Los primeros guiris no aparecieron en Benidorm (1833)

Con la llegada del verano una marea de turistas acude a España para pasar las vacaciones. Playas, terrazas y calles se llenan de los rostros enrojecidos por el sol de guiris de todo el mundo, pero cómo surgió el apodo con el que los conocemos? Según la RAE el origen de la palabra es muy anterior a la llegada del turismo masivo a nuestro país, pues se remonta a la primera guerra carlista librada entre Isabel II y el infante don Carlos a partir de 1833.

En País Vasco y Navarra los partidarios de la reina eran llamados cristinos por los carlistas en referencia a la regente María Cristina de Borbón (madre de Isabel), pero al costarles pronunciar la -cr- en euskera los carlistas decían guiristinos o directamente guiris como forma de mote despectivo.

Por entonces País Vasco y Navarra eran regiones profundamente tradicionales, donde el liberalismo era visto no solo como una amenaza a la religión y los privilegios de los distintos grupos sociales, sino también como un peligro muy real de la pérdida de tierras y sustento al ser estas nacionalizadas por el nuevo gobierno de Isabel II.

Al ser estos liberales pues minoría en la zona la palabra pasó pues a englobar a todos los soldados (entre ellos británicos y franceses) que militaban en el bando liberal, y tras la guerra se quedó como sinónimo de extranjero -o no vasco- en el norte de España. Con el tiempo, la palabra se extendería por el país, y gracias a la afluencia de turistas internacional a partir de los años 70 pasaría a convertirse en el apodo que usamos hoy para describirles.

Pero aún así existe otra posibilidad, al ser muy parecida la palabra a un término del caló (el idioma gitano) usado para describir a los que no formaban parte de su clan: gaouri. Desde el sur de España este vocablo se habría expandido por el resto del país y habría pasado de la comunidad gitana al resto de la población, empleada como sinónimo de extranjero.

Esta palabra de hecho tampoco es de orígen gitano, sino que deriva del magrebí gawari (infiel o no creyente), y sería adoptado por los gitanos de Andalucía mediante el contacto con la población morisca o marroquí del sur de la península, quienes a su vez la habían adaptado del turco gâvur (cristiano) durante la época de domino del imperio otomano.

Sea de procedencia vasca o turco-árabe guiri es sin duda uno de los motes más usados de nuestro idioma, aceptado oficialmente por la RAE y usado tanto como apodo cariñoso como despectivo e incluso insulto para describir a los miles de turistas que cada año visitan nuestras costas.

[Fuente: Francesc Cervera para historia.nationageographic.com.es]

Albert Einstein, padre de la Teoría de la Relatividad (1905)

Albert Einstein es sin lugar a dudas una de las figuras más icónicas e importantes de la historia de la ciencia. Su imagen con el cabello desordenado y la mirada reflexiva se ha convertido en un símbolo del genio y la creatividad intelectual. Sus teorías revolucionaron nuestra comprensión del cosmos y su funcionamiento, sentando las bases de la física moderna y transformando la manera en que concebimos el universo.

Einstein es conocido principalmente por la teoría de la relatividad, que redefinió los conceptos fundamentales de la física y tuvo grandes implicaciones en la ciencia y la tecnología; así como el Premio Nobel que obtuvo por su investigación del efecto fotoeléctrico.

Pero su legado va mucho más allá de estos hitos y su trabajo sigue siendo una piedra angular de la ciencia moderna. Einstein fue mucho más que un científico excepcional; también fue un pensador independiente y un personaje con una personalidad compleja y a veces contradictoria.

Albert Einstein nació el 14 de marzo de 1879 en Ulm, una ciudad en el Reino de Wurtemberg, que entonces formaba parte del Imperio Alemán. Venía de una familia judía de clase media, algo que marcaría su vida décadas después, con el ascenso del nazismo. Hay que decir que, a pesar de que su educación temprana incluyó enseñanzas sobre el judaísmo y a lo largo de su vida manifestó interés por cuestiones espirituales, tenía una visión escéptica sobre la religión organizada.

Desde muy pequeño, mostró un gran interés por la ciencia y la matemática, aunque su actitud hacia la educación formal fue conflictiva desde el inicio. A pesar del mito popular de que Einstein era un mal estudiante, la realidad es que destacaba en matemáticas y física; sin embargo, su carácter rebelde y su rechazo a la autoridad y a las normas hicieron que tuviera problemas en la escuela. Desde joven era visto como un niño distante y excéntrico, algo que se reflejaba en varias facetas de su vida cotidiana; por ejemplo, solía vestir de manera descuidada y no le gustaban las formalidades.

Una de las anécdotas más famosas de su infancia cuenta que, a la edad de cinco años, su padre le regaló una brújula. Einstein quedó fascinado al notar que la aguja siempre apuntaba en la misma dirección, lo que le llevó a preguntarse sobre las fuerzas invisibles que gobernaban el mundo, una curiosidad que lo acompañó toda su vida y que fue el germen de su pensamiento científico. Al cumplir 16 años intentó ingresar en el Instituto Politécnico de Zúrich, pero no aprobó el examen de admisión; sin embargo, no se rindió y, tras un año de preparación, finalmente fue aceptado y se graduó en física y matemáticas.

A pesar de su título, encontrar empleo en el mundo académico resultó ser un desafío mayor de lo que esperaba y finalmente tuvo que contentarse con un trabajo en la Oficina de Patentes de Berna. Este empleo, aunque no era lo que deseaba (desde el principio tenía claro que quería dedicarse a la investigación y a la docencia), le proporcionó estabilidad económica y le permitió disponer de tiempo para desarrollar sus propias investigaciones.

Mientras trabajaba en la oficina de patentes, Einstein trabajó en sus investigaciones en paralelo con su empleo, de forma independiente y sin contar con el respaldo de una universidad u otra institución. Sus trabajos pronto llamaron la atención de la comunidad científica y comenzó a obtener reconocimiento.

1905 supuso su despegue en los círculos académicos, tanto es así que se refería a él como su “Annus Mirabilis”, es decir, “año milagroso”. Publicó varios artículos que abordaban temas tan diversos como el efecto fotoeléctrico, el movimiento browniano, la relatividad especial y la ecuación de la equivalencia entre masa y energía: su famosa ecuación E=mc2, es decir, que la energía (E) de un cuerpo en reposo equivale a su masa (m) multiplicada por la velocidad de la luz (c) elevada al cuadrado. Aunque esta fórmula es uno de sus legados más recordados, no fue lo que le valdría el Nobel años más tarde.

A raíz del impacto de estas publicaciones Einstein consiguió el tan anhelado puesto de profesor universitario. En los años siguientes trabajó en diversas instituciones europeas, principalmente en Suiza pero también en Checoslovaquia y Alemania. Finalmente, en 1913 aceptó un puesto en la prestigiosa Academia Prusiana de Ciencias en Berlín y el propio emperador Guillermo II le invitó a dirigir la sección de Física del Instituto Kaiser Wilhelm de Física, predecesor del Instituto Max Planck. A pesar de lo que le había costado obtener su puesto académico, a partir de aquí empezó a concentrarse en sus investigaciones dejando de lado las clases.

Fue durante este periodo cuando Einstein desarrolló la teoría de la relatividad general, que presentó en 1915. Esta nueva teoría ampliaba sus estudios sobre la relatividad especial y ofrecía una nueva descripción de la gravedad, no como una fuerza en el sentido tradicional, sino como una deformación del espacio-tiempo causada por la presencia de masas. Su teoría fue de gran importancia porque predecía efectos como la curvatura de la luz de las estrellas al pasar cerca de cuerpos masivos, algo que fue confirmado en 1919 por el astrónomo Arthur Eddington durante un eclipse solar.

Su trabajo fue crucial para el desarrollo de la mecánica cuántica y convirtió a Einstein en una celebridad científica, catapultándolo al estatus de icono mundial. En 1921, el científico recibió el Premio Nobel de Física; pero al contrario de lo que muchos creen recordar no fue por la relatividad, sino por su explicación del efecto fotoeléctrico. Esto constituye uno de los “efectos Mandela” más célebres del mundo científico, ya que mucha gente está convencida que le otorgaron el Nobel por su teoría de la relatividad.

Durante la década de 1920, en parte gracias a la fama que le había dado ganar el Nobel, Einstein pasó mucho tiempo viajando y dando conferencias en Europa, Estados Unidos y Asia. Fue recibido con entusiasmo en múltiples países y tuvo reuniones con figuras políticas y científicas de gran relevancia. Sin embargo, su creciente notoriedad también atrajo enemigos, especialmente en Alemania, donde algunos círculos nacionalistas y antisemitas comenzaron a atacarlo públicamente.

En 1933, con la llegada de Adolf Hitler al poder, Einstein tomó la decisión de abandonar Alemania para siempre. En ese momento se encontraba en una gira por Estados Unidos y, ante la victoria de los nazis, tomó la prudente decisión de no regresar a su país natal y renunciar a su ciudadanía alemana. Tenía dos buenos motivos para hacerlo: el primero eran sus orígenes judíos y su colaboración con la comunidad hebrea; el segundo, que en los años anteriores se había implicado en política desde el Partido Democrático Alemán, abogando por el pacifismo. Todo ello lo convertía en un blanco preferente para los nazis.

Einstein aceptó un puesto en el Instituto de Estudios Avanzados de Princeton, donde continuó su trabajo científico hasta su muerte. Allí se le otorgó total libertad para continuar con sus investigaciones sin las obligaciones docentes de una universidad tradicional, algo excepcional incluso para un científico reconocido. Y aunque este período no fue tan prolífico en términos de descubrimientos revolucionarios como sus años anteriores, siguió indagando en la física teórica y se involucró en muchos debates sobre el futuro de la ciencia.

Durante la Segunda Guerra Mundial, Einstein desempeñó un papel indirecto pero crucial en el desarrollo de la energía nuclear. Junto con el físico Leó Szilárd, firmó una carta dirigida al presidente Franklin D. Roosevelt en la que advertía sobre la posibilidad de que el Tercer Reich estuviera desarrollando armas atómicas, algo que debió de ser bastante difícil para él que era pacifista. De hecho, debido a sus posturas pacifistas y a su activismo político, el gobierno estadounidense lo mantuvo alejado de los aspectos militares del proyecto Manhattan, que llevó a la creación de las primeras bombas atómicas.

No estaban equivocados ya que, tras la Segunda Guerra Mundial, Einstein se convirtió en un ferviente opositor de las armas nucleares: lamentaba que su carta a Roosevelt hubiera contribuido a la creación de la bomba atómica y abogó por el desarme nuclear y la cooperación internacional en el uso pacífico de la energía atómica, uniéndose al Boletín de Científicos Atómicos (una publicación fundada, precisamente, por investigadores que habían estado involucrados en el Proyecto Manhattan) y promoviendo iniciativas que instaban a los líderes mundiales a evitar una guerra nuclear.

Fue durante su período en Princeton cuando se tomó su imagen más icónica y por la que todos recuerdan al científico: la fotografía con la lengua fuera, que fue tomada después de una fiesta de cumpleaños en 1951. La prensa lo estaba esperando y él, que estaba cansado y quería marcharse a casa, le sacó la lengua con descaro al fotógrafo Arthur Sasse. Aquella foto improvisada se hizo famosa y al propio Einstein le gustó tanto que la usó para incluirla en sus felicitaciones de cumpleaños.

En sus últimos años, aunque su presencia activa en la física teórica había disminuido con la aparición de nuevas generaciones de científicos, Einstein continuó activo en el mundo académico, recibió múltiples reconocimientos y mantuvo correspondencia con algunos de los científicos más importantes de la época. Hasta su muerte en 1955, siguió trabajando en sus estudios de física y reflexionando sobre la naturaleza del universo. Su legado científico sigue siendo fundamental en la física moderna y en la comprensión del cosmos.

La personalidad de Einstein fue tan compleja como su obra. Era un hombre con un sentido del humor peculiar y un carisma especial, pero también era excéntrico, distante y a menudo egoísta en sus relaciones personales; por estos motivos, su vida íntima estuvo marcada por su dificultad para mantener relaciones cercanas debido a su carácter peculiar y difícil. También sentía un notorio desdén por las normas y la autoridad, lo que a veces le hacía difícil relacionarse con sus colegas de profesión.

Einstein estuvo casado dos veces. Su primera esposa, Mileva Marić, fue una matemática serbia con quien tuvo dos hijos, Hans Albert y Eduard. La relación entre ambos se deterioró con los años, en parte debido a la intensidad con la que Einstein se volcó en su carrera y su dificultad para equilibrar su vida familiar y profesional. Se divorciaron en 1919 y volvió a casarse con Elsa Einstein, su prima, con quien tuvo una relación más tranquila hasta la muerte de ella en 1936. Elsa se adaptó a la estricta rutina y las manías de su marido, a la vez que se ocupaba de alejar con la mayor diplomacia posible a la gente a quien él no quería recibir.

A nivel académico, también tuvo relaciones difíciles con la comunidad científica. Aunque era respetado por sus colegas de profesión, su carácter poco convencional y su falta de diplomacia al oponerse a las teorías de otros científicos le generaron no pocos conflictos. Tenía poco tacto, lo que a veces lo hacía parecer arrogante o insensible, y su poca habilidad social lo alejó de la comunidad científica en sus últimos años, cuando la física teórica se dirigió hacia el estudio de la mecánica cuántica.

Su carácter poco sociable lo acompañó hasta la tumba: Einstein falleció el 18 de abril de 1955 a los 76 años y, fiel a su estilo de vida modesto y alejado de la pompa, dejó instrucciones claras para que su despedida fuera discreta. Siguiendo su deseo, no tuvo un funeral multitudinario sino que su cuerpo fue incinerado el mismo día de su muerte, antes de que la noticia se difundiera ampliamente. A la ceremonia de cremación solo asistieron doce personas y sus cenizas fueron esparcidas en el río Delaware para evitar que su tumba se convirtiera en una especie de sitio de veneración.

Sin embargo, no todo su cuerpo fue cremado: el científico protagonizaría aún una última historia incluso después de muerto, aunque esta vez involuntariamente. Thomas Harvey, el patólogo encargado de su autopsia, extrajo el cerebro de su cráneo y lo cortó en 240 trozos, que conservó en formol dentro de frascos de mayonesa y, durante más de veinte años, recorrió Estados Unidos ofreciendo las muestras a diversos neurólogos con el propósito de que lo analizaran.

Harvey no tuvo mucho éxito y finalmente devolvió los trozos del cerebro de Einstein a Princeton. Y aunque la historia sea extraña e incluso macabra, hay que decir que encaja perfectamente con la personalidad de este genio que, si bien influyó decisivamente el mundo de la ciencia, fue un hombre de pocos amigos.

[Fuente: Abel G.M. para historia.nationalgeographic.com.es]

Sean Connery, el primer Agente 007 (1962)

Thomas Sean Connery nace en Edimburgo, Escocia, el 25 de agosto de 1930 y muere en Nasáu, Bahamas, el 31 de octubre de 2020, conocido artísticamente como Sean Connery, fue un actor y productor de cine escocés. Fue el primer Agente 007 de la exitosa saga cinematográfica, que se inició con 'Dr. No' en 1962.

Connery, ganador de un permio Óscar, dos premios BAFTA y tres Globos de Oro. Comenzó su carrera en el teatro como extra de coro. Desde estos modestos inicios, no ha dejado de evolucionar como actor hasta convertirse en un icono internacional del mundo del cine.

Creció en un barrio de la clase trabajadora de Edimurgo y es el mayor de dos hijos. Pasó gran parte de su juventud trabajando en empleos de baja categoría para salir del paso y dejó la escuela para trabajar a tiempo completo.

Se alistó en la Marina Real a los dieciséis años de edad y al igual que muchos jóvenes de su edad, marcó esa etapa en su piel con un tatuaje. Los tatuajes del escocés reflejan sus dos compromisos en la vida: su familia y su país.

Pasó tres años al servicio naval, trayectoria que se vio interrumpida por una úlcera de estómago. Así, regresó a Edimburgo donde parecía asentarse realizando trabajos de albañil, salvavidas y pulidor de ataúdes. Dedicó gran parte de su tiempo libre al culturismo, un pasatiempo que comenzó su carrera como actor y que culminó con una oferta por el título de Mr. Universo en 1950 donde quedó tercero.

Desde sus primeras interpretaciones hasta el primer papel que lo convertiría en superestrella, pasaron ocho años en los que dio vida a Spike en 'No Road Back', a Johnny Yater en 'Hell Drivers' o a Mark Trevor en 'Brumas de inquietud'.

Gran parte de su fama como actor es gracias al personaje de James Bond que interpretó entre los años 1962 y 1983 en películas como 'Dr. No', 'Desde Rusia con Amor', 'Goldfinger' o 'Operación Trueno'. Su última película interpretando al Agente 007 más famoso de todos los tiempos fue 'Nunca digas nunca jamás' donde dejó paso a Roger Moore para interpretar el papel.

En 1988, Connery ganó el premio Óscar al Mejor Actor de Reparto por su papel en 'Los Intocables'. Su carrera en el cine también incluye películas tales como 'Marnie', 'Robin y Marian', 'The League of Extraordinary Gentlemen', 'Indiana Jones y la última cruzada', 'La caza del Octubre Rojo', 'El hombre que pudo reinar', 'El nombre de la Rosa', 'Highlander', 'Asesinato en el Orient Express', 'Dragonheart: corazón de dragón' y 'La Roca'.

Sean Connery fue nombrado "Knight Bachelor" por la reina Isabel II en julio de 2000.

[Fuente: mega.atresmedia.com]

Voyager 1. Primer objeto creado por el hombre en alcanzar el espacio interestelar (2012)


El 25 de agosto de 2012 la nave espacial estadounidense Voyager 1 se aleja a la distancia de 121 unidades astronómicas y abandona el sistema solar, convirtiéndose en el primer objeto creado por el hombre en alcanzar el espacio interestelar.

Voyager 1 es una sonda espacial lanzada por la NASA el 5 de septiembre de 1977 como parte del programa Voyager para estudiar el Sistema solar exterior y el espacio interestelar más allá de la heliosfera del Sol. Fue lanzada 16 días después de su nave gemela, Voyager 2. Se comunica a través de la Red del Espacio Profundo (DSN) de la NASA para recibir órdenes rutinarias y transmitir datos a la Tierra. La NASA y el JPL proporcionan datos de distancia y velocidad en tiempo real. A una distancia de 167.45 UA (25 000 millones de km) de la Tierra a fecha de febrero de 2025, es el primer objeto construido por la humanidad en alcanzar el espacio interestelar y actualmente es el más alejado del planeta Tierra. 

La sonda abandonará el sistema solar definitivamente al dejar atrás la nube de Oort, la frontera más distante del sistema solar, que alcanzará dentro de unos tres siglos y abandonará en aproximadamente 30.000 años. 

Como parte del programa Voyager y al igual que su nave hermana Voyager 2, la misión ampliada de la sonda espacial es localizar y estudiar las regiones y los límites de la heliosfera exterior y comenzar a explorar el medio interestelar. Voyager 1 cruzó la heliopausa y entró en el espacio interestelar el 25 de agosto de 2012, convirtiéndose en la primera sonda espacial en hacerlo.

[Fuente: Grupo FB Efemérides Políticas, Históricas, Sociales y Culturales]

Michael Faraday, padre del electromagnetismo y la electrólisis (1831)

Michael Faraday, nacido el 22 de septiembre de 1791 en Newington, Londres no ha pasado desapercibido a lo largo de los años: se ha posicionado como una figura monumental en la historia de la ciencia. De hecho, su influencia es tal que el mismísimo Albert Einstein tenía colgado en la pared de su estudio un retrato de Faraday junto a los de Isaac Newton y James Clerk Maxwell, lo cual no es más que un claro ejemplo de su importancia para la comunidad científica.

Incluso el físico neozelandés Ernest Rutherford llegó a declarar: "Cuando consideramos la extensión y la magnitud de sus descubrimientos y su influencia en el progreso de la ciencia y la industria, no existen honores que puedan retribuir la memoria de Faraday, uno de los mayores descubridores científicos de todos los tiempos".

Michael Faraday nació en una familia humilde en Newington Butts, un barrio del sur de Londres. Su padre, James Faraday, era un herrero que había emigrado de Westmorland, mientras que su madre, Margaret Hastwell, se encargaba de la familia. Desde joven, Faraday mostró un gran interés por el aprendizaje, aunque debido a la situación económica de su familia, su educación formal fue limitada, abarcando solo lectura, escritura y aritmética básica. A los 14 años, se convirtió en aprendiz de George Riebau, un encuadernador local, lo que le permitió acceder a numerosos libros y desarrollar una pasión por la ciencia.

Durante su aprendizaje, Faraday leyó obras como "The Improvement of the Mind" de Isaac Watts y "Conversaciones sobre Química" de Jane Marcet, que despertaron su interés por la electricidad y la química. En 1812, a los 20 años, llegó su gran oportunidad: pudo asistir a conferencias del gran químico de la época Humphry Davy, gracias a la generosidad de un cliente de la encuadernadora. Impresionado por las conferencias, Faraday envió a Davy un libro con notas detalladas de las mismas, lo que llevó a Davy a ofrecerle un puesto como asistente en la Royal Institution. Este fue el inicio de una fructífera carrera científica.

En 1821, Faraday realizó uno de sus primeros grandes descubrimientos en el campo del electromagnetismo. Inspirado por el trabajo de Hans Christian Ørsted sobre el electromagnetismo, Faraday construyó dos dispositivos que producían rotación electromagnética, precursores de los motores eléctricos modernos. Este descubrimiento marcó el comienzo de una serie de investigaciones innovadoras que transformarían la comprensión de la electricidad y el magnetismo.

No obstante, el avance más significativo de Faraday se produjo en 1831, cuando descubrió la inducción electromagnética. Al enrollar dos bobinas de alambre alrededor de un anillo de hierro y pasar corriente por una de ellas, Faraday observó que una corriente momentánea aparecía en la segunda bobina. Este fenómeno, conocido como inducción mutua, sentó las bases para el desarrollo de transformadores y generadores eléctricos, tecnologías fundamentales en la producción y distribución de electricidad en la actualidad.

Faraday también hizo importantes contribuciones a la química. Descubrió el benceno, investigó el hidrato de clatrato de cloro y desarrolló un antecesor del quemador Bunsen. Además, introdujo términos como ánodo, cátodo, electrodo e ión, que son fundamentales en la electroquímica moderna. Incluso, su habilidad para comunicar ideas complejas de manera clara y accesible lo convirtió en un excelente divulgador científico, impartiendo numerosas conferencias y escribiendo artículos para el público general.

A lo largo de su carrera, Faraday continuó investigando y descubriendo nuevos fenómenos. En 1845, descubrió el efecto Faraday, a través del cual demostró que un campo magnético puede influir en un haz de luz polarizada, estableciendo una conexión entre el electromagnetismo y la luz. Esta fue una de las primeras indicaciones de la relación entre estas fuerzas fundamentales y contribuyó, posteriormente, al desarrollo de la teoría electromagnética de la luz.

Faraday también fue un pionero en la educación científica. En 1826, instituyó las Charlas Vespertinas de los Viernes y las Conferencias Juveniles de Navidad en la Royal Institution, con el objetivo de acercar la ciencia al público. Tal fue el impacto de estos actos que estas conferencias se han mantenido hasta hoy, reflejando su compromiso con la divulgación científica.

Lamentablemente, en sus últimos años, la salud de Faraday comenzó a deteriorarse, lo que le obligó a reducir su actividad científica. En 1858, se retiró a su hogar en Hampton Court, un regalo de la Reina Victoria en reconocimiento a sus contribuciones, falleciendo finalmente el 25 de agosto de 1867 y siendo enterrado en el cementerio de Highgate en Londres.

[Fuente: Noelia Freire para nationalgeographic.com.es]