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El Dolmen: primera estructura hecha por el hombre (aprox. 4500 a.C.)

Un dolmen es una estructura megalítica formada típicamente por una gran losa de piedra horizontal que descansa sobre dos o más losas verticales. Los ejemplos europeos más antiguos se han encontrado en Bretaña, Francia septentrional, y se fechan en el V milenio a. C. Los dólmenes también están presentes en el Oriente Medio, África del Norte, Asia y, particularmente, existen grandes cantidades en Corea con ejemplos que datan de alrededor del 1000 a. C. Las estructuras funcionaban como cámaras de sepultura o como sitios de culto antiguo, por ejemplo, a una diosa de la tierra o de la fertilidad.

La arquitectura megalítica, específicamente la construcción de santuarios y tumbas con enormes bloques de piedra, ocupa una posición importante en la experiencia cultural de la Prehistoria. La palabra "dolmen", que deriva del bretón t(d)aol que significa "mesa" y men o min que significa "piedra", aparece en el debate científico hacia finales del siglo XVIII. Hasta entonces el examen de estos "extraños" monumentos, dispersos aquí y allá, originó suposiciones que eran por lo menos fantasiosas. Se creía que eran obras construidas por gigantes o, incluso, obras del diablo. Por lo tanto, las primeras investigaciones fueron para entender el uso de estas estructuras y establecer su edad, aunque la ausencia de objetos de metal indicaban el período al cual podrían pertenecer.

En la segunda mitad del siglo XIX, la publicación del primer mapa europeo de las localidades megalíticas conocidas resaltaba tantas coincidencias que condujo a la creencia de que fueron la obra de una única población. Por lo tanto, parecía justificable considerar el "fenómeno megalítico" una manifestación cultural inusual del Oriente Próximo y a los dólmenes, en concepto, la reproducción no natural de la gruta funeraria mediterránea.

El arqueológo australiano V. Gordon Childe reforzaba esta hipótesis en su último libro The Prehistory of European Society, donde sostiene que la construcción de los enormes mausoleos fue llevada a cabo por míticos misioneros megalíticos, miembros de algunas de las primeras tribus egeas del Mediterráneo oriental, quienes divulgaron una fe religiosa conocida por pertenecer a los cultos de Gea, Gaya o Gaia, la diosa madre, diosa de la tierra.

El perfeccionamiento de los sistemas de datación absoluta, gracias al método de radiocarbono 14C, puso fin a esta tesis de una vez por todas. Se comprobó que las tumbas megalíticas más antiguas se originaron en la Europa central/septentrional. Los dólmenes bretones datan del 4500 a.C. (más antiguos, por lo tanto, que las pirámides de Egipto, los zigurat mesopotámicos y los grandes sitios cretenses y micénicos). Se expandieron más al sur, a la Francia central y meridional, al suroeste hasta España y Portugal y al noreste a las tierras bajas centrales de Europa, Suecia y más. Concluyeron su fase con las más recientes construcciones en Malta alrededor del 2400 a. C. y en Italia a comienzos del II milenio a. C.

El período de tiempo mencionado fue suficiente para que cada región desarrollara una tipología local, aunque manteniendo una característica común: el uso de bloques o losas de piedra, a veces de dimensiones colosales, lo que los convirtió en fenómenos ligados una cultura ampliamente extendida.

Los dólmenes mediterráneos datan de una era más cercana a la actual. Se pueden encontrar alrededor de 100 por toda Cerdeña, algunos de los cuales, los llamados dólmenes quiste, estaban elaborados con losas de piedra ensambladas en una manera cubiforme, datados hasta la Edad del Cobre, alrededor de 3000-2100 a. C. Los dólmenes en Italia meridional, más recientes, se remontan a la primera mitad del II milenio a. C., el período correspondiente a la última fase de la Edad del Bronce.

Fuera de Europa, la presencia más frecuente de dólmenes se encuentra en la península de Corea, donde hay unas 200.000 estructuras megalíticas. Los dólmenes coreanos son sorprendentemente similares a los de Europa. Los hallazgos excavados en el interior de muchos de los dólmenes demuestran que se utilizaban normalmente para los entierros de la élite. En ocasiones, los dólmenes coreanos se construían muy cerca unos de otros, creando áreas similares a cementerios con entre 30 y 100 estructuras.

La configuración más elemental del dolmen es trilítica: una losa horizontal de piedra colocada sobre dos piedras ubicadas verticalmente para formar la construcción, donde los elementos estructurales enmarcan un espacio cuadrangular. Tales formas se pueden ver casi en cualquier parte, en Islandia, Escocia, Inglaterra, Alemania septentrional, Francia, España, Escandinavia, Dinamarca, Holanda, Córcega, Cerdeña, Apulia, Sicilia, Malta, África del norte, Marruecos, Trípoli, Egipto, Siria, Palestina, Bulgaria, Crimea, Cáucaso, Irán, India, Corea.

Le siguieron formas más complejas, fueron hechas de una larga o aún más larga sucesión de trilitos, generando dos tipos particulares: la tumba de corredor y la tumba de galería (allée couverte). Las tumbas de corredor, construidas con grandes losas de piedra fijadas verticalmente en el terreno (ortostatos), tienen corredores que varían en longitud y conducen a una cámara o a varias cámaras de forma poligonal. Las tumbas de galería, en cambio, tienen un solo espacio de forma rectangular usado completamente como una cámara sepulcral

Algunas de estas estructuras evolucionaron a construcciones más complicadas, como en el caso de los dólmenes de domo falso donde el techo convexo se obtenía de la disminución gradual de la distancia entre las losas del edificio. Otro ejemplo es el de los dólmenes con cámaras laterales, caracterizados por una serie de celdas alrededor de la central. Cada sepulcro, o serie de sepulcros, se completaba con una cubierta de tierra mezclada con piedras.

En cualquier región en la que se construyeran hubo que afrontar problemas inestimables, como encontrar piedras adecuadas y transportar el material para la construcción. En aquellas áreas donde la piedra era muy dura y difícil de romper, se erigieron monumentos enormes; mientras que en otros lugares, donde era fácil astillar la piedra, se construyeron estructuras por el método de la piedra seca en vez de usar la auténtica técnica megalítica. Este es el caso de los pequeños dólmenes sicilianos.

Al sur, las islas de Malta y Gozo albergan los más extraordinarios sitios prehistóricos del Mediterráneo, los "templos megalíticos". Se construyeron entre cerca del 4000 y el 2500 a. C. Estaban dedicados a un culto de adoración a una diosa de la fertilidad. Los dólmenes, como hay que llamarlos correctamente, (unos 20 en total) deben datarse en un periodo sucesivo (la segunda mitad del tercer milenio a.C.). En muchos casos, son pequeñas cámaras con cubierta formada por una gran losa colocada sobre piedras verticales. Se afirma que pertenecen a una población ciertamente diferente de aquella que construyó los templos megalíticos anteriores.

No todas las estructuras megalíticas de piedra eran monumentos funerarios: los crómlech o crónlech de Stonehenge en Inglaterra y los menhires de Carnac en Francia, por mencionar algunos, habrían servido para otros propósitos extraordinarios, quizás relacionados con la práctica de un culto astronómico. Podrían haber representado el producto de una cultura que buscaba captar el centro de irradiación de energía positiva absoluta en el universo. El "prototipo" de esta arquitectura casi seguramente tenía sus orígenes en una serie de afortunadas casualidades (la ocurrencia natural de piedras caídas o de algún "escenario" natural sugestivo debió dejar volar la imaginación religiosa de ciertas comunidades prehistóricas). Tanto es así que se otorgó a las piedras un significado místico excepcional.

Mercado de Trajano, primer centro comercial de todos los tiempos (112)

Las numerosos tiendas del mercado de Trajano estaban distribuidas en distintos niveles. Resulta muy interesante perderse entre sus ruinas e imaginar el ambiente de la época. El carácter visionario de los romanos se pone de manifiesto en este edificio de seis plantas. Su planteamiento, un espacio cubierto que alberga distintos tipos de comercios, sigue absolutamente vigente.

La construcción se realizó entre los años 100 y 112 d.C. El arquitecto que la llevó a cabo fue Apolodoro de Damasco, de origen sirio, de máxima confianza del emperador. Fue el artífice de muchas de las grandes obras ejecutadas durante su mandato y, también, durante el periodo de Adriano, su hijo adoptivo y sucesor. La construcción, de ladrillo, con terrazas mirando hacia el foro, es una magnífica muestra de funcionalidad y bello equilibrio entre los elementos.

General y gobernante, a Marco Ulpio Trajano se le conoce como uno de los mejores emperadores romanos. El historiador Plinio el Joven lo denominaba en su tiempo “optimus princeps” y decía de él: “Trajano supo traer alegría a los romanos. Nos ordenó ser felices y lo seremos”. Diversos estudios sobre él inciden en sus elevadas aptitudes para la batalla y la gobernanza, pero también en su atención a las necesidades del pueblo. Tampoco se olvida su respeto a las mujeres, a las que no apartó de la política. Trajano, nacido en el año 53 en la ciudad de Itálica, en la Bética, muy cerca de la actual Sevilla, se diferenciaba de otros emperadores porque no heredó su cargo. No fueron las relaciones familiares sino sus méritos propios los que llevaron al emperador Nerva a nombrarlo su sucesor en el año 98.

Trajano logró unificar el imperio sobre las bases de una cultura y una vida civil comunes. Su propósito fue mejorar los territorios que conquistaba con edificaciones, calzadas, termas, puentes y puertos. El puente sobre el Danubio o el de Alcántara, en Extremadura, son parte de su legado. Las reformas sociales, la potenciación de infraestructuras y el respeto a las leyes caracterizan sus dos décadas de gobernanza. La extensión del comercio fue una de sus grandes motivaciones. Y también la construcción de edificios públicos en Roma, muchos de los cuales han llegado hasta el presente. El foro y el mercado de Trajano son algunos de ellos. Conocer los detalles de la vida del emperador, acceder a las fuentes de la Historia, enriquece la visita a todos estos lugares.

El área arqueológica que acoge el mercado de Trajano emergió en 1924, año en que Mussolini acometió la construcción de la avenida de los Foros Imperiales. En ese momento, salió a la luz todo un territorio que permanecía oculto por un conjunto de casas medievales y renacentistas. Restos de todas estas etapas se entremezclan hoy en el rico cruce de historias que es la ciudad de Roma.

El visitante que se acerca al primer centro comercial de la Historia, público y cubierto, comprueba que conserva buena parte de su estado original. La construcción, un gran edificio de forma simétrica y planta semicircular, fue obra del arquitecto Apolodoro de Damasco. Realizada en ladrillo, constaba de seis plantas con terraza. En las inferiores se ubicaban los distintos locales comerciales. Se vendían productos llegados de todas las partes del Imperio: sedas de Oriente, especias, frutas, pescado fresco… Las áreas superiores albergaban zonas de ocio como una biblioteca y las oficinas administrativas del emperador.

En la actualidad, el mercado de Trajano alberga el Museo de los Foros Imperiales. El visitante tiene la oportunidad de recorrer las distintas partes que han llegado hasta nuestros días del mercado, todo un laberinto. Y también disfrutar de distintas exposiciones que le permiten acercarse a las claves de la época clásica romana.

Los restos de los Foros Imperiales pueden admirarse desde la Via Alessandrina, pero la visita al museo permite realizar un auténtico viaje en el tiempo. Sus muestras, de carácter didáctico, utilizan maquetas, vídeos y paneles explicativos. A través de estos materiales se reconstruyen los foros y se da cuenta de las modificaciones que fueron sufriendo a lo largo de la Historia. En las ruinas del gran complejo se detectan las huellas de César, Augusto, Nerva y, por supuesto, Trajano. Todos ellos aportaron su impronta a los que fueron sus centros de acción política y administrativa.

Muy cerca de la plaza Venecia, andando por la vía del Foro Imperial, en dirección al Coliseo, nos encontramos con el foro de Trajano. Su construcción es conocida por la utilización del hormigón, que permitió su ejecución en un breve espacio de tiempo. Pero lo que hace especialmente singular este espacio es la famosa Columna Trajana, que se conserva en estupendas condiciones. Es un monumento de mármol de Carrara de 38 metros de altura. En su pedestal se guardó una urna con las cenizas de Trajano y su mujer, Plotina. La columna está decorada con un conjunto de 135 bajorrelieves en espiral para celebrar las victorias de Trajano en Dacia, la actual Rumanía, entre el 98 y el 105 d.C. En su día, esta columna formaba parte de la Basílica de Ulpia. Se dividía en cinco naves, sus paredes eran de mármol y las tejas de bronce dorado. Durante la Edad Media fue saqueada, por lo que apenas quedan de ella algunas columnas y parte del mármol del suelo. También en el foro de Trajano se encuentran las ruinas del templo que lleva su nombre, conocido como ‘templo de los divinos Trajano y Plotina’. Fue levantado en honor del emperador y de su esposa, tras la muerte de ambos, en el 117 y 124, respectivamente. A ellos quiso rendir homenaje Adriano, hijo adoptivo y sucesor.

Fue destruido durante la Edad Media y su localización entre las ruinas del foro ha sido muy reciente. Los estudios arqueológicos apuntan a una edificación de grandes proporciones. Estaba conformada por siete salas y columnas sobre altos pedestales que decoraban el área sagrada. Su forma podría haber sido muy similar a la del templo cercano de Antonio y Faustina que pudo servirle de modelo.

En 2017, con motivo de la conmemoración de 1.900 años de su muerte, se celebró una gran exposición en el Museo de los Foros Imperiales. Su título ‘Trajano, construir el imperio, crear Europa’, aludía a una característica muy destacada de su mandato, su cariz integrador. Este emperador contribuyó a engrandecer el Imperio y a dotarlo de un inmenso poder. Llegó a extenderse a lo largo de 6.5 millones de kilómetros cuadrados, englobando el actual territorio europeo. Pero, tras sus exitosas conquistas, la prioridad de Trajano no era destruir ni someter a otros pueblos sino integrarlos.

[Fuente: barcelo.com]

Primera pirámide de Sudamérica, en la ciudad sagrada de Caral-Supe, Perú, (aprox. 2600 a.C.)

La pirámide más antigua de América Latina, construida alrededor del 2600 a.C., ha impresionado al mundo con su notable antigüedad y su diseño arquitectónico. Este tesoro precolombino no solo precede a la grandeza del imperio Inca, sino que también rivaliza en edad y magnificencia con las pirámides de Egipto y México. Este hallazgo ha reformulado la narrativa histórica de las civilizaciones en Latinoamérica, resaltando la rica herencia cultural y arquitectónica de Sudamérica.

La pirámide, ubicada en un extenso terreno de más de 500.000 metros cuadrados y que incluye varias construcciones notables, fue descubierta en 1905. Sin embargo, su verdadera relevancia histórica no se reconoció hasta 1994 por la arqueóloga Ruth Shady. Desde entonces, este impresionante sitio ha sido objeto de numerosos estudios y, en 2009, la UNESCO lo declaró Patrimonio de la Humanidad, destacando su importancia a nivel global.

La pirámide más antigua de América Latina se encuentra en la Ciudad Sagrada de Caral-Supe, ubicada a unos 200 kilómetros al norte de Lima, Perú. Este sitio arqueológico es uno de los centros urbanos más antiguos y complejos de la civilización más antigua conocida en el hemisferio occidental. Caral fue construida aproximadamente en el 2600 a.C., lo que la coloca en el mismo periodo que las primeras pirámides de Egipto.

La pirámide más destacada del complejo es la Pirámide Mayor, que se erige con una altura de casi 30 metros y una base que abarca un área similar a la de cuatro campos de fútbol. La construcción de esta estructura monumental, junto con otras seis pirámides principales, refleja un avanzado conocimiento arquitectónico y una sofisticada organización social de la civilización que habitó Caral.

La Pirámide Mayor de Caral destaca por su diseño escalonado y su monumentalidad. Con una base de 153,52 metros de longitud y 110 metros de ancho, alcanza una altura de 28 metros. Su frente presenta una plaza circular y una escalera de 9 metros de ancho que asciende 28 metros hasta la cima. Esta estructura, junto con otras pirámides del complejo, fue construida utilizando bolsas tejidas con juncos llenas de piedras grandes, conocidas como shicras, para sostener los muros de contención.

Además de la Pirámide Mayor, el complejo incluye la Pirámide del Anfiteatro, la más imponente en términos de longitud, con 155 metros de largo, 81 metros de ancho y 11 metros de altura. Este sitio tuvo una significativa actividad ceremonial, como lo evidencian las 32 flautas finamente decoradas encontradas en su plaza circular. Otras pirámides, como la de la Cantera, la Galería y la Huanca, presentan características y usos específicos que subrayan la complejidad y diversidad funcional de la civilización de Caral.

La pirámide de Caral destaca por su antigüedad, pero también por su sofisticación arquitectónica. Mientras que las pirámides de Giza en Egipto fueron construidas alrededor del 2580-2560 a.C., y las pirámides de México, como las de Teotihuacán, datan del primer milenio de nuestra era, Caral-Supe ya florecía como un centro urbano avanzado. Esta cronología coloca a Caral como una de las civilizaciones más antiguas del mundo.

El reconocimiento de Caral como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO subraya su relevancia histórica y cultural. Este sitio representa un hito en la historia de América Latina, y ofrece una visión invaluable del desarrollo temprano de las civilizaciones en Sudamérica. La investigación continua en Caral sigue revelando nuevos hallazgos que maravillan a arqueólogos y visitantes por igual, y la consolidad como un lugar en la historia global.

Gunung Padang es un megalito que, por años, se creyó una montaña natural cubierta de vegetación. Sin embargo, un reciente análisis reveló que esta colina es, en realidad, una pirámide de múltiples capas cuidadosamente esculpida sobre un núcleo de lava. Los estudios sugieren que la construcción comenzó en el último período glacial, durante el Paleolítico, entre los años 25000 a. C. y 14000 a. C., antes de ser modificada y cubierta en sucesivas etapas. Con este hallazgo, que podría superar a las pirámides de Egipto y Perú, se confirmaría que una antigua civilización de la región fue capaz de crear una obra monumental. Incluso supera en antigüedad a Göbekli Tepe, un santuario piramidal en Turquía conocido por ser uno de los monumentos más antiguos hasta la fecha.

El número de pirámides en el mundo es considerablemente alto y sigue creciendo a medida que se descubren nuevas estructuras mediante tecnologías avanzadas. En términos generales, se estima que existen más de 400 pirámides a nivel mundial. Este número incluye no solo las pirámides de Egipto, que son las más conocidas, sino también muchas otras distribuidas en diferentes continentes. En Egipto, se han identificado aproximadamente 118 pirámides, incluyendo las icónicas pirámides de Giza. Sin embargo, sorprendentemente, Egipto no es el país con el mayor número de pirámides. Ese título corresponde a Sudán, que alberga entre 200 y 255 pirámides construidas por el Reino de Kush en la región de Nubia.

Las tres icónicas pirámides de Guiza, junto con sus complejos funerarios, fueron construidas en un intenso período de edificación que abarcó aproximadamente entre el 2550 y el 2490 a.C. Estas pirámides fueron erigidas bajo el mandato de los faraones Keops, responsable de la pirámide más alta; Kefrén, cuya pirámide se encuentra en segundo plano; y Micerino, cuya pirámide está situada al frente.

[Fuente: Jennifer Valqui en larepublica.pe]

José Echegaray, primer premio Nobel español -de literatura- (1904)

José María Waldo Echegaray y Eizaguirre fue un ingeniero, dramaturgo, político y matemático español, hermano del comediógrafo Miguel Echegaray. Polifacético personaje de la España de finales del siglo XIX, mostró excelentes resultados en todas las áreas en las que se involucró. Obtuvo el cuarto Premio Nobel de Literatura en 1904, siendo el primer español en conseguirlo, y desarrolló varios proyectos en ejercicio de las carteras ministeriales de Hacienda y Fomento. Realizó importantes aportaciones a las matemáticas y a la física. Introdujo en España la geometría de Chasles, la teoría de Galois y las funciones elípticas. Está considerado como el más grande matemático español del siglo XIX. Julio Rey Pastor afirmaba: «para la matemática española, el siglo XIX comienza en 1865 y comienza con Echegaray». En 1911, fundó la Real Sociedad Matemática Española.

José Echegaray nació en Madrid el 19 de abril de 1832. Su padre, José Echegaray Lacosta, era médico y profesor de instituto, natural de Zaragoza, y su madre, Manuela Eizaguirre Charler, natural de Azcoitia, Guipúzcoa. Con 5 años de edad su familia se trasladó a Murcia, por motivos laborales de su padre, donde pasó su infancia y realizó los estudios correspondientes a la enseñanza primaria. Fue allí, en el Instituto de Segunda Enseñanza de Murcia, donde comenzó su afición por las matemáticas. «Obtenido el grado de bachiller», se trasladó a Madrid y tras conseguir el título en el Instituto San Isidro, ingresó en 1848 en la primitiva Escuela de Caminos. Cumplidos los veinte, salió de la Escuela de Madrid con el título de Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos, que había obtenido con el número uno de su promoción, y se tuvo que desplazar a Almería y Granada para incorporarse a su primer trabajo. 

En unión de Gabriel Rodríguez fundó El Economista, revista en la que escribió numerosos artículos, iniciando de esta manera una actividad periodística que no abandonaría a lo largo de toda su vida. Asimismo, participó en el establecimiento, en abril de 1850, de la Asociación para la Reforma de los Aranceles y, también, fue ponente en las conferencias dominicales sobre la educación de la mujer (Universidad de Madrid), con la conferencia 'Influencia del estudio de las ciencias físicas en la educación de la mujer' (Madrid, 1869).

En su juventud leía a Goethe, Homero y Balzac, lecturas que alternaba con las de matemáticos como Gauss, Legendre y Lagrange. José Echegaray mantuvo una gran actividad hasta su muerte, ocurrida el 14 de septiembre de 1916 en Madrid. Su extensa obra no dejó de crecer en la vejez: en la etapa final de su vida escribió 25 o 30 tomos de Física matemática.

En 1854 comenzó a dar clase en la Escuela de Ingenieros de Caminos haciéndose cargo de la secretaría de la misma. Allí dio clases de matemáticas, estereotomía, hidráulica, geometría descriptiva, cálculo diferencial y física desde ese año hasta 1868. De 1858 a 1860 también fue profesor de la Escuela de Ayudantes de Obras Públicas.

Diez años más tarde, cuando contaba treinta y dos años de edad, fue elegido miembro de la Real Academia de las Ciencias Exactas. El discurso de ingreso, titulado 'Historia de las matemáticas puras en nuestra España', en el que hizo un balance, exageradamente negativo y con determinadas lagunas, de la matemática española a través de la historia y en el que defendía la «ciencia básica» frente a la «ciencia práctica», fue fuente de una gran polémica.

En su carrera como científico y profesor publicó muchas obras sobre física y matemáticas, algunas de ellas, publicadas en su primera etapa, si bien Echegaray estuvo escribiendo hasta el final de sus días.

Tras la Revolución de 1868 y la entrada de Prim en Madrid, Ruiz Zorrilla, con el que había participado activamente en la fundación del Partido Radical, nombró a Echegaray Director General de Obras Públicas, cargo que ocuparía hasta 1869, cuando fue nombrado Ministro de Fomento (1870 y 1872) y de Hacienda entre 1872 y 1874. En 1870 formó parte de la comisión que recibió al rey Amadeo de Saboya en Cartagena. Como Ministro de Fomento realizó la Ley de Bases de Ferrocarriles.

La abdicación de Amadeo de Saboya el 11 de febrero de 1873 hizo que el gobierno de Ruiz Zorrilla fuera destituido y se formara un nuevo gabinete republicano que sería depuesto con la entrada del ejército en el Congreso en enero de 1874 al mando de Pavía. Al golpe siguió la formación de un gobierno de concentración, el cual volvió a requerir los servicios de Echegaray como Ministro de Hacienda, desde donde se le daría al Banco de España el carácter de banco nacional con el monopolio de emisión de billetes.

Dejó el Ministerio de Hacienda para dedicarse a la literatura. En 1905, regresó de nuevo al Ministerio de Hacienda durante el reinado de Alfonso XIII, desaparecido su fervor republicano. Fue además senador vitalicio y presidente del Consejo de Instrucción Pública.

En 1865, comenzó su actividad literaria con 'La hija natural', aunque no llegó a estrenarla en esa época. Luego, en 1874, escribió 'El libro talonario', considerada el comienzo de su producción como dramaturgo, con el pseudónimo anagramático de "Jorge Hayeseca". Estrenó 67 obras de teatro, 34 de ellas en verso, con gran éxito entre el público de la época, aunque desprovistas de valor literario para la crítica posterior. En 1896 fue elegido miembro de la Real Academia Española. En su primera época sus obras estaban inmersas en la melancolía romántica, muy propia de la época, pero más adelante adquirió un tono más social con una evidente influencia del noruego Henrik Ibsen.

En 1904, Echegaray compartió el Premio Nobel de Literatura con el poeta provenzal Frédéric Mistral, convirtiéndose así en el primer español en recibir un premio Nobel. El premio le fue entregado en Madrid, el 18 de marzo de 1905, por el rey y la comisión sueca organizadora. La concesión del Nobel de Literatura escandalizó a las vanguardias literarias españolas y, en particular, a los escritores de la generación del 98. En ese tiempo Echegaray no era considerado un dramaturgo excepcional y su obra era criticada muy duramente por escritores de tanto relieve como Clarín o Emilia Pardo Bazán, aunque de un modo no siempre consecuente. En el propio Clarín pueden leerse críticas elogiosas. Él mismo mantuvo siempre una actitud distante con sus obras, no obstante contaba con la admiración de autores como Bernard Shaw o Pirandello. Pero Echegaray tenía un gran prestigio en la España de principios del siglo XX, un prestigio que alcanzaba los campos de la literatura, la ciencia y la política y una asentada fama en la Europa de su tiempo. Sus obras triunfaron en ciudades como Londres, París, Berlín y Estocolmo.

Fue presidente del Ateneo de Madrid (1898-1899); presidente de la Asociación de Escritores y Artistas Españoles durante el periodo 1903 a 1908; miembro de la Real Academia Española donde ocupó el sillón "e" minúscula entre 1894 y 1916; Senador vitalicio (1900) y dos veces presidente de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales (1894-1896 y 1901-1916); primer presidente de la Sociedad Española de Física y Química, creada en 1903; catedrático de Física matemática de la Universidad Central de Madrid (1905); presidente de la sección de Matemáticas de la Asociación Española para el Progreso de las Ciencias (1908); y primer presidente de la Sociedad Matemática Española (1911). En 1907, a propuesta de Ramón y Cajal, la Academia de Ciencias creó la Medalla Echegaray y se le concedió a José Echegaray la primera de ellas.

[Fuente: Wikipedia]

Antoni Gaudí, pionero del modernismo arquitectónico (1878)

Cuando pensamos en Barcelona, en la belleza de sus edificios y arquitectura, inevitablemente nos vendrá a la cabeza la palabra Gaudí, ya que este arquitecto y la ciudad de Barcelona están ligados entre sí de forma indisoluble.

Antoni Gaudí, nacido el 25 de junio de 1852 en Reus, fue el mayor representante del modernismo arquitectónico y un pionero en los movimientos artísticos más vanguardistas. Sufrió durante su infancia de problemas reumáticos que le condicionaron a la hora de ir a la escuela o jugar con otros niños, por lo que desde temprana edad desarrolló un sentido especial por la observación de la naturaleza, el su color y todas sus formas.

Fue así como su interés por la arquitectura y el dibujo se fue gestando hasta dar como resultado su traslado a Barcelona e ingreso en la escuela de Arquitectura a la edad de diecisiete años.

En 1878 logró su título en arquitectura y empezaría sus trabajos con la ayuda del mecenazgo que la nueva burguesía de Barcelona le otorgaría. Es importante reconocer que la ciudad se encontraba en un momento de florecimiento económico y cultural que sin duda favoreció en la búsqueda de nuevos estilos arquitectónicos y de la experimentación, así como en la construcción de todo tipo de edificios, desde culturales a industriales, que se verían salpicados por el modernismo (art nouveau), corriente artística que se volvería dominando a finales del siglo XIX y principios del XX.

A partir de ahí desarrollaría, a lo largo de su carrera como arquitecto, diferentes técnicas y estilos que harían de él un referente singular e inspirador para los arquitectos que han venido después.

Su huella y legado en Barcelona han hecho sin duda de sus obras un símbolo de la ciudad y un reclamo turístico, siendo además siete de ellas consideradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Es debido a esto que, entre las muchas cosas que se pueden realizar al visitar Barcelona, destaca el realizar la ruta modernista: un itinerario a través del cual podrás visitar una gran cantidad de edificios únicos, donde la obra de Gaudí destaca especialmente y supone todo un referente del mundo del arte y la arquitectura.

Desde su época hasta el día de hoy, el trabajo de Gaudí ha sido admirado y reconocido por arquitectos de todo el mundo a causa de su estilo diferenciador y único. Y es que ya desde sus inicios, los diseños de Gaudí mostraron una identidad propia y vanguardista que confluyeron en lo que conoceríamos como movimiento modernista.

Gaudí pasó una infancia y adolescencia caracterizadas por la observación de la naturaleza y la atención a sus detalles, y eso mismo lo trasladaría después a sus edificios, en los que es fácilmente observable si nos fijamos en la abundancia de formas orgánicas, geométricas y en el uso de las curvaturas, así como de la piedra y el color.

Otro elemento característico del estilo de Gaudí, que encontramos a menudo en sus obras, es el del estilo gótico medieval, derivado de la influencia de la “Renaixença” que reivindicaba la cultura propia sobre la base del sentimiento nacionalista. De esta forma, en la obra de Gaudí es frecuente encontrar elementos de inspiración medieval góticos y mudéjares mezclados entre sí, buscando así simbolizar la identidad histórica integrada en la arquitectura modernista.

El estilo arquitectónico de Gaudí destaca también por la integración del ornamento en sus edificios, formas vegetales y elementos decorativos caprichosos que forman parte de la esencia misma del modernismo arquitectónico y de las que Gaudí sería pionero. Entre sus diseños se encuentran muebles y elementos decorativos de diversos materiales como la cerámica, el vidrio e incluso el hierro forjado.

La luz y el color tenían una importancia primordial y así lo reflejó en sus diseños, al tiempo que tenía en cuenta la funcionalidad que iba a cumplir el edificio a la hora de diseñarlo: su técnica no se centró únicamente a cubrir un determinado estilo estético o una simple moda de su tiempo, sino que buscaba dotar a la construcción de características que facilitaran la función que tuviera como objetivo cumplir, y esto lo podemos apreciar tanto en la distribución general como en la planta de sus edificios.

No debemos caer en el error de considerar a Antoni Gaudí como un simple arquitecto modernista, sino entender que su estilo, si bien contribuyó al modernismo, tiene un carácter propio que lo hacen único. En la actualidad, es reconocido como un arquitecto diferenciador, revolucionario y separado del modernismo, por las características que reúne y lo hacen único.

El estilo de Gaudí ha sido estudiado por numerosos historiadores del arte, quienes han intentado dividir y clasificar su prodigiosa obra. En la actualidad, es considerada como la mejor manera de analizar la técnica de Gaudí la que fue establecida por el arquitecto y ensayista Joan Bergós i Massó, quien estudió minuciosamente el trabajo de Gaudí con el fin de ordenarlo en distintas etapas. Estas etapas están basadas en las técnicas diferenciadas y estilos que utilizó el célebre arquitecto, y no en un orden cronológico de períodos temporales determinados.

Según esta clasificación, podemos seccionar la obra de Gaudí en cinco estilos diferentes que la caracterizaron, a saber: período preliminar, mudéjar-morisco, gótico evolucionado, naturalismo expresionista y síntesis orgánica.

Es el momento en el que la carrera arquitectónica de Gaudí dio principio, comprendiendo sus últimos años de carrera y sus primeros trabajos profesionales después de la obtención del título de arquitectura. De este período se pueden destacar elementos como las Farolas de la plaza Real, que son consideradas Bien Cultural de Interés Local en el Inventario del Patrimonio Cultural catalán. De la misma forma, realizó numerosas colaboraciones como en la fuente monumental del Parque de la Ciutadella con el maestro Fontserè o el convento de las Salesas de Barcelona con el arquitecto Martorell.

En cuanto al estilo mudéjar-morisco, se trata de construcciones que se identifican por la policromía geométrica que las caracteriza, es decir, dónde se ve acentuado el contraste entre el ladrillo y la cerámica, así como entre sus colores. A esto se suman los elementos inspirados en el arte mudéjar medieval, como cúpulas. De este estilo, el edificio más destacado es el de la Casa Vicens, en Barcelona, dónde se puede apreciar la disparidad de colores creando un fuerte contrapunto, así como los elementos moriscos de inspiración árabe. Otras obras a mencionar que entran dentro de esta etapa son el Palacio Güell de Barcelona o el Capricho de Gaudí en Cantabria.

Gaudí consideraba el estilo gótico como un arte imperfecto, poco estable y mal estructurado, según lo mismo lo definía “es un cuerpo defectuoso que se aguanta con muletas”. A pesar de esta consideración respecto al arte gótico, Gaudí estudió profundamente este estilo y acabó proyectando diferentes edificios de estilo neogótico, de forma libre, pero inspirados en la estética gótica original, que han contribuido a crear esta técnica que hace de él un arquitecto diferenciado de los demás. De hecho, muchas de las obras más emblemáticas y visitadas de Gaudí encajan dentro de este estilo: visita la Torre Bellesguard Gaudí y podrás reconocer fácilmente a la vista las influencias góticas y medievales, imitando los torreones de los castillos y con colores principalmente marrones.

En el caso del naturalismo expresionista, la inspiración principal vino de la mano del barroco y acabó evolucionando a través del modernismo vitalista. En esta etapa se abandonan las características góticas y medievales más evidentes pero se mantiene la decoración sobrecargada y los contrastes de colores se acentúan notablemente. Las fachadas se vuelven mucho más expresivas, esto podemos observarlo en edificios como la Casa Calvet, el Park Güell, la Casa Batlló o la Casa Milà.

La última etapa del estilo característico de Gaudí fue la síntesis orgánica, donde alcanza un nivel de expresividad, de formas curvas y plasticidad casi perfecto. A este período pertenece su obra más conocida, que nadie debería dejar de visitar si se encuentra en Barcelona: el Templo de la Sagrada Familia. Con esta gran obra arquitectónica, símbolo de toda una imponente ciudad, Gaudí, quien era un hombre de convicciones religiosas, buscó otorgar la mayor expresividad respecto a sus creencias.

Con el Templo de la Sagrada Familia todos los elementos de las etapas anteriores se unen en uno sólo: destacan componentes de inspiración neogótica como las torres, la decoración barroca, las formas inspiradas en la naturaleza… Fue en 1883 cuando aceptó hacerse cargo de continuar las recién iniciadas obras la Sagrada Familia. Gaudí modificó totalmente el proyecto inicial, convirtiéndola en su obra cumbre, conocida y admirada en todo el mundo. A partir de 1915 se dedicó casi por completo a este proyecto, hasta que murió. Se prevé que las obras se terminarán en 2026, año del centenario de su fallecimiento.

Si disfrutas con el arte, la arquitectura, la buena gastronomía y la belleza, no hay mejor forma de combinar todo esto que realizando en Barcelona la ruta modernista, visitando edificios tan emblemáticos como la Sagrada Familia o la Torre Bellesguard. Gaudí ha dejado una huella imborrable y una muestra de su talento en cada rincón de Barcelona, así como en otros puntos de Catalunya y España. Conocer estos edificios no supone sólo sumergirse en el arte y la arquitectura, supone también ser testigos de la obra de uno de los arquitectos más insignes de la humanidad y de un pedazo de historia de la ciudad de Barcelona.

En cuanto a su biografía, Antoni Gaudí nació el 25 de junio de 1852, hijo del industrial calderero Francesc Gaudí i Serra y Antònia Cornet i Bertran. Era el menor de cinco hermanos, de los que solo tres llegaron a edad adulta: Rosa (1844-1879), Francesc (1851-1876) y Antoni. Se desconoce el lugar exacto del nacimiento de Gaudí, ya que no se conserva ningún documento que lo especifique, existiendo una controversia entre Reus y Riudoms (dos municipios vecinos y colindantes de la comarca del Baix Camp) sobre la localidad natal del arquitecto. Lo que sí es seguro es que fue bautizado en la Iglesia Prioral de San Pedro de Reus el día después de su nacimiento. El nombre que consta en su partida de bautismo es Anton Placid Guillem.

La estancia en su tierra natal le sirvió asimismo para conocer y estudiar profundamente la naturaleza, sobre todo durante sus estancias veraniegas en el Mas de la Calderera, la casa de los Gaudí en Riudoms. Le gustaba el contacto con la naturaleza, por lo que posteriormente se hizo miembro del Centro Excursionista de Cataluña (1879), entidad con la que realizó numerosos viajes por toda Cataluña y el sur de Francia. También practicó durante un tiempo la equitación, y hasta su vejez caminaba unos diez kilómetros diarios.

Realizó sus primeros estudios en el parvulario del maestro Francesc Berenguer, padre del que sería uno de sus principales colaboradores, y luego pasó a los escolapios de Reus; destacó en dibujo, colaborando con el semanario El Arlequín. También trabajó durante un tiempo como aprendiz en la fábrica textil Vapor Nou de Reus. En 1868 se trasladó a Barcelona para cursar enseñanza media en el Convento del Carmen de la ciudad condal. En su adolescencia estuvo cercano al socialismo utópico, realizando junto con dos compañeros de estudios, Eduardo Toda y José Ribera y Sans, un proyecto de restauración para el Monasterio de Poblet que lo convertiría en un falansterio utópico-social.

Entre 1875 y 1878 realizó el servicio militar en el Arma de Infantería en Barcelona, siendo destinado a Administración Militar. Pasó la mayor parte del tiempo rebajado de servicio a causa de su salud, por lo que pudo continuar con los estudios. Gracias a ello no tuvo que entrar en combate, pues coincidió en esas fechas con la Tercera Guerra Carlista.

Cursó arquitectura en la Escuela de la Lonja y en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona, donde se graduó en 1878. Junto a las asignaturas de arquitectura asistió a clases de francés y cursó algunas asignaturas de Historia, Economía, Filosofía y Estética. Su expediente académico fue regular, con algún que otro suspenso; Gaudí se preocupaba más de sus propios intereses que de las asignaturas oficiales. Para pagarse la carrera, Gaudí trabajó como delineante para diversos arquitectos y constructores, como Leandre Serrallach, Joan Martorell, Emilio Sala Cortés, Francisco de Paula del Villar y Lozano y Josep Fontserè.

A partir de este momento, comienza su enorme obra arquitectónica de las que ya se han esbozado unas líneas al principio de este artículo.

Gaudí vivió dedicado por completo a su profesión, permaneciendo soltero toda su vida. Al parecer, tan solo en una ocasión se sintió atraído por una mujer, Josefa Moreu, maestra de la Cooperativa Mataronense, hacia 1884, pero no fue correspondido. Desde entonces Gaudí se refugió en su profunda religiosidad, en la que encontraba gran sosiego espiritual. A menudo se ha pintado la imagen de un Gaudí huraño y antipático, de bruscas contestaciones y gestos altaneros; pero la gente que lo trató más de cerca lo describió como persona afable y cortés, buen conversador y fiel con sus amigos, entre los que destacaron especialmente su mecenas, Eusebi Güell, y el obispo de Vic, José Torras y Bages, así como los escritores Joan Maragall y Jacinto Verdaguer, el doctor Pere Santaló y algunos de sus más fieles colaboradores, como Francisco Berenguer y Llorenç Matamala.

El 7 de junio de 1926 Gaudí se dirigía a la iglesia de San Felipe Neri, que visitaba a diario para rezar y entrevistarse con su confesor, mosén Agustí Mas i Folch; pero al pasar por la Gran Vía de las Cortes Catalanas, entre las calles Gerona y Bailén, fue atropellado por un tranvía, que lo dejó sin sentido. Siendo tomado por un mendigo, al ir indocumentado y a causa de su aspecto descuidado, con ropas gastadas y viejas, no fue socorrido de inmediato, hasta que un guardia civil paró un taxi que lo condujo al Hospital de la Santa Cruz. Al día siguiente lo reconoció el capellán de la Sagrada Familia, mosén Gil Parés, pero ya era tarde para hacer nada por él. Murió el día 10 de junio de 1926, a los 73 años de edad, en la plenitud de su carrera. Fue enterrado el 12 de junio, con presencia de grandes multitudes que quisieron darle el último adiós, en la capilla de Nuestra Señora del Carmen de la cripta de la Sagrada Familia. En su lápida figura la siguiente inscripción:

Antonius Gaudí Cornet / Reusensis / Annos natus LXXIV / Vitae exemplaris vir / Eximiusque artifex / Mirabilis operis huius / templi auctor / Pie obiit Barcinone / die X Junii MCMXXVI / Hinc cineres tanti hominis / resurrectionem mortuorum / expectant. R.I.P. (Antoni Gaudí Cornet. Oriundo de Reus. Nacido hace 74 años, varón de vida ejemplar y eximio artífice, autor de la admirable obra de este templo, murió píamente en Barcelona el 10 de junio de 1926, aquí las cenizas de tan gran hombre esperan la resurrección de los muertos. Q.E.P.D.)

[Fuente: bellesguardgaudi.com, Wikipedia]

El Faro del fin del mundo, primero en aguas argentinas (1884)

El Faro de San Juan de Salvamento, ubicado en la Isla de los Estados, Argentina, es conocido como el primer faro construido en aguas argentinas y ha sido apodado “El Faro del Fin del Mundo”. Inaugurado en 1884, su ubicación remota y su relevancia histórica lo convirtieron en una fuente de inspiración para la novela 'El Faro del Fin del Mundo' de Julio Verne, aunque el autor nunca lo visitó personalmente. Su detallada descripción en la obra se basó en mapas y relatos de exploradores.

El faro dejó de funcionar en 1902, pero en la década de 1990 fue reconstruido simbólicamente gracias al ingeniero francés André Bronner, quien buscó rendir homenaje tanto al legado histórico del faro como a la novela de Verne. Hoy en día, es un símbolo emblemático de la región austral argentina y un atractivo para amantes de la historia y la literatura. Su historia refleja el impacto duradero de la obra de Verne y el valor cultural de este icónico lugar.

[Fuente: FB La Naturaleza]

Pirámide escalonada de Zóser, la primera del Antiguo Egipto y del mundo (2611 a.C.)

El monumento ubicado en la necrópolis de Saqqara es considerada la pirámide más antigua en Egipto. Es décadas más antigua que las famosas pirámides de Keops.

Es muy difícil decir cuál es el número exacto de pirámides construidas en el Antiguo Egipto. En cualquier caso, aunque puede haber más, de la antigua civilización de los faraones se han llegado a descubrir en torno a 120 de estos monumentos, situados a lo largo del río Nilo.

Las tres principales pirámides de Guiza, y las más famosas, son las de Keops, Kefrén y Micerino. Sin embargo, estas no son las más antiguas aunque se crea que sí. ¿Cuál fue entonces la primera de estas icónicas estructuras que levantaron los egipcios?

Los egipcios construyeron pirámides como edificios funerarios, de tal forma que el objetivo era tener un lugar en el que el cuerpo del faraón momificado pudiera descansar para toda la eternidad y desde ahí alcanzar el más allá. En consecuencia, se depositaban en ellas las pertenencias que había tenido en vida el difunto (joyas, muebles...) e incluso se ponían alimentos que le ayudarían en ese viaje a la otra vida.

Las pirámides son, sin duda, el elemento más representativo de lo que fue el Antiguo Egipto, no solo por su belleza y lo que representaron, sino porque albergan grandes misterios.

A menos de 20 Kilómetros de El Cairo, en la conocida como la meseta de Guiza, se encuentran las pirámides de Guiza, sin duda la postal más emblemática de Egipto. Sin embargo, ¿son realmente las más antiguas? Recientemente se ha considerado que la pirámide escalonada de Zoser, en la necrópolis de Saqqara, es la primera pirámide del Antiguo Egipto y la gran estructura de piedra más antigua. Este monumento es la tumba del faraón Zoser (o Dyoser) (Necherjet Dyeser) de la Dinastía III (c. 2650 a.C.).

La pirámide de Zoser resulta de gran importancia en la historia del Antiguo Egipto en tanto que representa un gran paso adelante en la historia de la arquitectura y la ingeniería. Hay que tener en cuenta que no es solo la primera pirámide egipcia, sino también la primera pirámide del mundo. Se considera que se construyó entre 2630 y 2611 a.C., por lo que es décadas más antigua que cualquiera de las de Guiza.

Denominada antiguamente Dyeser Deyeseru, "la más sagrada", según el sacerdote e historiador antiguo Manetón fue edificada por Imhotep, el primer arquitecto conocido de la historia. Es la construcción más notable de la necrópolis de Saqqara, al sur de la ciudad de Menfis, y fue el prototipo de las pirámides de Guiza y de las restantes que se extendieron a lo largo del curso del Nilo.

¿Cuánto mide la pirámide de Zoser? La estructura se encuadra en un recinto que constituye un complejo funerario. En cuanto a sus dimensiones, mide 140 metros de longitud, 118 metros de ancho y 60 metros de alto. En lo que respecta al material de construcción, fue levantada con pequeños bloques calcáreos, con un modo de elaboración similar al del adobe.

Cabe destacar que la pirámide de Zoser supuso un cambio muy importante en el Antiguo Egipto: hasta su construcción, las tumbas reales consistían en cámaras subterráneas cubiertas por una estructura de adobe en forma de pirámide truncada llamada mastaba.

Tal y como indica el texto 'La construcción en Egipto. Primera parte', de Francisco Ortega Andrade, catedrático de Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, "con la pirámide de Zoser nace el período de la historia de Egipto definido como Etapa de las pirámides", aproximadamente entre los años 2.680 y 2.260 a.C. "La pirámide es una obra monumental que trata de oponerse a la muerte dotándola de una perspectiva de vida", analiza el historiador, y añade: "La pirámide es la morada eterna de los reyes. Los dioses son temporales, sectoriales, se suceden y viven en el templo. Así, Horus (dios del halcón) persiste hasta la cuarta dinastía".

[Fuente: Noelia Gómez, publicado en elespanol.com]