Jacques Piccard, primer hombre en descender a las Fosas Marianas, junto a Donald Walsh (1960)

Jacques Piccard nació en Bruselas, el 28 de julio de 1922. Fue un explorador, ingeniero y oceanógrafo suizo, conocido por el desarrollo de vehículos subacuáticos para el estudio de las corrientes oceánicas. Piccard y Don Walsh fueron, hasta 2012, las únicas personas que alcanzaron el punto más bajo de la superficie terrestre, el abismo Challenger, en la fosa de las Marianas.

Hijo de Auguste Piccard, era un inventor y explorador suizo, además de profesor de física en las universidades de Zúrich y Bruselas. Jacques estudió en una escuela privada llamada École Nouvelle de Suisse Romande en Lausana (Suiza). Se graduó en 1943 y fue a la Universidad de Ginebra, donde estudió física y economía. En 1944 se tomó un año libre para servir en el Primer Ejército Francés. En 1946 se licenció y en 1946 empezó a dar clases. Su padre utilizaba la técnica de flotación de los globos para desarrollar un vehículo sumergible en aguas profundas conocido como batiscafo. Jacques trabajó con su padre para mejorar el diseño del batiscafo y demostrar su potencial para las inmersiones en aguas profundas. Construyeron tres batiscafos entre 1948 y 1955.

El 23 de enero de 1960, Jacques Piccard fue el primero en alcanzar la máxima profundidad marina en un batiscafo denominado Trieste, diseñado y construido por su padre. Lo hizo acompañado del teniente de la Marina estadounidense Donald Walsh en la fosa de las Marianas, alcanzando el lecho del océano. La profundidad del descenso fue calculada en 10.916 metros (35.813 pies), pero unas mediciones hechas en 1995 determinaron un nuevo valor, y se calculó la profundidad real del Challenger Deep en 10.911 m (35.797 pies). El descenso duró cinco horas y los dos hombres estuvieron en el fondo oceánico cerca de veinte minutos antes de la subida, que demoró 3 horas y 15 minutos.

El 26 de marzo de 2012, el director de cine James Cameron repitió la hazaña con un minisubmarino, logrando el récord de inmersión en solitario en la fosa Challenger.

La Marina estadounidense adquirió el Trieste para emplearlo en la investigación oceánica, y Jacques Piccard se trasladó a los EE. UU. para trabajar en su desarrollo y perfeccionamiento.

Jacques Piccard murió el 1 de noviembre de 2008 en su casa de Suiza, en La Tour-de-Peilz.

[Fuente: Wikipedia]

Maurice Garin, primer ganador del Tour de Francia (1903)

El Tour de Francia ha llevado al hombre y a la máquina a sus límites desde 1903. Pero las cosas han cambiado mucho desde los primeros días del Tour: de ser una atracción principalmente nacional a convertirse en el mayor acontecimiento deportivo anual de varios días de duración del mundo, atrayendo a miles de millones de fans de todo el planeta. En la carretera, las cosas también son muy diferentes: más seguro, más profesional y un poco menos salvaje.

El primer tour de Francia se celebró en 1903 – con el objetivo de vender más periódicos… Fue creado y patrocinado por el periódico deportivo francés L’Auto, que esperaba que una nueva y ardua carrera de resistencia alrededor del país captara la atención del público y aumentara sus decrecientes cifras de ventas. Estaba en lo cierto. La carrera fue un éxito y decenas de miles de personas se reunieron en París para presenciar la etapa final – al igual que ocurre hoy en día. Pero muchas otras cosas han cambiado radicalmente desde el primer Tour en 1903.

En 1903, las seis monstruosas etapas del Tour de Francia abarcaban un total de 2.428 kilómetros, lo que significaba que algunas carreras se desarrollaban durante la noche a través de carreteras escabrosas y sin asfaltar. Los ciclistas corrían de forma individual, sin el apoyo de un equipo. El ganador del Tour de Francia inaugural, Maurice Garin, que era deshollinador a tiempo parcial, se llevó a casa 3.000 francos, lo equivalente a unos 12.000 euros de hoy. Su margen de victoria fue de casi 3 horas, el mayor de la historia. Un brazalete verde significaba ser el líder de la general. El famoso maillot amarillo no se introdujo hasta 1919.

Los ciclistas del Tour de Francia siempre han estado muy en forma y dedicados a su oficio. Pero en los primeros días de la carrera, los competidores tenían una visión algo más relajada acerca del entrenamiento y la dieta. El alcohol era un básico para muchos corredores, incluso durante la carrera. El ganador del Tour de Francia de 1903, Maurice Garin, era un fan del vino y el tabaco y le gustaba parar en varios bares a lo largo de la ruta para ‘repostar’. En 1935, prácticamente todo el pelotón se detuvo para tomar una copa con los lugareños. Por supuesto, el ejercicio extenuante requiere que los ciclistas ingieran muchos carbohidratos y calorías, pero en aquella época había poca preocupación por el valor nutricional. En 1904 el ganador del Tour de Francia, Henri Cornet, se inclinaba por una dieta que incluía mucho chocolate, té, champán y arroz con leche.

Las limitadas opciones de viaje hicieron que los primeros días del Tour fueran presenciados principalmente por los locales. Los fans franceses que acudían a ver la carrera habitualmente apoyaban a sus héroes locales. En 1904, varios centenares de aficionados trataron de ayudar a Antoine Fauré arrojando clavos y cristales a la carretera para atacar a sus rivales, provocando que incluso un corredor quedara inconsciente. Los responsables de la carrera tuvieron que disparar al aire con pistolas para calmar la situación.

El ciclista francés Maurice Garin, el primer ganador del Tour de Francia, rodó en una bicicleta considerablemente diferente a las que se utilizan en nuestros días (y sin casco). Gracias a un cuadro de acero y llantas de madera, pesaba unos voluminosos 18 kilos, bastante más del doble de lo que pesan actualmente. Las bicicletas no sólo eran pesadas, sino que tenían una sola velocidad, haciendo que las subidas fueran especialmente agotadoras. Para complicar aún más las cosas, los ciclistas corrían solos, sin coches de equipo ni bicicletas de repuesto. Se envolvían en neumáticos de repuesto y cámaras de aire como si fueran cinturones de munición para estar preparados ante los inevitables pinchazos.

[Fuente: continental-neumaticos.es]

El SS Ancón, primer barco que cruzó el Canal de Panamá (1914)

Durante el siglo XIX, el anhelo de unir los océanos Atlántico y Pacífico impulsó a políticos, ingenieros y visionarios de distintas nacionalidades a considerar la posibilidad de un canal interoceánico en el istmo panameño. Líderes estadounidenses y británicos tenían interés en transportar mercancías con mayor rapidez y menor costo entre las costas este y oeste de sus respectivos países. Como resultado, en 1850 se firmó el Tratado Clayton-Bulwer, que frenó la rivalidad entre los dos países respecto a la construcción de un canal en Centroamérica, aunque este proyecto quedó solo en el papel. Había nacido la idea de hacer el Canal de Panamá.

El empuje decisivo vino desde Francia, de la mano de Ferdinand de Lesseps, reconocido ingeniero responsable del canal de Suez. En 1880, su compañía inició la excavación del canal en Panamá, entonces provincia colombiana, enfrentándose a una naturaleza indómita: la selva, el clima y sobre todo las enfermedades como la malaria y la fiebre amarilla diezmaron a los trabajadores.

Tras nueve años y aproximadamente 20.000 vidas perdidas, de acuerdo con las cifras oficiales, el proyecto francés cayó en la bancarrota, aunque logró dejar excavaciones que más tarde serían fundamentales para la construcción definitiva del canal. “Malaria, fiebre amarilla y otras enfermedades tropicales conspiraron contra la campaña de De Lesseps y, tras nueve años […] la tentativa francesa quebró”, señaló el Departamento de Estado de Estados Unidos.

A pesar de estos reveses, la ambición estadounidense no disminuyó. El Tratado Hay-Pauncefote de 1901 reemplazó al acuerdo anterior y brindó a Estados Unidos permiso para construir y administrar el canal. Tras intensos debates, el 19 de junio de 1902, el Senado estadounidense aprobó la construcción del canal a través de Panamá en lugar de Nicaragua.

El sueño canalero estuvo marcado también por la tensión política. Con un proyecto listo y recursos disponibles, Estados Unidos negoció con Colombia (de la cual Panamá era una provincia) la construcción de la vía. Sin embargo, el Congreso colombiano consideró inaceptables las condiciones económicas pactadas y rechazó el acuerdo. Ante este escenario, el presidente Theodore Roosevelt envió buques de guerra a las costas panameñas en apoyo de la independencia.

“La República recién declarada de Panamá nombró inmediatamente a Philippe Bunau-Varilla, un ingeniero francés involucrado en el intento anterior, como su embajador. Bunau-Varilla negoció el Tratado Hay-Bunau-Varilla de 1903, que otorgó a Estados Unidos una franja de diez millas de ancho para el canal, un pago único de USD 10 millones y una anualidad de USD 250.000”, explicó el Departamento de Estado. A cambio, Estados Unidos garantizaba la independencia panameña.

En poco más de una década, la intervención estadounidense transformó la geografía, la economía y la política mundial, dotando al canal de una relevancia sin precedentes. “El Canal de Panamá, completado en 1914, simbolizaba la destreza tecnológica y el poder económico de Estados Unidos”, sentenció American History.

La culminación del Canal de Panamá aguardaba su protagonista para dar el primer paso oficial en esa nueva ruta marítima. La nave elegida para marcar este hito fue el SS Ancón, cuyo papel quedó inmortalizado en los registros del 15 de agosto de 1914. Aunque mucho se ha dicho sobre la emblemática travesía, pocos conocen la historia completa de esta embarcación.

El Ancón, originalmente bautizado SS Shawmut, fue un vapor construido en Estados Unidos entre 1901 y marzo de 1902. En 1910, la nave fue vendida a la Comisión del Canal Ístmico y rebautizada con su nombre definitivo. El objetivo era que la Compañía del Ferrocarril de Panamá lo utilizara para transportar cemento y materiales clave para la construcción.

Según cuenta el sitio U.S. Army Corps of Engineers, a las 7:10 de la mañana del 15 de agosto de 1914, el Ancón zarpó del puerto de Cristóbal (Colón) con rumbo a Balboa (Panamá). A bordo, autoridades, invitados y tripulación fueron testigos de una jornada memorable. “Con este viaje, se cumplió el anhelado sueño de unir los océanos Pacífico y Atlántico, deseo que se buscaba alcanzar siglos atrás”. El Ancón completó su trayecto a las 16:50, convirtiéndose en símbolo de la esperanza y el progreso que significaba la apertura del canal.

El legado del SS Ancón se extendió más allá de aquel día. Tras la finalización de la Primera Guerra Mundial, el 16 de noviembre de 1918, el barco fue adquirido por el ejército de Estados Unidos para transportar tropas hacia Norteamérica. Finalmente, en 1950 la nave fue desmantelada en territorio estadounidense.

Debe señalarse, sin embargo, que antes del Ancón otras embarcaciones cruzaron el canal en tránsitos de prueba o por tareas de construcción. El 3 de agosto de 1914, el SS Cristobal realizó un cruce experimental, mientras que meses antes, el viejo bote grúa francés Alexandre La Valley atravesó el canal para trabajos internos. Estos recorridos carecieron del reconocimiento oficial, reservado exclusivamente para el SS Ancón.

La hazaña tecnológica y la apertura del canal transformaron la economía y la geopolítica mundial. El Canal de Panamá acortó las distancias comerciales entre Asia, Europa y América, redefiniendo rutas de navegación y abriendo nuevos mercados. Como símbolo del poder estadounidense, fue fuente de orgullo, pero también de futuras tensiones diplomáticas, ya que la presencia y el control estadounidense en el istmo panameño se percibirían, con el tiempo, como un factor de conflicto con el nuevo país anfitrión.

El paso oficial del SS Ancón sirvió para inaugurar una era dominada por el ideal de interconexión global: “Con este viaje, se cumplió el anhelado sueño de unir los océanos Pacífico y Atlántico”, rememora la crónica histórica. El barco no solo transportó carga y pasajeros, sino que vehiculizó el sueño colectivo de generaciones.

[Fuente: Faustino Cuomo para infobae.com]

Metropolitan Railway, el primer Metro de la historia, en Londres (1863)

En 1843, Charles Pearson, un visionario londinense, propuso la construcción de túneles subterráneos con vías férreas como solución a la congestión del tráfico en las calles de Londres. Después de diez años de debates, en 1853, el parlamento inglés finalmente autorizó la propuesta. La construcción del Metropolitan Railway, el primer metro del mundo, comenzó en 1860, y el 10 de enero de 1863, se inauguró la primera línea con locomotoras de vapor.

Este hito marcó el inicio de una revolución en el transporte urbano. A medida que el Metropolitan Railway se expandía, la electrificación reemplazó a las locomotoras de vapor, y se excavaron túneles en forma de tubo, lo que originó el término "Tube". Nueva York siguió el ejemplo de Londres en 1863 con la West End de la BMT, y pronto otras ciudades europeas como Budapest y Glasgow adoptaron el avance tecnológico y urbano que suponía el metro en 1896.

A lo largo del siglo XX, el metro se expandió por todo el mundo, llegando a América, Asia, África y Oceanía. Más de 190 ciudades hoy en día cuentan con sistemas de tránsito rápido que abarcan miles y miles de kilómetros bajo tierra. En 1913, Buenos Aires inauguró el primer metro hispanoparlante, seis años antes que Madrid, cuya primera línea de abrió el 17 de octubre de 1919.

El uso de tracción eléctrica se volvió esencial para superar los problemas de humo en los túneles, y el Ferrocarril de la City y del Sur de Londres fue pionero en 1890. Antes de la construcción de líneas de metro subterráneas, los túneles se utilizaban para trenes de carga y pasajeros. El Metropolitan Railway, inaugurado en 1863, es considerado el primer ferrocarril subterráneo urbano. En 1890, el Ferrocarril de la City y del Sur de Londres inauguró el primer ferrocarril urbano subterráneo electrificado. Aunque originalmente se planeaba la tracción por cable, la quiebra de la empresa contratada llevó a considerar la tracción eléctrica. Este ferrocarril operaba con trenes de tres coches sin ventanas, ya que se pensaba que los pasajeros no necesitaban saber dónde estaban en un túnel.

El Liverpool Overhead Railway, inaugurado en 1893, fue el primer ferrocarril elevado completamente formado del mundo en operar trenes eléctricos. Este ferrocarril contribuyó a que Liverpool fuera apodada la "ciudad norteamericana de Gran Bretaña". Aunque fue demolido en 1957, Liverpool ahora cuenta con una red ferroviaria urbana parcialmente subterránea conocida como el Merseyrail.

Un avance significativo en el desarrollo del metro accionado eléctricamente ocurrió cuando Frank Julian Sprague probó con éxito su sistema de control de trenes de unidades múltiples (MUTC por sus siglas en inglés) en 1897 en el South Side Elevated Railroad, parte del Metro de Chicago. Este invento liberó a los sistemas de metro de la dependencia de locomotoras arrastradas por coches de pasajeros.

El 10 de enero de 1863, Londres inauguró el Metropolitan Railway, el primer metro del mundo. A pesar de las dudas iniciales y la ausencia del Primer Ministro en la ceremonia inaugural, el metro se convirtió rápidamente en un éxito masivo. Más de 30 000 personas utilizaron el metro al día siguiente de su apertura al público, marcando un antes y un después en el diseño de las ciudades modernas.

El Metropolitan Railway, también conocido como el Tube, se distingue por sus estrechos túneles cilíndricos, aunque no todas las líneas, como la Metropolitan, Central, District, Hammersmith & City, siguen este estilo. La construcción inicial entre pantallas limitaba la eficiencia, lo que llevó al desarrollo del City and South London Railway en 1890, la primera línea tipo Tube con túneles de acero de 3,1 metros de diámetro y tracción eléctrica.

A lo largo de más de 150 años, el Metro de Londres evolucionó considerablemente. En 2014, la red de 11 líneas cubría unos 400 kilómetros, con el 45% subterráneo y el 55% en superficie o viaducto. Un medio de transporte que utilizan más de 3 millones de personas al día, lo que suman más de 1200 millones de personas al año utilizando la primera línea de metro inaugurada en el mundo. El sistema se ha convertido en un ícono de Londres, con récords de usuarios y su propio museo.

El 10 de enero de 1863 marcó el nacimiento del Metropolitan Railway, con vagones de madera y locomotoras a vapor. Desde entonces, ha pasado de ser una solución innovadora para descongestionar las calles de Londres a un componente vital en la vida de la ciudad y un modelo para sistemas de transporte en todo el mundo. Este hito no solo revolucionó el transporte urbano sino también la forma en que concebimos y diseñamos nuestras ciudades.

[Fuente: Fran Navarro para muyinteresante.okdiario.com]

Mercado de Trajano, primer centro comercial de la historia (112)

Las numerosos tiendas del mercado de Trajano estaban distribuidas en distintos niveles. Resulta muy interesante perderse entre sus ruinas e imaginar el ambiente de la época. El carácter visionario de los romanos se pone de manifiesto en este edificio de seis plantas. Su planteamiento, un espacio cubierto que alberga distintos tipos de comercios, sigue absolutamente vigente.

La construcción se realizó entre los años 100 y 112 d.C. El arquitecto que la llevó a cabo fue Apolodoro de Damasco, de origen sirio, de máxima confianza del emperador. Fue el artífice de muchas de las grandes obras ejecutadas durante su mandato y, también, durante el periodo de Adriano, su hijo adoptivo y sucesor. La construcción, de ladrillo, con terrazas mirando hacia el foro, es una magnífica muestra de funcionalidad y bello equilibrio entre los elementos.

General y gobernante, a Marco Ulpio Trajano se le conoce como uno de los mejores emperadores romanos. El historiador Plinio el Joven lo denominaba en su tiempo “optimus princeps” y decía de él: “Trajano supo traer alegría a los romanos. Nos ordenó ser felices y lo seremos”. Diversos estudios sobre él inciden en sus elevadas aptitudes para la batalla y la gobernanza, pero también en su atención a las necesidades del pueblo. Tampoco se olvida su respeto a las mujeres, a las que no apartó de la política. Trajano, nacido en el año 53 en la ciudad de Itálica, en la Bética, muy cerca de la actual Sevilla, se diferenciaba de otros emperadores porque no heredó su cargo. No fueron las relaciones familiares sino sus méritos propios los que llevaron al emperador Nerva a nombrarlo su sucesor en el año 98.

Trajano logró unificar el imperio sobre las bases de una cultura y una vida civil comunes. Su propósito fue mejorar los territorios que conquistaba con edificaciones, calzadas, termas, puentes y puertos. El puente sobre el Danubio o el de Alcántara, en Extremadura, son parte de su legado. Las reformas sociales, la potenciación de infraestructuras y el respeto a las leyes caracterizan sus dos décadas de gobernanza. La extensión del comercio fue una de sus grandes motivaciones. Y también la construcción de edificios públicos en Roma, muchos de los cuales han llegado hasta el presente. El foro y el mercado de Trajano son algunos de ellos. Conocer los detalles de la vida del emperador, acceder a las fuentes de la Historia, enriquece la visita a todos estos lugares.

El área arqueológica que acoge el mercado de Trajano emergió en 1924, año en que Mussolini acometió la construcción de la avenida de los Foros Imperiales. En ese momento, salió a la luz todo un territorio que permanecía oculto por un conjunto de casas medievales y renacentistas. Restos de todas estas etapas se entremezclan hoy en el rico cruce de historias que es la ciudad de Roma.

El visitante que se acerca al primer centro comercial de la Historia, público y cubierto, comprueba que conserva buena parte de su estado original. La construcción, un gran edificio de forma simétrica y planta semicircular, fue obra del arquitecto Apolodoro de Damasco. Realizada en ladrillo, constaba de seis plantas con terraza. En las inferiores se ubicaban los distintos locales comerciales. Se vendían productos llegados de todas las partes del Imperio: sedas de Oriente, especias, frutas, pescado fresco… Las áreas superiores albergaban zonas de ocio como una biblioteca y las oficinas administrativas del emperador.

En la actualidad, el mercado de Trajano alberga el Museo de los Foros Imperiales. El visitante tiene la oportunidad de recorrer las distintas partes que han llegado hasta nuestros días del mercado, todo un laberinto. Y también disfrutar de distintas exposiciones que le permiten acercarse a las claves de la época clásica romana.

Los restos de los Foros Imperiales pueden admirarse desde la Via Alessandrina, pero la visita al museo permite realizar un auténtico viaje en el tiempo. Sus muestras, de carácter didáctico, utilizan maquetas, vídeos y paneles explicativos. A través de estos materiales se reconstruyen los foros y se da cuenta de las modificaciones que fueron sufriendo a lo largo de la Historia. En las ruinas del gran complejo se detectan las huellas de César, Augusto, Nerva y, por supuesto, Trajano. Todos ellos aportaron su impronta a los que fueron sus centros de acción política y administrativa.

Muy cerca de la plaza Venecia, andando por la vía del Foro Imperial, en dirección al Coliseo, nos encontramos con el foro de Trajano. Su construcción es conocida por la utilización del hormigón, que permitió su ejecución en un breve espacio de tiempo. Pero lo que hace especialmente singular este espacio es la famosa Columna Trajana, que se conserva en estupendas condiciones. Es un monumento de mármol de Carrara de 38 metros de altura. En su pedestal se guardó una urna con las cenizas de Trajano y su mujer, Plotina. La columna está decorada con un conjunto de 135 bajorrelieves en espiral para celebrar las victorias de Trajano en Dacia, la actual Rumanía, entre el 98 y el 105 d.C. En su día, esta columna formaba parte de la Basílica de Ulpia. Se dividía en cinco naves, sus paredes eran de mármol y las tejas de bronce dorado. Durante la Edad Media fue saqueada, por lo que apenas quedan de ella algunas columnas y parte del mármol del suelo. También en el foro de Trajano se encuentran las ruinas del templo que lleva su nombre, conocido como ‘templo de los divinos Trajano y Plotina’. Fue levantado en honor del emperador y de su esposa, tras la muerte de ambos, en el 117 y 124, respectivamente. A ellos quiso rendir homenaje Adriano, hijo adoptivo y sucesor.

Fue destruido durante la Edad Media y su localización entre las ruinas del foro ha sido muy reciente. Los estudios arqueológicos apuntan a una edificación de grandes proporciones. Estaba conformada por siete salas y columnas sobre altos pedestales que decoraban el área sagrada. Su forma podría haber sido muy similar a la del templo cercano de Antonio y Faustina que pudo servirle de modelo.

En 2017, con motivo de la conmemoración de 1.900 años de su muerte, se celebró una gran exposición en el Museo de los Foros Imperiales. Su título ‘Trajano, construir el imperio, crear Europa’, aludía a una característica muy destacada de su mandato, su cariz integrador. Este emperador contribuyó a engrandecer el Imperio y a dotarlo de un inmenso poder. Llegó a extenderse a lo largo de 6.5 millones de kilómetros cuadrados, englobando el actual territorio europeo. Pero, tras sus exitosas conquistas, la prioridad de Trajano no era destruir ni someter a otros pueblos sino integrarlos.

[Fuente: barcelo.com]