Aristóteles (Estagira, 384 a.C.-Calcis, 322 a.C.) fue un filósofo, polímata y científico griego nacido en la ciudad de Estagira, al norte de la Antigua Grecia. Es considerado, junto a Platón, el padre de la filosofía occidental. Sus ideas han ejercido una enorme influencia sobre la historia intelectual de Occidente por más de dos milenios. Como fundador de la Escuela peripatética de filosofía en el Liceo de Atenas, inició la amplia tradición aristotélica que le siguió, la cual sentó las bases para el desarrollo de la ciencia moderna.
Se sabe poco de la vida de Aristóteles. Nació en la ciudad de Estagira en Calcídica (norte de Grecia) durante el período clásico. Su padre, Nicómaco, murió cuando Aristóteles era un niño, y fue criado por un guardián. Alrededor de los 18 años de edad, se unió a la Academia de Atenas, donde fue discípulo de Platón y de otros pensadores, como Eudoxo de Cnido, durante los veinte años que estuvo allí. Poco después de la muerte de Platón (c. 347 a.C), Aristóteles abandonó Atenas y se trasladó a Aso, en Asia Menor, en la costa noroccidental de la actual Turquía. Allí continuó la actividad filosófica que había empezado en la Academia, pero también empezó probablemente a expandir su investigación hacia la biología marina. Tras aproximadamente tres años, se trasladó a la cercana Lesbos, donde continuó su investigación filosófica y empírica, trabajando junto con Teofrasto, y donde se casó con Pitias, con quien tuvo una hija del mismo nombre. En 343, a peticióno de Filipo II se trasladó a Pela para ser el maestro del joven Alejandro Magno en el Reino de Macedonia, donde estuvo entre dos y cinco años. En la última etapa de su vida, fundó su escuela peripatética en el Liceo en Atenas, donde enseñó hasta un año antes de su muerte. Estableció una biblioteca en el Liceo, lo que lo ayudó a escribir muchas de sus cientos de obras en rollos de papiro.
Aristóteles escribió cerca de 200 obras, de las cuales solo se han conservado 31 (ninguna de ellas destinada a la publicación) en el Corpus Aristotelicum, sobre una enorme variedad de temas, entre ellos: lógica, metafísica, filosofía de la ciencia, ética, filosofía política, estética, retórica, física, astronomía, psicología y biología. Aristóteles transformó muchas, si no todas, las áreas del conocimiento que abordó.
Guiado por una curiosidad insaciable, Aristóteles estudió todos los campos del saber, de la zoología y la botánica a la psicología y la política, marcando el rumbo de la ciencia en Occidente durante dos mil años. Fue el primer explorador del cosmos, del universo físico. Estudió los animales, las plantas y toda la actividad humana, desde la psicología hasta la política. Durante dos mil años, su labor pionera marcó el rumbo del pensamiento y la ciencia en Occidente.
En un famoso fresco de Rafael, "La escuela de Atenas", Platón y Aristóteles están en el centro de la escena, entre los grandes filósofos griegos, y ofrecen gestos contrapuestos: Platón apunta con su mano al cielo y Aristóteles con la suya a la tierra. El gran pintor del Renacimiento destaca así algo esencial: el pensador idealista se enfrenta al realista. Platón creía que las ideas eran la verdadera realidad y que el mundo terrestre y sensible era sólo copia de esos modelos celestes. Su discípulo, Aristóteles, por el contrario, opinaba que sólo existe el mundo que percibimos por nuestros sentidos y que comprendemos mediante la observación y el razonamiento. Eso explica que Aristóteles rechazara la teoría de las ideas de su maestro (en cuya Academia, en Atenas, permaneció dos décadas) y que se dedicara a investigar la realidad que tenía ante sus ojos.
El respeto intelectual hacia Platón no impidió a Aristóteles desarrollar su labor. Aristóteles poseía las virtudes del pensador abstracto y las del investigador minucioso, experimental, que reúne datos incesantemente, pone a prueba sus conclusiones y analiza el mundo de la mente y de la naturaleza a fondo; un afán al que posiblemente no era ajeno el que su padre fuese médico.
Fue, en mucha mayor medida que Platón, un científico enciclopédico. No sólo meditaba acerca del sentido de la vida humana en el cosmos, sino que quería observar la vida en todas sus manifestaciones. No sólo pretendía tratar el mundo de los humanos y las estrellas, sino la zoología y la botánica, además de la psicología y la política. Con ello recuperaba la tradición de los primeros filósofos griegos, que habían investigado la physis (la naturaleza) y el cosmos (el universo). Desde los hombres a los insectos, los gusanos, los crustáceos y los peces, la naturaleza le ofrece al filósofo un abigarrado espectáculo digno de reflexión, más al alcance de una investigación precisa y minuciosa que el eterno mundo de las estrellas y las utopías de cualquier tipo.
Si Platón prefería las puras matemáticas como un preludio al estudio filosófico, Aristóteles estaba más inclinado al examen de los seres vivos que a los números y los astros, y fue un gran pionero de la zoología, de la taxonomía animal (la clasificación de los animales) y de la anatomía comparada. De vivir en nuestros días habría sido, sin duda, un gran investigador en biología.
Esa actitud de filósofo no debe hacernos olvidar que era un pensador riguroso con una perspectiva global, y que trataba de encajar sus investigaciones zoológicas en una visión de conjunto de la naturaleza, que, en su opinión, «no hace nada en vano». Es decir, que todo en ella tiene un propósito, una función.
Las aportaciones de Aristóteles en el terreno de la fisiología y la anatomía merecen nuestra admiración, habida cuenta de los conocimientos de su tiempo. Diseccionó algunas especies animales, pero en la Grecia antigua no se practicó la disección del cuerpo humano. En sus estudios sobre el cuerpo humano cometió algún error curioso, como el de considerar que el centro de las sensaciones era el corazón y no el cerebro. Aristóteles escribió de muchos temas y dio lecciones muy variadas.
Tras trece años en Atenas, Aristóteles encontró nuevamente motivos para marcharse de la ciudad. Cuando Alejandro murió en 323 a. C., es probable que Atenas se volviera un lugar incómodo para los macedonios, especialmente para quienes tenían las conexiones de Aristóteles. Según se cuenta, declaró que «no veía razón para dejar que Atenas pecara dos veces contra la filosofía» (clara alusión a la condena de Sócrates). Aristóteles dejó Atenas y se estableció en Calcis, en la isla de Eubea, donde murió extrañamente al año siguiente, a la edad de 61 o 62 años—en 322 a. C.—, por una enfermedad de los órganos digestivos. Su testamento fue conservado por Diógenes Laercio.
Se ha perdido buena parte de su obra escrita, pero lo que nos queda es impresionante por su horizonte y su densidad y agudeza intelectual. En terrenos tan variados como lógica, retórica, poética, política, economía, metafísica, física, zoología e historia de las constituciones, sus ideas y aportaciones marcaron el rumbo a toda la investigación posterior durante siglos.
[Fuente: almacendeclasicas.blogspot.com, Wikipedia]

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