En 1471, un humanista francés rendía homenaje a la «nueva especie de libreros» que en los años pasados habían difundido desde Alemania una novedosa técnica que permitía fabricar libros sin necesidad de copiarlos a mano. Entre ellos «Juan, conocido como Gutenberg», había sido el verdadero «inventor de la imprenta», el hombre que ideó «los caracteres con que todo lo que se dice y piensa puede ser inmediatamente escrito, reescrito y legado a la posteridad».
Fue Johannes Gutenberg quien inventó la imprenta y con ello realizó uno de los descubrimientos de mayor impacto en la historia, pero su vida está repleta de incógnitas y lagunas. Se sabe que se llamaba en realidad Johannes Gensfleisch y que nació hacia 1398 en Maguncia. El nombre por el que se le conoce procede de una casa propiedad de su padre, un rico patricio local dedicado a la orfebrería.
Tras estudiar tal vez en Erfurt, hacia 1434 emigró a Estrasburgo, donde se estableció como orfebre. En 1436 tuvo que afrontar la querella que le puso una dama, de nombre Ennelin, por haber roto su promesa de matrimonio; un signo de un carácter áspero y difícil que se había manifestado ya dos años antes, cuando hizo encarcelar a un paisano suyo por deudas.
No hay duda de que Gutenberg demostró pronto una excepcional pericia en cuestiones técnicas y un fuerte espíritu empresarial. En 1437 descubrió un novedoso sistema para pulir piedras preciosas, y un año después concertó un contrato con Andreas Dritzehn, Hans Riffe y Andreas Heilmann para fabricar espejos para los peregrinos. Los espejos se llevaban prendidos en el sombrero, en la túnica o en los bastones, y servían para captar los destellos de las reliquias e imágenes sagradas en la creencia de que así se transmitía su bendición. Esta actividad requería gran destreza en el manejo del metal y se dirigía a una demanda masiva, dos características que se encontraban también en el invento en el que Gutenberg estaba trabajando al mismo tiempo con gran sigilo: un sistema para fabricar libros de forma mecánica mediante caracteres metálicos.
En Europa, durante muchos siglos no se conoció más forma de reproducción de textos que la copia manuscrita realizada por escribanos. El trabajo se concentró en los escritorios de los monasterios, pero en el siglo XIII la producción de manuscritos se desplazó a los nuevos centros universitarios, donde surgieron talleres que llegaron a emplear a medio centenar de copistas, organizados de forma prácticamente industrial. También se generalizó entonces el uso del papel, elaborado con lino y cáñamo, mucho más barato y manejable que el pergamino.
Por otra parte, a finales del siglo XIV se difundió en Europa la técnica del grabado sobre madera, o xilografía, que permitía imprimir gran número de imágenes sobre tela o papel a partir de una única plancha. Esta primera imprenta se orientó inicialmente a la producción de imágenes piadosas, individuales o combinadas para formar libretos. También se podían imprimir opúsculos impresos por una sola cara, que coexistieron con los libros impresos en tipos metálicos durante la segunda mitad del siglo XV. Tenía, sin embargo, el inconveniente de que las planchas de madera grabada, además de requerir mucho tiempo para su talla, se deterioraban rápidamente.
Faltaba idear un sistema que permitiera imprimir mecánicamente textos escritos sin que fuera necesario grabar cada página. La solución fueron los tipos móviles: letras talladas en metal que podían combinarse para formar las palabras y líneas de una página de texto. Las ventajas del procedimiento, que permitía reproducir escritos con una rapidez y a una escala sin precedentes, le garantizaron un éxito fulgurante que se ha prolongado hasta la actualidad.
En el pasado, los historiadores han propuesto diversos nombres como inventores de los tipos móviles en lugar de Gutenberg. Sin duda habría que empezar con los precedentes en el Lejano Oriente, documentados ya en el siglo XI, aunque no hay pruebas de que la invención se transmitiera a Occidente. En Aviñón, un orfebre llamado Waldvogel alardeaba, entre 1444 y 1446, de conocer un «arte de escribir artificialmente» (léase, de modo mecánico) y de tener «dos alfabetos de acero… 48 formas de estaño… y unos materiales destinados a la reproducción de textos hebreos y latinos». En Holanda se cita igualmente el nombre de Coster. Hoy en día, sin embargo, la paternidad exclusiva del descubrimiento se atribuye a Gutenberg, aunque las circunstancias en que se produjo siguen rodeadas de incertidumbre.
Parece que Gutenberg hizo los primeros ensayos de impresión en Estrasburgo, con el apoyo de sus socios en la empresa de fabricación de espejos. Él mismo se cuidó de mantener sus trabajos en secreto; a sus socios les pedía, en un documento, que no enseñasen a nadie la prensa, no se sabe si para pulir espejos o fabricar libros. En cualquier caso, a la muerte de Dritzehn estalló un conflicto de intereses entre Gutenberg y sus otros socios, y poco después el impresor volvió a Maguncia, donde se encontraba en 1448.
De nuevo Gutenberg se vio en la obligación de buscar socios capitalistas para su empresa. Johann Fust, un rico negociante de Núremberg, le prestó 800 florines para la fabricación de «ciertos instrumentos», y luego le prometió 300 florines más para la «obra de libros», mediante un nuevo contrato en el cual estaban contemplados los gastos para papel, pergamino y tinta. Los estudiosos creen que este dinero se estaba invirtiendo en la impresión de la célebre 'Biblia' de 42 líneas, aunque antes ya había impreso un manual para aprender latín así como formularios de indulgencias papales.
Es probable que, pese a la gran inversión que se requería, la empresa fuera un éxito comercial desde el principio, o al menos suscitara expectativas de que llegara a serlo. Ello explicaría el sorprendente vuelco que se produjo a finales de 1455, cuando Fust acusó a Gutenberg de emplear el dinero que le había prestado para otra cosa que la «fabricación de libros». Fust logró que los tribunales condenasen a Gutenberg a devolverle el dinero que le adeudaba más los intereses, 1.200 florines en total, una suma enorme a la que Gutenberg no podía hacer frente. El resultado fue que Fust se hizo con buena parte del material de impresión y logró el objetivo que seguramente se proponía con la acusación: apropiarse del pingüe negocio y desembarazarse de un inventor fastidioso al que robó sus hallazgos. Con ayuda de su futuro yerno, Peter Schoeffer, que conocía la técnica de Gutenberg y era, sin duda, más fácil de manejar, creó uno de los talleres más prósperos de Europa.
Pese a ello, Gutenberg conservó al menos una prensa con la que siguió trabajando en Maguncia. Allí imprimió un diccionario latino, el 'Catholicon'. Algunos autores creen que luego se trasladó un tiempo a la cercana Bamberg, donde entre 1458 y1460 concluiría la impresión de la 'Biblia' de 36 líneas, empezada en Maguncia años antes.
En la noche del 27 al 28 de octubre de 1462, Maguncia fue asaltada por las tropas de un poderoso príncipe, Adolfo II de Nassau, nombrado poco antes arzobispo de la ciudad. En los cruentos combates que siguieron murieron el rival de Adolfo, Diether von Isenburg, así como otros 400 ciudadanos, y la ciudad fue saqueada por la soldadesca del arzobispo vencedor. Muchos artesanos y comerciantes abandonaron Maguncia, entre ellos los distintos impresores que habían creado su negocio en los últimos años. Esta emigración forzosa favoreció la rápida difusión del arte de la imprenta a lo largo del Rin y luego por toda Europa, primero en Italia (Roma, 1467) y después hacia Francia (París, 1469). España acogió la primera imprenta en 1472, en Segovia, donde se instaló un impresor originario de Heidelberg.
Gutenberg también fue víctima de la represión desencadenada por el arzobispo-elector Nassau: se confiscó su casa familiar, la Gutenberghof, y debió exiliarse durante un tiempo a una ciudad próxima, Eltville. Se sabe que no pudo pagar al cabildo de Santo Tomás de Estrasburgo la suma de cuatro libras que le debía por los intereses de un préstamo, de lo que se deduce que pasó apuros económicos.
No se sabe si, cuando finalmente pudo volver a Maguncia, reanudó su trabajo como impresor. Su avanzada edad y la carencia de recursos eran un obstáculo importante, aunque tal vez aún pudo dirigir y supervisar la actividad de otros impresores. En 1465, el arzobispo de Maguncia reconoció su valía y lo incorporó al personal de su palacio, prometiéndole un estipendio anual, un vestido de corte, 20 medidas de trigo y toneles de vino para su casa. A su muerte, tres años después, el 26 de febrero de 1468, se encontraron entre sus bienes «ciertas formas, papeles, instrumentos, herramientas y otros objetos pertenecientes al trabajo de la imprenta». Los utensilios con los que había creado un nuevo oficio y había revolucionado la forma en que los hombres accederían en lo sucesivo a la información y el saber.
[Fuente: A. Fernández Luzón para historia.nationalgeographic.com.es]
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Palencia, cuna de la primera Universidad de España (1212)
El Studium Generale de Palencia, popularmente conocido como Universidad de Palencia, estaba situado en la ciudad de Palencia (España). Este "studium generale" fue el primer centro de enseñanza superior de la España cristiana. Fundada en 1212, en ella se enseñaban Teología y Artes (Trivium y Quadrivium), y sus dos alumnos más célebres fueron Domingo de Guzmán y Pedro González Telmo.
Algunos autores sostienen que fue trasladada a la vecina ciudad de Valladolid tiempo después, si bien otros consideran que la Universidad de Valladolid nació de forma independiente respecto al Estudio General de Palencia. Durante el año 2012, se celebró su 800 aniversario, y está considerada como la primera universidad de España.
Durante el siglo XIII, el Reino de Castilla, al igual que se estaba haciendo en otros lugares de Europa, favoreció la creación de instituciones de enseñanza participando activamente en su desarrollo. El surgimiento de los Estudios Generales en Castilla fue impulsado por iniciativa de los monarcas, basados en la existencia de escuelas catedralicias.
La fecha de la fundación del studium generale se suele situar entre 1208 y 1212, durante el reinado de Alfonso VIII de Castilla, según algunos autores por iniciativa del obispo electo Tello Téllez de Meneses, y según otros del de Osma Rodrigo Jiménez de Rada, pero lo cierto es que mucho antes existían ya las escuelas catedralicias de Palencia. Se tiene constancia de que en ellas estudiaba Santo Domingo de Guzmán allá por el año 1184, y que se han conservado varias lecciones impartidas en Palencia por el maestro Ugolino de Sesso hacia 1196, todo esto antes de la fundación universitaria.
Alfonso VIII de Castilla favoreció enormemente la universidad palentina, dotándola de importantes recursos económicos y contribuyendo a elevar el nivel de la enseñanza impartida en sus aulas con la llegada de maestros extranjeros, sobre todo de Francia e Italia. En este centro universitario la enseñanza se centraba en las artes, la teología y los estudios jurídicos (derecho canónico y derecho civil). Entre los maestros estudiados en la primera época se encontraban Odo de Cheriton, Lanfranco de Pavía, Fornelino y Pedro Lombardo.
Tras el fallecimiento de Alfonso VIII, en 1214, la institución entró en crisis, agravada con el paso de los años. Pese a los esfuerzos del monarca Fernando III de León y de Castilla por revitalizar el centro y la protección del papa Honorio III, esta crisis no pudo evitarse. En el año 1263, cuando la Universidad de Palencia estaba cerca de su desaparición, el papa Urbano IV protagonizó el último esfuerzo por mantenerlo, concediéndole los mismos privilegios con los que contaba la Universidad de París.
En la actualidad, no queda ningún resto físico del edificio histórico del Estudio General de Palencia. Existen diversas teorías acerca de su ubicación:
- Por obra de los frailes dominicos se creyó que la casa de la plaza de San Pablo, donde vivió Santo Domingo de Guzmán, era la sede histórica de la primera universidad de España. Este inmueble fue derribado en 1892.
- En cambio, José Luis Sánchez en su libro 'Las calles de Palencia', establece la ubicación de la Casa del Estudio General en la calle Mayor Antigua, eje principal de la Palencia medieval, esquina con la calle de los Pastores. Esta casa sufrió numerosas reformas durante el siglo XVI, y se describía en 1513 de la siguiente manera: "es la entrada de la puerta de arco de piedra, dentro frontero la dicha puerta está una cátedra donde se lee la gramática, con su escalerita, y dentro están asimismo seis vigas grandes en que se asientan los estudiantes a oír", y en cuanto a la fachada "pintado de figuras, de la una parte San Nicolás y Santo Domingo, y de la otra el precián y el donato, y en medio unas armas". El derribo de este edificio se produjo en 1836.
Existe en la plaza de San Pablo de Palencia un grupo escultórico en homenaje al antiguo Estudio General.
[Fuente: Wikipedia]
Algunos autores sostienen que fue trasladada a la vecina ciudad de Valladolid tiempo después, si bien otros consideran que la Universidad de Valladolid nació de forma independiente respecto al Estudio General de Palencia. Durante el año 2012, se celebró su 800 aniversario, y está considerada como la primera universidad de España.
Durante el siglo XIII, el Reino de Castilla, al igual que se estaba haciendo en otros lugares de Europa, favoreció la creación de instituciones de enseñanza participando activamente en su desarrollo. El surgimiento de los Estudios Generales en Castilla fue impulsado por iniciativa de los monarcas, basados en la existencia de escuelas catedralicias.
La fecha de la fundación del studium generale se suele situar entre 1208 y 1212, durante el reinado de Alfonso VIII de Castilla, según algunos autores por iniciativa del obispo electo Tello Téllez de Meneses, y según otros del de Osma Rodrigo Jiménez de Rada, pero lo cierto es que mucho antes existían ya las escuelas catedralicias de Palencia. Se tiene constancia de que en ellas estudiaba Santo Domingo de Guzmán allá por el año 1184, y que se han conservado varias lecciones impartidas en Palencia por el maestro Ugolino de Sesso hacia 1196, todo esto antes de la fundación universitaria.
Alfonso VIII de Castilla favoreció enormemente la universidad palentina, dotándola de importantes recursos económicos y contribuyendo a elevar el nivel de la enseñanza impartida en sus aulas con la llegada de maestros extranjeros, sobre todo de Francia e Italia. En este centro universitario la enseñanza se centraba en las artes, la teología y los estudios jurídicos (derecho canónico y derecho civil). Entre los maestros estudiados en la primera época se encontraban Odo de Cheriton, Lanfranco de Pavía, Fornelino y Pedro Lombardo.
Tras el fallecimiento de Alfonso VIII, en 1214, la institución entró en crisis, agravada con el paso de los años. Pese a los esfuerzos del monarca Fernando III de León y de Castilla por revitalizar el centro y la protección del papa Honorio III, esta crisis no pudo evitarse. En el año 1263, cuando la Universidad de Palencia estaba cerca de su desaparición, el papa Urbano IV protagonizó el último esfuerzo por mantenerlo, concediéndole los mismos privilegios con los que contaba la Universidad de París.
En la actualidad, no queda ningún resto físico del edificio histórico del Estudio General de Palencia. Existen diversas teorías acerca de su ubicación:
- Por obra de los frailes dominicos se creyó que la casa de la plaza de San Pablo, donde vivió Santo Domingo de Guzmán, era la sede histórica de la primera universidad de España. Este inmueble fue derribado en 1892.
- En cambio, José Luis Sánchez en su libro 'Las calles de Palencia', establece la ubicación de la Casa del Estudio General en la calle Mayor Antigua, eje principal de la Palencia medieval, esquina con la calle de los Pastores. Esta casa sufrió numerosas reformas durante el siglo XVI, y se describía en 1513 de la siguiente manera: "es la entrada de la puerta de arco de piedra, dentro frontero la dicha puerta está una cátedra donde se lee la gramática, con su escalerita, y dentro están asimismo seis vigas grandes en que se asientan los estudiantes a oír", y en cuanto a la fachada "pintado de figuras, de la una parte San Nicolás y Santo Domingo, y de la otra el precián y el donato, y en medio unas armas". El derribo de este edificio se produjo en 1836.
Existe en la plaza de San Pablo de Palencia un grupo escultórico en homenaje al antiguo Estudio General.
[Fuente: Wikipedia]
Osmán I, primer monarca del Imperio Otomano (1299)
Osmán I, también conocido como Osmán Gazi (en torno a 1258 - en torno a 1323), fue el fundador y primer sultán del Beilicato otomano, el cuál con el paso del tiempo llegaría a convertirse en el Imperio otomano. Osmán fue el gobernante de uno de los muchos y pequeños principados turcos de la región de Bitinia, en la península de Anatolia. Por medio de una serie de victorias sobre el Imperio bizantino sentaría las bases para que sus descendientes construyeran un imperio que se extendería por tres continentes y varios siglos para dejar su influencia en Oriente Próximo, los Balcanes y el mundo.
El 26 de agosto de 1071 d.C. el Imperio bizantino fue derrotado en la batalla de Manzikert por los turcos selyúcidas comandados por Alp Arslan. Esta derrota significó una derrota estratégica para los bizantinos en Anatolia, lo que abriría las puertas a su conquista y colonización. Los selyúcidas eran una confederación de tribus turcas de la etnia Oghuz, quienes constituían un pueblo nómada originario de las estepas de Asia Central que se habían convertido al Islam. Los selyúcidas tuvieron un éxito notable en Anatolia y el Medio Oriente en los años posteriores a su victoria en Manzikert, sin embargo, debido a luchas intestinas, conflictos con los cruzados y la emergencia del Iljanato mongol, los selyúcidas de Anatolia se reunieron, primero, en el Sultanato de Rum en 1081 d.C. más tarde se disgregaría en una serie de principados conocidos como beilicatos. Entre esos muchos beilicatos estaba el de Osmán.
los selyúcidas se disgregaron en una serie de principados conocidos como beilicatos. Entre ellos estaba el de Osmán. La información sobre los primeros años de Osmán es escasa. Aparte de los relatos bizantinos de sus batallas, escritos poco después, los registros de su vida fueron, en su mayor parte, escritos póstumamente a instancias de los sultanes otomanos siglos más tarde.
Osmán nació hacia 1258 d.C. en la ciudad de Söğüt, situada en la región noroccidental de Bitinia, en la península de Anatolia. Su padre era Ertuğrul, un jefe de la tribu Kayı, bajo el mando de los selyúcidas. El sultán de los selyúcidas le recompensó con tierras de pastoreo en Bitinia por los distinguidos servicios prestados a su tribu.
En su juventud, Osmán se casó con Malhun, la hija del jeque Edebali, un destacado clérigo sufí local y confidente íntimo de su difunto padre. Al principio, el propio Edebali se mostró reacio a casar a su hija con Osmán, pero cambió de opinión al oírle contar lo que creía que era un sueño profético. En este sueño mitológico, vio salir una luna que luego se sumergió en el pecho de Edebali mientras que un árbol brotaba de ella y proporcionaba sombra y corrientes de agua a la gente.
Tras la muerte de su padre Ertuğrul hacia 1280 Osmán tomó el mando de la tribu y organizó sus fuerzas para el conflicto con los bizantinos. Lo primero que hizo fue crear tres Uç Bey (comandantes de frontera). Cada Uç Bey era responsable de un distrito fronterizo y se encargaba de reunir a la caballería ligera para luchar contra las fuerzas enemigas antes de que el ejército regular se enfrentara a ellas. Más adelante en la historia militar otomana, estas tropas irregulares pasarían a conocerse como Akinci, y no recibían paga del Estado, sino que se les compensaba con lo que pudieran saquear en territorios enemigos.
Los Uç Bey de Osmán se establecieron en tres frentes. Uno hacia la fortaleza bizantina de Nicomedia, otro hacia Nicea y el último frente al Mar Negro. Osmán utilizó las tácticas militares de sus antepasados centroasiáticos, orientadas hacia la caballería , para capturar pequeños asentamientos en el campo y fortalecer su posición en Bitinia. Entre estos asentamientos se encontraban Eskişehir y Yenişehir, de las cuales esta última se convertiría en la primera capital de su beilicato.
Durante este tiempo, Osman dirigió su atención hacia el norte, hacia uno de los mayores premios de la región, la ciudad de Nicea (actual İznik). La ciudad, fortificada por una muralla y protegida por una gran guarnición, era un importante centro administrativo bizantino y una de las pocas ciudades que no habían sido ocupadas por las fuerzas cruzadas durante la Cuarta Cruzada lanzada por el papa Inocencio III en 1198. Las fuerzas de Osmán sitiaron la ciudad en 1299. Sin embargo, Nicea resultó ser un objetivo demasiado formidable, ya que el asedio terminó en derrota dos años más tarde.
Aunque Osmán fracasó en su intento de tomar Nicea, hacia 1302 sus hazañas llamaron la atención del emperador bizantino Andrónico II Paleólogo. En un intento de cortejar a los iljánidas para que actuaran contra Osmán, Paleólogo ofreció a su kan un matrimonio político con una princesa bizantina. El kan murió antes de poder cumplir su promesa, por lo que Paleólogo contrató mercenarios catalanes en su lugar. Éstos acabarían desertando, lo que obligó al emperador a buscar la ayuda del reino de Serbia.
La hegemonía bizantina en Bitinia siguió evaporándose hacia 1302 cuando Osman y sus fuerzas derrotaron a los bizantinos en la Batalla de Bafea, cerca del Mar de Mármara. El resultado de la batalla permitió a Osmán consolidar su dominio sobre el campo, dejando muchas de las principales ciudades bizantinas al alcance de sus armas. En los años siguientes, Osmán se reagruparía en Yenişehir, y continuaría absorbiendo pequeños asentamientos en su principado . Finalmente, en 1308, aisló por completo la capital bizantina de Prusa (actual Bursa) y la sitió. Los defensores resistieron valientemente gracias a un flujo constante de suministros y refuerzos a través de su conexión marítima con Constantinopla. La situación permaneció en punto muerto durante más de una década, hasta que en 1321 el último puerto que abastecía a Prusa fue capturado por las fuerzas de Osmán. Osmán, sin embargo, no llegaría a completar el asedio. Murió hacia 1323 y su hijo Orhan fue quien capturó la ciudad. Orhan sucedió a su padre como Bey y expandió aún más el territorio que heredó. Llegó a anexionarse casi por completo la región de Bitinia y llegó a las puertas de Constantinopla.
Debido a la naturaleza nómada del pueblo de Osmán y su interés en consolidar sus territorios, el gobierno de Osmán no se recuerda por la construcción de ningún monumento o por la creación de alguna elaborada forma de arte. No fue hasta 1333, durante el gobierno de su hijo y sucesor, Orhan I, cuando se construyó en Iznik la mezquita Hacı Özbek, el primer edificio atribuido a los otomanos. En contraste con el reinado de su padre, Orhan también supervisaría el cambio gradual de su población de un modo de vida nómada a una vida más sedentaria.
La administración de Osmán se basó en gran medida en el modelo selyúcida, al adoptar sus métodos de guerra, su enfoque hacia las relaciones tribales y su vestimenta. Incluso, portaba en batalla una insignia que supuestamente le había regalado un sultán selyúcida. Utilizó las técnicas de los selyúcidas con gran éxito, y posiblemente les debía su éxito en batalla contra los bizantinos.
Al igual que sus predecesores, los selyúcidas, Osmán y sus súbditos pertenecían a la rama suní del Islam. Sin embargo, a partir del siglo XII, surgió una nueva escuela de pensamiento islámico llamada sufismo. Al igual que los monjes europeos, que se dedicaban al culto y al desarrollo espiritual en los monasterios, los sufíes también celebraban retiros en sus monasterios y participaban en actividades religiosas como el dhikr. También sentían afinidad por la literatura y la poesía y fueron responsables de la creación de muchas obras famosas publicadas en el Imperio otomano. Los sufíes y el sufismo desempeñaron un papel integral en la corte de los sultanes otomanos; ésta escuela de pensamiento seguiría influyendo en la política otomana durante siglos desde que el jeque Edebali casara a su hija con Osmán en el siglo XIII.
Tras su muerte, hacia 1323, Osmán fue enterrado en su ciudad natal de Söğüt junto a su padre, Ertuğrul. Permaneció enterrado allí hasta que Orhan volvió a enterrarlos en Bursa, ciudad que nombró nueva capital otomana tras su toma en 1337. El legado de Osmán perduró mucho después de su muerte, pues sus sucesores construirían sobre los cimientos de sus logros un poderoso imperio en lo que una vez fue una humilde zona de pastos y pequeños nómadas. Aunque el propio Osmán no tuvo grandes logros ni se le atribuyeron historias gloriosas como a sus sucesores, su recuerdo perduraría en el nombre de su imperio.
[Fuente: worldhistory.org]
El 26 de agosto de 1071 d.C. el Imperio bizantino fue derrotado en la batalla de Manzikert por los turcos selyúcidas comandados por Alp Arslan. Esta derrota significó una derrota estratégica para los bizantinos en Anatolia, lo que abriría las puertas a su conquista y colonización. Los selyúcidas eran una confederación de tribus turcas de la etnia Oghuz, quienes constituían un pueblo nómada originario de las estepas de Asia Central que se habían convertido al Islam. Los selyúcidas tuvieron un éxito notable en Anatolia y el Medio Oriente en los años posteriores a su victoria en Manzikert, sin embargo, debido a luchas intestinas, conflictos con los cruzados y la emergencia del Iljanato mongol, los selyúcidas de Anatolia se reunieron, primero, en el Sultanato de Rum en 1081 d.C. más tarde se disgregaría en una serie de principados conocidos como beilicatos. Entre esos muchos beilicatos estaba el de Osmán.
los selyúcidas se disgregaron en una serie de principados conocidos como beilicatos. Entre ellos estaba el de Osmán. La información sobre los primeros años de Osmán es escasa. Aparte de los relatos bizantinos de sus batallas, escritos poco después, los registros de su vida fueron, en su mayor parte, escritos póstumamente a instancias de los sultanes otomanos siglos más tarde.
Osmán nació hacia 1258 d.C. en la ciudad de Söğüt, situada en la región noroccidental de Bitinia, en la península de Anatolia. Su padre era Ertuğrul, un jefe de la tribu Kayı, bajo el mando de los selyúcidas. El sultán de los selyúcidas le recompensó con tierras de pastoreo en Bitinia por los distinguidos servicios prestados a su tribu.
En su juventud, Osmán se casó con Malhun, la hija del jeque Edebali, un destacado clérigo sufí local y confidente íntimo de su difunto padre. Al principio, el propio Edebali se mostró reacio a casar a su hija con Osmán, pero cambió de opinión al oírle contar lo que creía que era un sueño profético. En este sueño mitológico, vio salir una luna que luego se sumergió en el pecho de Edebali mientras que un árbol brotaba de ella y proporcionaba sombra y corrientes de agua a la gente.
Tras la muerte de su padre Ertuğrul hacia 1280 Osmán tomó el mando de la tribu y organizó sus fuerzas para el conflicto con los bizantinos. Lo primero que hizo fue crear tres Uç Bey (comandantes de frontera). Cada Uç Bey era responsable de un distrito fronterizo y se encargaba de reunir a la caballería ligera para luchar contra las fuerzas enemigas antes de que el ejército regular se enfrentara a ellas. Más adelante en la historia militar otomana, estas tropas irregulares pasarían a conocerse como Akinci, y no recibían paga del Estado, sino que se les compensaba con lo que pudieran saquear en territorios enemigos.
Los Uç Bey de Osmán se establecieron en tres frentes. Uno hacia la fortaleza bizantina de Nicomedia, otro hacia Nicea y el último frente al Mar Negro. Osmán utilizó las tácticas militares de sus antepasados centroasiáticos, orientadas hacia la caballería , para capturar pequeños asentamientos en el campo y fortalecer su posición en Bitinia. Entre estos asentamientos se encontraban Eskişehir y Yenişehir, de las cuales esta última se convertiría en la primera capital de su beilicato.
Durante este tiempo, Osman dirigió su atención hacia el norte, hacia uno de los mayores premios de la región, la ciudad de Nicea (actual İznik). La ciudad, fortificada por una muralla y protegida por una gran guarnición, era un importante centro administrativo bizantino y una de las pocas ciudades que no habían sido ocupadas por las fuerzas cruzadas durante la Cuarta Cruzada lanzada por el papa Inocencio III en 1198. Las fuerzas de Osmán sitiaron la ciudad en 1299. Sin embargo, Nicea resultó ser un objetivo demasiado formidable, ya que el asedio terminó en derrota dos años más tarde.
Aunque Osmán fracasó en su intento de tomar Nicea, hacia 1302 sus hazañas llamaron la atención del emperador bizantino Andrónico II Paleólogo. En un intento de cortejar a los iljánidas para que actuaran contra Osmán, Paleólogo ofreció a su kan un matrimonio político con una princesa bizantina. El kan murió antes de poder cumplir su promesa, por lo que Paleólogo contrató mercenarios catalanes en su lugar. Éstos acabarían desertando, lo que obligó al emperador a buscar la ayuda del reino de Serbia.
La hegemonía bizantina en Bitinia siguió evaporándose hacia 1302 cuando Osman y sus fuerzas derrotaron a los bizantinos en la Batalla de Bafea, cerca del Mar de Mármara. El resultado de la batalla permitió a Osmán consolidar su dominio sobre el campo, dejando muchas de las principales ciudades bizantinas al alcance de sus armas. En los años siguientes, Osmán se reagruparía en Yenişehir, y continuaría absorbiendo pequeños asentamientos en su principado . Finalmente, en 1308, aisló por completo la capital bizantina de Prusa (actual Bursa) y la sitió. Los defensores resistieron valientemente gracias a un flujo constante de suministros y refuerzos a través de su conexión marítima con Constantinopla. La situación permaneció en punto muerto durante más de una década, hasta que en 1321 el último puerto que abastecía a Prusa fue capturado por las fuerzas de Osmán. Osmán, sin embargo, no llegaría a completar el asedio. Murió hacia 1323 y su hijo Orhan fue quien capturó la ciudad. Orhan sucedió a su padre como Bey y expandió aún más el territorio que heredó. Llegó a anexionarse casi por completo la región de Bitinia y llegó a las puertas de Constantinopla.
Debido a la naturaleza nómada del pueblo de Osmán y su interés en consolidar sus territorios, el gobierno de Osmán no se recuerda por la construcción de ningún monumento o por la creación de alguna elaborada forma de arte. No fue hasta 1333, durante el gobierno de su hijo y sucesor, Orhan I, cuando se construyó en Iznik la mezquita Hacı Özbek, el primer edificio atribuido a los otomanos. En contraste con el reinado de su padre, Orhan también supervisaría el cambio gradual de su población de un modo de vida nómada a una vida más sedentaria.
La administración de Osmán se basó en gran medida en el modelo selyúcida, al adoptar sus métodos de guerra, su enfoque hacia las relaciones tribales y su vestimenta. Incluso, portaba en batalla una insignia que supuestamente le había regalado un sultán selyúcida. Utilizó las técnicas de los selyúcidas con gran éxito, y posiblemente les debía su éxito en batalla contra los bizantinos.
Al igual que sus predecesores, los selyúcidas, Osmán y sus súbditos pertenecían a la rama suní del Islam. Sin embargo, a partir del siglo XII, surgió una nueva escuela de pensamiento islámico llamada sufismo. Al igual que los monjes europeos, que se dedicaban al culto y al desarrollo espiritual en los monasterios, los sufíes también celebraban retiros en sus monasterios y participaban en actividades religiosas como el dhikr. También sentían afinidad por la literatura y la poesía y fueron responsables de la creación de muchas obras famosas publicadas en el Imperio otomano. Los sufíes y el sufismo desempeñaron un papel integral en la corte de los sultanes otomanos; ésta escuela de pensamiento seguiría influyendo en la política otomana durante siglos desde que el jeque Edebali casara a su hija con Osmán en el siglo XIII.
Tras su muerte, hacia 1323, Osmán fue enterrado en su ciudad natal de Söğüt junto a su padre, Ertuğrul. Permaneció enterrado allí hasta que Orhan volvió a enterrarlos en Bursa, ciudad que nombró nueva capital otomana tras su toma en 1337. El legado de Osmán perduró mucho después de su muerte, pues sus sucesores construirían sobre los cimientos de sus logros un poderoso imperio en lo que una vez fue una humilde zona de pastos y pequeños nómadas. Aunque el propio Osmán no tuvo grandes logros ni se le atribuyeron historias gloriosas como a sus sucesores, su recuerdo perduraría en el nombre de su imperio.
[Fuente: worldhistory.org]
'El libro del Cauallero de Dios', primera novela de caballerías (1300)
La novela de caballerías fue un género literario muy popular, inspiró cientos de historias y héroes de ficción en todas las épocas y fue el germen de la obra cumbre de la literatura española, 'Don Quijote de la Mancha'. Desde los tiempos de los Reyes Católicos hasta los de de Felipe III estas novelas fueron leídas por todas las clases sociales, siendo uno de los primeros fenómenos de masas en la historia de la cultura española, y desde siempre han sido objeto de culto de coleccionistas y bibliófilos (a destacar la colección del conde de Gondomar). Y sin embargo siguen siendo la gran asignatura pendiente de los lectores españoles, de los que sólo una minoría ha leído alguno de los grandes clásicos del género, obras maestras que han fascinado a escritores de todas las épocas, desde Teresa de Jesús y Lope de Vega a Vargas Llosa, y que mantienen, como en las mejores novelas contemporáneas, la tensión narrativa y la fascinación por la aventura.
Los antecedentes de la novela de caballerías se encuentra en los romances en prosa del ciclo artúrico (con el mítico rey Arturo como figura central) que se fueron ramificando en géneros diversos. Las narraciones artúricas se divulgaron en España gracias a los lays, poemas líricos franceses con melodías y temas de viejas canciones celtas de contenido fantástico e idealista en los que, a diferencia de la novela de caballerías, el amor aún no ocupaba un lugar destacado. Junto a estas primeras manifestaciones, la novela de caballerías incorporó las virtudes de personajes como Lancelot, Perceval y Tristán, héroes de los relatos medievales de Chrétien de Troyes, y los valores del cristianismo de los 'Cuentos del Graal'. Los libros de caballería españoles añadieron a la tradición europea algunos elementos de los cantares de gesta.
Los caballeros andantes fueron algo familiar en la vida española del siglo XV y que muchos de los episodios que recogen las novelas de caballerías no son sólo devaneos de la imaginación literaria. Mario Vargas Llosa opina que estas novelas no son irreales sino realistas porque reúnen la realidad que los hombres viven objetivamente (sus actos, sus pensamientos, sus pasiones) y las que viven subjetivamente, producto de sus creencias o de su imaginación. De este modo llega a compararlas con el realismo mágico de 'Cien años de soledad' (“Viejos y nuevos libros de caballerías”. Historia y crítica de la Literatura Española. Ed. Crítica. Volumen 1)'.
La novela de caballerías tuvo una larga y fructífera edad de oro durante todo el Renacimiento y el Barroco, y sus valores y formatos se han prolongado hasta nuestros días, donde muchos de los héroes de ficción (en la literatura, pero también en el cine y la televisión) no son sino trasunto de aquellos héroes caballerescos. Se ha perpetuado a lo largo de los siglos porque juega con personajes, situaciones, enfrentamientos y luchas muy similares a las que interesaron a los hombres y mujeres de todas las épocas. Y es la combinación de todos sus elementos (el héroe, el escudero, la dama, el encantador, el mago, los viajes, la aventura y el final feliz) lo que la transforma en singular porque desde siempre los lectores, como en la actualidad, han buscado junto a los personajes y los tópicos habituales, las sorpresas de cada nueva aventura y el añadido que permitía cada nueva época (la invención fabulosa, la crítica al poder, el erotismo). Por eso levantaron las sospechas de la Iglesia y de la Inquisición, a pesar de la religiosidad de sus héroes y la defensa de los valores de la clase dominante.
En el siglo XVI los moralistas (Luis Vives, Juan de Valdés, Melchor Cano, Fray Luis de Granada) lanzaron ataques virulentos contra los libros de caballerías, desaconsejaron su lectura (propia de personas ociosas, decían) por ser incentivos para la sensualidad, estar mal escritos y ser contrarios a la verdad: recordemos que el cura del Quijote los tacha de ‘mentirosos’. Pese a estas censuras, la edición y la lectura de novelas de caballerías fueron ocupaciones culturales destacadas en esta época. No fue hasta la segunda mitad del siglo XVI que iniciaron un lento descenso y dieron sus últimos coletazos con obras como la 'Historia del Emperador Carlo Magno' y los 'Doce Pares de Francia', de escasa calidad, y 'Baldo', una imaginativa e inclasificable obra en la que confluyen diversas corrientes literarias y que anuncia los caminos por los que va a discurrir la nueva literatura.
La que se considera primera novela de caballerías española fue 'El libro del Cauallero de Dios', más conocido como 'El Caballero Zifar', publicada en 1300, que precedió en casi 200 años a la gran obra del género 'Tirant lo Blanch', de Joanot Martorell, que apareció en Valencia en 1490, de contenido realista y con destacados momentos eróticos; una experiencia inolvidable para cualquier lector. Zifar fue antecedente, también, de 'Amadís de Gaula', de Garci Rodríguez de Montalvo, la obra cumbre de las novelas de caballería españolas.
Las aventuras del caballero Zifar, procedente del reino de Tarta en la India, junto a las de su esposa Grima y sus hijos Garfín y Roboán, son una sucesión de episodios entrelazados que cuentan cómo los dones caballerescos y las virtudes cristianas se imponen a los enemigos de Dios y a las injusticias de los reinos gobernados por monarcas tiránicos. De hecho, El caballero Zifar era un manual de lectura obligatoria para la educación de príncipes y caballeros en las cortes de la Edad Media.
[Fuente: Francisco R. Pastoriza para moleiro.com]
Los antecedentes de la novela de caballerías se encuentra en los romances en prosa del ciclo artúrico (con el mítico rey Arturo como figura central) que se fueron ramificando en géneros diversos. Las narraciones artúricas se divulgaron en España gracias a los lays, poemas líricos franceses con melodías y temas de viejas canciones celtas de contenido fantástico e idealista en los que, a diferencia de la novela de caballerías, el amor aún no ocupaba un lugar destacado. Junto a estas primeras manifestaciones, la novela de caballerías incorporó las virtudes de personajes como Lancelot, Perceval y Tristán, héroes de los relatos medievales de Chrétien de Troyes, y los valores del cristianismo de los 'Cuentos del Graal'. Los libros de caballería españoles añadieron a la tradición europea algunos elementos de los cantares de gesta.
Los caballeros andantes fueron algo familiar en la vida española del siglo XV y que muchos de los episodios que recogen las novelas de caballerías no son sólo devaneos de la imaginación literaria. Mario Vargas Llosa opina que estas novelas no son irreales sino realistas porque reúnen la realidad que los hombres viven objetivamente (sus actos, sus pensamientos, sus pasiones) y las que viven subjetivamente, producto de sus creencias o de su imaginación. De este modo llega a compararlas con el realismo mágico de 'Cien años de soledad' (“Viejos y nuevos libros de caballerías”. Historia y crítica de la Literatura Española. Ed. Crítica. Volumen 1)'.
La novela de caballerías tuvo una larga y fructífera edad de oro durante todo el Renacimiento y el Barroco, y sus valores y formatos se han prolongado hasta nuestros días, donde muchos de los héroes de ficción (en la literatura, pero también en el cine y la televisión) no son sino trasunto de aquellos héroes caballerescos. Se ha perpetuado a lo largo de los siglos porque juega con personajes, situaciones, enfrentamientos y luchas muy similares a las que interesaron a los hombres y mujeres de todas las épocas. Y es la combinación de todos sus elementos (el héroe, el escudero, la dama, el encantador, el mago, los viajes, la aventura y el final feliz) lo que la transforma en singular porque desde siempre los lectores, como en la actualidad, han buscado junto a los personajes y los tópicos habituales, las sorpresas de cada nueva aventura y el añadido que permitía cada nueva época (la invención fabulosa, la crítica al poder, el erotismo). Por eso levantaron las sospechas de la Iglesia y de la Inquisición, a pesar de la religiosidad de sus héroes y la defensa de los valores de la clase dominante.
En el siglo XVI los moralistas (Luis Vives, Juan de Valdés, Melchor Cano, Fray Luis de Granada) lanzaron ataques virulentos contra los libros de caballerías, desaconsejaron su lectura (propia de personas ociosas, decían) por ser incentivos para la sensualidad, estar mal escritos y ser contrarios a la verdad: recordemos que el cura del Quijote los tacha de ‘mentirosos’. Pese a estas censuras, la edición y la lectura de novelas de caballerías fueron ocupaciones culturales destacadas en esta época. No fue hasta la segunda mitad del siglo XVI que iniciaron un lento descenso y dieron sus últimos coletazos con obras como la 'Historia del Emperador Carlo Magno' y los 'Doce Pares de Francia', de escasa calidad, y 'Baldo', una imaginativa e inclasificable obra en la que confluyen diversas corrientes literarias y que anuncia los caminos por los que va a discurrir la nueva literatura.
La que se considera primera novela de caballerías española fue 'El libro del Cauallero de Dios', más conocido como 'El Caballero Zifar', publicada en 1300, que precedió en casi 200 años a la gran obra del género 'Tirant lo Blanch', de Joanot Martorell, que apareció en Valencia en 1490, de contenido realista y con destacados momentos eróticos; una experiencia inolvidable para cualquier lector. Zifar fue antecedente, también, de 'Amadís de Gaula', de Garci Rodríguez de Montalvo, la obra cumbre de las novelas de caballería españolas.
Las aventuras del caballero Zifar, procedente del reino de Tarta en la India, junto a las de su esposa Grima y sus hijos Garfín y Roboán, son una sucesión de episodios entrelazados que cuentan cómo los dones caballerescos y las virtudes cristianas se imponen a los enemigos de Dios y a las injusticias de los reinos gobernados por monarcas tiránicos. De hecho, El caballero Zifar era un manual de lectura obligatoria para la educación de príncipes y caballeros en las cortes de la Edad Media.
[Fuente: Francisco R. Pastoriza para moleiro.com]
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