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Alejandro Finisterre registró la primera patente española del futbolín (1937)

Para el exfutbolista y entrenador italiano Arrigo Sacchi, "el futbol es la más importante de las cosas no importantes". Y es que el fútbol es, a día de hoy, el deporte protagonista en las tertulias de bar y en los debates televisivos, en los que se suceden críticas y alabanzas el día después de un partido. Al parecer, todo el mundo sabe de fútbol y todos podríamos ser entrenadores. Pero existe un juego muy relacionado con el deporte rey que, a pequeña escala, ha divertido a niños y adultos durante varias generaciones: el futbolín. Pero ¿qué sabemos de él? ¿de dónde surge este invento?

Se cree que fue a finales del siglo XIX el momento en que se intentó "trasladar" el fútbol a una mesa de juego para que pudieran competir un máximo de dos jugadores por equipo. Países como Francia, Alemania y también España presentaron, entre los años 1880 y 1890, sus modelos de futbolín, aunque ninguno de ellos triunfó. Según algunos historiadores, a principios del siglo XX surgieron otros modelos, como el proyectado por el suizo Knicker, que inventó un futbolín cuya marca aún sigue vendiéndose en Europa del Este. Tras crear su primer futbolín, el inventor suizo fundó una sociedad para producir sus futbolines en su país además de en Bélgica, Alemania y Países Bajos. Otros candidatos a inventor del futbolín fueron un empleado de la fábrica Citroën llamado Lucien Rosemarie, que lo creó para divertir a sus nietos en la década de los años treinta. En cuanto a la versión española del juego, esta se atribuye al poeta e inventor gallego Alejandro Finisterre (Finisterre 1919-Zamora 2007), que patentó su invento en Barcelona en 1937.

El 14 de octubre de 1922 está marcado en el calendario como una fecha clave para el futbolín. A Harold Searler Thorton se le ocurrió la idea mientras veía una partido de fútbol. Durante el encuentro, pensó que sería muy divertido poder jugar a aquel deporte desde la comodidad de su casa. La inspiración le llegó, así, mientras jugueteaba con una caja de cerillas y pensó que si atravesaba el interior de la misma con cerillas de madera sería muy fácil construir uno de verdad. El 1 de noviembre de 1923 le fue otorgada la patente de su invento. Al principio, los muñecos de futbolín se parecían más a unos bolos con una ligera forma humana; habría que esperar unos años más para que los muñecos adquirieran la forma humana que asociamos al futbolín actual.

Años más tarde, Harold Searler recibió la visita de un tío suyo que vivía en Estados Unidos, Louis P. Thorton. Cuando regresó a su país, este registró allí la primera patente del futbolín el 23 de diciembre de 1925. Según se dice, el objetivo principal del juego era reeducar a los soldados que habían sufrido graves heridas en las manos durante la Primera Guerra Mundial, pero con el tiempo acabó convirtiéndose en un juego de moda, aunque no llegó a implementarse de forma seria hasta la década de 1960, cuando los soldados norteamericanos que servían en Europa lo introdujeron cuando volvieron a casa.

En España, como se ha apuntado antes, la invención del futbolín tal como lo conocemos se atribuye a Alejandro Campos Martínez, editor, poeta e inventor, más conocido como Alejandro Finisterre porque nació en esta ciudad gallega en 1919. Durante la guerra civil, Finisterre, que fue un reconocido anarquista, resultó herido de gravedad durante un bombardeo. Trasladado al Hospital de Monserrat, en Madrid, Finisterre convivió allí con muchos niños heridos, como él, y que por ello no podían jugar al fútbol, así que durante la convalecencia se le ocurrió la idea de construir un futbolín inspirándose en el tenis de mesa.

Para llevar a cabo su proyecto, Finisterre encargó a un amigo suyo llamado Francisco Javier Altuna, que era carpintero, la construcción del primer modelo de futbolín según sus instrucciones. A pesar de que el invento fue patentado en 1937 en Barcelona, los esfuerzos de Finisterre para que este se fabricase fueron en vano, ya que el esfuerzo bélico mantenía a todas las fábricas de España produciendo armamento y municiones a destajo. Al terminar la contienda, Finisterre se exilió a Francia, pero tuvo la mala suerte de perder los documentos de la patente en el transcurso de una tormenta, por eso no sabemos a día de hoy qué forma tenía el primer futbolín ni cuales eran sus medidas. Algún tiempo después, Finisterre se fue a vivir Ecuador, donde fundó una revista literaria. En 1952 se trasladó a Guatemala y allí introdujo algunas mejoras en su invento, como las barras de acero, y se dedico a promocionar su juego por todo el continente.

Tras el éxito obtenido en América del Sur, el juego acabaría llegando a nuestro país. En la década de 1960, Finisterre regresó a España y se dio cuenta de que el futbolín se había extendido por toda la península ibérica gracias a un fabricante valenciano que había asumido la fabricación del juego como algo propio, encargándose de su distribución por todo el territorio e ignorando por completo a su inventor.

Habría que esperar a los años cincuenta para ver las primeras competiciones entre jugadores de distintos países y el desarrollo de varias federaciones nacionales. A finales de la década de 1990, los presidentes de las distintas federaciones acordaron implementar la creación de una competición internacional. El 9 de mayo de 2002 tuvo lugar en la ciudad de Franconville, en Francia, la primera reunión para crear la ITSF, International Table-Soccer Federation o Federación Internacional de Futbol de Mesa. Bélgica, China, Dinamarca, Francia, Alemania, Italia, el Reino Unido y Estados Unidos fueron los primeros países que trabajaron en la creación de unos estatutos para la Federación Internacional, y el 16 de agosto de 2002 se creó oficialmente la Federación Internacional del Futbolín en la ciudad austríaca de Oberwart. En la actualidad existen más de 44 países con federaciones o asociaciones nacionales, y uno de los principales objetivos de esta institución es lograr que el futbolín sea declarado deporte oficial por el COI.

El 21 de julio de 2008 se fundó la Asociación Española de Futbolín (FEFM), que sería legalizada en Madrid el 17 de septiembre de 2008. Avalada por la Federación Internacional de Futbolín, el 6 de diciembre de 2008 se realizó el primer Torneo Oficial en España, de donde salió la primera Selección Española. Más tarde se crearon las Asociaciones Españolas de Jugadores, de Árbitros y de Fabricantes, lo que acabaría desembocando en la creación de la actual Federación Española de Futbolín, que fue reconocida por el Estado a principios de 2012.

Finisterre murió a los 87 años declarado como el verdadero padre del futbolín. Así lo reconoció el generoso obituario que le dedicó el periódico The Guardian.

[Fuente: J. M. Sadurní para historia.nationalgeographic.com.es, lavozdegalicia.es, Wikipedia]

Basilio López Mayo, primer millonario de la historia de las quinielas (1964)

Basilio López Mayo regentaba un modesto quiosco en A Coruña cuando la suerte lo bendijo con un premio cercano a los 12 millones de pesetas el día 2 de febrero de 1964 al acertar los 14 resultados que entonces -no existía todavía el pleno al 15- componían la quiniela de fútbol de los domingos. Esa cantidad podrían ser hoy en torno a los cinco o seis millones de euros.

Su vida daría un giro radical, pero no dilapidó el dinero, sino que supo vivir acorde con sus tiempos, aunque vivió de las rentas de aquellos millones a lo largo del resto de su existencia. Contaba ya 60 años cuando le tocó este gran premio y a lo largo de su vida había vivido ya muchas peripecias, entre ellas la emigración a tierras americanas sin que le sonriese todo lo que hubiese deseado la suerte, esa misma de la que antaño hacían gala de forma ostentosa otros en su misma situación.

Basilio le regaló su quiosco a un zapatero amigo suyo. Después aprovechó para comprar una vivienda de cuatro millones de pesetas de la época y su gran ilusión y aspiración fue que su hija, entonces estudiante de bachillerato, cursase los estudios de Farmacia en la Universidad de Santiago de Compostela.

Su ritmo de vida austero, consciente del esfuerzo que costaba ganar un céntimo, le serviría para afrontar una vejez en las mejores condiciones posibles y sin problemas económicos, a lo que se añadían sus no menos modestas aspiraciones. Que una hija cursase estudios universitarios. En los tiempos que corren un producto más de la sociedad de consumo. Cuánto hemos cambiado.

[Fuente: FB Página de sucesos]

Primer premio "gordo" de la Lotería de Navidad: 03604 (1812)

"03604, 8.000 reaaaleees". Este fue el primer número premiado en el sorteo de la lotería de Navidad que tuvo lugar el 18 de diciembre de 1812, el mismo año en que se promulgó la Constitución de Cádiz y donde, curiosamente, fue a parar el primer premio.

Con más de 200 años de antigüedad y tradición, el nombre de este famoso sorteo no siempre fue el mismo. El primero se llamó "Lotería Moderna" para diferenciarlo de la "Lotería Primitiva", que había instaurado cincuenta años antes el marqués de Esquilache.

Cuesta imaginar que un día así, en la actualidad lleno de alegría para muchos, se remonte a 1808, cuando Napoleón, en sus ansias por conquistar Europa y con la excusa de invadir Portugal, logró atravesar España gracias al tratado de Fontainebleau, firmado en 1807, y fue conquistando todo lo que se le puso por delante hasta llegar a Madrid. Así dio comienzo la guerra de la Independencia, una contienda en la cual Napoleón se encontró enfrente a un ejército de milicianos sin experiencia. Las pérdidas económicas y de vidas fueron tan grandes, que el gobierno español tuvo que idear un plan para hacer frente a los gastos militares.

Fue entonces cuando se creó la "Lotería Moderna". Su impulsor fue el ministro del Consejo y Cámara de Indias Ciriaco González Carvajal. El objetivo: aumentar los ingresos del erario público sin quebranto de los contribuyentes.

Los primeros números de la lotería estaban impresos en papel, y no fue hasta 1913 cuando se implantó el sistema actual de los bombos y las bolas de madera. Lo que, sin embargo, nunca ha cambiado han sido las voces cantoras de los números, y éstos han sido siempre los llamados "niños de san Ildefonso", también conocidos como "niños de la suerte". La primera vez que un niño de esta institución "cantó" un premio fue el 9 de marzo de 1771 en un sorteo que tuvo lugar cuando Carlos III era rey de España, que importó esta costumbre desde Nápoles. Su nombre: Diego López.

Las crónicas de la época, con un cierto tono que ahora podemos encontrar cursi, así lo afirman: "Aquella lluviosa mañana, nuestro colegial compañero Diego López llegó vestido a la napolitana, con una túnica de damasco blanco, galoneada de oro, que le cubre hasta los pies, con la inefable peluquita blanca rizada y entre una gran expectación se persigna con gesto serio y solemne, muestra su mano derecha desembarazada de cosa alguna y la introduce por la puertecilla redonda del arca que contiene las 90 bolas, tomando al azar una de ellas canta el número con un gracioso soniquete y, tras mostrarla públicamente, se la acerca a los labios y la besa cariñosamente".

No sería hasta el 23 de diciembre de 1892, y en sustitución de la leyenda "Prósperos Premios", cuando apareció por primera vez impreso en los décimos de lotería la denominación de "Sorteo de Navidad", y aunque en la actualidad su nombre oficial es "Sorteo Extraordinario de Navidad", todo el mundo lo conoce como "Lotería de Navidad".

Como no puede ser de otra manera, el sorteo de la "Lotería de Navidad" ha dejado multitud de anécdotas increíbles a lo largo de la historia. La primera referencia a este sorteo nos llega de la mano de la revista Blanco y Negro, fundada en 1891: "Hay en Barcelona sujetos que habiendo obtenido premio en la lotería de Navidad del año pasado, aún no han cobrado. Me parece que con eso les hacen un beneficio. Porque la alegría de los premios dura hasta que se cobran. Y no pagándoles, les alargan la alegría". La revista nos ofrece asimismo la anécdota del señor Herce, quien había adquirido el "gordo", según se leía en 1918, después de que la señora Ayendia le escribiera en agosto recordándole que buscase el número 5.605. Una "idea que surgió de una combinación hecha con plantas de habas sembradas por dicha señora, las cuales dieron como resultado una pepita en cuyo interior se leía el número 5.605 agraciado". También hay casos desgraciados, como el del pobre don Matías Martínez, dueño de una lavandería en la calle Francisco Santos de Madrid, quien, en 1944, al comunicarle su familia que le habían tocado varias participaciones del segundo premio, sufrió un colapso y falleció repentinamente.

Ni siquiera la Guerra Civil fue capaz de suspender el sorteo de Navidad. Es más, en 1938, según atestigua el diario ABC en sus ediciones de Madrid y Sevilla, se celebraron dos sorteos, uno en el bando nacional, en Burgos, y otro en el bando republicano, en Barcelona.

Está visto que nada ni nadie puede frenar un negocio estatal tan importante. Desde los 40 reales del primer sorteo, los precios de los décimos no han dejado de subir su precio. En 1944, 100 pesetas; en 1953, 200 pesetas; en 1957, 400 pesetas, y en 1970, 1.000. A día de hoy, los décimos cuestan 20 euros (más de 3.300 pesetas), y a pesar de esto, las ventas siguen creciendo. Y es que los españoles siguen confiando en la magia de la Navidad y en los números capicúas, en las fechas históricas o en algún que otro triunfo deportivo –como la victoria de la selección española de fútbol en el mundial de Sudáfrica–.

El 22 de diciembre también es conocido como el "día de la salud" por aquellos que no han sido agraciados con ningún premio, ya que es tradición afirmar que si no se es rico al menos se tiene buena salud. Y es que quien no se conforma es porque no quiere. Conectados a la radio, con los televisores encendidos desde primera hora de la mañana o consultando internet a través del móvil, todo el mundo quiere saber si al menos se lleva un pellizco. Pero si no es así no vale la pena preocuparse: aún queda otra oportunidad el 6 de enero con el "Sorteo del Niño", conocido así por celebrarse el día de la adoración de los Reyes Magos de Oriente.

[Fuente: J.M. Sadurní para nationalgeographic.com.es]