Primer Presidente del Gobierno de la Transición Española (1976)

La figura más emblemática y decisiva de la Transición política española desde la dictadura franquista al sistema democrático fue Adolfo Suárez (1932-2014), presidente del Gobierno entre 1976 y 1981. Paradójicamente, el responsable de pilotar un proceso, harto delicado, que fuera desde el orden político autocrático y represivo heredado de la Guerra Civil hasta otro pluralista, garante de las libertades y legitimado por las urnas, no procedía de la oposición democrática al general Franco, sino que representaba a los mismos principios de su régimen. Así, Suárez venía siendo el secretario general del Movimiento Nacional, el virtual partido único, en sus orígenes de inspiración fascista. 

No extrañó, por tanto, que su nombramiento en 1976 por el rey Juan Carlos I —sucesor del fallecido Franco en la jefatura del Estado— provocara tanta sorpresa como decepción y preocupación. Sin embargo, Suárez no tardó en revelarse como un estadista de grandes habilidades negociadoras y firmes convicciones demócratas, resuelto a hacer de España un Estado de derecho homologable a los países del entorno europeo.

En sus dos primeros años de mandato, cuajados de dificultades, Suárez combinó la audacia personal y el diálogo con todos los sectores políticos involucrados para desmontar las estructuras legales del franquismo desde dentro y activar un proceso constituyente que partiera de la base popular. Ello dio lugar a un modelo de transición pactada, sin rendición de cuentas por las violaciones de la dictadura y pacífica (a pesar de las provocaciones del pistolerismo de extrema derecha y el terrorismo de extrema izquierda), pero de todas maneras profunda, con un resultado ciertamente rupturista. 

Las viejas Cortes franquistas aceptaron autodisolverse en virtud de la Ley de Reforma Política de 1976, mientras que el espíritu del consenso señoreó los Pactos de la Moncloa de 1977. Entre medio, los partidos políticos, incluido el Comunista, y los sindicatos fueron legalizados, la oposición antifranquista emergió del exilio o la clandestinidad, y los presos políticos obtuvieron la amnistía.

Suárez concurrió a las elecciones generales de 1977, primeras libres en España en cuatro décadas, al frente de la Unión de Centro Democrático (UCD), convertida en la primera fuerza de las Cortes democráticas con mandato constituyente. En 1978 la nueva Constitución fue aprobada en referéndum y promulgada, y en 1979 tuvieron lugar unas segundas elecciones legislativas que la UCD volvió a ganar, aunque sin mayoría absoluta. Ese mismo año nació el Estado de las autonomías con la aprobación de los estatutos de autogobierno de Cataluña y el País Vasco. 

Aperturistas y liberales en las cuestiones políticas y sociales, en el terreno económico los gobiernos de Suárez desarrollaron una gestión que en algunos aspectos fue socialdemócrata, mientras que su política exterior persiguió y logró poner fin a la secular desconexión internacional de España. El presidente solicitó el ingreso del país en la CEE (1977), pero por otro lado ralentizó el acercamiento a la OTAN, estrategia mixta y pretendidamente coherente que venía motivada por su europeísmo, su escepticismo con la política de bloques y sus simpatías por el mundo no alineado. También, relanzó las relaciones con América Latina, hasta entonces poco desarrolladas.

Tras haber completado el edificio jurídico de la Transición, Suárez tropezó con las fragilidades de una democracia recién nacida y por consolidar. Los desafíos, la mayoría críticos, incluían el desbarajuste económico, los ruidos de sables del sector golpista del Ejército, la ofensiva terrorista de ETA y la oposición implacable del Partido Socialista en el Parlamento. 

Peor aún, al atribulado dirigente le estalló en las manos su propia formación, minada por las luchas personales de poder y las divergencias ideológicas. En enero de 1981, convertido en la viva estampa de la soledad política, Suárez presentó la dimisión. Menos de un mes después, siendo aún presidente, vivió de primera mano desde su escaño en el Congreso el fallido golpe de Estado militar del 23-F.

El adiós a la jefatura del Gobierno y la desintegración de la UCD no significaron ni mucho menos el mutis político de Suárez. Tras los comicios de 1982, ganados por los socialistas, el ex presidente siguió en la brecha como diputado de su nuevo partido, el Centro Democrático y Social (CDS), empresa en la que fue secundado por un pequeño puñado de leales. 

En los años siguientes, Suárez, enaltecido con el título de duque por concesión real, amagó con convertirse en la bisagra centrista de un juego parlamentario dominado por el PSOE de Felipe González y la AP de Manuel Fraga, pero su comentada "resurrección" duró poco. El desmoronamiento electoral del CDS empujó a Suárez a renunciar a su jefatura partidaria y a despedirse de la política en 1991. 

En 2003 se retiró también de la vida pública como consecuencia de la enfermedad de Alzheimer, dolencia neurodegenerativa que siguió arrastrando hasta su fallecimiento en marzo de 2014 a los 81 años de edad. Una adecuada perspectiva histórica de su labor como gobernante y la actual degradación de la calidad del sistema democrático de España han magnificado con justicia la figura de Adolfo Suárez, objeto hoy de las más amplias muestras de respeto y reconocimiento.

[Fuente: Roberto Ruiz De Zárate Arce en cidob.org]

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