El proceso de colonización de África vivió su punto álgido tras la Conferencia de Berlín de 1884, cuando los países más poderosos de Europa, junto a otras potencias como Estados Unidos o el Imperio otomano, acordaron las normas que regirían el reparto del continente. Solo unos años más tarde, en las primeras décadas del siglo XX, apenas existían dos territorios de África que no estuvieran sufriendo el yugo colonial: Etiopía, que llegó a estar ocupada por Italia entre 1935 y 1941 pero que no fue realmente colonizada, y Liberia, que se proclamó como una república independiente en 1847 tras haber sido colonizada, esta vez sí, por antiguos esclavos de Estados Unidos.
Tras la Segunda Guerra Mundial, y después de que las potencias extranjeras exigieran un enorme esfuerzo —tanto militar como económico— a los territorios de ultramar, las colonias comenzaron a reivindicar su papel y exigieron compensaciones políticas, que en muchos casos derivaron en movimientos anticoloniales y de liberación. Los primeros territorios en ser descolonizados tras el conflicto fueron Libia y Eritrea, antiguas colonias italianas que tras la derrota del país transalpino en la IIGM se habían convertido en mandatos de Francia y Reino Unido.
Las primeras menciones que aparecen de Libia en la historia se refieren a los guerreros libios contratados como mercenarios por el Antiguo Egipto, en el primer milenio antes de la era común. Los fenicios establecieron ciudades en la parte occidental de la franja costera de lo que hoy es Libia, en tanto que los griegos hacían lo propio en la parte oriental. Más tarde, la franja costera formó parte del Imperio romano, del reino vándalo de Genserico y del Imperio bizantino. En el 643, la zona cayó bajo el dominio de los árabes. Posteriormente el territorio pasó a formar parte, con una relación más o menos estrecha, del Imperio otomano (siglo XVI). En 1912 se convirtió en una colonia italiana.
Libia fue la primera colonia africana en lograr su independencia, como antes se mencionaba, después de la Segunda Guerra Mundial, marcando el inicio formal de la era de la descolonización en África. El país proclamó su independencia oficial el 24 de diciembre de 1951 como el Reino de Libia, bajo el liderazgo del rey Idris I. Tras la derrota de Italia en el conflicto mundial, la administración del territorio había quedado provisionalmente en manos de Gran Bretaña y Francia, hasta que las Naciones Unidas determinaron su transición hacia un Estado soberano.
Para entender este hito dentro del contexto del continente, conviene aclarar tres excepciones previas:
- Liberia (1847): Se constituyó como república mucho antes, pero nació de una iniciativa de esclavos estadounidenses liberados y no mediante un proceso de descolonización de una potencia europea tradicional.
- Egipto (1922): Dejó de ser formalmente un protectorado británico en esa fecha, pero el Reino Unido retuvo un fuerte control militar y político sobre el territorio hasta la década de 1950.
- Etiopía: Prácticamente nunca fue colonizada, con la excepción de una breve ocupación italiana entre 1936 y 1941.
[Fuente: elordenmundial.com y Wikipedia]

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