era distinto, porque en cada filete se hacían cinco perforaciones para cocinarlo sin necesidad de darle la vuelta. Cuando se hacían a la parrilla se añadían aros de cebolla, lo que les daba un sabor característico.

En 1933, Ingram compró la parte de su negocio a Anderson, y trasladó la sede de la compañía a Columbus (Ohio). El negocio continúa siendo una sociedad limitada y todos los restaurantes White Castle pertenecen a la compañía. La dirección ha pasado posteriormente al hijo E.W. Ingram, y a su nieto E. W. Ingram III. A diferencia de otras hamburgueserías multinacionales, como McDonald's o Burger King, el negocio de White Castle se concentra sólo en algunas zonas de Estados Unidos, con más de 400 locales concentrados en su mayoría en el Medio Oeste de Estados Unidos y el área metropolitana de Nueva York.

[Fuente: Wikipedia]

Old Bushmills Distillery: Primera destilería de whisky (1608)

La Vieja Destilería Bushmills (en inglés, Old Bushmills Distillery) es una destilería situada en Bushmills, Antrim, Irlanda del Norte, propiedad de Tequila José Cuervo. Todo el whisky embotellado bajo la marca Bushmills se produce en la Destilería Bushmills, que usa agua recogida de Saint Columb's Rill, un afluente del río Bush. La destilería es una atracción turística popular, con alrededor de 120 000 visitantes al año.

La compañía que originariamente construyó la destilería se fundó en 1784, aunque en la etiqueta de la marca se muestra el año 1608 (refiriéndose a una fecha anterior, cuando se otorgó una licencia real a un terrateniente local para destilar whisky en la zona). Tras varios periodos en los que la destilería se cerró, la empresa ha estado en funcionamiento continuadamente desde su reconstrucción después de un incendio en 1885.

La zona tiene una gran tradición destilera. De acuerdo con la tradición popular, en 1276, un colono llamado Sir Robert Savage de Ards, antes de derrotar a los irlandeses en batalla, reforzó a sus tropas con "un poderoso trago de aqua vitae". En 1608, el rey Jacobo I de Inglaterra y VI de Escocia otorgó una licencia a Sir Thomas Phillipps para destilar whisky.

La Bushmills Old Distillery Company no se constituyó hasta 1784 por Hugh Anderson.Bushmills sufrió muchos años difíciles, con numerosos periodos de cierre. No existen registros de la actividad de la compañía en los años 1802 y 1822. En 1860, dos mercaderes de bebidas alcohólicas de Belfast, Jame McColgan y Patrick Corrigan, compraron la destilería; en 1880, constituyeron una sociedad limitada (limited company). En 1885, las instalaciones originales de Bushmills fueron destruidas en un incendio, pero la destilería fue reconstruida rápidamente. En 1890, un barco de vapor propiedad y operado por la destilería, el SS Bushmills, hizo su primer viaje a través del Océano Atlántico a Estados Unidos, recalando en Filadelfia y Nueva York antes de partir hacia Singapur, Hong Kong, Shanghái y Yokohama.

A principios del Siglo XX, el mercado americano era muy importante para Bushmills (así como para otros productores irlandeses de whisky). La promulgación de la Ley Seca en 1920 fue un duro golpe para la industria del whisky irlandesa, pero Bushmills consiguió sobrevivir. Wilson Boyd, el administrador de Bushmills por aquel entonces, predijo el fin de la Prohibición y mantuvo grandes existencias de whisky, listas para su exportación. Tras la Segunda Guerra Mundial, la destilería fue adquirida por Isaac Wolfson, y, en 1972, fue transmitida a Irish Distillers, con lo que esta última compañía pasó a tener el control de la producción de todo el whisky irlandés. En junio de 1988, Irish Distillers fue adquirida por el grupo licorero francés Pernod Ricard.

En junio de 2005, la destilería fue adquirida por Diageo, por 200 millones de libras. Diageo emprendió una gran campaña publicitaria para recuperar la cuota de mercado de Bushmills. En mayo de 2008, el Banco de Irlanda emitió una nueva serie de billetes en Irlanda del Norte que incluían una ilustración de la Vieja Destilería Bushmills en su anverso, reemplazando los antiguos billetes, que incluían a la Queen's University de Belfast. En noviembre de 2014 se anunció que Diageo transmitiría la marca Bushmills a Jose Cuervo, a cambio del 50% de la marca de tequila Don Julio, que Diageo no tenía en propiedad. El trato se cerró a principios de 2015. Posteriormente, José Cuervo anunció una política ambiciosa de expansión de la compañía.

[Fuente: Wikipedia]

Coca-Cola, el primer envase (1894)

Esta es la primera botella de Coca-Cola, vendida en 1894. En ese entonces, contenía una cantidad estimada de entre 5 y 9 miligramos de cocaína por vaso. Para comparar, una dosis típica o 'línea' de cocaína hoy en día es de 50 a 75 mg. 

Es importante aclarar que Coca-Cola no fue embotellada antes de 1894, ya que la bebida fue inventada en 1886 por John Stith Pemberton y originalmente solo se vendía en fuentes de soda. El embotellado comercial de Coca-Cola no comenzó hasta 1899. 

En 1903, las hojas de coca que contenían cocaína fueron eliminadas de la fórmula y reemplazadas por hojas "descocainizadas", aunque la completa eliminación de la cocaína de la fórmula no se logró hasta 1929, cuando se perfeccionó el proceso para remover cualquier rastro de este alcaloide.

[Fuente: FB Cerebro Digital]