'David Bowie' es el álbum debut homónimo del músico británico David Bowie, lanzado en 1967 por Deram Records, una filial de Decca. El álbum contiene canciones que se parecen poco a lo que luego haría famoso a Bowie, como el folk rock de 'Space Oddity' o el glam rock de 'The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars'. Los críticos de NME Roy Carr y Charles Shaar Murray han dicho, "un escuchante acostumbrado al Bowie de los años 1970, probablemente encuentre el álbum alarmante o simplemente pintoresco", mientras que el biógrafo David Buckley lo describe como "el vinilo equivalente a The Madwoman in the Attic".
Las influencias de Bowie en este punto de su carrera incluían melodías teatrales de Anthony Newley, actos de music hall como Tommy Steele, algunas de las más volubles obras del Reino Unido como material de Ray Davies de The Kinks, las primeras piezas de Syd Barrett para Pink Floyd o canciones de The Beatles como 'Being for the Benefit of Mr. Kite'. El deseo, del por aquel entonces mánager de Bowie, Ken Pitt, para que este se convirtiese en un "artista completo" más que una "estrella de rock" también ha sido citado como uno de los motivos del eclecticismo del cantante en aquel momento, que prácticamente evitaba todo lo que tuviera que ver con el rock and roll. Bowie ha dicho que su álbum debut "parece tener sus raíces en todos lados, en el rock y vaudeville y music hall. No sabía si era Max Miller o Elvis Presley".
Compuesto totalmente por Bowie, los arreglos los hizo junto a Dek Fearnley, supuestamente aprendiendo después de leer Observer Book of Music. 'Rubber Band' es una marcha con tuba como instrumento principal. 'Little Bombardier' y 'Maid of Bond Street' están en tempo de vals, y también usan instrumentos de metal y cuerda. 'Love You Till Tuesday' y 'Come and Buy My Toys' son de las pocas canciones del álbum con una guitarra acústica como instrumento principal, el último incluyendo también instrumentación de cuerda. 'Join the Gang' es una incursión en la cultura juvenil contemporánea, una dura mirada a las presiones de grupo y el abuso de drogas, que incluye un sitar en la instrumentación, así como una cita musical del reciente éxito de The Spencer Davis Group 'Gimme Some Lovin''. La última pista, 'Please Mr. Gravedigger', es "un dueto macabro para voz y efectos de sonido", y ha sido descrito como "uno de los verdaderos momentos locos del pop".
A pesar de lo incongruente del álbum dentro de las obras de Bowie, algunos críticos han discernido temas embriónicos que ayudan a entender los posteriores trabajos del artista. 'We Are Hungry Men' es contada por un "particular" mesía que aparece en diferentes formas en las canciones 'Cygnet Committee' (del álbum 'Space Oddity'), 'Saviour Machine' (de 'The Man Who Sold the World') y 'Oh! You Pretty Things' (de 'Hunky Dory'), además de ser el protagonista de 'The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars'. La pista habla explícitamente sobre temas como el aborto, el infanticidio y el canibalismo. 'There is a Happy Land' es una primera manifestación de la visión de Bowie del niño como carrera para apartarse de sus mayores, un tema tratado también en 'The Man Who Sold the World', 'Hunky Dory' y 'Ziggy Stardust'. 'She's Got Medals' es una historia que contiene connotaciones gays y lésbicos que predecía 'The Man Who Sold the World' y el carácter bisexual/andrógino de 'Ziggy Stardust'.
Antes del lanzamiento del álbum, Deram lanzó dos sencillos, 'Rubber Band'/'London Boys' en diciembre de 1966, y 'The Laughing Gnome'/'The Gospel According to Tony Day' en abril de 1967. 'Rubber Band' es una grabación distante de la que después apareció en el álbum. 'London Boys' es considerada una de las primeras "mini-obras maestras" de Bowie, una mirada melancólica de la cultura Mod en el Londres de la época. 'The Laughing Gnome' fue una grabación novedosa con voces aceleradas y con la velocidad del pitch alterada, técnica que usó en futuras canciones como 'After All', 'The Bewlay Brothers', 'Fame' y 'Scream Like a Baby'. Una versión regrabada de 'Love You Till Tuesday'/'Did You Ever Have a Dream' se lanzó como sencillo en julio de 1967.
'David Bowie' fue lanzado en el Reino Unido, tanto en mono como en estéreo, el 1 de junio de 1967, el mismo día que el 'Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band' de The Beatles. Se lanzó en los Estados Unidos en agosto de 1967, menos 'We Are Hungry Men' y 'Maid of Bond Street'. El álbum, que solo alcanzó los 125 en las listas de álbumes del Reino Unido, y sus sencillos asociados fueron fracasos comerciales en ese momento, y Bowie no lanzó otro disco hasta 'Space Oddity', en 1969, dos años después. El fracaso del álbum le costó a Bowie su contrato discográfico con Deram Records, quien lo dejó en abril de 1968. Bowie luego hizo un video llamado 'Love You till Tuesday' en 1969 para venderse a una nueva etiqueta. El video recicló muchas canciones del álbum debut, así como el entonces recién escrito 'Space Oddity'. Muchas canciones recicladas en el video contaron con nuevos arreglos orquestales y voces añadidas de su amigo John 'Hutch' Hutchinson y (en ese momento) su novia Hermione Farthingale quien, junto con Bowie, formó el trío de folk rock Feathers. Los tres aparecen en la porción del video 'Sell Me a Coat'. El video vio un lanzamiento público oficial en 1984. Las canciones del álbum debut y sus sencillos, además de obras posteriores de Deram, se han reciclado en una multitud de álbumes de recopilación, incluyendo 'The World of David Bowie' (1970), 'Images 1966-1967' ( 1973), 'Another Face' (1981), 'Rock Reflections' (1990), y 'The Deram Anthology 1966-1968' (1997).
El álbum fue reeditado por Deram en CD en 1987. El libreto reproduce el original de Kenneth Pitt y un nuevo ensayo de 1988 de John Tracy. Además, en la contraportada vienen especificadas las diferentes versiones que se incluyen: 'Rubber Band' (Versión 2), 'When I Live My Dream' (Versión 1) y 'Please Mr. Gravedigger' (Versión 2).
En 2010, el álbum fue lanzado en una edición de lujo por Deram en el Reino Unido y Universal Music en todo el mundo. Este presenta mezclas estéreo y mono del álbum, junto con mezclas estéreo inéditas de canciones no incluidas originalmente y, por primera vez como un lanzamiento oficial, la primera sesión de radio de la BBC.
Los músicos que realizaron este álbum fueron David Bowie (voz, guitarra y saxofón), Dek Fearnley (bajo), Joen Eaer (batería) y Derek Boyes (órgano). Y el equipo formado por Mike Vernon (productor), Gus Dudgeon (ingeniero de sonido) y Dek Fearnley (arreglista).
Tracklist:
A1. Uncle Arthur
A2. Sell Me A Coat
A3. Rubber Band
A4. Love You Till Tuesday
A5. There Is A Happy Land
A6. When I Live My Dream
B1. Little Bombadier
B2. Silly Boy Blues
B3. Come And Buy My Toys
B4. Join The Gang
B5. She's Got Medals
B6. Please Mr. Gravedigger
[Fuente: Wikipedia]
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'The piper at gates of dawn' fue el debut discográfico de Pink Floyd (1967)
El 4 de agosto de 1967, Pink Floyd publicaban su fantástica ópera prima 'The piper at the gates of dawn'. Julián Ruiz desmenuza aquel debut único, deslumbrante y prodigioso.
Para mí y lo saben muchos seguidores de Plásticos y Decibelios, es mi álbum favorito de Pink Floyd. Publicado el 4 de agosto de 1967 todavía parece increíble como pudieron llegar tan lejos en aquellos años. Me parece algo sublime, majestuoso, como si descubriera las estrellas, el espacio con la música de Syd Barrett. La obra de un genio que nunca obedecía a Norman Smith. Más transgresor que Jimi Hendrix, más nihilista que el mismísimo Pete Townshend. Un absoluto genio. David Bowie siempre fue un forofo especial de Barrett.
'The piper at the gates of dawn”, a pesar de su peso vanguardista, a pesar de su supuesta falta de comercialidad, fue un éxito increíble. El álbum de la gran psicodélica. Desgraciadamente, Barrett, cada día, era un zombie al que se le iba a cabeza. Se iniciaba su gran parálisis mental. Había conciertos que lanzaba la guitarra como si fuera una granada y,en otras actuaciones, simplemente, se quedaba quieto y Pink Floyd, sin remedio, tenían que suspender la actuación.
Syd Barrett pensaba que probablemente fichar por la EMI , con un gran “status”, como los Beatles, y grabar con el mismísimo ingeniero de los Beatles. Pero no fue algo que le sentara bien al galáctico Syd. Empezó a decir que era un revolucionario y que no era famoso. Y lo que es peor : que él vivía en un “flat” alquilado y John Lennon en una mansión. Y que eso era algo absolutamente injusto.
Norman Smith, el productor e ingeniero de los Beatles, jamás le gustó nunca Syd, porque le desconcertaba en cada una de las sesiones que él dirigía con su nuevo gran grupo Pink Floyd. El cerebro de Barrett iba a la velocidad de la luz y el de Norman sólo a la velocidad de un buen artesano. Norman incluso ha contado que el único que se mostró indiferente y contestatario con los Beatles fue el propio Barrett cuando Norman les llevó al estudio 2 para que conocieran a las «majestades» de la música británica.
Fue en la primavera de 1967, mientras los Beatles esa noche grababan 'Lovely Rita', del 'Sgt. Peppers'. Roger, Nick y Rick se mostraron casi babosos con los Beatles, pero Syd llegó a decir que aquella música era una mierda, comentario que al parecer no llegó a oídos de Paul, que era el autor de la canción. Aquella noche , ellos grababan 'El Espantapájaros' de 'The piper at the gates of dawn'.
David Bowie era un forofo de Syd Barret. Incluso en su disco de versiones de 'Pin-ups' incluyó la increíble 'See Emily Play', que había sido elegida como la mejor canción psicodélica de toda la historia. Para Bowie lo que más le dejaba perplejo de Syd Barret era su fraseo, su dicción, la manera de cantar. No era lo típico de un “palurdo inglés”, sino que tenía algo más que la técnica del cantante americano.
Floyd habían grabado 'See Emily Play' en los Sound Techniques Studios de Chelsea, con el ingeniero de los Beatles, Norman Smith, como productor. Syd Barrett se inspiró para escribir el tema en la primera fan de Pink Floyd, Emily Young, que ahora es una escultora de renombre. El guitarrista David Gilmour, que tocaba en Francia con su propia banda en ese período, visitó a Floyd en el estudio durante un viaje a Londres.
Para Bowie la voz de Syd era algo de otro mundo. El amor de Bowie por Barret llegó hasta el punto de que la última vez que cantó en directo fue para rendir un pequeño tributo a Syd que Dave Gilmour, su sustituto en los Floyd, había preparado en el Royal Albert Hall, en mayo del año 2006.
A mediados de los setenta Bowie cantó el primer single de Pink Floyd, el increíble 'Arnold Layne', la grotesca historia de un sujeto que robaba bragas y ropas de mujer para luego ponérselas en su casa . En aquella época, la madre de Roger Waters, su amigo, alquilaba en Cambridge habitaciones para estudiantes y Syd tenía la manía de tomar las bragas de las chicas y olerlas de manera intensa para conocer la profundidad de su olor, como si se tratara de un lobo en celo.
[Fuente: Julián Ruiz en plasticosydecibelios.com]
Para mí y lo saben muchos seguidores de Plásticos y Decibelios, es mi álbum favorito de Pink Floyd. Publicado el 4 de agosto de 1967 todavía parece increíble como pudieron llegar tan lejos en aquellos años. Me parece algo sublime, majestuoso, como si descubriera las estrellas, el espacio con la música de Syd Barrett. La obra de un genio que nunca obedecía a Norman Smith. Más transgresor que Jimi Hendrix, más nihilista que el mismísimo Pete Townshend. Un absoluto genio. David Bowie siempre fue un forofo especial de Barrett.
'The piper at the gates of dawn”, a pesar de su peso vanguardista, a pesar de su supuesta falta de comercialidad, fue un éxito increíble. El álbum de la gran psicodélica. Desgraciadamente, Barrett, cada día, era un zombie al que se le iba a cabeza. Se iniciaba su gran parálisis mental. Había conciertos que lanzaba la guitarra como si fuera una granada y,en otras actuaciones, simplemente, se quedaba quieto y Pink Floyd, sin remedio, tenían que suspender la actuación.
Syd Barrett pensaba que probablemente fichar por la EMI , con un gran “status”, como los Beatles, y grabar con el mismísimo ingeniero de los Beatles. Pero no fue algo que le sentara bien al galáctico Syd. Empezó a decir que era un revolucionario y que no era famoso. Y lo que es peor : que él vivía en un “flat” alquilado y John Lennon en una mansión. Y que eso era algo absolutamente injusto.
Norman Smith, el productor e ingeniero de los Beatles, jamás le gustó nunca Syd, porque le desconcertaba en cada una de las sesiones que él dirigía con su nuevo gran grupo Pink Floyd. El cerebro de Barrett iba a la velocidad de la luz y el de Norman sólo a la velocidad de un buen artesano. Norman incluso ha contado que el único que se mostró indiferente y contestatario con los Beatles fue el propio Barrett cuando Norman les llevó al estudio 2 para que conocieran a las «majestades» de la música británica.
Fue en la primavera de 1967, mientras los Beatles esa noche grababan 'Lovely Rita', del 'Sgt. Peppers'. Roger, Nick y Rick se mostraron casi babosos con los Beatles, pero Syd llegó a decir que aquella música era una mierda, comentario que al parecer no llegó a oídos de Paul, que era el autor de la canción. Aquella noche , ellos grababan 'El Espantapájaros' de 'The piper at the gates of dawn'.
David Bowie era un forofo de Syd Barret. Incluso en su disco de versiones de 'Pin-ups' incluyó la increíble 'See Emily Play', que había sido elegida como la mejor canción psicodélica de toda la historia. Para Bowie lo que más le dejaba perplejo de Syd Barret era su fraseo, su dicción, la manera de cantar. No era lo típico de un “palurdo inglés”, sino que tenía algo más que la técnica del cantante americano.
Floyd habían grabado 'See Emily Play' en los Sound Techniques Studios de Chelsea, con el ingeniero de los Beatles, Norman Smith, como productor. Syd Barrett se inspiró para escribir el tema en la primera fan de Pink Floyd, Emily Young, que ahora es una escultora de renombre. El guitarrista David Gilmour, que tocaba en Francia con su propia banda en ese período, visitó a Floyd en el estudio durante un viaje a Londres.
Para Bowie la voz de Syd era algo de otro mundo. El amor de Bowie por Barret llegó hasta el punto de que la última vez que cantó en directo fue para rendir un pequeño tributo a Syd que Dave Gilmour, su sustituto en los Floyd, había preparado en el Royal Albert Hall, en mayo del año 2006.
A mediados de los setenta Bowie cantó el primer single de Pink Floyd, el increíble 'Arnold Layne', la grotesca historia de un sujeto que robaba bragas y ropas de mujer para luego ponérselas en su casa . En aquella época, la madre de Roger Waters, su amigo, alquilaba en Cambridge habitaciones para estudiantes y Syd tenía la manía de tomar las bragas de las chicas y olerlas de manera intensa para conocer la profundidad de su olor, como si se tratara de un lobo en celo.
[Fuente: Julián Ruiz en plasticosydecibelios.com]
William Christopher Handy: Padre del Blues (1912)
El blues, una de las piedras angulares de la música popular del siglo XX, no nació de la noche a la mañana ni de la inspiración de un solo compositor. Su historia es una amalgama de tradiciones orales afroamericanas, expresiones musicales comunitarias y la posterior industrialización del sonido. En este artículo, exploramos cómo el blues pasó de los campos de algodón y las calles del sur de los Estados Unidos a convertirse en un género codificado y comercializado en partituras y grabaciones.
Si bien el blues existía como una práctica musical mucho antes de ser registrado en papel, los primeros intentos de codificarlo en partituras datan de la primera década del siglo XX. Uno de los primeros ejemplos documentados es 'I Got the Blues' (1908), de Anthony Maggio, una pieza con rasgos de ragtime pero que ya insinuaba el fraseo melancólico del blues.
En 1912, el violinista Hart Wand publicó 'The Dallas Blues', considerado por muchos como la primera composición instrumental en llevar explícitamente el término "blues" en su título. Ese mismo año, el compositor Franklin Seals escribió 'Baby Seals Blues', una obra para vodevil que ayudó a difundir el género en los escenarios teatrales urbanos. Estas publicaciones, aunque no representaban aún la estructura definitiva del blues de 12 compases, sirvieron como antesala para la explosión del género en el ámbito comercial.
William Christopher Handy (1873-1958) es comúnmente apodado "el padre del blues", aunque esta denominación es, cuando menos, controvertida. Handy no inventó el blues, sino que lo adaptó, lo armonizó y lo llevó a un público más amplio a través de la notación musical y el negocio editorial. Músico versátil, Handy recorrió el sur de los Estados Unidos en los primeros años del siglo XX, absorbiendo las formas primitivas del blues que interpretaban músicos callejeros y trabajadores rurales. Según sus memorias, en una estación de tren de Tutwiler, Misisipi, escuchó a un guitarrista afroamericano tocar un estilo inusual con blue notes, lo que le sirvió de inspiración para estructurar su propio concepto del blues.
En 1912, publicó 'Memphis Blues', considerada una de las primeras partituras comerciales de blues, aunque su estructura aún conservaba influencias del ragtime. Su verdadero impacto llegó en 1914 con St. Louis Blues, una pieza que fusionaba el blues con el tango y que se convirtió en un estándar internacional, interpretado décadas más tarde por figuras como Louis Armstrong y Bessie Smith. Handy también compuso 'Aunt Hagar’s Blues' (1919), donde consolidó la progresión armónica del blues moderno. Su papel en la historia del género no radica en ser su creador, sino en haber sido el primero en organizarlo formalmente, facilitando su difusión en el mercado editorial y en la industria fonográfica.
Si bien los primeros blues notados en partituras sentaron las bases para su comercialización, la esencia del género seguía viva en la tradición oral. Durante los años 20, la aparición de las primeras grabaciones de blues vocal, en especial las de Mamie Smith ('Crazy Blues', 1920), marcó un punto de inflexión. El blues dejó de ser solo una tradición del sur rural y se convirtió en un fenómeno urbano, enraizado en ciudades como Chicago y Nueva York.
Este cambio también trajo consigo la electrificación del sonido, la incorporación de estructuras más elaboradas y la profesionalización de los músicos de blues. Figuras como Ma Rainey, Bessie Smith y Blind Lemon Jefferson comenzaron a definir los distintos estilos que luego darían origen a subgéneros como el Delta Blues, el Blues de Chicago y, más tarde, el Rhythm & Blues.
El blues es más que un género; es un lenguaje musical que sirvió de base para el jazz, el rock and roll y muchas otras formas de música popular. Lo que comenzó como una manifestación cultural afroamericana en el sur profundo se convirtió en un fenómeno global, influenciado tanto por la tradición oral como por la estandarización comercial.
A más de un siglo de las primeras partituras de blues, su legado sigue vigente, resonando en cada nota de la música moderna. Desde las plantaciones de algodón hasta los clubes de jazz de Nueva York, el blues ha demostrado ser la expresión más pura del sentimiento humano hecho sonido.
[Fuente: Marcelo Bettoni]
Si bien el blues existía como una práctica musical mucho antes de ser registrado en papel, los primeros intentos de codificarlo en partituras datan de la primera década del siglo XX. Uno de los primeros ejemplos documentados es 'I Got the Blues' (1908), de Anthony Maggio, una pieza con rasgos de ragtime pero que ya insinuaba el fraseo melancólico del blues.
En 1912, el violinista Hart Wand publicó 'The Dallas Blues', considerado por muchos como la primera composición instrumental en llevar explícitamente el término "blues" en su título. Ese mismo año, el compositor Franklin Seals escribió 'Baby Seals Blues', una obra para vodevil que ayudó a difundir el género en los escenarios teatrales urbanos. Estas publicaciones, aunque no representaban aún la estructura definitiva del blues de 12 compases, sirvieron como antesala para la explosión del género en el ámbito comercial.
William Christopher Handy (1873-1958) es comúnmente apodado "el padre del blues", aunque esta denominación es, cuando menos, controvertida. Handy no inventó el blues, sino que lo adaptó, lo armonizó y lo llevó a un público más amplio a través de la notación musical y el negocio editorial. Músico versátil, Handy recorrió el sur de los Estados Unidos en los primeros años del siglo XX, absorbiendo las formas primitivas del blues que interpretaban músicos callejeros y trabajadores rurales. Según sus memorias, en una estación de tren de Tutwiler, Misisipi, escuchó a un guitarrista afroamericano tocar un estilo inusual con blue notes, lo que le sirvió de inspiración para estructurar su propio concepto del blues.
En 1912, publicó 'Memphis Blues', considerada una de las primeras partituras comerciales de blues, aunque su estructura aún conservaba influencias del ragtime. Su verdadero impacto llegó en 1914 con St. Louis Blues, una pieza que fusionaba el blues con el tango y que se convirtió en un estándar internacional, interpretado décadas más tarde por figuras como Louis Armstrong y Bessie Smith. Handy también compuso 'Aunt Hagar’s Blues' (1919), donde consolidó la progresión armónica del blues moderno. Su papel en la historia del género no radica en ser su creador, sino en haber sido el primero en organizarlo formalmente, facilitando su difusión en el mercado editorial y en la industria fonográfica.
Si bien los primeros blues notados en partituras sentaron las bases para su comercialización, la esencia del género seguía viva en la tradición oral. Durante los años 20, la aparición de las primeras grabaciones de blues vocal, en especial las de Mamie Smith ('Crazy Blues', 1920), marcó un punto de inflexión. El blues dejó de ser solo una tradición del sur rural y se convirtió en un fenómeno urbano, enraizado en ciudades como Chicago y Nueva York.
Este cambio también trajo consigo la electrificación del sonido, la incorporación de estructuras más elaboradas y la profesionalización de los músicos de blues. Figuras como Ma Rainey, Bessie Smith y Blind Lemon Jefferson comenzaron a definir los distintos estilos que luego darían origen a subgéneros como el Delta Blues, el Blues de Chicago y, más tarde, el Rhythm & Blues.
El blues es más que un género; es un lenguaje musical que sirvió de base para el jazz, el rock and roll y muchas otras formas de música popular. Lo que comenzó como una manifestación cultural afroamericana en el sur profundo se convirtió en un fenómeno global, influenciado tanto por la tradición oral como por la estandarización comercial.
A más de un siglo de las primeras partituras de blues, su legado sigue vigente, resonando en cada nota de la música moderna. Desde las plantaciones de algodón hasta los clubes de jazz de Nueva York, el blues ha demostrado ser la expresión más pura del sentimiento humano hecho sonido.
[Fuente: Marcelo Bettoni]
'The Rolling Stones', su primer disco (1964)
El 16 de abril de 1964, veía la luz el álbum homónimo de la banda, que sería el inicio de una de las carreras más exitosas y longevas de la historia de la música. Por aquel entonces, el grupo estaba formado por Mick Jagger (voz y armónica), Keith Richards y Brian Jones (guitarra y coros), Bill Wyman (bajo) y Charlie Watts (batería). Ian Steward, apodado como el 'sexto Rolling', tocó el órgano y los teclados en varios temas. Los productores fueron Andrew Loog Oldham y Eric Easton y el fotógrafo de la portada fue Nicholas Wright.
El sello discográfico fue Decca Records en la versión inglesa, London Records en la norteamericana, y se grabó en Regent Sound Studio, en la mítica Denmark Street de Londres, donde ahora hay una tienda de instrumentos musicales. Keith Richards confirmó la precariedad de la grabación del primer trabajo: "Decíamos 'oh, esto es un estudio de grabación, ¿eh? Una pequeña trastienda'. Bajo esas condiciones primitivas era fácil hacer el tipo de sonido que obtuvimos en nuestro primer álbum y primeros singles, pero difícil hacer uno mucho mejor".
Tras la salida del 'LP' en Estados Unidos bajo el nombre 'England's Newest Hit Makers', acabaría siendo la denominación oficiosa del disco. En el listado de canciones hay muchas versiones de artistas, sobre todo del R&B (Rhythm and blues), como 'I just want to make love to you' de Willie Dixon, 'Honest I do' de Jimmy Reed, 'Mona (I need you baby)' de Bo Diddley, 'I'm a king bee' de Slim Harpo, 'Carol' del mítico Chuck Berry, 'Can I get a witness' del trío Holland-Dozier-Holland y 'Walking the dog' de Rufus C. Thomas jr.
También formaban parte del disco canciones de músicos de jazz como 'Route 66' de Bobby Troup y 'You can make if you try' del compositor Ted Jarrett y que Gene Allison había interpretado en 1958 con un estilo que tiraba más hacia el soul y los Rolling convirtieron en blues. Los únicos temas propios eran 'Tell me (You're coming back)', 'Now I've Got a Witness (Like Uncle Phil and Uncle Gene)' y 'Little by Little', aunque en estos dos últimos firmaron con el pseudónimo Nanker Phelge.
Este nombre se usó para las primeras canciones compuestas por todo el grupo desde 1963 a 1965, además del quinteto Jagger, Jones, Richards, Wyman y Watts, también incluía al productor Andrew Loog Oldham y, según los registros de la ASCAP, la sociedad de autores estadounidense, en las primeras canciones al teclista Ian Steward. Posteriormente generó disputas sobre los derechos de autor de algunos temas como 'Paint it black'. En la edición norteamericana del álbum se introdujo la versión de 'Not Fade Away' de Buddy Holly y Norman Petty y desapareció 'Mona (I need you baby)'.
El blues es uno de los estilos musicales favoritos y que da nombre al grupo (y, por ende, al disco) pues sacaron Rolling Stones de una canción de Muddy Waters de 1948 que dice 'He's gonna be, he's gonna be a Rollin' Stone' (él va a ser, él va a ser un canto rodado) llamada 'Catfish Blues' aunque conocida popularmente como 'Rollin' Stone', como queda reflejado en la película 'Cadillac Records'.
El disco es un homenaje a los músicos de blues que forjaron los inicios del rock'n'roll, con Chuck Berry como máximo exponente en la guitarra y Elvis Presley como rey proclamado. Pero los Rolling Stones, 'Sus Satánicas Majestades', han liderado el R&R sobre sus hombros durante más años que ningún otro artista.
El sonido fresco y 'amateur', incluso algo sucio que predice los inicios del punk rock, de unos veinteañeros que asombraron al mundo y se colaron durante 12 semanas como número uno de las listas en Reino Unido con su primer trabajo. "En el primer álbum, lanzamos todo en mono, como los discos de R'n'B que amábamos, nos gustaba su crudeza. La banda tuvo que grabar en vivo en el estudio", dijo Bill Wyman en una entrevista, por eso sonaba más a un directo que a una grabación profesional. Se implicaron en el resurgimiento del blues, esa música negra en decadencia, al llevarse a varios de estos artistas de gira y colaborar con ellos. Siempre estuvieron comprometidos y se negaron a tocar en sus primeras giras en Estados Unidos en locales que todavía segregaban por raza.
'The Rolling Stones' fue el primero de 31 discos de estudio, el último se llamó 'Hackney Diamonds' y se publicó en 2023, tras siete años sin sacar nuevo material. Casi seis décadas entre el primero y el, hasta ahora, último disco de una banda icónica de los inicios del rock'n'roll.
Mick Jagger cumplió la palabra que dio en una entrevista de 1972 a Dick Cavett que recoge el documental de Martin Scorsese 'Shine a light' de 2008 cuando le preguntan: "Can you picture yourself at the age of 60 doing what you do now?" (¿Te ves haciendo esto con 60 años?) y él contestó: "Yeah, easily" (sí, fácilmente). 'Sus Satánicas Majestades' son una banda transgeneracional, que ha vencido, de momento, al irremediable paso del tiempo.
[Fuente: Fran Mena para rtve.es]
El sello discográfico fue Decca Records en la versión inglesa, London Records en la norteamericana, y se grabó en Regent Sound Studio, en la mítica Denmark Street de Londres, donde ahora hay una tienda de instrumentos musicales. Keith Richards confirmó la precariedad de la grabación del primer trabajo: "Decíamos 'oh, esto es un estudio de grabación, ¿eh? Una pequeña trastienda'. Bajo esas condiciones primitivas era fácil hacer el tipo de sonido que obtuvimos en nuestro primer álbum y primeros singles, pero difícil hacer uno mucho mejor".
Tras la salida del 'LP' en Estados Unidos bajo el nombre 'England's Newest Hit Makers', acabaría siendo la denominación oficiosa del disco. En el listado de canciones hay muchas versiones de artistas, sobre todo del R&B (Rhythm and blues), como 'I just want to make love to you' de Willie Dixon, 'Honest I do' de Jimmy Reed, 'Mona (I need you baby)' de Bo Diddley, 'I'm a king bee' de Slim Harpo, 'Carol' del mítico Chuck Berry, 'Can I get a witness' del trío Holland-Dozier-Holland y 'Walking the dog' de Rufus C. Thomas jr.
También formaban parte del disco canciones de músicos de jazz como 'Route 66' de Bobby Troup y 'You can make if you try' del compositor Ted Jarrett y que Gene Allison había interpretado en 1958 con un estilo que tiraba más hacia el soul y los Rolling convirtieron en blues. Los únicos temas propios eran 'Tell me (You're coming back)', 'Now I've Got a Witness (Like Uncle Phil and Uncle Gene)' y 'Little by Little', aunque en estos dos últimos firmaron con el pseudónimo Nanker Phelge.
Este nombre se usó para las primeras canciones compuestas por todo el grupo desde 1963 a 1965, además del quinteto Jagger, Jones, Richards, Wyman y Watts, también incluía al productor Andrew Loog Oldham y, según los registros de la ASCAP, la sociedad de autores estadounidense, en las primeras canciones al teclista Ian Steward. Posteriormente generó disputas sobre los derechos de autor de algunos temas como 'Paint it black'. En la edición norteamericana del álbum se introdujo la versión de 'Not Fade Away' de Buddy Holly y Norman Petty y desapareció 'Mona (I need you baby)'.
El blues es uno de los estilos musicales favoritos y que da nombre al grupo (y, por ende, al disco) pues sacaron Rolling Stones de una canción de Muddy Waters de 1948 que dice 'He's gonna be, he's gonna be a Rollin' Stone' (él va a ser, él va a ser un canto rodado) llamada 'Catfish Blues' aunque conocida popularmente como 'Rollin' Stone', como queda reflejado en la película 'Cadillac Records'.
El disco es un homenaje a los músicos de blues que forjaron los inicios del rock'n'roll, con Chuck Berry como máximo exponente en la guitarra y Elvis Presley como rey proclamado. Pero los Rolling Stones, 'Sus Satánicas Majestades', han liderado el R&R sobre sus hombros durante más años que ningún otro artista.
El sonido fresco y 'amateur', incluso algo sucio que predice los inicios del punk rock, de unos veinteañeros que asombraron al mundo y se colaron durante 12 semanas como número uno de las listas en Reino Unido con su primer trabajo. "En el primer álbum, lanzamos todo en mono, como los discos de R'n'B que amábamos, nos gustaba su crudeza. La banda tuvo que grabar en vivo en el estudio", dijo Bill Wyman en una entrevista, por eso sonaba más a un directo que a una grabación profesional. Se implicaron en el resurgimiento del blues, esa música negra en decadencia, al llevarse a varios de estos artistas de gira y colaborar con ellos. Siempre estuvieron comprometidos y se negaron a tocar en sus primeras giras en Estados Unidos en locales que todavía segregaban por raza.
'The Rolling Stones' fue el primero de 31 discos de estudio, el último se llamó 'Hackney Diamonds' y se publicó en 2023, tras siete años sin sacar nuevo material. Casi seis décadas entre el primero y el, hasta ahora, último disco de una banda icónica de los inicios del rock'n'roll.
Mick Jagger cumplió la palabra que dio en una entrevista de 1972 a Dick Cavett que recoge el documental de Martin Scorsese 'Shine a light' de 2008 cuando le preguntan: "Can you picture yourself at the age of 60 doing what you do now?" (¿Te ves haciendo esto con 60 años?) y él contestó: "Yeah, easily" (sí, fácilmente). 'Sus Satánicas Majestades' son una banda transgeneracional, que ha vencido, de momento, al irremediable paso del tiempo.
[Fuente: Fran Mena para rtve.es]
Primer disco de Bob Dylan (1962)
Sólo dos de las canciones incluidas en el trabajo estaban firmadas por el trovador de Minnesota: “Talkin' New York” y “Song to Woody”. “Lo que hacía entonces era mirar la tradición y trabajar sobre ella”, dijo sobre las versiones que registró, muchas en una sola toma, hasta conformar un racimo de piezas poco radiables, nada comerciales, que le sacaban edulcorante al soft folk de la era.
Los rubios surfistas de California y sus chicas playeras se rendían a los pies de “Surfin' Safari”, de los Beach Boys, o de “Baby Talk”, de Jan and Dean. El sonido Mersey hacía estragos entre los demás jóvenes, al igual que las resonancias persistentes de “Runaway”, hit de Del Shannon, y la maravillosa “Green Onions”, a cargo de Booker T and the MG's. Los primeros temitas de Herman's Hermits, el quinteto rubio de Manchester, junto al alba de The Beatles al tranco pop de “Love Me Do”, el disco debut de Stevie Wonder y aquí Astor Piazzolla grabando el enorme Nuestro tiempo configuraban el marco, el contexto, los tiempos en que un personaje hermético e irascible vino a ponerle los puntos a todo eso. Bob Dylan, por supuesto.
“Las cosas estaban adormecidas entonces”, diría Bob Dylan en el Volumen I de sus Crónicas, sobre aquellos momentos en los que casualmente germinaba su epónimo disco debut, que terminó viendo la luz el 19 de marzo de 1962, sesenta puntuales años atrás, y once días antes del nacimiento de los Rolling Stones. Lo había grabado en escuetas tres sesiones y a bajísimo presupuesto, entre el 20 y el 22 de noviembre del año anterior. Tenía 20 años Bob, en ambas instancias, pero podía hablarse ya de una vida intensa, desafiante, medio alunada. O de los tempranos trazos que así la perfilaban. Claro que se ha contado sobre ellos innumerables veces, con las antedichas crónicas como mascarón de proa, pero aquí solo se reparará en cinco pasajes de la vida de Dylan que sucedieron antes del disco debut y que, por supuesto, están directamente relacionados con él.
Cuando salió Bob Dylan, hacía apenas un año que el trovador de Minnesota trashumaba por los bares del Greenwich Village neoyorkino. Clave entre ellos fueron el Café Wha?, donde tocaba la armónica perdido entre poetas, magos y cómicos, para el cantante y maestro de ceremonias Freddy Neil. También The Gaslight, hervidero de hipsters del que lógicamente sacaría material para su pluma. O el Gerde's Folk City, el más importante tal vez, porque fue el antro donde lo vieron y lo escribieron desde el New York Times, y donde una de las noches llegó a telonear al enorme John Lee Hooker, entre marineros y universitarios.
Ese ser y estar bohemio fue el que encontró a Dylan con John Hammond, personaje nodal en esta historia. Se conocieron en el Club 47 de Cambridge, y poco fue el tiempo que transcurrió entre ese encuentro embebido en copas y el contrato que Bob terminó firmando con Columbia Records, a instancias del tenaz productor neoyorkino. Fue tal el cuchillo que cortó definitivamente el lazo entre aquel Robert Zimmerman de clase media “medio rural” que había abandonado su pueblo en busca de amores, luchas y libertades, y éste Bob Dylan -así empezó a hacerse llamar por entonces- que se metía de lleno, y a pleno, en la movida sombría y contracultural del Greenwich.
El encuentro cara a cara con Woody Guthrie, su maestro, en enero del '61, es otra de las prendas que vistió su disco debut. Ya en su pueblo natal, escuchar esas ásperas y melancólicas piezas había hecho que el armoniquista dejara de seguir a Jerry Lee Lewis, o bailar al ritmo de “Blue Suede Shoes”, para impregnarse de los sentimientos taciturnos del folk o del blues campestre. Suma: Dylan no volvió a ser igual después de leer Bound for Glory, la autobiografía de su adorado Guthrie.
La huella del maestro Oklahoma de hecho empieza a notarse en ciertas poesías que Dylan escribe antes de su viaje. “My Life in a Stolen Moment” y –hecha canción- “When I Got Troubles”, entre ellas. También tenía escuchados ya a Hank Williams, Muddy Waters y Sonny Boy Williamson, y leído a los poetas beat al formar parte de The Shadow Blasters, o meter armónica en cuatro temas del disco de The Clancy Brothers, grupo de folklore tradicional (y combativo) irlandés.
Imposible entender los quiebres ideológicos de Dylan sin recalar en su romance con Suze Rotolo, musa inspiradora de sus primeros años, con quien empezó a convivir a principios del '62. Fue ella quien generó en el cantante las inquietudes sociales y políticas que luego él transformaría en canciones. La influencia de Suze, en rigor, se notaría claramente en el ríspido y politizado The Freewbeelin' Bob Dylan. Es ella además la que posa con él en la tapa tal disco, que muestra a ambos caminando juntos por las calles de Nueva York, bajo un frío feroz.
Sin tales preludios resultaría harto complejo descifrar los pequeños enigmas del primer disco de Bob Dylan, el de su foto al frente y con boina negra en la tapa. Austero en recursos artísticos y también económicos -su grabación costó apenas unos 400 dólares e inicialmente solo vendió cinco mil copias-, el legendario punto de partida de su gira interminable está plenamente subsumido en la tradición folk. Publicado por Columbia a instancias del insistente Hammond, como se dijo, lo habitan trece temas, cuya mayoría -a la usanza folk-blues de la época- son versiones de otros, a excepción de dos: “Talkin' New York” y “Song to Woody”.
La primera canción narra, bajo el maderoso y simple sonido de su guitarra, las vivencias del joven Bob al llegar a la gran urbe neoyorkina, en pleno invierno, donde tenía que tocar la armónica por un dólar al día para sobrevivir. La segunda, en cambio, es un tanto más bella, más emotiva. Habla de su faro mayor -Guthrie, claro-, traducido en sus pobres campesinos, en un mundo “hambriento y cansado”. La sentida pieza también hace referencia a Leadbelly y a Sonny Boy Williamson I, que ya habían dejado este mundo.
El resto del trabajo es de versiones. Canciones transmitidas de generación en generación. Cinco de ellas grabadas en una sola toma, pese a las quejas del Hammond productor. Entre ellas, “Baby, Let Me Follow You Down”, folk tradicional cuya primera grabación data de 1935, en las garras de Big Bill Broonzy y Jazz Gillum. “In My Time of Dying”, gospel tradicional de los '20 que el joven Dylan tradujo en clave de folk veloz y rabioso y, trece años después, Led Zeppelin recrearía en el maravilloso Physical Graffiti. “Gospel Plow”, un espiritual bíblico y afroamericano, cuyo antecedente inmediato al Dylan I había sido la versión de Duke Ellington en el Festival de Jazz de Newport, en 1958, y le cabe la misma impronta que a la anterior: ambos fueron arregladas por Bob. “Lo que hacía entonces era mirar la tradición y trabajar sobre ella”, comentaría él luego, englobando matices de aquellas trovas ariscas “servidas con fuego y azufre”.
La rutera “Highway 51 Blues”, atribuida al pianista de blues Curtis Jones, y “Freight Train Blues”, pieza con patente hillbilly -estilo que también atrapaba al joven Bob- completan el puñado de canciones que el vate grabó en una sola toma. No muchas más usó, claro, para eternizar una desgarrada reversión de la balada escocesa “The Daemon Lover”; la épica reinterpretación “House of the Risin' Sun”, como paso previo a que los Animals de Eric Burdon la llevaran a la cumbre popular; “Man of Constant Sorrow”; “Fixin' to Die”, de Bukka White; “See That My Grave Is Kept Clean”, de Blind Lemon Jefferson -blues rural que Bob convierte en folk-, y “Baby, Let Me Follow You Down” -otra gema tradicional que el rapsoda de Minnesota y los Hawks transformarían en rabia pura durante el famoso concierto en el Free Trade Hall de Manchester, en 1966, cuando le gritaron Judas antes de tocar “Like a Rolling Stone”-, completan este racimo de piezas poco radiables, nada comerciales, que le sacaban edulcorante al soft folk de la era.
Entre las canciones grabadas en los estudios de Columbia que quedaron fuera del primer disco figuran tres que fueron a parar al compilado 'The Bootleg Series Volumes 1–3 (Rare & Unreleased) 1961–1991'. Ellas son “House Carpenter”, “He Was a Friend of Mine” y la tercera composición suya, “Man on the Street”. Otra de Guthrie , “Ramblin' Blues”, permanece inédita.
A poco de editar su primer disco, y de registrar veintiséis canciones en la casa de Bonnie Beecher, en Minneapolis, y conmocionado por la marcha por la libertad motorizada por Martin Luther King y las reacciones violentas del Ku Klux Klan, el juglar compuso “Blowin' in the Wind”, himno e hito de toda una generación. En coincidencia temporal con tal germen, se convenció de que debía cambiar legalmente su nombre. Y ya nadie más lo llamó Robert. A fin de año, cuando viajó por primera vez a Inglaterra para actuar en el programa televisivo The Madhouse on Castle Street –donde hizo de anarquista y tocó por primera vez “Blowin'…”- ya era Bob Dylan por donde se lo mirara, viera o escuchara. En el Newport '63, donde cincuenta mil personas lo coronaron rey del folk. En la “Marcha sobre Washington”, donde cantó gemas contra el racismo junto a la reina del folk Joan Baez y Pete Seeger. Y en la bisagra, obvio, que empezó a entreverse en The Freewhelin'... –aunque muchos no lo notaran entonces-, prendió mecha en el tremendo y nodal The Times They Are a-Changin -el de “Masters of War”-, y finalmente detonó en Bringing It All Back Home. Discos que, vistos en cadena, enriquecerían hasta el paroxismo a un rock and roll aún dominado por el "nena, nena, yo te amo" y, a su vez, destronaría al mismo Bob del cetro folk. Prueba al canto: cuando el tipo apareció en el Newport '65, acompañado por la Paul Butterfield Blues Band y una viola eléctrica en favor de una poderosa versión de “Maggie`s Farm”, ya estaba en marcha el primer gran lío de la historia del rock.
[Fuente: pagina12.com.ar]
Los rubios surfistas de California y sus chicas playeras se rendían a los pies de “Surfin' Safari”, de los Beach Boys, o de “Baby Talk”, de Jan and Dean. El sonido Mersey hacía estragos entre los demás jóvenes, al igual que las resonancias persistentes de “Runaway”, hit de Del Shannon, y la maravillosa “Green Onions”, a cargo de Booker T and the MG's. Los primeros temitas de Herman's Hermits, el quinteto rubio de Manchester, junto al alba de The Beatles al tranco pop de “Love Me Do”, el disco debut de Stevie Wonder y aquí Astor Piazzolla grabando el enorme Nuestro tiempo configuraban el marco, el contexto, los tiempos en que un personaje hermético e irascible vino a ponerle los puntos a todo eso. Bob Dylan, por supuesto.
“Las cosas estaban adormecidas entonces”, diría Bob Dylan en el Volumen I de sus Crónicas, sobre aquellos momentos en los que casualmente germinaba su epónimo disco debut, que terminó viendo la luz el 19 de marzo de 1962, sesenta puntuales años atrás, y once días antes del nacimiento de los Rolling Stones. Lo había grabado en escuetas tres sesiones y a bajísimo presupuesto, entre el 20 y el 22 de noviembre del año anterior. Tenía 20 años Bob, en ambas instancias, pero podía hablarse ya de una vida intensa, desafiante, medio alunada. O de los tempranos trazos que así la perfilaban. Claro que se ha contado sobre ellos innumerables veces, con las antedichas crónicas como mascarón de proa, pero aquí solo se reparará en cinco pasajes de la vida de Dylan que sucedieron antes del disco debut y que, por supuesto, están directamente relacionados con él.
Cuando salió Bob Dylan, hacía apenas un año que el trovador de Minnesota trashumaba por los bares del Greenwich Village neoyorkino. Clave entre ellos fueron el Café Wha?, donde tocaba la armónica perdido entre poetas, magos y cómicos, para el cantante y maestro de ceremonias Freddy Neil. También The Gaslight, hervidero de hipsters del que lógicamente sacaría material para su pluma. O el Gerde's Folk City, el más importante tal vez, porque fue el antro donde lo vieron y lo escribieron desde el New York Times, y donde una de las noches llegó a telonear al enorme John Lee Hooker, entre marineros y universitarios.
Ese ser y estar bohemio fue el que encontró a Dylan con John Hammond, personaje nodal en esta historia. Se conocieron en el Club 47 de Cambridge, y poco fue el tiempo que transcurrió entre ese encuentro embebido en copas y el contrato que Bob terminó firmando con Columbia Records, a instancias del tenaz productor neoyorkino. Fue tal el cuchillo que cortó definitivamente el lazo entre aquel Robert Zimmerman de clase media “medio rural” que había abandonado su pueblo en busca de amores, luchas y libertades, y éste Bob Dylan -así empezó a hacerse llamar por entonces- que se metía de lleno, y a pleno, en la movida sombría y contracultural del Greenwich.
El encuentro cara a cara con Woody Guthrie, su maestro, en enero del '61, es otra de las prendas que vistió su disco debut. Ya en su pueblo natal, escuchar esas ásperas y melancólicas piezas había hecho que el armoniquista dejara de seguir a Jerry Lee Lewis, o bailar al ritmo de “Blue Suede Shoes”, para impregnarse de los sentimientos taciturnos del folk o del blues campestre. Suma: Dylan no volvió a ser igual después de leer Bound for Glory, la autobiografía de su adorado Guthrie.
La huella del maestro Oklahoma de hecho empieza a notarse en ciertas poesías que Dylan escribe antes de su viaje. “My Life in a Stolen Moment” y –hecha canción- “When I Got Troubles”, entre ellas. También tenía escuchados ya a Hank Williams, Muddy Waters y Sonny Boy Williamson, y leído a los poetas beat al formar parte de The Shadow Blasters, o meter armónica en cuatro temas del disco de The Clancy Brothers, grupo de folklore tradicional (y combativo) irlandés.
Imposible entender los quiebres ideológicos de Dylan sin recalar en su romance con Suze Rotolo, musa inspiradora de sus primeros años, con quien empezó a convivir a principios del '62. Fue ella quien generó en el cantante las inquietudes sociales y políticas que luego él transformaría en canciones. La influencia de Suze, en rigor, se notaría claramente en el ríspido y politizado The Freewbeelin' Bob Dylan. Es ella además la que posa con él en la tapa tal disco, que muestra a ambos caminando juntos por las calles de Nueva York, bajo un frío feroz.
Sin tales preludios resultaría harto complejo descifrar los pequeños enigmas del primer disco de Bob Dylan, el de su foto al frente y con boina negra en la tapa. Austero en recursos artísticos y también económicos -su grabación costó apenas unos 400 dólares e inicialmente solo vendió cinco mil copias-, el legendario punto de partida de su gira interminable está plenamente subsumido en la tradición folk. Publicado por Columbia a instancias del insistente Hammond, como se dijo, lo habitan trece temas, cuya mayoría -a la usanza folk-blues de la época- son versiones de otros, a excepción de dos: “Talkin' New York” y “Song to Woody”.
La primera canción narra, bajo el maderoso y simple sonido de su guitarra, las vivencias del joven Bob al llegar a la gran urbe neoyorkina, en pleno invierno, donde tenía que tocar la armónica por un dólar al día para sobrevivir. La segunda, en cambio, es un tanto más bella, más emotiva. Habla de su faro mayor -Guthrie, claro-, traducido en sus pobres campesinos, en un mundo “hambriento y cansado”. La sentida pieza también hace referencia a Leadbelly y a Sonny Boy Williamson I, que ya habían dejado este mundo.
El resto del trabajo es de versiones. Canciones transmitidas de generación en generación. Cinco de ellas grabadas en una sola toma, pese a las quejas del Hammond productor. Entre ellas, “Baby, Let Me Follow You Down”, folk tradicional cuya primera grabación data de 1935, en las garras de Big Bill Broonzy y Jazz Gillum. “In My Time of Dying”, gospel tradicional de los '20 que el joven Dylan tradujo en clave de folk veloz y rabioso y, trece años después, Led Zeppelin recrearía en el maravilloso Physical Graffiti. “Gospel Plow”, un espiritual bíblico y afroamericano, cuyo antecedente inmediato al Dylan I había sido la versión de Duke Ellington en el Festival de Jazz de Newport, en 1958, y le cabe la misma impronta que a la anterior: ambos fueron arregladas por Bob. “Lo que hacía entonces era mirar la tradición y trabajar sobre ella”, comentaría él luego, englobando matices de aquellas trovas ariscas “servidas con fuego y azufre”.
La rutera “Highway 51 Blues”, atribuida al pianista de blues Curtis Jones, y “Freight Train Blues”, pieza con patente hillbilly -estilo que también atrapaba al joven Bob- completan el puñado de canciones que el vate grabó en una sola toma. No muchas más usó, claro, para eternizar una desgarrada reversión de la balada escocesa “The Daemon Lover”; la épica reinterpretación “House of the Risin' Sun”, como paso previo a que los Animals de Eric Burdon la llevaran a la cumbre popular; “Man of Constant Sorrow”; “Fixin' to Die”, de Bukka White; “See That My Grave Is Kept Clean”, de Blind Lemon Jefferson -blues rural que Bob convierte en folk-, y “Baby, Let Me Follow You Down” -otra gema tradicional que el rapsoda de Minnesota y los Hawks transformarían en rabia pura durante el famoso concierto en el Free Trade Hall de Manchester, en 1966, cuando le gritaron Judas antes de tocar “Like a Rolling Stone”-, completan este racimo de piezas poco radiables, nada comerciales, que le sacaban edulcorante al soft folk de la era.
Entre las canciones grabadas en los estudios de Columbia que quedaron fuera del primer disco figuran tres que fueron a parar al compilado 'The Bootleg Series Volumes 1–3 (Rare & Unreleased) 1961–1991'. Ellas son “House Carpenter”, “He Was a Friend of Mine” y la tercera composición suya, “Man on the Street”. Otra de Guthrie , “Ramblin' Blues”, permanece inédita.
A poco de editar su primer disco, y de registrar veintiséis canciones en la casa de Bonnie Beecher, en Minneapolis, y conmocionado por la marcha por la libertad motorizada por Martin Luther King y las reacciones violentas del Ku Klux Klan, el juglar compuso “Blowin' in the Wind”, himno e hito de toda una generación. En coincidencia temporal con tal germen, se convenció de que debía cambiar legalmente su nombre. Y ya nadie más lo llamó Robert. A fin de año, cuando viajó por primera vez a Inglaterra para actuar en el programa televisivo The Madhouse on Castle Street –donde hizo de anarquista y tocó por primera vez “Blowin'…”- ya era Bob Dylan por donde se lo mirara, viera o escuchara. En el Newport '63, donde cincuenta mil personas lo coronaron rey del folk. En la “Marcha sobre Washington”, donde cantó gemas contra el racismo junto a la reina del folk Joan Baez y Pete Seeger. Y en la bisagra, obvio, que empezó a entreverse en The Freewhelin'... –aunque muchos no lo notaran entonces-, prendió mecha en el tremendo y nodal The Times They Are a-Changin -el de “Masters of War”-, y finalmente detonó en Bringing It All Back Home. Discos que, vistos en cadena, enriquecerían hasta el paroxismo a un rock and roll aún dominado por el "nena, nena, yo te amo" y, a su vez, destronaría al mismo Bob del cetro folk. Prueba al canto: cuando el tipo apareció en el Newport '65, acompañado por la Paul Butterfield Blues Band y una viola eléctrica en favor de una poderosa versión de “Maggie`s Farm”, ya estaba en marcha el primer gran lío de la historia del rock.
[Fuente: pagina12.com.ar]
Primera mujer que tocó una guitarra eléctrica: Mary Osborne (1938)
Mary Osborne nació en Minot (Dakota del Norte) el 17 de julio de 1921. Sus padres tenían aficiones musicales, ambos tocaban la guitarra y la madre, además, cantaba. Su padre, barbero de oficio, dirigió una pequeña banda. De modo que la niña creció en un ambiente propicio para fomentar la que sería primero su afición y luego su trabajo profesional.
Mary, con cuatro años de edad, empezó el aprendizaje de canto, baile e interpretación de varios instrumentos; más tarde, cuando tenía nueve, su padre le regaló una guitarra por Navidad. Mucho tiempo después, Osborne le dijo a la escritora Linda Dahl: "Cuando tuve entre mis manos aquella guitarra supe que era el instrumento que quería tocar el resto de mi vida".
Siendo adolescente, organizó un trio femenino que actuó en un programa de radio local dos veces por semana durante un par de años. Por entonces, era una entusiasta del vibrafonista Red Norvo y de la cantante Mildred Bailey. Escuchaba en su casa las actuaciones de estas estrellas, retransmitidas en directo desde el restaurante Blackhawk de Chicago (Illinois).
Con diecisiete años ya era una gran aficionada al jazz y una admiradora incondicional de Django Reinhardt, Eddie Lang y Dick McDonough, sus guitarristas favoritos. Por esa época, tuvo la oportunidad de escuchar personalmente en un club de Bismark, ciudad situada a casi 200 kilómetros de Minot, al grupo de Alphonse Trent, del que formaba parte un joven llamado Charlie Christian. Cuando entró en el local, pensó que sonaba un saxo tenor; nunca había escuchado a un guitarrista tocar solos como los de Christian. Cuando terminó la actuación, consiguió hablar con él, a quien le impresionó el prodigioso oído de la chica, que había reconocido unos cambios de acordes utilizados por Django Reinhardt en “Honeysuckle Rose” y que él había reproducido. Le dio varios consejos e ideas musicales, entre ellos que no se apresurase, que cuidara su tempo; también la indicó que se comprase una guitarra eléctrica y un amplificador. Además, tocaron conjuntamente algunos temas e iniciaron, en palabras del hijo de Mary, una agradable amistad.
En 1938, con una guitarra eléctrica recién adquirida y entusiasmada con su nuevo sonido, Osborne salió de gira con un trío femenino liderado por la pianista Winifred McDonald. Interpretaban, sobre todo, temas bailables, algo de jazz y canciones pop de The Andrews Sisters. Como Mary era menor de edad, Winifred, que siguió siendo amiga suya durante toda la vida, se convirtió en su tutora legal. El trío viajó por Dakota del Norte y Minnesota, tocando en clubs y programas de radio antes de realizar uno diario en la emisora KDKA de Filadelfia (Pensilvania). Al cabo de un año en esta ciudad, Buddy Rogers, conocido actor y líder de banda, contrató al trío para su espectáculo. Pero, a principios de 1940, tras una actuación en Nueva York, disolvió la orquesta y, unas semanas después, las tres chicas también se separaron de forma amistosa, ya que todas habían conocido a los que serían sus maridos, incluida Mary.
En Nueva York, el inicio de la década de los años 40 fue muy productivo para Osborne. Además de grabar con las bandas del saxo tenor Bob Chester y del pianista y cantante Terry Shand, trabajó con otras populares agrupaciones. Consiguió un contrato para actuar los sábados por la tarde en la orquesta del Minton's Playhouse, un club donde tocaron grandes músicos. Fue allí donde colaboró por primera vez con Coleman Hawkins, Ben Webster, Dizzy Gillespie y Art Tatum, quienes más tarde la contrataron para conciertos y grabaciones.
En 1941, el violinista de jazz Joe Venuti seguía buscando un guitarrista para reemplazar a Eddie Lang, fallecido en 1933, ya que aún no había encontrado un sustituto adecuado. El trompetista Ralph Scaffidi le sugirió que escuchase a su novia, Mary Osborne. Cuando se corrió la voz de que ésta iba a realizar una prueba, varios músicos acudieron allí para divertirse a costa de la chica. Venuti eligió una melodía de los años 20, tipo "Wild Cat" o "Chop Suey". Cuando Osborne le pidió la clave, Venuti le dijo: "Yo comienzo solo y tú me sigues". Así que empezó a un ritmo frenético, pero ella le seguía en todos los cambios, incluso cuando los realizó cada cuatro compases. La prueba se prolongó durante 10 o 15 minutos, al cabo de los cuales Venuti dijo: “¡Estás contratada. Te vienes conmigo de gira!”.
En su nuevo espectáculo, Venuti presentaba a la cantante Kay Starr y luego a The Andrews Sisters. A continuación, él y Osborne tocaban a dúo durante 20 minutos o más. Joe tenía programada una gira por la costa Oeste y pidió a Mary que se uniera al grupo. Le dijo: "Batiremos récords y será genial. Si vienes conmigo, te daré la guitarra de Eddie Lang". Sin embargo, ella se quedó en Nueva York porque quería contraer matrimonio con su novio.
A finales de 1942, Mary Osborne se casó con Ralph Scaffidi en Nueva York. Poco tiempo después, les contrató el famoso líder de banda Russ Morgan para un concierto en el hotel Edgewater Beach de Chicago, un complejo de recreo junto al lago Michigan, en el que Morgan mantenía una orquesta permanente. Osborne aprovechó la estancia para actuar en varios clubs de aquella ciudad, entre ellos el prestigioso Chez Paree. En 1944, grabó varios discos –“Blues In Mary's Flat / Blues In Stuff's Flat”, “I Got Rhythm” y “ Sweet Lorraine”- con el cuarteto del violinista Stuff Smith, grupo formado por éste, Jimmy Jones (piano), Mary Osborne (guitarra) y John Levy (contrabajo).
En 1945, debido a la influencia de su amigo Leonard Feather, famoso músico, escritor y productor, participó en Esquire's 2nd Annual All-American Jazz Concert, que organizaba dicha revista en el Auditorio Municipal de Nueva Orleans. El espectáculo se retransmitió por la red nacional de emisoras de radio en conexión simultánea desde Nueva York, Los Ángeles y Nueva Orleans, algo de gran importancia en esa época. Osborne cantó el popular tema de George e Ira Gershwin "Embraceable You" y tocó una versión del standard "Rose Room". La acompañó el grupo Louis Prima’s Band, formado por Louis Prima (trompeta), Julian Lane (trombón), Bunny Franks (saxo barítono), Irving Fazola (clarinete), Frank Frederico (guitarra rítmica), Pete Lauderman (piano), Charlie Drake (batería).
Desde 1945 hasta 1949, Mary Osborne grabó numerosos discos, lideró su propio trío y tocó en importantes clubs nocturnos de Nueva York, como Village Vanguard, Hickory House y Kelly’s Stables.
En una entrevista dijo a Linda Dahl: “Tocar en Kelly's era como hacerlo para el mundo entero. Cualquier celebridad, estrella del cine, músico, líder de orquesta... todos pasaban por allí. Pero, a la vez, era un trabajo arriesgado; tenías que tocar con serenidad, no podías ponerte nerviosa delante de aquel público.”
En aquella década de tanta actividad para ella, mirando hacia atrás muchos años después, contó que sólo en una ocasión su presencia provocó un comentario sexista de un compañero músico, quien la acusó de usar lo que él llamaba "el truco de las chicas" para triunfar en el mundo del jazz. Mary le dijo que la había decepcionado como persona y se alejó sin hacer más comentarios. “Nunca conseguí ni conservé un trabajo por ser mujer. Todo lo que logré fue debido a mi esfuerzo y a mi forma de interpretar música”.
A principios de la década de los años 50, Mary Osborne seguía trabajando activamente y grabando con músicos tan prestigiosos como Ben Webster, Dizzy Gillespie y Mel Tormé; pero, a pesar de su talento y versatilidad, aún no había alcanzado el status de estrella. En 1951, intervino en el programa de televisión The Arthur Godfrey's Talent Scouts, actuación que alabó el crítico de jazz Leonard Feather en la revista Downbeat. Sin embargo, fue en la radio donde consiguió su éxito más significativo, en The Jack Sterling Show, un popular espacio matutino diario que se emitió durante once años, desde 1952 hasta 1963.
En 1954, Leonard Feather patrocinó un curioso álbum, una auténtica rareza en la historia del jazz, titulado 'CATS vs. CHICKS', donde se "enfrentaban", musicalmente hablando, un septeto de hombres con otro de mujeres. Según las opiniones de los conocidos críticos Nat Hentoff y Barry Ulanov se impuso el septeto femenino.
Entre 1955 y 1959, Osborne dio a luz tres hijos. Durante esos años, grabó en Nueva York tres álbumes con Tyree Glenn: 'At The Embers', 'Let's Have A Ball' y 'Tyree Glenn At The Roundtable'.
Mientras estaba embarazada de su tercer hijo, grabó el álbum 'A Girl and Her Guitar', donde tuvo la oportunidad de interpretar sus primeros solos de jazz de cierta duración. Osborne hacía mucho tiempo que había demostrado sus grandes habilidades y es de lamentar que no grabase muchos más temas de jazz como los que se escuchan en este álbum.
En 1962, Mary Osborne sintió que quizás se había adaptado a un ritmo demasiado cómodo en su forma de tocar jazz, por lo que decidió tomar lecciones de guitarra clásica. Eligió como profesor a Alberto Valdés Blain, discípulo de Andrés Segovia, con quien estuvo estudiando hasta 1968, con objeto de añadir la digitación clásica, sin usar la púa, a su propio estilo.
También participó en la grabación de un álbum con las dos famosas estrellas de la batería Gene Krupa y Louis Bellson.
En septiembre de 1967, el marido de Osborne, Ralph Scaffidi, recibió una llamada de Phil Brenner, un conocido músico que trabajaba para Mosrite Guitar Company. Brenner pensó que la personalidad y el conocimiento de la música de Scaffidi lo convertirían en un buen representante de ventas. Después de un viaje a Bakersfield para familiarizarse con los hermanos Moseley y saber que Glen Campbell, Buck Owens, The Ventures y otros importantes artistas usaban instrumentos de la empresa, aceptó el trabajo. Además, creyó que tanto su mujer como él podían rejuvenecer sus carreras como músicos en la costa Oeste. La familia Scaffidi se instaló en Bakersfield (California), pero a principios de octubre de 1968, cuando se dio cuenta de los problemas internos de la empresa, Ralph dejó el trabajo. Los hechos confirmaron sus sospechas. En 1969, Mosrite se declaró en quiebra.
Eddie Sanner, el ingeniero electrónico de la compañía, quería desarrollar una caja de fuzz mejor. Ante la negativa de la empresa, Scaffidi convenció a los inversores Morris Rosenberg y Ben Sacco para crear una nueva, Rosac Electronics. Ralph y Eddie desarrollaron Nu-Fuzz y el negocio funcionó bien, aunque su mejor producto fue un pedal de aluminio fundido con robustos engranajes de acero, con el que que Isaac Hayes consiguió el famoso sonido de guitarra en la grabación de 'Shaft'.
La empresa también fabricaba amplificadores y equipos de megafonía, pero la competencia en el mercado era feroz y Rosac no pudo aguantar y tuvo que cerrar a mediados de los 70. Mary Osborne y su marido fundaron entonces Osborne Guitar Company con la intención de construir guitarras y bajos eléctricos de cuerpo sólido. Desgraciadamente, encontraron muchas dificultades para abrirse camino en el mercado, debido en parte al dominio de Fender en ese momento.
Sin inmutarse, Scaffidi buscó aprovechar sus años de experiencia en la venta de instrumentos musicales y en la construcción y comercialización de amplificadores y sistemas de megafonía. Así que la empresa se convirtió en Osborne Sound Laboratories y se centró en la electrónica. Ralph compró una gran cantidad de altavoces Phillips y Eminence para usarlos en sus amplificadores de nuevo diseño y su mujer probaba personalmente cada uno de ellos. Lamentablemente, la empresa no funcionó y dejó de operar en 1980.
Mientras vivían en Bakersfield (California), Mary Osborne continuó tocando jazz esporádicamente, se dedicó a la enseñanza en la Universidad Pública de dicha ciudad, colaboró con la orquesta sinfónica local y dio clases en una escuela para niños ciegos.
El 30 de junio de 1977 participó en el Concierto de Monticello Room (Rochester, Nueva York), donde se grabó el álbum 'Now's The Time!', cuyo título reflejaba la voluntad de Marian McParland de que “¡había llegado el momento!" de sacar del anonimato a las mujeres intérpretes en el mundo del jazz y contrarrestar las ideas erróneas acerca de su forma de tocar. El álbum, que se grabó en directo, contenía ocho títulos, todos ellos populares standards.
En 1978, la guitarrista actuó en la primera edición del The Kansas City Women’s Jazz Festival (WJF) como integrante de un sexteto All-Stars formado por Marian McPartland (piano, líder de banda), Janice Robinson (trombón), Mary Fettig (saxo alto), Lynn Milano (contrabajo) y Dottie Dodgion (batería), tocando standards que entusiasmaron a los asistentes.
Su aparición en el verano de 1981 en el Carnegie Hall de Nueva York en el marco del Kool Jazz Festival fue recibida calurosamente por el público. Su interpretación todavía revelaba rastros de la influencia de Charlie Christian, pero también que había continuado refinando esa influencia y convertido su temprano y agresivo sonido swing en algo sutil y único.
En 1989 tocó en Los Angeles Classic Jazz Festival, donde cantó el conocido standard "The Man I Love", acompañada sólo por su guitarra. La crítica destacó la profundidad del sentimiento interpretativo, un raro ejercicio de blues urbano.
En 1990 actuó junto con Lionel Hampton en The Playboy Jazz Festival, en el Hollywood Bowl de Los Angeles (California), demostrando que continuaba siendo una excelente guitarrista y fue, según la opinión de los expertos, la estrella del espectáculo.
Su última actuación pública tuvo lugar en el Village Vanguard de Nueva York, en agosto de 1991. Las críticas del espectáculo fueron excelentes, y la noche de clausura pudo tocar un tema con sus hijos, Pete y Ralph, Jr. En ese momento, pocos sabían que Osborne padecía una grave enfermedad hepática a consecuencia de la leucemia que le habían diagnosticado años antes.
Mary Osborne falleció el 4 de marzo de 1992 en Bakersfield (California), a los setenta años de edad. “Padecía un tipo de cáncer que progresaba lentamente y ella, sencillamente, se mantenía”, dijo su hijo Pete. Su marido, Ralph J. Scafidi, murió el 7 de noviembre de 1996. Ambos están enterrados juntos. En la lápida de su tumba figura la inscripción “Together Forever”.
Poco después de su muerte, Stash Records Inc. publicó el álbum 'Mary Osborne: A Memorial', que contenía once temas grabados por ella en 1959 y seis, en 1981. En marzo del año siguiente a su fallecimiento, se creó una beca con su nombre en la California State University.
[Fuente: classicjazzstandards.com]
Mary, con cuatro años de edad, empezó el aprendizaje de canto, baile e interpretación de varios instrumentos; más tarde, cuando tenía nueve, su padre le regaló una guitarra por Navidad. Mucho tiempo después, Osborne le dijo a la escritora Linda Dahl: "Cuando tuve entre mis manos aquella guitarra supe que era el instrumento que quería tocar el resto de mi vida".
Siendo adolescente, organizó un trio femenino que actuó en un programa de radio local dos veces por semana durante un par de años. Por entonces, era una entusiasta del vibrafonista Red Norvo y de la cantante Mildred Bailey. Escuchaba en su casa las actuaciones de estas estrellas, retransmitidas en directo desde el restaurante Blackhawk de Chicago (Illinois).
Con diecisiete años ya era una gran aficionada al jazz y una admiradora incondicional de Django Reinhardt, Eddie Lang y Dick McDonough, sus guitarristas favoritos. Por esa época, tuvo la oportunidad de escuchar personalmente en un club de Bismark, ciudad situada a casi 200 kilómetros de Minot, al grupo de Alphonse Trent, del que formaba parte un joven llamado Charlie Christian. Cuando entró en el local, pensó que sonaba un saxo tenor; nunca había escuchado a un guitarrista tocar solos como los de Christian. Cuando terminó la actuación, consiguió hablar con él, a quien le impresionó el prodigioso oído de la chica, que había reconocido unos cambios de acordes utilizados por Django Reinhardt en “Honeysuckle Rose” y que él había reproducido. Le dio varios consejos e ideas musicales, entre ellos que no se apresurase, que cuidara su tempo; también la indicó que se comprase una guitarra eléctrica y un amplificador. Además, tocaron conjuntamente algunos temas e iniciaron, en palabras del hijo de Mary, una agradable amistad.
En 1938, con una guitarra eléctrica recién adquirida y entusiasmada con su nuevo sonido, Osborne salió de gira con un trío femenino liderado por la pianista Winifred McDonald. Interpretaban, sobre todo, temas bailables, algo de jazz y canciones pop de The Andrews Sisters. Como Mary era menor de edad, Winifred, que siguió siendo amiga suya durante toda la vida, se convirtió en su tutora legal. El trío viajó por Dakota del Norte y Minnesota, tocando en clubs y programas de radio antes de realizar uno diario en la emisora KDKA de Filadelfia (Pensilvania). Al cabo de un año en esta ciudad, Buddy Rogers, conocido actor y líder de banda, contrató al trío para su espectáculo. Pero, a principios de 1940, tras una actuación en Nueva York, disolvió la orquesta y, unas semanas después, las tres chicas también se separaron de forma amistosa, ya que todas habían conocido a los que serían sus maridos, incluida Mary.
En Nueva York, el inicio de la década de los años 40 fue muy productivo para Osborne. Además de grabar con las bandas del saxo tenor Bob Chester y del pianista y cantante Terry Shand, trabajó con otras populares agrupaciones. Consiguió un contrato para actuar los sábados por la tarde en la orquesta del Minton's Playhouse, un club donde tocaron grandes músicos. Fue allí donde colaboró por primera vez con Coleman Hawkins, Ben Webster, Dizzy Gillespie y Art Tatum, quienes más tarde la contrataron para conciertos y grabaciones.
En 1941, el violinista de jazz Joe Venuti seguía buscando un guitarrista para reemplazar a Eddie Lang, fallecido en 1933, ya que aún no había encontrado un sustituto adecuado. El trompetista Ralph Scaffidi le sugirió que escuchase a su novia, Mary Osborne. Cuando se corrió la voz de que ésta iba a realizar una prueba, varios músicos acudieron allí para divertirse a costa de la chica. Venuti eligió una melodía de los años 20, tipo "Wild Cat" o "Chop Suey". Cuando Osborne le pidió la clave, Venuti le dijo: "Yo comienzo solo y tú me sigues". Así que empezó a un ritmo frenético, pero ella le seguía en todos los cambios, incluso cuando los realizó cada cuatro compases. La prueba se prolongó durante 10 o 15 minutos, al cabo de los cuales Venuti dijo: “¡Estás contratada. Te vienes conmigo de gira!”.
En su nuevo espectáculo, Venuti presentaba a la cantante Kay Starr y luego a The Andrews Sisters. A continuación, él y Osborne tocaban a dúo durante 20 minutos o más. Joe tenía programada una gira por la costa Oeste y pidió a Mary que se uniera al grupo. Le dijo: "Batiremos récords y será genial. Si vienes conmigo, te daré la guitarra de Eddie Lang". Sin embargo, ella se quedó en Nueva York porque quería contraer matrimonio con su novio.
A finales de 1942, Mary Osborne se casó con Ralph Scaffidi en Nueva York. Poco tiempo después, les contrató el famoso líder de banda Russ Morgan para un concierto en el hotel Edgewater Beach de Chicago, un complejo de recreo junto al lago Michigan, en el que Morgan mantenía una orquesta permanente. Osborne aprovechó la estancia para actuar en varios clubs de aquella ciudad, entre ellos el prestigioso Chez Paree. En 1944, grabó varios discos –“Blues In Mary's Flat / Blues In Stuff's Flat”, “I Got Rhythm” y “ Sweet Lorraine”- con el cuarteto del violinista Stuff Smith, grupo formado por éste, Jimmy Jones (piano), Mary Osborne (guitarra) y John Levy (contrabajo).
En 1945, debido a la influencia de su amigo Leonard Feather, famoso músico, escritor y productor, participó en Esquire's 2nd Annual All-American Jazz Concert, que organizaba dicha revista en el Auditorio Municipal de Nueva Orleans. El espectáculo se retransmitió por la red nacional de emisoras de radio en conexión simultánea desde Nueva York, Los Ángeles y Nueva Orleans, algo de gran importancia en esa época. Osborne cantó el popular tema de George e Ira Gershwin "Embraceable You" y tocó una versión del standard "Rose Room". La acompañó el grupo Louis Prima’s Band, formado por Louis Prima (trompeta), Julian Lane (trombón), Bunny Franks (saxo barítono), Irving Fazola (clarinete), Frank Frederico (guitarra rítmica), Pete Lauderman (piano), Charlie Drake (batería).
Desde 1945 hasta 1949, Mary Osborne grabó numerosos discos, lideró su propio trío y tocó en importantes clubs nocturnos de Nueva York, como Village Vanguard, Hickory House y Kelly’s Stables.
En una entrevista dijo a Linda Dahl: “Tocar en Kelly's era como hacerlo para el mundo entero. Cualquier celebridad, estrella del cine, músico, líder de orquesta... todos pasaban por allí. Pero, a la vez, era un trabajo arriesgado; tenías que tocar con serenidad, no podías ponerte nerviosa delante de aquel público.”
En aquella década de tanta actividad para ella, mirando hacia atrás muchos años después, contó que sólo en una ocasión su presencia provocó un comentario sexista de un compañero músico, quien la acusó de usar lo que él llamaba "el truco de las chicas" para triunfar en el mundo del jazz. Mary le dijo que la había decepcionado como persona y se alejó sin hacer más comentarios. “Nunca conseguí ni conservé un trabajo por ser mujer. Todo lo que logré fue debido a mi esfuerzo y a mi forma de interpretar música”.
A principios de la década de los años 50, Mary Osborne seguía trabajando activamente y grabando con músicos tan prestigiosos como Ben Webster, Dizzy Gillespie y Mel Tormé; pero, a pesar de su talento y versatilidad, aún no había alcanzado el status de estrella. En 1951, intervino en el programa de televisión The Arthur Godfrey's Talent Scouts, actuación que alabó el crítico de jazz Leonard Feather en la revista Downbeat. Sin embargo, fue en la radio donde consiguió su éxito más significativo, en The Jack Sterling Show, un popular espacio matutino diario que se emitió durante once años, desde 1952 hasta 1963.
En 1954, Leonard Feather patrocinó un curioso álbum, una auténtica rareza en la historia del jazz, titulado 'CATS vs. CHICKS', donde se "enfrentaban", musicalmente hablando, un septeto de hombres con otro de mujeres. Según las opiniones de los conocidos críticos Nat Hentoff y Barry Ulanov se impuso el septeto femenino.
Entre 1955 y 1959, Osborne dio a luz tres hijos. Durante esos años, grabó en Nueva York tres álbumes con Tyree Glenn: 'At The Embers', 'Let's Have A Ball' y 'Tyree Glenn At The Roundtable'.
Mientras estaba embarazada de su tercer hijo, grabó el álbum 'A Girl and Her Guitar', donde tuvo la oportunidad de interpretar sus primeros solos de jazz de cierta duración. Osborne hacía mucho tiempo que había demostrado sus grandes habilidades y es de lamentar que no grabase muchos más temas de jazz como los que se escuchan en este álbum.
En 1962, Mary Osborne sintió que quizás se había adaptado a un ritmo demasiado cómodo en su forma de tocar jazz, por lo que decidió tomar lecciones de guitarra clásica. Eligió como profesor a Alberto Valdés Blain, discípulo de Andrés Segovia, con quien estuvo estudiando hasta 1968, con objeto de añadir la digitación clásica, sin usar la púa, a su propio estilo.
También participó en la grabación de un álbum con las dos famosas estrellas de la batería Gene Krupa y Louis Bellson.
En septiembre de 1967, el marido de Osborne, Ralph Scaffidi, recibió una llamada de Phil Brenner, un conocido músico que trabajaba para Mosrite Guitar Company. Brenner pensó que la personalidad y el conocimiento de la música de Scaffidi lo convertirían en un buen representante de ventas. Después de un viaje a Bakersfield para familiarizarse con los hermanos Moseley y saber que Glen Campbell, Buck Owens, The Ventures y otros importantes artistas usaban instrumentos de la empresa, aceptó el trabajo. Además, creyó que tanto su mujer como él podían rejuvenecer sus carreras como músicos en la costa Oeste. La familia Scaffidi se instaló en Bakersfield (California), pero a principios de octubre de 1968, cuando se dio cuenta de los problemas internos de la empresa, Ralph dejó el trabajo. Los hechos confirmaron sus sospechas. En 1969, Mosrite se declaró en quiebra.
Eddie Sanner, el ingeniero electrónico de la compañía, quería desarrollar una caja de fuzz mejor. Ante la negativa de la empresa, Scaffidi convenció a los inversores Morris Rosenberg y Ben Sacco para crear una nueva, Rosac Electronics. Ralph y Eddie desarrollaron Nu-Fuzz y el negocio funcionó bien, aunque su mejor producto fue un pedal de aluminio fundido con robustos engranajes de acero, con el que que Isaac Hayes consiguió el famoso sonido de guitarra en la grabación de 'Shaft'.
La empresa también fabricaba amplificadores y equipos de megafonía, pero la competencia en el mercado era feroz y Rosac no pudo aguantar y tuvo que cerrar a mediados de los 70. Mary Osborne y su marido fundaron entonces Osborne Guitar Company con la intención de construir guitarras y bajos eléctricos de cuerpo sólido. Desgraciadamente, encontraron muchas dificultades para abrirse camino en el mercado, debido en parte al dominio de Fender en ese momento.
Sin inmutarse, Scaffidi buscó aprovechar sus años de experiencia en la venta de instrumentos musicales y en la construcción y comercialización de amplificadores y sistemas de megafonía. Así que la empresa se convirtió en Osborne Sound Laboratories y se centró en la electrónica. Ralph compró una gran cantidad de altavoces Phillips y Eminence para usarlos en sus amplificadores de nuevo diseño y su mujer probaba personalmente cada uno de ellos. Lamentablemente, la empresa no funcionó y dejó de operar en 1980.
Mientras vivían en Bakersfield (California), Mary Osborne continuó tocando jazz esporádicamente, se dedicó a la enseñanza en la Universidad Pública de dicha ciudad, colaboró con la orquesta sinfónica local y dio clases en una escuela para niños ciegos.
El 30 de junio de 1977 participó en el Concierto de Monticello Room (Rochester, Nueva York), donde se grabó el álbum 'Now's The Time!', cuyo título reflejaba la voluntad de Marian McParland de que “¡había llegado el momento!" de sacar del anonimato a las mujeres intérpretes en el mundo del jazz y contrarrestar las ideas erróneas acerca de su forma de tocar. El álbum, que se grabó en directo, contenía ocho títulos, todos ellos populares standards.
En 1978, la guitarrista actuó en la primera edición del The Kansas City Women’s Jazz Festival (WJF) como integrante de un sexteto All-Stars formado por Marian McPartland (piano, líder de banda), Janice Robinson (trombón), Mary Fettig (saxo alto), Lynn Milano (contrabajo) y Dottie Dodgion (batería), tocando standards que entusiasmaron a los asistentes.
Su aparición en el verano de 1981 en el Carnegie Hall de Nueva York en el marco del Kool Jazz Festival fue recibida calurosamente por el público. Su interpretación todavía revelaba rastros de la influencia de Charlie Christian, pero también que había continuado refinando esa influencia y convertido su temprano y agresivo sonido swing en algo sutil y único.
En 1989 tocó en Los Angeles Classic Jazz Festival, donde cantó el conocido standard "The Man I Love", acompañada sólo por su guitarra. La crítica destacó la profundidad del sentimiento interpretativo, un raro ejercicio de blues urbano.
En 1990 actuó junto con Lionel Hampton en The Playboy Jazz Festival, en el Hollywood Bowl de Los Angeles (California), demostrando que continuaba siendo una excelente guitarrista y fue, según la opinión de los expertos, la estrella del espectáculo.
Su última actuación pública tuvo lugar en el Village Vanguard de Nueva York, en agosto de 1991. Las críticas del espectáculo fueron excelentes, y la noche de clausura pudo tocar un tema con sus hijos, Pete y Ralph, Jr. En ese momento, pocos sabían que Osborne padecía una grave enfermedad hepática a consecuencia de la leucemia que le habían diagnosticado años antes.
Mary Osborne falleció el 4 de marzo de 1992 en Bakersfield (California), a los setenta años de edad. “Padecía un tipo de cáncer que progresaba lentamente y ella, sencillamente, se mantenía”, dijo su hijo Pete. Su marido, Ralph J. Scafidi, murió el 7 de noviembre de 1996. Ambos están enterrados juntos. En la lápida de su tumba figura la inscripción “Together Forever”.
Poco después de su muerte, Stash Records Inc. publicó el álbum 'Mary Osborne: A Memorial', que contenía once temas grabados por ella en 1959 y seis, en 1981. En marzo del año siguiente a su fallecimiento, se creó una beca con su nombre en la California State University.
[Fuente: classicjazzstandards.com]
La primera grabación en vinilo fue el aria 'Vesti la Giubba', interpretada por Enrico Caruso (1902)
Para muchos científicos e inventores la idea de crear un instrumento a través del cual pudieran grabar sonidos, y que estos pudieran reproducirse, fue un deseo constante.
En 1857, León Scott patentó su invento, el fonoautógrafo, el cual era capaz de registrar sonidos sobre una superficie de hollín y amplificar la señal a través de una gran corneta o campana, pero estos sonidos podían ser reproducirlos después.
20 años después, en abril de 1877, Charles Cros, presentó el paleófano y Thomas Alva Edison el fonógrafo, ambos sistemas permitían la captura y reproducción de sonidos. En 1881, los científicos Chichester Alexander Bell, Alexander Graham Bell y Charles Tainter, iniciaron trabajos de mejoramiento del fonógrafo de Edison. Logrando conseguir un instrumento al que llamaron grafófono.
La evolución de los discos de vinilo permitió el desarrollo de la industria discográfica. Uno de los primeros pasos fue la empresa que fundaron Emile Berliner y Eldridge Johnson, quien mejoró el gramófono agregándole un motor de resorte que impulsara el plato. Juntos crearon en 1901, Victor Talking Machine Company. Una vez superados los cilindros de Edison, por la producción de discos de vinilo, la industria musical alcanza su mayor cima en 1910, dando inicio a la consolidación de la industria del sonido.
La primera grabación en un disco de vinilo la hizo en 1902 el tenor italiano Enrico Caruso. Su aria 'Vesti la Giubba', de la ópera Pagliacci, fue un éxito en ventas, convirtiéndose en unos de los artistas más importantes de su época.
En 1919 las patentes básicas de los discos de corte lateral llegaron a su fin, dando paso a nuevos competidores que producían los discos analógicos. El vinilo representó un gran avance, pues se trataba de un sistema estereofónico, mientras que los sistemas de grabación y reproducción hasta ese momento eran monoaurales.
En 1930, surge RCA Víctor, quienes lanzaron el vinilo de larga duración (LP). El laboratorio Bell, avanzó en el mejoramiento y calidad del disco de vinilo, logrando la grabación del primer disco estéreo en vinilo.
Pero un gran invento se dio en 1938: la aguja de bobina móvil, la cual permitía la grabación en estéreo en un solo canal, siendo un gran avance en la industria musical. Durante años se buscó crear un disco que reuniera las características óptimas para el mercado con diferentes combinaciones de materiales, el único material que logró reunir las características necesarias fue el vinilo, ya que era ligero, resistente y garantizaba una alta calidad de sonido.
En 1948, Peter Goldark y un grupo de científicos de Columbia presentaron el primer LP, llamado 'Viny/ite' de 12" LP, de 331/3 rpm. Posteriormente la RCA Víctor, lanzó su primer sencillo de 45 rpm y 7" de diámetro, con una variante en su mecanismo, el cual consistió en que cambiaba los discos directamente para continuar la reproducción.
El desarrollo de la industria musical y de los sellos discográficos se centró en la velocidad de sus formatos; conflicto que resolvió la Recording Industry Association of America (R/AA), quien estableció un estándar de grabación llamado RIAA equalization. En los años 50 se extendió la difusión del sencillo de vinilo de 7" y 45 rpm, mientras que los de 45 rpm fueron llamados Extended Play (EP).
Los años 60 y 70 vieron superar la tecnología y la calidad del sonido dando inicio a una nueva etapa: la de las portadas de los discos. artistas plásticos como Andy Warhol fueron contratados para crear portadas atractivas y originales para álbumes como 'Sticky Fingers' de Rolling Stones, o para Velvet Undergroung & Nico.
Artistas de todos los géneros como pop, blues, rock, entre otros, emplearon portadas atractivas para sus discos, tal fue el caso del disco de 'Sgt Pepper's Lonely Hearts Club Band' del año 1967, creada por Jann Haworth y Peter Blake, lo que los hizo merecedores de un premio Grammy a la Mejor portada de Álbum en 1968.
En estas dos décadas los discos de vinilo vivieron su punto más alto en ventas.
Pero la constante evolución de la tecnología llevó a la decadencia del disco de vinilo. La invención del walkman y los discos compactos (CD), marcaron un declive en su uso. Sin embargo, el disco de vinilo vuelve a surgir gracias a los DJ's, quienes encontraron en ellos y los tornamesas, los medios para crear nuevas corrientes musicales.
El nuevo siglo trajo un nuevo auge de ventas del disco de vinilo en todo el mundo, incrementándose alrededor del 200% por año; cifra sorprendente considerando el valor actual que pueden llegar a alcanzar los discos de colección o últimos en su clase.
[Fuente: eafit.edu.co]
En 1857, León Scott patentó su invento, el fonoautógrafo, el cual era capaz de registrar sonidos sobre una superficie de hollín y amplificar la señal a través de una gran corneta o campana, pero estos sonidos podían ser reproducirlos después.
20 años después, en abril de 1877, Charles Cros, presentó el paleófano y Thomas Alva Edison el fonógrafo, ambos sistemas permitían la captura y reproducción de sonidos. En 1881, los científicos Chichester Alexander Bell, Alexander Graham Bell y Charles Tainter, iniciaron trabajos de mejoramiento del fonógrafo de Edison. Logrando conseguir un instrumento al que llamaron grafófono.
La evolución de los discos de vinilo permitió el desarrollo de la industria discográfica. Uno de los primeros pasos fue la empresa que fundaron Emile Berliner y Eldridge Johnson, quien mejoró el gramófono agregándole un motor de resorte que impulsara el plato. Juntos crearon en 1901, Victor Talking Machine Company. Una vez superados los cilindros de Edison, por la producción de discos de vinilo, la industria musical alcanza su mayor cima en 1910, dando inicio a la consolidación de la industria del sonido.
La primera grabación en un disco de vinilo la hizo en 1902 el tenor italiano Enrico Caruso. Su aria 'Vesti la Giubba', de la ópera Pagliacci, fue un éxito en ventas, convirtiéndose en unos de los artistas más importantes de su época.
En 1919 las patentes básicas de los discos de corte lateral llegaron a su fin, dando paso a nuevos competidores que producían los discos analógicos. El vinilo representó un gran avance, pues se trataba de un sistema estereofónico, mientras que los sistemas de grabación y reproducción hasta ese momento eran monoaurales.
En 1930, surge RCA Víctor, quienes lanzaron el vinilo de larga duración (LP). El laboratorio Bell, avanzó en el mejoramiento y calidad del disco de vinilo, logrando la grabación del primer disco estéreo en vinilo.
Pero un gran invento se dio en 1938: la aguja de bobina móvil, la cual permitía la grabación en estéreo en un solo canal, siendo un gran avance en la industria musical. Durante años se buscó crear un disco que reuniera las características óptimas para el mercado con diferentes combinaciones de materiales, el único material que logró reunir las características necesarias fue el vinilo, ya que era ligero, resistente y garantizaba una alta calidad de sonido.
En 1948, Peter Goldark y un grupo de científicos de Columbia presentaron el primer LP, llamado 'Viny/ite' de 12" LP, de 331/3 rpm. Posteriormente la RCA Víctor, lanzó su primer sencillo de 45 rpm y 7" de diámetro, con una variante en su mecanismo, el cual consistió en que cambiaba los discos directamente para continuar la reproducción.
El desarrollo de la industria musical y de los sellos discográficos se centró en la velocidad de sus formatos; conflicto que resolvió la Recording Industry Association of America (R/AA), quien estableció un estándar de grabación llamado RIAA equalization. En los años 50 se extendió la difusión del sencillo de vinilo de 7" y 45 rpm, mientras que los de 45 rpm fueron llamados Extended Play (EP).
Los años 60 y 70 vieron superar la tecnología y la calidad del sonido dando inicio a una nueva etapa: la de las portadas de los discos. artistas plásticos como Andy Warhol fueron contratados para crear portadas atractivas y originales para álbumes como 'Sticky Fingers' de Rolling Stones, o para Velvet Undergroung & Nico.
Artistas de todos los géneros como pop, blues, rock, entre otros, emplearon portadas atractivas para sus discos, tal fue el caso del disco de 'Sgt Pepper's Lonely Hearts Club Band' del año 1967, creada por Jann Haworth y Peter Blake, lo que los hizo merecedores de un premio Grammy a la Mejor portada de Álbum en 1968.
En estas dos décadas los discos de vinilo vivieron su punto más alto en ventas.
Pero la constante evolución de la tecnología llevó a la decadencia del disco de vinilo. La invención del walkman y los discos compactos (CD), marcaron un declive en su uso. Sin embargo, el disco de vinilo vuelve a surgir gracias a los DJ's, quienes encontraron en ellos y los tornamesas, los medios para crear nuevas corrientes musicales.
El nuevo siglo trajo un nuevo auge de ventas del disco de vinilo en todo el mundo, incrementándose alrededor del 200% por año; cifra sorprendente considerando el valor actual que pueden llegar a alcanzar los discos de colección o últimos en su clase.
[Fuente: eafit.edu.co]
Primer álbum de Elvis Presley (1956)
El cantante estadounidense Elvis Presley (Tupelo, USA,1935-Memphis, USA, 1977) masificó el rock & roll al mundo con su versión rockabilly de la primera pista de su álbum debut de 1956 titulada ‘Blue Suede Shoes’. Simple. Un antes y un después a un género que cambiaría la historia de la música comercial.
Su poder maravilloso de vibrante carisma y su presencia escénica la llevó a cada una de sus grabaciones. Elvis Presley cumplió en casi todos los sentidos en su álbum homónimo. Cada pista es su propia versión de canciones populares de blues o country escritas previamente por otros autores. Elvis las transformó en puro rock and roll.
Es necesario situarse en 1956. Las audiencias no conocían el rock & roll, ni las guitarras distorsionadas, ni cabellos largos ni mucho menos estruendosas baterías. Sin embargo, una disquera conocida como RCA Victor comenzó a publicar desde principios de 1956 algunas grabaciones de Presley cantando country clásico y versiones de rhythm and blues en un nuevo estilo, mucho más enérgico.
Cuando el sencillo ‘Heartbreak Hotel’ demostró ser un gran éxito (coescrito por Presley) y le llevó a varias apariciones en televisión, los ejecutivos de grandes sellos como RCA Victor y Sun Records decidieron lanzar el primer álbum de estudio del futuro rey del rock. 12 canciones rápidas y con swing lento integran el álbum, grabado en su totalidad en estudios ubicados entre los estados de Tennessee y Nueva York. En apenas 28 minutos se condensa un álbum muy sólido.
‘I'm Counting on You’, es una balada que invoca a la calma y al llamado del mutuo amor. Un buen cover es ‘Tutti Frutti’, una versión de Little Richard rápida, animada y optimista que realmente rebosa energía. ‘Blue Moon’ es totalmente minimalista, dejando entrever la nobleza de la voz de Elvis Presley. ‘I Got a Woman’, coescrita por el reconocido Ray Charles, deja la puerta abierta a la energía frenética del cantante estadounidense, de apenas 21 años de edad para ese entonces.
Dadas las ventas masivas del disco (que se convirtió en el primer disco de rock en vender un millón de copias), ‘Blue Suede Shoes’ fue el único sencillo de éxito rotundo.
Lo que es más notable del disco es el hecho de que simultáneamente estableció al rock & roll ya no como una simple y caprichosa moda adolescente sino como un movimiento cultural genuino, que traspasó las fronteras estadounidenses. Sobre la portada del disco, no se trató de su típica imagen, sacada de alguna sesión de fotos con elegante traje, gafas de sol y pelo peinado hacia atrás. En la carátula, Elvis se muestra en el potente júbilo de lo que en poco tiempo conoceríamos como rock & roll.
Para finales de 1956 y el lanzamiento de su segundo álbum, el cantante originario del estado de Mississippi era el músico más exitoso de Estados Unidos.
[Fuente: Víctor Vergara, publicado en revistamundodiners.com]
Su poder maravilloso de vibrante carisma y su presencia escénica la llevó a cada una de sus grabaciones. Elvis Presley cumplió en casi todos los sentidos en su álbum homónimo. Cada pista es su propia versión de canciones populares de blues o country escritas previamente por otros autores. Elvis las transformó en puro rock and roll.
Es necesario situarse en 1956. Las audiencias no conocían el rock & roll, ni las guitarras distorsionadas, ni cabellos largos ni mucho menos estruendosas baterías. Sin embargo, una disquera conocida como RCA Victor comenzó a publicar desde principios de 1956 algunas grabaciones de Presley cantando country clásico y versiones de rhythm and blues en un nuevo estilo, mucho más enérgico.
Cuando el sencillo ‘Heartbreak Hotel’ demostró ser un gran éxito (coescrito por Presley) y le llevó a varias apariciones en televisión, los ejecutivos de grandes sellos como RCA Victor y Sun Records decidieron lanzar el primer álbum de estudio del futuro rey del rock. 12 canciones rápidas y con swing lento integran el álbum, grabado en su totalidad en estudios ubicados entre los estados de Tennessee y Nueva York. En apenas 28 minutos se condensa un álbum muy sólido.
‘I'm Counting on You’, es una balada que invoca a la calma y al llamado del mutuo amor. Un buen cover es ‘Tutti Frutti’, una versión de Little Richard rápida, animada y optimista que realmente rebosa energía. ‘Blue Moon’ es totalmente minimalista, dejando entrever la nobleza de la voz de Elvis Presley. ‘I Got a Woman’, coescrita por el reconocido Ray Charles, deja la puerta abierta a la energía frenética del cantante estadounidense, de apenas 21 años de edad para ese entonces.
Dadas las ventas masivas del disco (que se convirtió en el primer disco de rock en vender un millón de copias), ‘Blue Suede Shoes’ fue el único sencillo de éxito rotundo.
Lo que es más notable del disco es el hecho de que simultáneamente estableció al rock & roll ya no como una simple y caprichosa moda adolescente sino como un movimiento cultural genuino, que traspasó las fronteras estadounidenses. Sobre la portada del disco, no se trató de su típica imagen, sacada de alguna sesión de fotos con elegante traje, gafas de sol y pelo peinado hacia atrás. En la carátula, Elvis se muestra en el potente júbilo de lo que en poco tiempo conoceríamos como rock & roll.
Para finales de 1956 y el lanzamiento de su segundo álbum, el cantante originario del estado de Mississippi era el músico más exitoso de Estados Unidos.
[Fuente: Víctor Vergara, publicado en revistamundodiners.com]
Primera cinta de cassette, por Lou Ottens (1963)
En 1963, Lou Ottens (Beelingwolde, Países Bajos, 1923-Duizel, Países Bajos, 2021), creó una pequeña caja de plástico, 10 centímetros por 6, que cambiaría el mundo de la música para siempre. Como jefe de ingeniería de la empresa holandesa Hasselt, propiedad de Philips, fue el encargado de desarrollar un prototipo para almacenar y tocar música, que diez años después se hizo popular en todo el mundo bajo el nombre de "cassette".
Ottens estaba obsesionado con la posibilidad de crear una tecnología compacta para tocar música. En ese momento, se tocaban canciones en discos de vinilo, demasiado grandes y frágiles para adaptarse al movimiento de la población. Los sonidos siempre fueron un placer estático, pero este prototipo prometió darle a la música otro tipo de movimiento.
Cassette significa "caja pequeña" en francés, en referencia al contenedor que contiene dos pequeños carretes conectados por una cinta magnética. La música se graba en esa cinta y se puede reproducir en ambos lados, lo que requiere que los oyentes retiren el casete del reproductor para ofrecer al dispositivo los famosos Lados A y Lado B.
En 1964, los casetes ya estaban siendo vendidos en Europa, y cuatro años después, aterrizaron en los Estados Unidos. Era un objeto nuevo y aún rudimentario, pero tenía un número creciente de entusiastas dispuestos a convertirlo en un aliado indispensable para la música.
En 1971, la reducción del ruido mejoró con el uso de cinta de dióxido de cromo. Los suena viajaban mejor y mejor a bordo de esa pequeña caja de plástico, pero la verdadera popularidad vino de la mano con la tecnología japonesa, que convirtió a los oyentes en protagonistas. La empresa japonesa Maxell lanzó cintas en blanco en el mercado, casetes que desataron la creatividad. Los usuarios ahora podrían grabar su propia música: copiar álbumes enteros, crear sus propias compilaciones e incluso grabar sus propias voces usando grabadores caseros. El casete ofrece un mundo de posibilidades donde el oyente estaba en control.
Durante los años 1970 y 1980, los casetes dominaron el mundo de la música. A diferencia de los discos de vinilo, eran resistentes y compactos. Podrían viajar en mochilas y bolsillos, ser compartidos y resistir los desafíos de cada viaje. También podrían adaptarse a las preferencias del usuario, quien creó, en forma de casete mezclado, a los precursores de las listas de reproducción de hoy.
Con su probada popularidad, varias compañías trabajaron para mejorar la invención de Ottens. La empresa estadounidense Dolby trabajó en la reducción del ruido, y en 1978, se crearon cintas de partículas de metal puro, un avance que preservó la calidad del sonido sin deterioro durante décadas. Sólo un año después, otro avance tecnológico asociado con la casete revolucionó la forma en que la gente escuchaba música. El 1 de julio de 1979, nació el Walkman—un jugador portátil a batería que introdujo un hábito todavía presente hoy: escuchar música mientras caminaba, en el transporte público o en una sala de espera, todo individualmente, gracias al uso de auriculares.
En la década de 1980, las cintas dominaban los estéreos de coches, Walkmans y grabadores caseros. En sus versiones en blanco, fueron usadas para crear compilaciones o "mix cintas", e inundaron las ventanas de las tiendas de discos con los últimos lanzamientos de los artistas más renombrados. Pero fue el mismo Lou Ottens quien participó en la creación del sucesor del casete: el disco compacto o CD, una nueva tecnología que gradualmente ganó a los consumidores y finalmente se convirtió en el nuevo rey de la reproducción del sonido.
En 1981, Sony y Philips lanzaron CDs en el mercado. Estos discos, hechos de policarbonato y recubiertos de aluminio, hicieron que la pequeña caja de casetes de la década de 1970 pareciera grande. Pesando sólo 30 gramos, podrían almacenar hasta 650 megabytes, primero dominando el mundo de la música y luego dejando su marca en el reino de la informática.
Los CDs gradualmente ganaron popularidad entre los usuarios. A lo largo de la década de 1990, discos compactos y casetes coexistieron en tiendas de discos, y muchos aún preferían el Walkman incluso cuando tecnologías más modernas como el Discman estaban disponibles. Sin embargo, la fidelidad sonora y practicidad de la CD finalmente ganaron completamente. En 2007, 200 mil millones de discos se habían vendido en todo el mundo.
Incluso después de ser destronado como el rey de la reproducción musical, la marca que dejaron los casetes en el mundo de la música fue tan significativa que estas pequeñas cajitas todavía son recordadas con cariño por los nostálgicos. Tal vez porque fueron los primeros en permitir verdaderamente a los oyentes tomar posesión de la música y ponerla en movimiento eterno.
[Fuente: Redes sociales]
Ottens estaba obsesionado con la posibilidad de crear una tecnología compacta para tocar música. En ese momento, se tocaban canciones en discos de vinilo, demasiado grandes y frágiles para adaptarse al movimiento de la población. Los sonidos siempre fueron un placer estático, pero este prototipo prometió darle a la música otro tipo de movimiento.
Cassette significa "caja pequeña" en francés, en referencia al contenedor que contiene dos pequeños carretes conectados por una cinta magnética. La música se graba en esa cinta y se puede reproducir en ambos lados, lo que requiere que los oyentes retiren el casete del reproductor para ofrecer al dispositivo los famosos Lados A y Lado B.
En 1964, los casetes ya estaban siendo vendidos en Europa, y cuatro años después, aterrizaron en los Estados Unidos. Era un objeto nuevo y aún rudimentario, pero tenía un número creciente de entusiastas dispuestos a convertirlo en un aliado indispensable para la música.
En 1971, la reducción del ruido mejoró con el uso de cinta de dióxido de cromo. Los suena viajaban mejor y mejor a bordo de esa pequeña caja de plástico, pero la verdadera popularidad vino de la mano con la tecnología japonesa, que convirtió a los oyentes en protagonistas. La empresa japonesa Maxell lanzó cintas en blanco en el mercado, casetes que desataron la creatividad. Los usuarios ahora podrían grabar su propia música: copiar álbumes enteros, crear sus propias compilaciones e incluso grabar sus propias voces usando grabadores caseros. El casete ofrece un mundo de posibilidades donde el oyente estaba en control.
Durante los años 1970 y 1980, los casetes dominaron el mundo de la música. A diferencia de los discos de vinilo, eran resistentes y compactos. Podrían viajar en mochilas y bolsillos, ser compartidos y resistir los desafíos de cada viaje. También podrían adaptarse a las preferencias del usuario, quien creó, en forma de casete mezclado, a los precursores de las listas de reproducción de hoy.
Con su probada popularidad, varias compañías trabajaron para mejorar la invención de Ottens. La empresa estadounidense Dolby trabajó en la reducción del ruido, y en 1978, se crearon cintas de partículas de metal puro, un avance que preservó la calidad del sonido sin deterioro durante décadas. Sólo un año después, otro avance tecnológico asociado con la casete revolucionó la forma en que la gente escuchaba música. El 1 de julio de 1979, nació el Walkman—un jugador portátil a batería que introdujo un hábito todavía presente hoy: escuchar música mientras caminaba, en el transporte público o en una sala de espera, todo individualmente, gracias al uso de auriculares.
En la década de 1980, las cintas dominaban los estéreos de coches, Walkmans y grabadores caseros. En sus versiones en blanco, fueron usadas para crear compilaciones o "mix cintas", e inundaron las ventanas de las tiendas de discos con los últimos lanzamientos de los artistas más renombrados. Pero fue el mismo Lou Ottens quien participó en la creación del sucesor del casete: el disco compacto o CD, una nueva tecnología que gradualmente ganó a los consumidores y finalmente se convirtió en el nuevo rey de la reproducción del sonido.
En 1981, Sony y Philips lanzaron CDs en el mercado. Estos discos, hechos de policarbonato y recubiertos de aluminio, hicieron que la pequeña caja de casetes de la década de 1970 pareciera grande. Pesando sólo 30 gramos, podrían almacenar hasta 650 megabytes, primero dominando el mundo de la música y luego dejando su marca en el reino de la informática.
Los CDs gradualmente ganaron popularidad entre los usuarios. A lo largo de la década de 1990, discos compactos y casetes coexistieron en tiendas de discos, y muchos aún preferían el Walkman incluso cuando tecnologías más modernas como el Discman estaban disponibles. Sin embargo, la fidelidad sonora y practicidad de la CD finalmente ganaron completamente. En 2007, 200 mil millones de discos se habían vendido en todo el mundo.
Incluso después de ser destronado como el rey de la reproducción musical, la marca que dejaron los casetes en el mundo de la música fue tan significativa que estas pequeñas cajitas todavía son recordadas con cariño por los nostálgicos. Tal vez porque fueron los primeros en permitir verdaderamente a los oyentes tomar posesión de la música y ponerla en movimiento eterno.
[Fuente: Redes sociales]
Primer disco de The Beatles, 'Please, please me' (1963)
“Los 585 minutos más productivos de la historia de la música grabada”. Son palabras de Mark Lewisohn, archivista de EMI dedicado a The Beatles al referirse a las sesiones de grabación del primer disco de The Beatles, 'Please, please me'.
Durante aquellas nueve horas y tres cuartos del 11 de febrero de 1963 los de Liverpool registraron diez temas que, junto a los cuatro que habían grabado en el otoño de 1962, completaron un álbum que significó el verdadero espaldarazo para John, Paul, George y Ringo.
En el verano de 1962 The Beatles había logrado un contrato de grabación con el sello Parlophone, filial de EMI Records. La banda había logrado hacerse un nombre importante en su ciudad, Liverpool, gracias a sus incendiarias actuaciones en el club The Cavern. Sus periódicas estancias en la ciudad alemana de Hamburgo les habían curtido como grupo de directo, mezclando en sus conciertos algunos temas propios con grandes éxitos de Chuck Berry, Little Richard y otros grandes del rock'n'roll.
El fruto de aquel acuerdo se plasmó en la grabación de un primer single, 'Love me do' -con 'P.S. I love you' en la cara B- que apareció el 5 de octubre de 1962 y alcanzó un discreto puesto 17 en las listas. No estaba mal para unos debutantes aunque muy lejos de lo que vendría después. Y eso que, según un documental emitido el pasado año por la BBC británica, el mánager de la banda, Brian Epstein, adquirió miles de copias del sencillo para asegurarse de que entraba en las listas.
Las cosas mejoraron con el siguiente single, 'Please, please me', un original de John Lennon que sedujo a su productor, George Martin. Este se empeñó en que el grupo acelerara el tema y dejara el aire melancólico a lo Roy Orbison que tenía en su interpretación original. Aquella canción, con 'Ask me why' en la cara B, se publicó el 11 de enero de 1963 y menos de un mes después lograba el primer número uno en Reino Unido para los de Liverpool.
El éxito se veía venir y George Martin planeó grabar cuanto antes un LP para rentabilizar todo lo posible la inversión. Pero en EMI no estaban dispuestos a tirar aún la casa de la ventana y planearon la grabación del disco en una sola sesión en los estudios Abbey Road. La ventaja era que el grupo ya tenía cuatro temas grabados -los dos singles y sus caras B- por lo que solo sería necesario registrar otros diez hasta completar los 14 que solían incluir como norma los discos de larga duración, siete por cada cara. El inconveniente principal: que solo disponían de dos pistas para grabar y muy poco tiempo, por lo que se decidió que la banda tocara temas de su repertorio habitual, para evitar el exceso de tomas.
A las diez de la mañana comenzó la grabación, que constó de cuatro temas compuestos por Lennon y McCartney -'I saw her standing there', 'Misery', 'There's a place' y 'Do you want to know a secret'- y seis versiones -'Anna (Go to him)', 'Chains', 'Boys', 'Baby it's you', 'A taste of honey' y 'Twist and shout'-. Martin prefirió registrar primero las canciones propias, que necesitaron más tomas -hasta diez en el caso de 'There's a place'- y luego proceder con el material ajeno, que el grupo tenía más fresco a base de interpretarlo en sus conciertos. Cuando llegó el turno de la última canción, 'Twist and shout', Lennon tenía la voz rota, algo que dio un matiz especial al tema, que pronto se convertiría en uno de sus números más populares. Aunque John y Paul monopolizaron las voces principales, los otros dos Beatles se estrenaron como cantantes solistas. Ringo Starr lo hizo con 'Boys', un original de Dixon y Farrell que habían popularizado The Shirelles. Y George Harrison cantó en la tierna 'Do you want to know a secret'.
Hacia las diez de la noche el trabajo estaba hecho y solo había que esperar la acogida del público. El disco salió a la venta con una portada en la que los cuatro Beatles aparecen asomados en las barandillas de las oficinas de EMI. Una imagen que el fotógrafo Angus McBean recreó años más tarde, en pleno época dorada del cuarteto.
Aunque en la discografía de los 'Fab Four' hay trabajos que brillan mucho más que este disco de debut, oído con la perspectiva del tiempo 'Please, please me' suena todavía fresco y directo. Desde el inicio -con este 'One, two, three, FOUR' con el que Paul McCartney marca el ritmo de 'I saw Her standing there'- hasta el guitarrazo con el que concluye 'Twist and shout'- el disco rezuma calidad y contiene muchos de los elementos sobre los que se cimentaría la carrera de la banda: sólidas composiciones, cuidados juegos vocales y una capacidad para enganchar al oyente que casi nadie ha conseguido en la historia de la música pop.
La recepción de 'Please, please me' no pudo ser mejor. A rebufo del éxito de su tema título, el larga duración se publicó el 22 de marzo de 1963 y siete semanas después logró el número uno en Reino Unido, puesto que ocupó durante 29 semanas y que solo cedió cuando fue relevado por su segundo LP, 'With The Beatles'.
Luego vendría la 'Beatlemanía', la conquista del Estados Unidos y del mundo entero y una carrera musical que revolucionó el panorama de la música pop. Pero eso, como se suele decir, ya es otra historia.
[Fuente: Alberto León, publicado en rtve.es]
Durante aquellas nueve horas y tres cuartos del 11 de febrero de 1963 los de Liverpool registraron diez temas que, junto a los cuatro que habían grabado en el otoño de 1962, completaron un álbum que significó el verdadero espaldarazo para John, Paul, George y Ringo.
En el verano de 1962 The Beatles había logrado un contrato de grabación con el sello Parlophone, filial de EMI Records. La banda había logrado hacerse un nombre importante en su ciudad, Liverpool, gracias a sus incendiarias actuaciones en el club The Cavern. Sus periódicas estancias en la ciudad alemana de Hamburgo les habían curtido como grupo de directo, mezclando en sus conciertos algunos temas propios con grandes éxitos de Chuck Berry, Little Richard y otros grandes del rock'n'roll.
El fruto de aquel acuerdo se plasmó en la grabación de un primer single, 'Love me do' -con 'P.S. I love you' en la cara B- que apareció el 5 de octubre de 1962 y alcanzó un discreto puesto 17 en las listas. No estaba mal para unos debutantes aunque muy lejos de lo que vendría después. Y eso que, según un documental emitido el pasado año por la BBC británica, el mánager de la banda, Brian Epstein, adquirió miles de copias del sencillo para asegurarse de que entraba en las listas.
Las cosas mejoraron con el siguiente single, 'Please, please me', un original de John Lennon que sedujo a su productor, George Martin. Este se empeñó en que el grupo acelerara el tema y dejara el aire melancólico a lo Roy Orbison que tenía en su interpretación original. Aquella canción, con 'Ask me why' en la cara B, se publicó el 11 de enero de 1963 y menos de un mes después lograba el primer número uno en Reino Unido para los de Liverpool.
El éxito se veía venir y George Martin planeó grabar cuanto antes un LP para rentabilizar todo lo posible la inversión. Pero en EMI no estaban dispuestos a tirar aún la casa de la ventana y planearon la grabación del disco en una sola sesión en los estudios Abbey Road. La ventaja era que el grupo ya tenía cuatro temas grabados -los dos singles y sus caras B- por lo que solo sería necesario registrar otros diez hasta completar los 14 que solían incluir como norma los discos de larga duración, siete por cada cara. El inconveniente principal: que solo disponían de dos pistas para grabar y muy poco tiempo, por lo que se decidió que la banda tocara temas de su repertorio habitual, para evitar el exceso de tomas.
A las diez de la mañana comenzó la grabación, que constó de cuatro temas compuestos por Lennon y McCartney -'I saw her standing there', 'Misery', 'There's a place' y 'Do you want to know a secret'- y seis versiones -'Anna (Go to him)', 'Chains', 'Boys', 'Baby it's you', 'A taste of honey' y 'Twist and shout'-. Martin prefirió registrar primero las canciones propias, que necesitaron más tomas -hasta diez en el caso de 'There's a place'- y luego proceder con el material ajeno, que el grupo tenía más fresco a base de interpretarlo en sus conciertos. Cuando llegó el turno de la última canción, 'Twist and shout', Lennon tenía la voz rota, algo que dio un matiz especial al tema, que pronto se convertiría en uno de sus números más populares. Aunque John y Paul monopolizaron las voces principales, los otros dos Beatles se estrenaron como cantantes solistas. Ringo Starr lo hizo con 'Boys', un original de Dixon y Farrell que habían popularizado The Shirelles. Y George Harrison cantó en la tierna 'Do you want to know a secret'.
Hacia las diez de la noche el trabajo estaba hecho y solo había que esperar la acogida del público. El disco salió a la venta con una portada en la que los cuatro Beatles aparecen asomados en las barandillas de las oficinas de EMI. Una imagen que el fotógrafo Angus McBean recreó años más tarde, en pleno época dorada del cuarteto.
Aunque en la discografía de los 'Fab Four' hay trabajos que brillan mucho más que este disco de debut, oído con la perspectiva del tiempo 'Please, please me' suena todavía fresco y directo. Desde el inicio -con este 'One, two, three, FOUR' con el que Paul McCartney marca el ritmo de 'I saw Her standing there'- hasta el guitarrazo con el que concluye 'Twist and shout'- el disco rezuma calidad y contiene muchos de los elementos sobre los que se cimentaría la carrera de la banda: sólidas composiciones, cuidados juegos vocales y una capacidad para enganchar al oyente que casi nadie ha conseguido en la historia de la música pop.
La recepción de 'Please, please me' no pudo ser mejor. A rebufo del éxito de su tema título, el larga duración se publicó el 22 de marzo de 1963 y siete semanas después logró el número uno en Reino Unido, puesto que ocupó durante 29 semanas y que solo cedió cuando fue relevado por su segundo LP, 'With The Beatles'.
Luego vendría la 'Beatlemanía', la conquista del Estados Unidos y del mundo entero y una carrera musical que revolucionó el panorama de la música pop. Pero eso, como se suele decir, ya es otra historia.
[Fuente: Alberto León, publicado en rtve.es]
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