Corría el año 776 a.C. cuando un evento sin precedentes se celebró en Olimpia, en la antigua Grecia. Hablamos de los Juegos Olímpicos en la Antigüedad, una serie de competiciones deportivas que marcaron el inicio de una tradición que ha perdurado más de mil años y que inspiró la creación de los Juegos Olímpicos modernos, recuperados en 1896 en Atenas.
En estas primeras olimpiadas, como ocurre ahora en los JJOO, había distintas disciplinas en las que los jugadores podían competir; estas recibían el nombre de agones. Había agones atléticos (carrera, salto de longitud, lanzamiento de disco, lanzamiento de jabalina…), pero también luctatorios (lucha, pugilato…) e hípicos (carreras de carros y caballos).
Los primeros registros escritos revelan que el primer campeón olímpico de la historia fue un hombre llamado Corebo de Élide, que ganó la carrera “stadion”, la competición principal de los primeros Juegos Olímpicos del año 776 a.C que consistía en una carrera de unos 600 pies (192,27 m. de longitud). El campeón trabajaba como panadero y era originario de Élide, región del Peloponeso.
En tiempos de Corebo, los atletas aún competían con ropa, porque la tradición de correr desnudos no se había establecido todavía. Esta costumbre surgió varias décadas después, alrededor del 720 a.C., y se convirtió en una característica típica de los Juegos Olímpicos antiguos.
Correr desnudo se consideraba una forma de celebrar el cuerpo pero, sobre todo, de mostrar respeto hacia los dioses. Al final, estos primeros juegos tenían un importante componente religioso y ceremonial, ya que se celebraban en honor a Zeus y otros dioses. Quitarse la ropa era una manera de competir con pureza y sin ningún tipo de artificio.
Al proclamarse vencedor de la competición, Corebo recibió la mítica corona de ramas de olivo, un símbolo de victoria y honor que se otorgaba solo a los campeones de estas primeras olimpiadas. Años más tarde, el historiador Pausanias mencionó en uno de sus libros que la tumba del panadero se encontraba en el límite de la región de Élide, cerca del río Ladón, subrayando la importancia que se le daba en la región.
Los Juegos Olímpicos antiguos continuaron celebrándose hasta el año 393, cuando el emperador Teodosio I, que era cristiano, prohibió todos los festivales de carácter pagano. Las olimpiadas llegaban a su fin después de casi 12 siglos en funcionamiento. Hubo que esperar 1.500 años más para que los Juegos Olímpicos resurgieran y se convirtieran en al espectáculo mundial que son hoy.
[Fuente: eldiario.es]
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Eratóstenes, primera persona en calcular el diámetro y la circunferencia de la Tierra (240 a.C.)
Eratóstenes de Cirene (Cirene, 276 a. C.-Alejandría, 194 a. C.) fue un polímata griego: matemático, astrónomo y geógrafo de origen cirenaico. Concibió por primera vez la geografía como una disciplina sistemática, desarrollando una terminología que todavía se usa en la actualidad. Es conocido principalmente por ser la primera persona en calcular el diámetro y la circunferencia de la Tierra, lo que hizo al comparar las altitudes del Sol del mediodía en dos lugares separados por una distancia norte-sur conocida. Su cálculo fue notablemente preciso. También fue el primero en calcular la inclinación del eje de la Tierra (nuevamente con notable precisión). Además, pudo haber estimado la distancia desde la Tierra hasta el Sol e ideó intercalar cada cuatro años un día adicional en los calendarios, produciendo el año bisiesto. Creó el primer mapamundi, incorporando paralelos y meridianos basados en el conocimiento geográfico disponible de su época.
Eratóstenes, hijo de Aglaos, nació en 276 a. C. en Cirene. Estudió en Alejandría y, durante algún tiempo, en Atenas. Fue discípulo de Aristón de Quíos, de Lisanias de Cirene y del poeta Calímaco y también gran amigo de Arquímedes. En el año 236 a. C., Ptolomeo III lo llamó para que se hiciera cargo de la Biblioteca de Alejandría, puesto que ocupó hasta el fin de sus días. La 'Suda' (gran enciclopedia bizantina) afirma que, tras perder la vista, se dejó morir de hambre a la edad de 80 años; sin embargo, Luciano de Samosata dice que llegó a la edad de 82 años, también Censorino sostiene que falleció cuando tenía 82 años.
Eratóstenes poseía una gran variedad de conocimientos y aptitudes para el estudio: astrónomo, poeta, geógrafo y filósofo, su apellido fue Pentathlos, nombre que se reservaba al atleta vencedor en las cinco competiciones de los Juegos Olímpicos en la Antigüedad. Suidas afirma que también era conocido como el segundo Platón y diversos autores dicen que se le daba el sobrenombre de Beta, por la segunda letra del alfabeto griego, porque ocupó el segundo lugar en todas las ramas de la ciencia que cultivó.
A Eratóstenes se le atribuye la invención, hacia el 255 a. C., de la esfera armilar, que aún se empleaba en el siglo XVII. Aunque debió usar este instrumento para diversas observaciones astronómicas, solo queda constancia de la que le condujo a la determinación de la oblicuidad de la eclíptica. Determinó que el intervalo entre los trópicos (el doble de la oblicuidad de la eclíptica) equivalía a los 11/83 de la circunferencia terrestre completa, resultando para dicha oblicuidad 23°51'19", cifra que posteriormente adoptaría el astrónomo Claudio Ptolomeo.
Según algunos historiadores, Eratóstenes obtuvo un valor de 24° y el refinamiento del resultado se debió hasta 11/83 al propio Ptolomeo. Además, según Eusebio de Cesarea, dedujo que la distancia al Sol era de 804 000 000 o de 4 080 000 estadios (según diferentes traducciones), la distancia a la Luna 780 000 estadios y, según Macrobio, que el diámetro del Sol era 27 veces mayor que el de la Tierra. Realmente el diámetro del Sol es 109 veces el de la Tierra y la distancia a la Luna es casi tres veces la calculada por Eratóstenes, pero el cálculo de la distancia al Sol, admitiendo que el estadio empleado fuera de 185 metros, en la estimación de 804 000 000 estadios da 148 752 060 km, muy similar a la unidad astronómica actual. A pesar de que se le atribuye frecuentemente la obra 'Katasterismoi', que contiene la nomenclatura de 44 constelaciones y 675 estrellas, los críticos niegan que fuera escrita por él, por lo que se suele designar Pseudo-Eratóstenes a su autor.
Por referencias obtenidas de un papiro de su biblioteca, sabía que en Siena (hoy Asuán, Egipto) el día del solsticio de verano los objetos verticales no proyectaban sombra alguna y la luz alumbraba el fondo de los pozos; esto significaba que la ciudad estaba situada justamente sobre la línea del trópico de Cáncer, y su latitud era igual a la de la eclíptica que ya conocía. Eratóstenes, suponiendo que Siena y Alejandría tenían la misma longitud (realmente distan 3°) y que el Sol se encontraba tan alejado de la Tierra que sus rayos podían suponerse paralelos, midió la sombra en Alejandría el mismo día del solsticio de verano al mediodía, demostrando que el cenit de la ciudad distaba 1/50 parte de la circunferencia, es decir, 7°12' del de Alejandría. Según Cleomedes, Eratóstenes se sirvió del scaphium o gnomon (un protocuadrante solar) para el cálculo de dicha cantidad.
Posteriormente, tomó la distancia estimada por las caravanas que comerciaban entre ambas ciudades, aunque bien pudo obtener el dato en la propia Biblioteca de Alejandría, fijándola en 5000 estadios, de donde dedujo que la circunferencia de la Tierra era de 250 000 estadios, resultado que posteriormente elevó hasta 252 000 estadios, de modo que a cada grado correspondieran 700 estadios. También se afirma que Eratóstenes, para calcular la distancia entre las dos ciudades, se valió de un regimiento de soldados que diera pasos de tamaño uniforme y los contara.
Admitiendo que Eratóstenes usase el estadio ático-italiano de 184,8 m, que era el que solía utilizarse por los griegos de Alejandría en aquella época, el error cometido sería de 6192 kilómetros (un 15 %). Sin embargo, hay quien defiende que empleó el estadio egipcio (300 codos de 52,4 cm), en cuyo caso la circunferencia polar calculada hubiera sido de 39 614 km, frente a los 40 008 km considerados en la actualidad, es decir, un error de menos del 1 %. Ahora bien, es imposible que Eratóstenes diera con la medida exacta de la circunferencia de la Tierra debido a errores en los supuestos que calculó. Tuvo que haber tenido un margen de error considerable y por lo tanto no pudo haber usado el estadio egipcio.
Posidonio rehízo el cálculo de Eratóstenes 150 años más tarde y obtuvo una circunferencia sensiblemente menor. Este valor fue adoptado por Ptolomeo y fue en el que probablemente se basó Cristóbal Colón para justificar la viabilidad del viaje a las Indias por occidente. Con las mediciones de Eratóstenes, el viaje no se habría llegado a realizar, al menos en aquella época y con aquellos medios, aceptando solo las certezas científicas. Los doctores consultados en Salamanca, a petición real, se basaron en ellos para determinar que el objetivo principal —llegar a China y Japón— era imposible dada la distancia. Finalmente, la empresa fue aprobada por la reina, con base en testimonios y cartas de marear que obraban en poder de los socios de Colón mencionando tierras a corta distancia al Oeste de Azores,[8] por las ventajas estratégicas y comerciales que preveía el proyecto y sobre objetivos secundarios, como la condición de Colón de obtener prebendas y porcentajes sobre las tierras que descubriera en camino.
El trabajo de Eratóstenes es considerado por algunos el primer intento científico en medir las dimensiones de nuestro planeta, ya que se hicieron otros cálculos y se perfeccionaron siglos después por estudiosos tales como el califa Al-Mamun y Jean François Fernel.
Se le debe un procedimiento, conocido como la Criba de Eratóstenes, para obtener de un modo rápido todos los números primos menores que un número dado. La versión informática de este procedimiento (algoritmo) se ha convertido con los años en un método estándar para caracterizar o comparar la eficacia de diferentes lenguajes de programación.
Eratóstenes también midió la oblicuidad de la eclíptica (la inclinación del eje terrestre) con un error de solo 7' de arco, y creó un catálogo (actualmente perdido) de 675 estrellas fijas. Su obra más importante fue un tratado de geografía general llamado 'Geographica'. En esta obra Eratóstenes describió y cartografió todo su mundo conocido, incluso dividiendo la Tierra en cinco zonas climáticas: dos zonas de congelación alrededor de los polos, dos zonas templadas y una zona que abarca el ecuador y los trópicos. Colocó rejillas de líneas superpuestas sobre los mapas que representaban la superficie de la Tierra. Usó paralelos y meridianos para vincular todos los lugares del mundo. Ahora era posible estimar la distancia desde ubicaciones remotas con esta red sobre la superficie de la Tierra. En 'Geographica' se mostraron los nombres de más de 400 ciudades y sus ubicaciones.
Eratóstenes era una de las figuras eruditas más preeminentes de su tiempo, y produjo trabajos que cubren un área extensa de conocimiento antes y durante su tiempo en la Biblioteca. Escribió sobre muchos temas: geografía, matemáticas, filosofía, cronología, crítica literaria, gramática, poesía e incluso comedias antiguas. Desafortunadamente, solo quedan fragmentos de sus obras después de la Destrucción de la Biblioteca de Alejandría. La obra poética de Eratóstenes comprende dos obras: 'Erigone', elogiada repetidamente por Longino, y 'Hermes', la más conocida, poema de asunto astronómico y geográfico que trata de la forma de la Tierra, de su temperatura, de los diferentes climas y de las constelaciones. Escribió varios tratados sobre filosofía moral y se le atribuyen, sin certeza, otras obras filosóficas. Su primer trabajo, llamado 'Platonikos', contempla la filosofía de Platón desde un punto de vista matemático. De acuerdo a Teón de Esmirna, un matemático pitagórico, el trabajo de Eratóstenes estudió definiciones básicas de geometría y aritmética, y abarcó temas como la música. Sus producciones históricas estuvieron ligadas íntimamente a las matemáticas, y su obra más importante en esta disciplina fue la 'Cronografía', en la que recoge las fechas de los acontecimientos literarios y políticos más importantes. Se cree que Las Olimpiadas, citadas por Diógenes Laercio y Ateneo, formaban parte de la 'Cronografía'. También escribió un tratado 'Sobre la antigua comedia ática', del que son fragmentos 'Architectonicos' y 'Skenographicos', en los que trató de la decoración, el vestuario, la declamación y el argumento de obras de Aristófanes y de Cratino, entre otros. También estudió la obra de Homero y escribió una biografía sobre la vida del poeta que no ha llegado hasta nuestros días. En la citada 'Eratosthenica', Bernhardy compiló la lista de todas las obras atribuidas a Eratóstenes, así como los fragmentos de sus escritos entonces conocidos, con excepción de 'Katasterismoi'.
Inventó el mesolabio, uno de los primeros instrumentos descubiertos que es una primitiva calculadora.
[Fuente: Wikipedia]
Eratóstenes, hijo de Aglaos, nació en 276 a. C. en Cirene. Estudió en Alejandría y, durante algún tiempo, en Atenas. Fue discípulo de Aristón de Quíos, de Lisanias de Cirene y del poeta Calímaco y también gran amigo de Arquímedes. En el año 236 a. C., Ptolomeo III lo llamó para que se hiciera cargo de la Biblioteca de Alejandría, puesto que ocupó hasta el fin de sus días. La 'Suda' (gran enciclopedia bizantina) afirma que, tras perder la vista, se dejó morir de hambre a la edad de 80 años; sin embargo, Luciano de Samosata dice que llegó a la edad de 82 años, también Censorino sostiene que falleció cuando tenía 82 años.
Eratóstenes poseía una gran variedad de conocimientos y aptitudes para el estudio: astrónomo, poeta, geógrafo y filósofo, su apellido fue Pentathlos, nombre que se reservaba al atleta vencedor en las cinco competiciones de los Juegos Olímpicos en la Antigüedad. Suidas afirma que también era conocido como el segundo Platón y diversos autores dicen que se le daba el sobrenombre de Beta, por la segunda letra del alfabeto griego, porque ocupó el segundo lugar en todas las ramas de la ciencia que cultivó.
A Eratóstenes se le atribuye la invención, hacia el 255 a. C., de la esfera armilar, que aún se empleaba en el siglo XVII. Aunque debió usar este instrumento para diversas observaciones astronómicas, solo queda constancia de la que le condujo a la determinación de la oblicuidad de la eclíptica. Determinó que el intervalo entre los trópicos (el doble de la oblicuidad de la eclíptica) equivalía a los 11/83 de la circunferencia terrestre completa, resultando para dicha oblicuidad 23°51'19", cifra que posteriormente adoptaría el astrónomo Claudio Ptolomeo.
Según algunos historiadores, Eratóstenes obtuvo un valor de 24° y el refinamiento del resultado se debió hasta 11/83 al propio Ptolomeo. Además, según Eusebio de Cesarea, dedujo que la distancia al Sol era de 804 000 000 o de 4 080 000 estadios (según diferentes traducciones), la distancia a la Luna 780 000 estadios y, según Macrobio, que el diámetro del Sol era 27 veces mayor que el de la Tierra. Realmente el diámetro del Sol es 109 veces el de la Tierra y la distancia a la Luna es casi tres veces la calculada por Eratóstenes, pero el cálculo de la distancia al Sol, admitiendo que el estadio empleado fuera de 185 metros, en la estimación de 804 000 000 estadios da 148 752 060 km, muy similar a la unidad astronómica actual. A pesar de que se le atribuye frecuentemente la obra 'Katasterismoi', que contiene la nomenclatura de 44 constelaciones y 675 estrellas, los críticos niegan que fuera escrita por él, por lo que se suele designar Pseudo-Eratóstenes a su autor.
Por referencias obtenidas de un papiro de su biblioteca, sabía que en Siena (hoy Asuán, Egipto) el día del solsticio de verano los objetos verticales no proyectaban sombra alguna y la luz alumbraba el fondo de los pozos; esto significaba que la ciudad estaba situada justamente sobre la línea del trópico de Cáncer, y su latitud era igual a la de la eclíptica que ya conocía. Eratóstenes, suponiendo que Siena y Alejandría tenían la misma longitud (realmente distan 3°) y que el Sol se encontraba tan alejado de la Tierra que sus rayos podían suponerse paralelos, midió la sombra en Alejandría el mismo día del solsticio de verano al mediodía, demostrando que el cenit de la ciudad distaba 1/50 parte de la circunferencia, es decir, 7°12' del de Alejandría. Según Cleomedes, Eratóstenes se sirvió del scaphium o gnomon (un protocuadrante solar) para el cálculo de dicha cantidad.
Posteriormente, tomó la distancia estimada por las caravanas que comerciaban entre ambas ciudades, aunque bien pudo obtener el dato en la propia Biblioteca de Alejandría, fijándola en 5000 estadios, de donde dedujo que la circunferencia de la Tierra era de 250 000 estadios, resultado que posteriormente elevó hasta 252 000 estadios, de modo que a cada grado correspondieran 700 estadios. También se afirma que Eratóstenes, para calcular la distancia entre las dos ciudades, se valió de un regimiento de soldados que diera pasos de tamaño uniforme y los contara.
Admitiendo que Eratóstenes usase el estadio ático-italiano de 184,8 m, que era el que solía utilizarse por los griegos de Alejandría en aquella época, el error cometido sería de 6192 kilómetros (un 15 %). Sin embargo, hay quien defiende que empleó el estadio egipcio (300 codos de 52,4 cm), en cuyo caso la circunferencia polar calculada hubiera sido de 39 614 km, frente a los 40 008 km considerados en la actualidad, es decir, un error de menos del 1 %. Ahora bien, es imposible que Eratóstenes diera con la medida exacta de la circunferencia de la Tierra debido a errores en los supuestos que calculó. Tuvo que haber tenido un margen de error considerable y por lo tanto no pudo haber usado el estadio egipcio.
Posidonio rehízo el cálculo de Eratóstenes 150 años más tarde y obtuvo una circunferencia sensiblemente menor. Este valor fue adoptado por Ptolomeo y fue en el que probablemente se basó Cristóbal Colón para justificar la viabilidad del viaje a las Indias por occidente. Con las mediciones de Eratóstenes, el viaje no se habría llegado a realizar, al menos en aquella época y con aquellos medios, aceptando solo las certezas científicas. Los doctores consultados en Salamanca, a petición real, se basaron en ellos para determinar que el objetivo principal —llegar a China y Japón— era imposible dada la distancia. Finalmente, la empresa fue aprobada por la reina, con base en testimonios y cartas de marear que obraban en poder de los socios de Colón mencionando tierras a corta distancia al Oeste de Azores,[8] por las ventajas estratégicas y comerciales que preveía el proyecto y sobre objetivos secundarios, como la condición de Colón de obtener prebendas y porcentajes sobre las tierras que descubriera en camino.
El trabajo de Eratóstenes es considerado por algunos el primer intento científico en medir las dimensiones de nuestro planeta, ya que se hicieron otros cálculos y se perfeccionaron siglos después por estudiosos tales como el califa Al-Mamun y Jean François Fernel.
Se le debe un procedimiento, conocido como la Criba de Eratóstenes, para obtener de un modo rápido todos los números primos menores que un número dado. La versión informática de este procedimiento (algoritmo) se ha convertido con los años en un método estándar para caracterizar o comparar la eficacia de diferentes lenguajes de programación.
Eratóstenes también midió la oblicuidad de la eclíptica (la inclinación del eje terrestre) con un error de solo 7' de arco, y creó un catálogo (actualmente perdido) de 675 estrellas fijas. Su obra más importante fue un tratado de geografía general llamado 'Geographica'. En esta obra Eratóstenes describió y cartografió todo su mundo conocido, incluso dividiendo la Tierra en cinco zonas climáticas: dos zonas de congelación alrededor de los polos, dos zonas templadas y una zona que abarca el ecuador y los trópicos. Colocó rejillas de líneas superpuestas sobre los mapas que representaban la superficie de la Tierra. Usó paralelos y meridianos para vincular todos los lugares del mundo. Ahora era posible estimar la distancia desde ubicaciones remotas con esta red sobre la superficie de la Tierra. En 'Geographica' se mostraron los nombres de más de 400 ciudades y sus ubicaciones.
Eratóstenes era una de las figuras eruditas más preeminentes de su tiempo, y produjo trabajos que cubren un área extensa de conocimiento antes y durante su tiempo en la Biblioteca. Escribió sobre muchos temas: geografía, matemáticas, filosofía, cronología, crítica literaria, gramática, poesía e incluso comedias antiguas. Desafortunadamente, solo quedan fragmentos de sus obras después de la Destrucción de la Biblioteca de Alejandría. La obra poética de Eratóstenes comprende dos obras: 'Erigone', elogiada repetidamente por Longino, y 'Hermes', la más conocida, poema de asunto astronómico y geográfico que trata de la forma de la Tierra, de su temperatura, de los diferentes climas y de las constelaciones. Escribió varios tratados sobre filosofía moral y se le atribuyen, sin certeza, otras obras filosóficas. Su primer trabajo, llamado 'Platonikos', contempla la filosofía de Platón desde un punto de vista matemático. De acuerdo a Teón de Esmirna, un matemático pitagórico, el trabajo de Eratóstenes estudió definiciones básicas de geometría y aritmética, y abarcó temas como la música. Sus producciones históricas estuvieron ligadas íntimamente a las matemáticas, y su obra más importante en esta disciplina fue la 'Cronografía', en la que recoge las fechas de los acontecimientos literarios y políticos más importantes. Se cree que Las Olimpiadas, citadas por Diógenes Laercio y Ateneo, formaban parte de la 'Cronografía'. También escribió un tratado 'Sobre la antigua comedia ática', del que son fragmentos 'Architectonicos' y 'Skenographicos', en los que trató de la decoración, el vestuario, la declamación y el argumento de obras de Aristófanes y de Cratino, entre otros. También estudió la obra de Homero y escribió una biografía sobre la vida del poeta que no ha llegado hasta nuestros días. En la citada 'Eratosthenica', Bernhardy compiló la lista de todas las obras atribuidas a Eratóstenes, así como los fragmentos de sus escritos entonces conocidos, con excepción de 'Katasterismoi'.
Inventó el mesolabio, uno de los primeros instrumentos descubiertos que es una primitiva calculadora.
[Fuente: Wikipedia]
Arquímedes: Padre de la Nautica (287 a.C.)
Arquímedes de Siracusa (287 a.C.-212 a.C.) fue un físico y matemático griego que realizó grandes progresos y fue considerado el padre de la hidrostática. Viajar en barco, medir superficies… son algunos de sus descubrimientos tras una vida dedicada a la investigación en la ciencia. Nació en la antigua Siracusa y no fue el único científico de la familia. Su padre, Hefesto, era astrónomo y quien le contagió su pasión por la ciencia. A día de hoy, su muerte continua siendo un misterio. Sin embargo, si en algo que coinciden multitud de historiadores, es que fue víctima de un homicidio.
El principio de Arquímedes es la ley base de la náutica por la que se afirma que todo cuerpo sumergido en un líquido experimenta una fuerza hacia arriba equivalente al peso del volumen desalojado. Esta fuerza recibe el nombre de empuje hidrostático y se mide en Newtons. El empuje depende de la densidad de fluido, del volumen del cuerpo y de la gravedad existente en ese lugar. El empuje actúa verticalmente hacia arriba y está aplicado en el centro de gravedad del cuerpo.
Muchos creen que Arquímedes cuando descubrió el Principio de Arquímedes expresó su famoso grito ¡Eureka! que se ha convertido en una expresión muy reconocida en la ciencia. ¡Eureka! es una celebración del descubrimiento y una metáfora de lograr aquello que se busca con mucho ahínco.
Pero esta famosa expresión no surgió cuando descubrió el principio de Arquímedes sino cuando desenmascaró al orfebre que estaba haciendo una corona de oro para el rey Hierón II. El rey Hierón II quería poseer una corona de oro que reconociera todos sus logros y le encomendó esta tarea al orfebre. Este último se puso manos a la obra tratando de timar al rey realizando una mezcla de oro y plata que simulará una corona de oro verdadera. Lo que no sabía el orfebre, pero si Arquímedes es que la densidad es igual a masa entre volumen. Por lo que cuando el orfebre terminó su trabajo se dio cuenta de que el peso final de la corona no equivalía a la de una corona hecha 100% con oro.
La palanca ha sido uno de los inventos más importantes de la historia de la humanidad ya que permitía el levantamiento de materiales muy pesados que, antes de la creación de este invento, resultaba imposible. «Dame un punto de apoyo y moveré el mundo» fueron las palabras que Arquímedes pronunció cuando desarrolló la formula que llevaría a la creación de este gran invento que cambió por completo la forma de entender la arquitectura y la construcción, así como otros ámbitos de la sociedad.
Según cuenta la leyenda, Arquímedes consiguió construir los espejos ustorios, unos míticos espejos cóncavos que eran capaces de quemar las velas de los barcos a mucha distancia. Esto traía de cabeza a la armada de Marco Claudio Marcelo, que estuvo invadiendo Siracusa durante más de dos años y no podía porque se le quemaban las velas.
Pero como pasa casi siempre, sus aportaciones a las matemáticas están por encima de sus aportaciones a la física, y sus tratados matemáticos han sido conservados gracias a las cartas que enviaba constantemente a Eratóstenes y a Dositeo, que trabajaban en la biblioteca de Alejandría, que posteriormente fue quemada.
Se barajan diferentes hipótesis que se ciernen sobre la muerte del brillante matemático, aunque la leyenda más famosa tiene que ver, precisamente, con las matemáticas. Arquímedes estaba dibujando circunferencias en plena investigación cuando de repente entró un soldado. «No molestes a mis círculos» fueron las palabras que Arquímedes dedicó al soldado que no dudo en matarlo.
[Fuente: Santiago García]
El principio de Arquímedes es la ley base de la náutica por la que se afirma que todo cuerpo sumergido en un líquido experimenta una fuerza hacia arriba equivalente al peso del volumen desalojado. Esta fuerza recibe el nombre de empuje hidrostático y se mide en Newtons. El empuje depende de la densidad de fluido, del volumen del cuerpo y de la gravedad existente en ese lugar. El empuje actúa verticalmente hacia arriba y está aplicado en el centro de gravedad del cuerpo.
Muchos creen que Arquímedes cuando descubrió el Principio de Arquímedes expresó su famoso grito ¡Eureka! que se ha convertido en una expresión muy reconocida en la ciencia. ¡Eureka! es una celebración del descubrimiento y una metáfora de lograr aquello que se busca con mucho ahínco.
Pero esta famosa expresión no surgió cuando descubrió el principio de Arquímedes sino cuando desenmascaró al orfebre que estaba haciendo una corona de oro para el rey Hierón II. El rey Hierón II quería poseer una corona de oro que reconociera todos sus logros y le encomendó esta tarea al orfebre. Este último se puso manos a la obra tratando de timar al rey realizando una mezcla de oro y plata que simulará una corona de oro verdadera. Lo que no sabía el orfebre, pero si Arquímedes es que la densidad es igual a masa entre volumen. Por lo que cuando el orfebre terminó su trabajo se dio cuenta de que el peso final de la corona no equivalía a la de una corona hecha 100% con oro.
La palanca ha sido uno de los inventos más importantes de la historia de la humanidad ya que permitía el levantamiento de materiales muy pesados que, antes de la creación de este invento, resultaba imposible. «Dame un punto de apoyo y moveré el mundo» fueron las palabras que Arquímedes pronunció cuando desarrolló la formula que llevaría a la creación de este gran invento que cambió por completo la forma de entender la arquitectura y la construcción, así como otros ámbitos de la sociedad.
Según cuenta la leyenda, Arquímedes consiguió construir los espejos ustorios, unos míticos espejos cóncavos que eran capaces de quemar las velas de los barcos a mucha distancia. Esto traía de cabeza a la armada de Marco Claudio Marcelo, que estuvo invadiendo Siracusa durante más de dos años y no podía porque se le quemaban las velas.
Pero como pasa casi siempre, sus aportaciones a las matemáticas están por encima de sus aportaciones a la física, y sus tratados matemáticos han sido conservados gracias a las cartas que enviaba constantemente a Eratóstenes y a Dositeo, que trabajaban en la biblioteca de Alejandría, que posteriormente fue quemada.
Se barajan diferentes hipótesis que se ciernen sobre la muerte del brillante matemático, aunque la leyenda más famosa tiene que ver, precisamente, con las matemáticas. Arquímedes estaba dibujando circunferencias en plena investigación cuando de repente entró un soldado. «No molestes a mis círculos» fueron las palabras que Arquímedes dedicó al soldado que no dudo en matarlo.
[Fuente: Santiago García]
Hipócrates: Padre de la medicina moderna (aprox. 460 a.C.)
Hipócrates nació en la isla griega de Kos en el siglo V a.C. y se convirtió en el médico más famoso de la Antigüedad. Creó una escuela de medicina en la isla, escribió numerosos tratados sobre temas médicos y, gracias a su investigación sistemática y empírica de enfermedades y remedios, se le atribuye el mérito de ser el fundador de la medicina moderna.
La información sobre Hipócrates es fragmentaria y poco fiable. Nació probablemente hacia el 460 a.C., pero los detalles de su vida se especulaban incluso en tiempos antiguos. Una de las fuentes más antiguas es la 'Vida de Hipócrates', atribuida al médico Sorano de Éfeso, quien vivió entre los siglos I y II d.C. El método de Sorano de citar textos anteriores, hoy perdidos, ha sido una fuente inestimable de información sobre la medicina antigua. Según él, Hipócrates conoció a varios sofistas del siglo V, particularmente a Gorgias de Leontini, y fue introducido a la medicina tanto por su padre como por Heródico de Selymbria, un entrenador de gimnasia. Sabemos también que Hipócrates fundó y puso en marcha una escuela de medicina en Kos.
Platón menciona a Hipócrates en su 'Protágoras', sugiriendo que trabajaba por honorarios y que pensaba que el cuerpo debía ser tratado como un todo (Fedro). El autor romano y escritor médico Cornelio Celso señala que Hipócrates fue el primero en separar la medicina de la filosofía, y otras fuentes antiguas sugieren también que Hipócrates creía en la importancia de la dieta y el ejercicio para un cuerpo saludable. Sorano nos informa que Hipócrates viajó durante toda su vida y murió en Larissa, Tesalia, hacia el año 370 a.C.
En la antigüedad, surgieron muchas leyendas sobre los grandes talentos de Hipócrates, pero la mayoría eran puras invenciones. Según se dice, descubrió que los problemas de salud del rey Perdiccas II de Macedonia se debían a la enfermedad del amor; que eliminó la plaga que azotaba a Atenas en el 430 a.C. esparciendo llamas ardientes en todos lados; y que trató al filósofo Demócrito, a quien todos creían loco (no sin justificación). Hipócrates tuvo tres hijos que heredaron su profesión: Tesalo, Draco, y Polibio.
Durante mucho tiempo se ha atribuido a Hipócrates la autoría de un gran número de antiguos tratados, discursos, y cartas sobre medicina, colectivamente referidos como el 'Corpus Hipocrático' ('Corpus Hippocraticum'), que fue compilado en el período helenístico en la Alejandría ptolemaica. Los expertos modernos consideran que, solo por motivos estilísticos, estos textos deben realmente haber sido escritos por varios autores, y señalan que no hay referencias de que Hipócrates haya escrito cosa alguna en las fuentes contemporáneas de su época. Los expertos, por tanto, sostienen que algunos de los textos escritos fueron escritos por Hipócrates, pero aún se debate cuáles exactamente.
El 'Corpus' del siglo III a.C. fue editado otra vez en el siglo I d.C. por los autores Dioscórides y Capitón. Muchos escritores antiguos, a veces físicos famosos ellos mismos, frecuentemente escribían comentarios sobre obras atribuidas a Hipócrates, entre los más notables estando Herófilo de Calcedonia (siglos IV-III a.C.), Apolonio de Citio (siglo I a.C.), y Galeno (siglo II-III d.C.).
Los textos hipocráticos abordan todas las formas de tópicos médicos, pero pueden ser agrupados en cuatro categorías principales: diagnóstico, biología, tratamiento, y aviso general para doctores. Existen alrededor de 60 tratados, cada uno con tópicos específicos, por ejemplo, articulaciones, terapia, régimen, cirugía, fisiología, el progreso de las enfermedades, remedios purgantes y ginecología. Los temas de ética y medicina en relación a otras áreas, especialmente a la filosofía, eran también discutidos.
El célebre juramento hipocrático probablemente apareció después de la vida de Hipócrates y estaba reservado a un selecto grupo de médicos. En realidad, era un documento religioso que garantizaba que un médico actuaba dentro y para los valores de la comunidad. Con el juramento, el practicante juraba por Apolo, Higía y Panacea, respetar a sus maestros y no administrar veneno, abusar de los pacientes de ninguna forma, usar un cuchillo, o romper la confidencialidad entre paciente y doctor. Versiones modernas del juramento, u otras declaraciones similares, aún hoy son juradas por muchos estudiantes de medicina de todo el mundo.
Los historiadores atribuyen a Hipócrates el mérito de haber alejado el tema de la medicina del enfoque sobrenatural y religioso anterior, que había estado estrechamente vinculado al dios griego de la medicina Asclepio, hacia el enfoque moderno de observación, clasificación, causas y efectos, etc. Aún si algunos antes que él, como Alcmeón de Crotona, habían empezado a enfocar la medicina de forma racional, y los detalles de su vida y trabajos son escasos, Hipócrates ha pasado a ser conocido, al igual que lo fue en el mundo antiguo, como el padre de la medicina moderna.
Texto del Juramento Hipocrático:
"Juro por Apolo médico, por Asclepio, Higía y Panacea, por todos los dioses y todas las diosas, tomándolos como testigos, cumplir fielmente, según mi leal saber y entender, este juramento y compromiso:
Venerar como a mi padre a quien me enseñó este arte, compartir con él mis bienes y asistirles en sus necesidades; considerar a sus hijos como hermanos míos, enseñarles este arte gratuitamente si quieren aprenderlo; comunicar los preceptos vulgares y las enseñanzas secretas y todo lo demás de la doctrina a mis hijos y a los hijos de mis maestros, y a todos los alumnos comprometidos y que han prestado juramento, según costumbre, pero a nadie más.
En cuanto pueda y sepa, usaré las reglas dietéticas en provecho de los enfermos y apartaré de ellos todo daño e injusticia.
Jamás daré a nadie medicamento mortal, por mucho que me soliciten, ni tomaré iniciativa alguna de este tipo; tampoco administraré abortivo a mujer alguna. Por el contrario, viviré y practicaré mi arte de forma santa y pura.
No tallaré cálculos sino que dejaré esto a los cirujanos especialistas.
En cualquier casa que entre, lo haré para bien de los enfermos, apartándome de toda injusticia voluntaria y de toda corrupción, principalmente de toda relación vergonzosa con mujeres y muchachos, ya sean libres o esclavos.
Todo lo que vea y oiga en el ejercicio de mi profesión, y todo lo que supiere acerca de la vida de alguien, si es cosa que no debe ser divulgada, lo callaré y lo guardaré con secreto inviolable.
Si el juramento cumpliere íntegro, viva yo feliz y recoja los frutos de mi arte y sea honrado por todos los hombres y por la más remota posterioridad. Pero si soy transgresor y perjuro, avéngame lo contrario."
[Fuente: worldhistory.org, Wikipedia]
La información sobre Hipócrates es fragmentaria y poco fiable. Nació probablemente hacia el 460 a.C., pero los detalles de su vida se especulaban incluso en tiempos antiguos. Una de las fuentes más antiguas es la 'Vida de Hipócrates', atribuida al médico Sorano de Éfeso, quien vivió entre los siglos I y II d.C. El método de Sorano de citar textos anteriores, hoy perdidos, ha sido una fuente inestimable de información sobre la medicina antigua. Según él, Hipócrates conoció a varios sofistas del siglo V, particularmente a Gorgias de Leontini, y fue introducido a la medicina tanto por su padre como por Heródico de Selymbria, un entrenador de gimnasia. Sabemos también que Hipócrates fundó y puso en marcha una escuela de medicina en Kos.
Platón menciona a Hipócrates en su 'Protágoras', sugiriendo que trabajaba por honorarios y que pensaba que el cuerpo debía ser tratado como un todo (Fedro). El autor romano y escritor médico Cornelio Celso señala que Hipócrates fue el primero en separar la medicina de la filosofía, y otras fuentes antiguas sugieren también que Hipócrates creía en la importancia de la dieta y el ejercicio para un cuerpo saludable. Sorano nos informa que Hipócrates viajó durante toda su vida y murió en Larissa, Tesalia, hacia el año 370 a.C.
En la antigüedad, surgieron muchas leyendas sobre los grandes talentos de Hipócrates, pero la mayoría eran puras invenciones. Según se dice, descubrió que los problemas de salud del rey Perdiccas II de Macedonia se debían a la enfermedad del amor; que eliminó la plaga que azotaba a Atenas en el 430 a.C. esparciendo llamas ardientes en todos lados; y que trató al filósofo Demócrito, a quien todos creían loco (no sin justificación). Hipócrates tuvo tres hijos que heredaron su profesión: Tesalo, Draco, y Polibio.
Durante mucho tiempo se ha atribuido a Hipócrates la autoría de un gran número de antiguos tratados, discursos, y cartas sobre medicina, colectivamente referidos como el 'Corpus Hipocrático' ('Corpus Hippocraticum'), que fue compilado en el período helenístico en la Alejandría ptolemaica. Los expertos modernos consideran que, solo por motivos estilísticos, estos textos deben realmente haber sido escritos por varios autores, y señalan que no hay referencias de que Hipócrates haya escrito cosa alguna en las fuentes contemporáneas de su época. Los expertos, por tanto, sostienen que algunos de los textos escritos fueron escritos por Hipócrates, pero aún se debate cuáles exactamente.
El 'Corpus' del siglo III a.C. fue editado otra vez en el siglo I d.C. por los autores Dioscórides y Capitón. Muchos escritores antiguos, a veces físicos famosos ellos mismos, frecuentemente escribían comentarios sobre obras atribuidas a Hipócrates, entre los más notables estando Herófilo de Calcedonia (siglos IV-III a.C.), Apolonio de Citio (siglo I a.C.), y Galeno (siglo II-III d.C.).
Los textos hipocráticos abordan todas las formas de tópicos médicos, pero pueden ser agrupados en cuatro categorías principales: diagnóstico, biología, tratamiento, y aviso general para doctores. Existen alrededor de 60 tratados, cada uno con tópicos específicos, por ejemplo, articulaciones, terapia, régimen, cirugía, fisiología, el progreso de las enfermedades, remedios purgantes y ginecología. Los temas de ética y medicina en relación a otras áreas, especialmente a la filosofía, eran también discutidos.
El célebre juramento hipocrático probablemente apareció después de la vida de Hipócrates y estaba reservado a un selecto grupo de médicos. En realidad, era un documento religioso que garantizaba que un médico actuaba dentro y para los valores de la comunidad. Con el juramento, el practicante juraba por Apolo, Higía y Panacea, respetar a sus maestros y no administrar veneno, abusar de los pacientes de ninguna forma, usar un cuchillo, o romper la confidencialidad entre paciente y doctor. Versiones modernas del juramento, u otras declaraciones similares, aún hoy son juradas por muchos estudiantes de medicina de todo el mundo.
Los historiadores atribuyen a Hipócrates el mérito de haber alejado el tema de la medicina del enfoque sobrenatural y religioso anterior, que había estado estrechamente vinculado al dios griego de la medicina Asclepio, hacia el enfoque moderno de observación, clasificación, causas y efectos, etc. Aún si algunos antes que él, como Alcmeón de Crotona, habían empezado a enfocar la medicina de forma racional, y los detalles de su vida y trabajos son escasos, Hipócrates ha pasado a ser conocido, al igual que lo fue en el mundo antiguo, como el padre de la medicina moderna.
Texto del Juramento Hipocrático:
"Juro por Apolo médico, por Asclepio, Higía y Panacea, por todos los dioses y todas las diosas, tomándolos como testigos, cumplir fielmente, según mi leal saber y entender, este juramento y compromiso:
Venerar como a mi padre a quien me enseñó este arte, compartir con él mis bienes y asistirles en sus necesidades; considerar a sus hijos como hermanos míos, enseñarles este arte gratuitamente si quieren aprenderlo; comunicar los preceptos vulgares y las enseñanzas secretas y todo lo demás de la doctrina a mis hijos y a los hijos de mis maestros, y a todos los alumnos comprometidos y que han prestado juramento, según costumbre, pero a nadie más.
En cuanto pueda y sepa, usaré las reglas dietéticas en provecho de los enfermos y apartaré de ellos todo daño e injusticia.
Jamás daré a nadie medicamento mortal, por mucho que me soliciten, ni tomaré iniciativa alguna de este tipo; tampoco administraré abortivo a mujer alguna. Por el contrario, viviré y practicaré mi arte de forma santa y pura.
No tallaré cálculos sino que dejaré esto a los cirujanos especialistas.
En cualquier casa que entre, lo haré para bien de los enfermos, apartándome de toda injusticia voluntaria y de toda corrupción, principalmente de toda relación vergonzosa con mujeres y muchachos, ya sean libres o esclavos.
Todo lo que vea y oiga en el ejercicio de mi profesión, y todo lo que supiere acerca de la vida de alguien, si es cosa que no debe ser divulgada, lo callaré y lo guardaré con secreto inviolable.
Si el juramento cumpliere íntegro, viva yo feliz y recoja los frutos de mi arte y sea honrado por todos los hombres y por la más remota posterioridad. Pero si soy transgresor y perjuro, avéngame lo contrario."
[Fuente: worldhistory.org, Wikipedia]
Sócrates, padre de la Filosofía Occidental (470 a. C.)
Sócrates de Atenas (aprox. 470/469-399 a.C.) se encuentra entre las personas más famosas de la historia universal debido a sus contribuciones en el desarrollo de la filosofía de la antigua Grecia, las cuales proporcionaron los cimientos de toda la filosofía occidental. Es por esta razón que se lo conoce como “el padre de la filosofía occidental”.
Originalmente era escultor, y es posible que haya tenido otras diversas ocupaciones, entre ellas la de soldado, hasta que el oráculo de Delfos le dijo que era el hombre más sabio del mundo. Con el objeto de demostrar que el oráculo se equivocaba, se embarcó en la misión de interrogar a todos aquellos que eran considerados los más sabios, y, al hacerlo, demostró que el oráculo estaba en lo correcto: Sócrates era el hombre más sabio del mundo porque no afirmaba saber nada de importancia.
Su discípulo más famoso fue Platón (aprox. 424/423-348/347 a.C.), quien lo honró con la creación de una escuela en Atenas (la Academia de Platón) y, aún más, con los diálogos filosóficos que escribió en los que Sócrates es el personaje principal. Aún se discute qué tan genuina es la representación de las enseñanzas de Sócrates que se hace en los diálogos de Platón, y es posible que jamás se llegue a una respuesta definitiva. El más famoso de los discípulos de Platón fue Aristóteles de Estagira (384-322 a.C.), quien luego instruyó a Alejandro Magno (356-323 a.C.) y fundó su propia escuela. A través de esta sucesión, la filosofía griega, de la manera en que fue concebida en primer lugar por Sócrates, se expandió por el mundo conocido durante las conquistas de Alejandro y luego de estas.
Si bien la historicidad de Sócrates no ha sido discutida, el contenido real de sus enseñanzas es tan elusivo como los preceptos filosóficos de Pitágoras o las enseñanzas posteriores de Jesús, ya que ninguno de ellos dejó escritos de su autoría. A pesar de que se suele considerar que Sócrates inició la disciplina de la filosofía en Occidente, la mayor parte de lo que sabemos de él viene de las obras de Platón y, en menor medida, de otro de sus discípulos, Jenofonte (430-aprox. 354 a.C.). También se ha intentado reconstruir su visión filosófica con base en las muchas otras escuelas filosóficas fundadas por sus discípulos, además de la de Platón, pero son demasiado variadas para definir las enseñanzas originales que las inspiraron a todas ellas.
La versión de Sócrates que nos ha llegado al presente desde la antigüedad podría ser en gran parte una construcción filosófica de Platón; en efecto, según el historiador Diógenes Laercio (aprox. 180-240 d.C.), muchos contemporáneos de Platón lo acusaban de reinventar a Sócrates a su propia semejanza para promover su interpretación del mensaje de su maestro. Independientemente de esto, la influencia de Sócrates terminaría sentando las bases de las corrientes filosóficas que llevaron a la formulación de la filosofía occidental y el pensamiento cultural subyacente de la civilización occidental.
Sócrates nació alrededor del 469/470 a.C.; sus padres eran el escultor Sofronisco y la partera Fenáreta. Estudió música, gimnasia y gramática en su juventud (las disciplinas de estudio comunes para un joven griego) y siguió la profesión de su padre como escultor. Según la tradición fue un artista excepcional, y se dice que su estatua de las Gracias, en la entrada a la Acrópolis, fue admirada hasta en el siglo II d.C. Sócrates se distinguió en el ejército, y salvó la vida del general Alcibíades en la batalla de Potidea.
Se casó con Jantipa, una mujer de clase alta, a la edad aproximada de 50 años, y tuvo tres hijos con ella. Según autores contemporáneos de él, como Jenofonte, estos muchachos eran increíblemente tontos y no se parecían en nada a su padre. Aparentemente, Sócrates vivió una vida relativamente normal hasta el momento en que el oráculo de Delfos le dijo que era el más sabio entre los hombres. Su intento de desafiar la sentencia del oráculo dio inicio a la carrera que lo llevaría a convertirse en filósofo y en fundador de la filosofía occidental.
Cuando Sócrates estaba en la mediana edad, su amigo Querefonte le preguntó al oráculo de Delfos si había alguien que fuera más sabio que aquel, a lo cual el oráculo respondió “ninguno”. Sorprendido por esta respuesta, y con la intención de demostrar que el oráculo se equivocaba, Sócrates comenzó a interrogar a las personas que eran “sabias”, según la opinión que ellos mismos y que los demás tenían de ellos. Descubrió, para su gran sorpresa, “que los de mayor reputación de sabios estaban casi carentes de ella, mientras que aquellos que parecían inferiores eran más inteligentes” (Platón, Apología, 22).
Los jóvenes de Atenas se maravillaban observando a Sócrates cuestionar a sus mayores en el mercado, y pronto obtuvo un séquito de jóvenes que lo seguían. Por su ejemplo y sus enseñanzas, muchos de ellos abandonaban sus aspiraciones y se dedicaban a la filosofía (del griego “philo”, amor, y “sophía”, sabiduría; literalmente, “amor por la sabiduría”). Entre estos se encontraban Antístenes de Atenas (aprox. 445-365 a.C.), fundador de la escuela cínica; Aristipo de Cirene (aprox. 435-356 a.C.), fundador de la escuela cirenaica; Jenofonte, cuyas obras influirían en Zenón de Citio (aprox. 336-265 a.C.), fundador de la escuela estoica; y el más famoso de ellos, Platón (autor de los 'Diálogos', las principales fuentes de información acerca Sócrates), entre muchos otros. Todas las escuelas filosóficas importantes mencionadas por los escritores antiguos luego de la muerte de Sócrates fueron fundadas por alguno de sus seguidores.
La diversidad de las escuelas socráticas demuestra la amplitud de la influencia de Sócrates y, aún más importante, la diversidad de las interpretaciones de sus enseñanzas. Los conceptos filosóficos enseñados por Antístenes y Aristipo no podrían ser más diferentes, en cuanto aquel enseñaba que la buena vida solo podía lograrse mediante el autocontrol y la abnegación, mientras que este postulaba que una vida de placer era el único camino que valía la pena transitar.
Se suele decir que la mayor contribución de Sócrates a la filosofía fue cambiar el foco de la búsqueda intelectual, pasando de la “ciencia física” (desarrollada por los “filósofos presocráticos”, como Tales, Anaximandro, Anaxímenes y otros) al mundo abstracto de la ética y la moral. Más allá de la diversidad de escuelas que se reconocían herederas de sus enseñanzas, todas ellas ponían el énfasis en algún tipo de moral como su base fundacional. El hecho de que la moral propuesta por una escuela fuera rechazada por otra es evidencia de la gran variedad de interpretaciones del mensaje central de Sócrates.
A pesar de que los estudiosos tradicionalmente se han basado en los 'Diálogos' de Platón como fuente para conocer al Sócrates histórico, los contemporáneos de Platón afirmaban que este había creado a un personaje al que llamaba “Sócrates” al que utilizaba como vocero de sus propias visiones filosóficas. Célebres entre estos eran Fedón, autor de obras que no se han conservado y compañero de Platón cuyo nombre es famoso por uno de los diálogos más influyentes de este, y Jenofonte, cuya obra 'Memorabilia' ofrece una visión de Sócrates distinta de aquella mostrada por Platón.
De cualquier modo en que se interpreten sus enseñanzas, parece claro que el foco principal de Sócrates estaba puesto en cómo vivir una vida buena y virtuosa. La frase que Platón le atribuye de que “una vida sin examen no es digna de ser vivida” (Apología, 38b) parece ser cierta, en tanto él realmente inspiraba a sus seguidores a pensar por sí mismos en lugar de seguir los preceptos de la sociedad y las supersticiones sobre los dioses y el comportamiento humano.
A pesar de las diferencias entre la imagen de Sócrates que dan Platón y Jenofonte, ambos lo describen como un hombre al que no le importaban en absoluto las distinciones de clase ni el “comportamiento apropiado”, que hablaba con la misma naturalidad con mujeres, sirvientes y esclavos que con aquellos de las clases más altas.
En la antigua Atenas, el comportamiento individual se estaba relacionado con un concepto conocido como “eusebia”, que a menudo se traduce como “piedad”, pero que se acerca más al concepto de “deber” o al de “lealtad a un camino”. Al negarse a cumplir con los preceptos sociales ordenados por la eusebia, Sócrates enfureció a muchos de los hombres más importantes de la ciudad, dándoles motivo para acusarlo de manera legítima de haber roto la ley al incumplir estas costumbres.
En el 399 a.C., Sócrates fue acusado de impiedad por el poeta Meleto, el curtidor Ánito y el orador Licón, quienes buscaban que se le diera la pena de muerte. La acusación decía: “Sócrates es culpable, en primer lugar, de negar a los dioses reconocidos por el Estado e introducir nuevas divinidades y, en segundo lugar, de corromper a los jóvenes”. Se conjetura que estas acusaciones estaban motivadas tanto por razones personales como políticas, ya que Atenas buscaba eliminar todos aquellos elementos asociados con el flagelo de los Treinta Tiranos de Atenas, que acababan de ser depuestos.
La relación entre Sócrates y este régimen venía por su antiguo discípulo, Critias, que era considerado el peor de los tiranos y de quien se decía que había sido corrompido por Sócrates. También se sugiere, con base en el diálogo platónico Menón, que Ánito culpaba a Sócrates por corromper a su hijo. Según se dice, Ánito había estado preparado a su hijo para una vida dedicada a la política hasta que el muchacho comenzó a interesarse en las enseñanzas de Sócrates y abandonó sus aspiraciones políticas. Como los acusadores tenían a Critias como ejemplo de que el filósofo corrompía a los jóvenes, parece que el precedente era conocido por el jurado, aunque esta evidencia no haya sido utilizada en el juicio.
Ignorando el consejo de sus amigos y rechazando la ayuda del virtuoso orador Lisias, Sócrates decidió defenderse solo en el tribunal. Los abogados no existían en la antigua Atenas, y los litigantes contrataban, en cambio, a un redactor de discursos. Lisias estaba entre los que cobraban más caro por sus servicios, pero, debido a su admiración por Sócrates, se los ofreció de manera gratuita.
Lisias usualmente presentaba al acusado como un hombre bueno que había sido calumniado con una acusación falsa, y este era el tipo de defensa que el tribunal esperaba que Sócrates utilizara. Sin embargo, en lugar de justificarse y rogar por su vida, Sócrates desafió al tribunal ateniense, alegando su inocencia y presentándose a sí mismo como el “tábano” de Atenas: un benefactor que se sacrificaba para mantenerlos despiertos y conscientes. En la 'Apología' de Platón, Sócrates dice:
"Si me condenan a muerte, no encontrarán fácilmente, aunque la comparación suene ridícula, a otro que esté junto a la ciudad como una especie de tábano junto a un caballo grande y noble pero lento por su tamaño, que necesita ser aguijoneado. Parece que el dios me ha puesto junto a la ciudad con ese propósito, y por eso estoy constantemente posándome junto a ustedes, para despertarlos, persuadirlos y reprocharlos todo el día." (Apología, 30e)
Platón deja en claro en su obra el escaso contenido de las acusaciones contra Sócrates, pero también enfatiza la indiferencia de Sócrates hacia las sensaciones del jurado y el protocolo del tribunal. Se lo muestra a Sócrates rechazando el asesoramiento profesional ofrecido por el escritor de discursos y, más aún, negándose a actuar de la manera que se esperaba de un acusado en juicio por un delito capital. Según Platón, Sócrates no tenía miedo a la muerte, y le dijo al tribunal:
“Temer a la muerte, amigos míos, es solamente creernos sabios sin serlo realmente, pues es creer que sabemos lo que no sabemos. Ya que nadie sabe si la muerte no es, quizás, el mayor bien que puede acaecerle al hombre. Pero el hombre le teme como si supiera con certeza que es el más grande de los males." (Apología, 29a)
Luego de este pasaje, Platón expresa la célebre posición filosófica de Sócrates en la que el maestro dice, desafiante, que es su deber optar por servir a la divinidad por sobre la conformidad con la sociedad y sus expectativas. En un extracto famoso, Sócrates enfrenta a sus conciudadanos con honestidad y dice:
"Atenienses, los respeto y los amo, pero obedeceré al dios antes que a ustedes, y mientras siga en vida y con fuerzas, jamás cesaré de practicar y enseñar la filosofía, aconsejando a quien sea que encuentre y diciéndole: Amigo mío, ¿por qué, siendo ciudadano de la grandiosa, poderosa y sabia ciudad de Atenas, estás tan obsesionado con aumentar tu fortuna, tus honores y tu reputación, y tan poco te importan la sabiduría, la verdad y la grandeza de espíritu? ¿No te avergüenza? Y si este me responde y dice que sí le importan, no lo dejaré, sino que lo interrogaré y lo examinaré una y otra vez, y si pienso que carece de virtud mientras dice poseerla, lo reprocharé por despreciar las cosas más valiosas y tener en mayor estima aquellas que valen menos. Y esto se lo diré a todo aquel que encuentre, joven y viejo, ciudadano o extranjero, pero principalmente a los ciudadanos, pues compartimos la sangre. Quiero que sepan que esta es la orden del dios; y creo que jamás le ha ocurrido a esta ciudad algo mejor que mi servicio al dios. No hago más que persuadirlos, a jóvenes y ancianos por igual, de que antes que su cuerpo y sus posesiones cuiden primero y ante todo la grandeza del espíritu. Les digo que no viene del dinero la virtud, sino de la virtud el dinero, y todos los demás bienes del hombre, públicos y privados. Esta es mi enseñanza, y si ella corrompe a los jóvenes, mi influencia es en efecto ruinosa. Pero si alguien dice que no es esto lo que enseño, no está diciendo la verdad. Por eso, atenienses, les digo: hagan lo que exige Ánito o no hagan lo que dice Ánito, absuélvanme o no; pero sepan que, sea lo que sea que hagan, jamás actuaré de otra manera, aunque debiera morir muchas veces más." (29d-30c)
Cuando fue el turno de que Sócrates sugiriera una pena para que se le aplicara en lugar de la muerte, sugirió que lo honraran con alimentos gratuitos en el Pritaneo, un lugar reservado para los héroes de los Juegos Olímpicos. Esto fue considerado un grave insulto al honor del Pritaneo y a la ciudad de Atenas. Lo usual era que los delincuentes enjuiciados para los cuales se exigía la pena de muerte suplicaran por su vida, no que se jactaran de heroicas proezas.
Sócrates fue condenado a muerte (Jenofonte dice que él deseaba este desenlace, y el relato del juicio que hace Platón en la 'Apología' parece confirmarlo). Los últimos días de Sócrates son narrados por Platón en los diálogos Eutifrón, Apología, Critón y Fedón; este último narra el día de su muerte (por ingesta de cicuta), rodeado por sus amigos en su celda en Atenas. En palabras de Platón: “Este es el fin de nuestro amigo: a mi parecer, el más sabio y justo, y el mejor de los hombres que he conocido” (Fedón, 118).
La influencia de Sócrates se hizo perceptible inmediatamente en las acciones de sus discípulos, que desarrollaron sus propias interpretaciones de su vida, sus enseñanzas y de su muerte, fundaron sus propias escuelas de filosofía y escribieron acerca de sus experiencias con su maestro. De todas estas obras escritas solo nos quedan las de Platón, las de Jenofonte, una imagen ridiculizada de Aristófanes y los trabajos posteriores de Aristóteles. Sócrates no escribió ninguna obra, pero sus palabras y acciones en la búsqueda y defensa de la verdad cambiaron el mundo, y su ejemplo aun inspira a muchos en el presente.
[Fuente: worldhistory.org]
Originalmente era escultor, y es posible que haya tenido otras diversas ocupaciones, entre ellas la de soldado, hasta que el oráculo de Delfos le dijo que era el hombre más sabio del mundo. Con el objeto de demostrar que el oráculo se equivocaba, se embarcó en la misión de interrogar a todos aquellos que eran considerados los más sabios, y, al hacerlo, demostró que el oráculo estaba en lo correcto: Sócrates era el hombre más sabio del mundo porque no afirmaba saber nada de importancia.
Su discípulo más famoso fue Platón (aprox. 424/423-348/347 a.C.), quien lo honró con la creación de una escuela en Atenas (la Academia de Platón) y, aún más, con los diálogos filosóficos que escribió en los que Sócrates es el personaje principal. Aún se discute qué tan genuina es la representación de las enseñanzas de Sócrates que se hace en los diálogos de Platón, y es posible que jamás se llegue a una respuesta definitiva. El más famoso de los discípulos de Platón fue Aristóteles de Estagira (384-322 a.C.), quien luego instruyó a Alejandro Magno (356-323 a.C.) y fundó su propia escuela. A través de esta sucesión, la filosofía griega, de la manera en que fue concebida en primer lugar por Sócrates, se expandió por el mundo conocido durante las conquistas de Alejandro y luego de estas.
Si bien la historicidad de Sócrates no ha sido discutida, el contenido real de sus enseñanzas es tan elusivo como los preceptos filosóficos de Pitágoras o las enseñanzas posteriores de Jesús, ya que ninguno de ellos dejó escritos de su autoría. A pesar de que se suele considerar que Sócrates inició la disciplina de la filosofía en Occidente, la mayor parte de lo que sabemos de él viene de las obras de Platón y, en menor medida, de otro de sus discípulos, Jenofonte (430-aprox. 354 a.C.). También se ha intentado reconstruir su visión filosófica con base en las muchas otras escuelas filosóficas fundadas por sus discípulos, además de la de Platón, pero son demasiado variadas para definir las enseñanzas originales que las inspiraron a todas ellas.
La versión de Sócrates que nos ha llegado al presente desde la antigüedad podría ser en gran parte una construcción filosófica de Platón; en efecto, según el historiador Diógenes Laercio (aprox. 180-240 d.C.), muchos contemporáneos de Platón lo acusaban de reinventar a Sócrates a su propia semejanza para promover su interpretación del mensaje de su maestro. Independientemente de esto, la influencia de Sócrates terminaría sentando las bases de las corrientes filosóficas que llevaron a la formulación de la filosofía occidental y el pensamiento cultural subyacente de la civilización occidental.
Sócrates nació alrededor del 469/470 a.C.; sus padres eran el escultor Sofronisco y la partera Fenáreta. Estudió música, gimnasia y gramática en su juventud (las disciplinas de estudio comunes para un joven griego) y siguió la profesión de su padre como escultor. Según la tradición fue un artista excepcional, y se dice que su estatua de las Gracias, en la entrada a la Acrópolis, fue admirada hasta en el siglo II d.C. Sócrates se distinguió en el ejército, y salvó la vida del general Alcibíades en la batalla de Potidea.
Se casó con Jantipa, una mujer de clase alta, a la edad aproximada de 50 años, y tuvo tres hijos con ella. Según autores contemporáneos de él, como Jenofonte, estos muchachos eran increíblemente tontos y no se parecían en nada a su padre. Aparentemente, Sócrates vivió una vida relativamente normal hasta el momento en que el oráculo de Delfos le dijo que era el más sabio entre los hombres. Su intento de desafiar la sentencia del oráculo dio inicio a la carrera que lo llevaría a convertirse en filósofo y en fundador de la filosofía occidental.
Cuando Sócrates estaba en la mediana edad, su amigo Querefonte le preguntó al oráculo de Delfos si había alguien que fuera más sabio que aquel, a lo cual el oráculo respondió “ninguno”. Sorprendido por esta respuesta, y con la intención de demostrar que el oráculo se equivocaba, Sócrates comenzó a interrogar a las personas que eran “sabias”, según la opinión que ellos mismos y que los demás tenían de ellos. Descubrió, para su gran sorpresa, “que los de mayor reputación de sabios estaban casi carentes de ella, mientras que aquellos que parecían inferiores eran más inteligentes” (Platón, Apología, 22).
Los jóvenes de Atenas se maravillaban observando a Sócrates cuestionar a sus mayores en el mercado, y pronto obtuvo un séquito de jóvenes que lo seguían. Por su ejemplo y sus enseñanzas, muchos de ellos abandonaban sus aspiraciones y se dedicaban a la filosofía (del griego “philo”, amor, y “sophía”, sabiduría; literalmente, “amor por la sabiduría”). Entre estos se encontraban Antístenes de Atenas (aprox. 445-365 a.C.), fundador de la escuela cínica; Aristipo de Cirene (aprox. 435-356 a.C.), fundador de la escuela cirenaica; Jenofonte, cuyas obras influirían en Zenón de Citio (aprox. 336-265 a.C.), fundador de la escuela estoica; y el más famoso de ellos, Platón (autor de los 'Diálogos', las principales fuentes de información acerca Sócrates), entre muchos otros. Todas las escuelas filosóficas importantes mencionadas por los escritores antiguos luego de la muerte de Sócrates fueron fundadas por alguno de sus seguidores.
La diversidad de las escuelas socráticas demuestra la amplitud de la influencia de Sócrates y, aún más importante, la diversidad de las interpretaciones de sus enseñanzas. Los conceptos filosóficos enseñados por Antístenes y Aristipo no podrían ser más diferentes, en cuanto aquel enseñaba que la buena vida solo podía lograrse mediante el autocontrol y la abnegación, mientras que este postulaba que una vida de placer era el único camino que valía la pena transitar.
Se suele decir que la mayor contribución de Sócrates a la filosofía fue cambiar el foco de la búsqueda intelectual, pasando de la “ciencia física” (desarrollada por los “filósofos presocráticos”, como Tales, Anaximandro, Anaxímenes y otros) al mundo abstracto de la ética y la moral. Más allá de la diversidad de escuelas que se reconocían herederas de sus enseñanzas, todas ellas ponían el énfasis en algún tipo de moral como su base fundacional. El hecho de que la moral propuesta por una escuela fuera rechazada por otra es evidencia de la gran variedad de interpretaciones del mensaje central de Sócrates.
A pesar de que los estudiosos tradicionalmente se han basado en los 'Diálogos' de Platón como fuente para conocer al Sócrates histórico, los contemporáneos de Platón afirmaban que este había creado a un personaje al que llamaba “Sócrates” al que utilizaba como vocero de sus propias visiones filosóficas. Célebres entre estos eran Fedón, autor de obras que no se han conservado y compañero de Platón cuyo nombre es famoso por uno de los diálogos más influyentes de este, y Jenofonte, cuya obra 'Memorabilia' ofrece una visión de Sócrates distinta de aquella mostrada por Platón.
De cualquier modo en que se interpreten sus enseñanzas, parece claro que el foco principal de Sócrates estaba puesto en cómo vivir una vida buena y virtuosa. La frase que Platón le atribuye de que “una vida sin examen no es digna de ser vivida” (Apología, 38b) parece ser cierta, en tanto él realmente inspiraba a sus seguidores a pensar por sí mismos en lugar de seguir los preceptos de la sociedad y las supersticiones sobre los dioses y el comportamiento humano.
A pesar de las diferencias entre la imagen de Sócrates que dan Platón y Jenofonte, ambos lo describen como un hombre al que no le importaban en absoluto las distinciones de clase ni el “comportamiento apropiado”, que hablaba con la misma naturalidad con mujeres, sirvientes y esclavos que con aquellos de las clases más altas.
En la antigua Atenas, el comportamiento individual se estaba relacionado con un concepto conocido como “eusebia”, que a menudo se traduce como “piedad”, pero que se acerca más al concepto de “deber” o al de “lealtad a un camino”. Al negarse a cumplir con los preceptos sociales ordenados por la eusebia, Sócrates enfureció a muchos de los hombres más importantes de la ciudad, dándoles motivo para acusarlo de manera legítima de haber roto la ley al incumplir estas costumbres.
En el 399 a.C., Sócrates fue acusado de impiedad por el poeta Meleto, el curtidor Ánito y el orador Licón, quienes buscaban que se le diera la pena de muerte. La acusación decía: “Sócrates es culpable, en primer lugar, de negar a los dioses reconocidos por el Estado e introducir nuevas divinidades y, en segundo lugar, de corromper a los jóvenes”. Se conjetura que estas acusaciones estaban motivadas tanto por razones personales como políticas, ya que Atenas buscaba eliminar todos aquellos elementos asociados con el flagelo de los Treinta Tiranos de Atenas, que acababan de ser depuestos.
La relación entre Sócrates y este régimen venía por su antiguo discípulo, Critias, que era considerado el peor de los tiranos y de quien se decía que había sido corrompido por Sócrates. También se sugiere, con base en el diálogo platónico Menón, que Ánito culpaba a Sócrates por corromper a su hijo. Según se dice, Ánito había estado preparado a su hijo para una vida dedicada a la política hasta que el muchacho comenzó a interesarse en las enseñanzas de Sócrates y abandonó sus aspiraciones políticas. Como los acusadores tenían a Critias como ejemplo de que el filósofo corrompía a los jóvenes, parece que el precedente era conocido por el jurado, aunque esta evidencia no haya sido utilizada en el juicio.
Ignorando el consejo de sus amigos y rechazando la ayuda del virtuoso orador Lisias, Sócrates decidió defenderse solo en el tribunal. Los abogados no existían en la antigua Atenas, y los litigantes contrataban, en cambio, a un redactor de discursos. Lisias estaba entre los que cobraban más caro por sus servicios, pero, debido a su admiración por Sócrates, se los ofreció de manera gratuita.
Lisias usualmente presentaba al acusado como un hombre bueno que había sido calumniado con una acusación falsa, y este era el tipo de defensa que el tribunal esperaba que Sócrates utilizara. Sin embargo, en lugar de justificarse y rogar por su vida, Sócrates desafió al tribunal ateniense, alegando su inocencia y presentándose a sí mismo como el “tábano” de Atenas: un benefactor que se sacrificaba para mantenerlos despiertos y conscientes. En la 'Apología' de Platón, Sócrates dice:
"Si me condenan a muerte, no encontrarán fácilmente, aunque la comparación suene ridícula, a otro que esté junto a la ciudad como una especie de tábano junto a un caballo grande y noble pero lento por su tamaño, que necesita ser aguijoneado. Parece que el dios me ha puesto junto a la ciudad con ese propósito, y por eso estoy constantemente posándome junto a ustedes, para despertarlos, persuadirlos y reprocharlos todo el día." (Apología, 30e)
Platón deja en claro en su obra el escaso contenido de las acusaciones contra Sócrates, pero también enfatiza la indiferencia de Sócrates hacia las sensaciones del jurado y el protocolo del tribunal. Se lo muestra a Sócrates rechazando el asesoramiento profesional ofrecido por el escritor de discursos y, más aún, negándose a actuar de la manera que se esperaba de un acusado en juicio por un delito capital. Según Platón, Sócrates no tenía miedo a la muerte, y le dijo al tribunal:
“Temer a la muerte, amigos míos, es solamente creernos sabios sin serlo realmente, pues es creer que sabemos lo que no sabemos. Ya que nadie sabe si la muerte no es, quizás, el mayor bien que puede acaecerle al hombre. Pero el hombre le teme como si supiera con certeza que es el más grande de los males." (Apología, 29a)
Luego de este pasaje, Platón expresa la célebre posición filosófica de Sócrates en la que el maestro dice, desafiante, que es su deber optar por servir a la divinidad por sobre la conformidad con la sociedad y sus expectativas. En un extracto famoso, Sócrates enfrenta a sus conciudadanos con honestidad y dice:
"Atenienses, los respeto y los amo, pero obedeceré al dios antes que a ustedes, y mientras siga en vida y con fuerzas, jamás cesaré de practicar y enseñar la filosofía, aconsejando a quien sea que encuentre y diciéndole: Amigo mío, ¿por qué, siendo ciudadano de la grandiosa, poderosa y sabia ciudad de Atenas, estás tan obsesionado con aumentar tu fortuna, tus honores y tu reputación, y tan poco te importan la sabiduría, la verdad y la grandeza de espíritu? ¿No te avergüenza? Y si este me responde y dice que sí le importan, no lo dejaré, sino que lo interrogaré y lo examinaré una y otra vez, y si pienso que carece de virtud mientras dice poseerla, lo reprocharé por despreciar las cosas más valiosas y tener en mayor estima aquellas que valen menos. Y esto se lo diré a todo aquel que encuentre, joven y viejo, ciudadano o extranjero, pero principalmente a los ciudadanos, pues compartimos la sangre. Quiero que sepan que esta es la orden del dios; y creo que jamás le ha ocurrido a esta ciudad algo mejor que mi servicio al dios. No hago más que persuadirlos, a jóvenes y ancianos por igual, de que antes que su cuerpo y sus posesiones cuiden primero y ante todo la grandeza del espíritu. Les digo que no viene del dinero la virtud, sino de la virtud el dinero, y todos los demás bienes del hombre, públicos y privados. Esta es mi enseñanza, y si ella corrompe a los jóvenes, mi influencia es en efecto ruinosa. Pero si alguien dice que no es esto lo que enseño, no está diciendo la verdad. Por eso, atenienses, les digo: hagan lo que exige Ánito o no hagan lo que dice Ánito, absuélvanme o no; pero sepan que, sea lo que sea que hagan, jamás actuaré de otra manera, aunque debiera morir muchas veces más." (29d-30c)
Cuando fue el turno de que Sócrates sugiriera una pena para que se le aplicara en lugar de la muerte, sugirió que lo honraran con alimentos gratuitos en el Pritaneo, un lugar reservado para los héroes de los Juegos Olímpicos. Esto fue considerado un grave insulto al honor del Pritaneo y a la ciudad de Atenas. Lo usual era que los delincuentes enjuiciados para los cuales se exigía la pena de muerte suplicaran por su vida, no que se jactaran de heroicas proezas.
Sócrates fue condenado a muerte (Jenofonte dice que él deseaba este desenlace, y el relato del juicio que hace Platón en la 'Apología' parece confirmarlo). Los últimos días de Sócrates son narrados por Platón en los diálogos Eutifrón, Apología, Critón y Fedón; este último narra el día de su muerte (por ingesta de cicuta), rodeado por sus amigos en su celda en Atenas. En palabras de Platón: “Este es el fin de nuestro amigo: a mi parecer, el más sabio y justo, y el mejor de los hombres que he conocido” (Fedón, 118).
La influencia de Sócrates se hizo perceptible inmediatamente en las acciones de sus discípulos, que desarrollaron sus propias interpretaciones de su vida, sus enseñanzas y de su muerte, fundaron sus propias escuelas de filosofía y escribieron acerca de sus experiencias con su maestro. De todas estas obras escritas solo nos quedan las de Platón, las de Jenofonte, una imagen ridiculizada de Aristófanes y los trabajos posteriores de Aristóteles. Sócrates no escribió ninguna obra, pero sus palabras y acciones en la búsqueda y defensa de la verdad cambiaron el mundo, y su ejemplo aun inspira a muchos en el presente.
[Fuente: worldhistory.org]
'Historiae', primera descripción del mundo antiguo, una obra de Heródoto (430 a.C.)
Heródoto de Halicarnaso (Halicarnaso, 484 a.C.-Turios, 425 a.C.), el padre de la historiografía, fue un gran viajero. Gracias a sus múltiples viajes logró escribir su 'Historiae', considerado la primera descripción del mundo antiguo. El griego dejó escrito: "para que el tiempo no abata el recuerdo de las acciones humanas y que las grandes empresas acometidas, ya sea por los griegos, ya por los bárbaros, no caigan en olvido".
Las 'Historiae' o 'Nueve libros de historia' son consideradas una fuente importante por los historiadores por ser la primera descripción del mundo antiguo a gran escala y una de las primeras en prosa griega.
El conjunto fue dividido en nueve libros por su editor alejandrino del siglo III o II a. C., uno por cada musa: Clío, Euterpe, Talía, Melpómene, Terpsícore, Erato, Polimnia, Urania y Calíope. En ellos narra con precisión las Guerras Médicas entre Grecia y Persia a principios del siglo V a.C., con especial énfasis en aspectos curiosos de los pueblos y personajes de unos y otros, al tiempo que describe la historia, etnografía y geografía de su tiempo. Entre los poetas cita a Homero, Museo, Bacis, Olén, Aristeas, Arquíloco, Esopo, Solón, Alceo, Safo, Laso, Simónides de Ceos, Frínico, Esquilo, Píndaro y Anacreonte. Heródoto compuso su obra en dialecto jónico con algunos aticismos.
Su sucesor, Tucídides, será quien excluya todo aspecto religioso y busque una explicación puramente racional, basada en la relación causa-efecto. Analiza los acontecimientos históricos intentando entender las causas o razones (aitiai) que los han causado, con un examen riguroso de las fuentes más allá del mero acopio de todo tipo de tradiciones. Tucídides sustituyó el tratamiento anecdótico y cuasinovelesco del pasado por el análisis metódico del presente.
[Fuente: viajes.nationalgeographic.com.es, Wikipedia]
Las 'Historiae' o 'Nueve libros de historia' son consideradas una fuente importante por los historiadores por ser la primera descripción del mundo antiguo a gran escala y una de las primeras en prosa griega.
El conjunto fue dividido en nueve libros por su editor alejandrino del siglo III o II a. C., uno por cada musa: Clío, Euterpe, Talía, Melpómene, Terpsícore, Erato, Polimnia, Urania y Calíope. En ellos narra con precisión las Guerras Médicas entre Grecia y Persia a principios del siglo V a.C., con especial énfasis en aspectos curiosos de los pueblos y personajes de unos y otros, al tiempo que describe la historia, etnografía y geografía de su tiempo. Entre los poetas cita a Homero, Museo, Bacis, Olén, Aristeas, Arquíloco, Esopo, Solón, Alceo, Safo, Laso, Simónides de Ceos, Frínico, Esquilo, Píndaro y Anacreonte. Heródoto compuso su obra en dialecto jónico con algunos aticismos.
Su sucesor, Tucídides, será quien excluya todo aspecto religioso y busque una explicación puramente racional, basada en la relación causa-efecto. Analiza los acontecimientos históricos intentando entender las causas o razones (aitiai) que los han causado, con un examen riguroso de las fuentes más allá del mero acopio de todo tipo de tradiciones. Tucídides sustituyó el tratamiento anecdótico y cuasinovelesco del pasado por el análisis metódico del presente.
[Fuente: viajes.nationalgeographic.com.es, Wikipedia]
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