En el siglo III a.C., el tirano Hierón II de Siracusa encargó un barco tan grande y lujoso que sus contemporáneos lo llamaban el Titanic de la antigüedad. Su diseñador fue nada menos que Arquímedes, y su construcción tomó un año completo, reuniendo a 300 artesanos bajo la dirección del maestro constructor Arctías de Corinto.
Tenía unas dimensiones colosales: 55 metros de largo, 14 de ancho y 13 de altura; y una capacidad asombrosa: podía transportar 60.000 medidas de grano, 10.000 tarros de pescado, 10.000 de vino y 80 toneladas de agua potable. Estaba dotado de 142 camarotes de primera clase, suelos con mosaicos inspirados en la Ilíada, una biblioteca, gimnasio, comedor, jardines y hasta un complejo de baños con agua caliente.
En su cubierta superior había un templo dedicado a Afrodita, decorado con un suelo de ágata. Y estaba preparado para la guerra con torres de asedio, catapultas y arqueros. El Siracusia estaba construido con teconología punta, pues incluía el famoso tornillo de Arquímedes para drenar el agua del casco y una propulsión mixta: tres mástiles con velas y 20 filas de remos a cada lado.
Finalmente, el Siracusia fue regalado al faraón Ptolomeo III de Egipto. Pero su tamaño era tan enorme que solo navegó una vez: desde Siracusa hasta Alejandría. Nunca volvió a salir al mar.
[Fuente: FB Curiosos de la Historia, la Arqueología y la Mitología]
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